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El terror en los tiempos de la Generación X

Por: Joan Díaz

“No había celulares, ni medios de comunicación como los actuales para comunicarse rápidamente”

Terror1

El miércoles 6 de diciembre de 1989, como era costumbre, se levantó temprano, a las 5:00 am estaba  preparándose para ir rumbo la Universidad Distrital Francisco José de caldas para sus clases de licenciatura en ciencias sociales, salió de su casa, caminó unas pocas cuadras y tomó el bus de color verde que se dirigía a Germania por la ruta de la calle 19, subió las escaleras de la Macarena, ingresó a su salón y se dispuso a atender la clase, pero justo antes de comenzar, se escuchó, un estruendo alertó a sus compañeros y la clase se aplazó.

La década de los 80’s en Colombia fue un periodo de la historia en el que ocurrieron diferentes hechos que marcaron de distintas maneras la vida y formas de vivir en una sociedad que, para entonces, ya había enfrentado diferentes olas de violencia en las zonas rurales, más sin embargo, estaba hasta ahora llegando a la capital de los colombianos, en donde el conflicto armado a manos de grupos guerrilleros y narcotraficantes, principalmente del Cártel de Medellín  sembraban el terror y el pánico en los ciudadanos capitalinos. 

Marcelo Robayo, economista de la Universidad Central, quien en el año 1989 se encontraba estudiando Licenciatura en ciencias sociales en la Universidad Distrital y quien ha visto en la educación una herramienta para que las personas formadas puedan tener mejores oportunidades de vida, o que se especializaban en alguna materia “mejores trabajos podían conseguir” pues al ser de la localidad de Bosa, la mayoría de expectativas sobre el futuro estaban orientadas generalmente hacía empleos como la construcción o pequeños comercios. 

terror2Él se dirigía como todas las mañanas a su clase en la sede La Macarena de la Universidad Distrital, por lo que desde las 5:00 de la mañana, se alistaba para salir de su casa ubicada en un pequeño barrio tradicional de la Localidad de Bosa, en donde el frío y el difícil acceso al transporte eran parte de su rutina para dirigirse a estudiar. Esa mañana del 6 de diciembre de 1989, salió de su casa, camino 2 cuadras, de aquellas sin pavimentar en donde los zapatos logran recoger un poco del lodo, con el cual se marcó la ruta que este joven de 17 años en ese entonces recorría. Tomó el bus Germanía, que circulaba por la Avenida 19 y pasaba por la calle 3° en donde a las 6:50 de la mañana, Marcelo se bajaba y caminaba los cientos de escalones que lo guiaban hasta su salón de clase.

“Estaba en clase cuando sonó una explosión durísima, e inmediatamente nos hicieron salir y vimos el humo, pues ya todos sabíamos que habían colocado una bomba, por una razón, y es que, en esa época, una de las características que se veían era que ya se había declarado la guerra del Cartel de Medellín contra el Estado y una de las tácticas era colocar bombas para crear zozobra”.  Aquel sonido fue un bus explosivo enviado por el Cartel de Medellín para asesinar al entonces director del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), Miguel Daza. Según el periódico El Tiempo, La explosión dejó un cráter de 13 metros de diámetro y 4 de profundidad y 63 personas muertas dentro y fuera de las oficinas del DAS, además de no cumplirse el objetivo del acto terrorista, pues Daza resultó ileso de dicho atentado. 

Tan solo una semana antes del atentado, el vuelo 203 de la Aerolínea Avianca había, explotado en el pleno vuelo, en el municipio de Soacha, debido a un explosivo instalado en el avión, que tenía por objetivo terminar con el entonces, candidato presidencial Cesar Gaviria, por lo que la sensación en las calles era de inseguridad e intranquilidad, a tal punto,  que como afirma Marcelo, cualquier paquete que se veía en algún lugar podría llegar a ser una bomba y era habitual asociar que cualquier sonido estridente era un atentado.

Recuerda que sus compañeros en la universidad, corrieron a llamar a sus familias, por medio de las viejas cabinas telefónicas de acero que se encontraban en la universidad, pues como relata Marcelo “No habían celulares, ni medios de comunicación como los actuales para comunicarse rápidamente”.

Lo que hubiera podido ser el medio de transporte de Marcelo para dirigirse a la universidad, fue utilizado como medio para detonar un explosivo cargado con 500 kilos de dinamita, sin embargo, recuerda que luego del atentado, sus maestros, le decían que este tipo de hechos, no podían normalizarse y por lo tanto no debían volverse a repetir, pues el entorno de esa época generaba que algunos ingredientes de este periodo comenzaran a ser algo cotidiano cuando no debió haberlo sido. “Nuestra generación, es una generación que al igual que la anterior tuvo que vivir y crecer en medio de la violencia y muchos no lograron ver la terminación de la violencia” Por eso para él la formación académica juega un papel clave en la sociedad para prevenir que vuelvan a suceder este tipo de acontecimientos.

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El terror en los tiempos de la Generación X

Por: Joan Díaz

“No había celulares, ni medios de comunicación como los actuales para comunicarse rápidamente”

Terror1

El miércoles 6 de diciembre de 1989, como era costumbre, se levantó temprano, a las 5:00 am estaba  preparándose para ir rumbo la Universidad Distrital Francisco José de caldas para sus clases de licenciatura en ciencias sociales, salió de su casa, caminó unas pocas cuadras y tomó el bus de color verde que se dirigía a Germania por la ruta de la calle 19, subió las escaleras de la Macarena, ingresó a su salón y se dispuso a atender la clase, pero justo antes de comenzar, se escuchó, un estruendo alertó a sus compañeros y la clase se aplazó.

La década de los 80’s en Colombia fue un periodo de la historia en el que ocurrieron diferentes hechos que marcaron de distintas maneras la vida y formas de vivir en una sociedad que, para entonces, ya había enfrentado diferentes olas de violencia en las zonas rurales, más sin embargo, estaba hasta ahora llegando a la capital de los colombianos, en donde el conflicto armado a manos de grupos guerrilleros y narcotraficantes, principalmente del Cártel de Medellín  sembraban el terror y el pánico en los ciudadanos capitalinos. 

Marcelo Robayo, economista de la Universidad Central, quien en el año 1989 se encontraba estudiando Licenciatura en ciencias sociales en la Universidad Distrital y quien ha visto en la educación una herramienta para que las personas formadas puedan tener mejores oportunidades de vida, o que se especializaban en alguna materia “mejores trabajos podían conseguir” pues al ser de la localidad de Bosa, la mayoría de expectativas sobre el futuro estaban orientadas generalmente hacía empleos como la construcción o pequeños comercios. 

terror2Él se dirigía como todas las mañanas a su clase en la sede La Macarena de la Universidad Distrital, por lo que desde las 5:00 de la mañana, se alistaba para salir de su casa ubicada en un pequeño barrio tradicional de la Localidad de Bosa, en donde el frío y el difícil acceso al transporte eran parte de su rutina para dirigirse a estudiar. Esa mañana del 6 de diciembre de 1989, salió de su casa, camino 2 cuadras, de aquellas sin pavimentar en donde los zapatos logran recoger un poco del lodo, con el cual se marcó la ruta que este joven de 17 años en ese entonces recorría. Tomó el bus Germanía, que circulaba por la Avenida 19 y pasaba por la calle 3° en donde a las 6:50 de la mañana, Marcelo se bajaba y caminaba los cientos de escalones que lo guiaban hasta su salón de clase.

“Estaba en clase cuando sonó una explosión durísima, e inmediatamente nos hicieron salir y vimos el humo, pues ya todos sabíamos que habían colocado una bomba, por una razón, y es que, en esa época, una de las características que se veían era que ya se había declarado la guerra del Cartel de Medellín contra el Estado y una de las tácticas era colocar bombas para crear zozobra”.  Aquel sonido fue un bus explosivo enviado por el Cartel de Medellín para asesinar al entonces director del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), Miguel Daza. Según el periódico El Tiempo, La explosión dejó un cráter de 13 metros de diámetro y 4 de profundidad y 63 personas muertas dentro y fuera de las oficinas del DAS, además de no cumplirse el objetivo del acto terrorista, pues Daza resultó ileso de dicho atentado. 

Tan solo una semana antes del atentado, el vuelo 203 de la Aerolínea Avianca había, explotado en el pleno vuelo, en el municipio de Soacha, debido a un explosivo instalado en el avión, que tenía por objetivo terminar con el entonces, candidato presidencial Cesar Gaviria, por lo que la sensación en las calles era de inseguridad e intranquilidad, a tal punto,  que como afirma Marcelo, cualquier paquete que se veía en algún lugar podría llegar a ser una bomba y era habitual asociar que cualquier sonido estridente era un atentado.

Recuerda que sus compañeros en la universidad, corrieron a llamar a sus familias, por medio de las viejas cabinas telefónicas de acero que se encontraban en la universidad, pues como relata Marcelo “No habían celulares, ni medios de comunicación como los actuales para comunicarse rápidamente”.

Lo que hubiera podido ser el medio de transporte de Marcelo para dirigirse a la universidad, fue utilizado como medio para detonar un explosivo cargado con 500 kilos de dinamita, sin embargo, recuerda que luego del atentado, sus maestros, le decían que este tipo de hechos, no podían normalizarse y por lo tanto no debían volverse a repetir, pues el entorno de esa época generaba que algunos ingredientes de este periodo comenzaran a ser algo cotidiano cuando no debió haberlo sido. “Nuestra generación, es una generación que al igual que la anterior tuvo que vivir y crecer en medio de la violencia y muchos no lograron ver la terminación de la violencia” Por eso para él la formación académica juega un papel clave en la sociedad para prevenir que vuelvan a suceder este tipo de acontecimientos.

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