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“Hoy tuve problemas de conexión cuerpo-alma”

Pantalla clase con edición  

Por Javier Correa Correa

Docente

Miedo, desasosiego, incertidumbre, rabia, dolor, creatividad, prudencia, cansancio, pensadera, solidaridad, compromiso, impotencia, recuerdos… son solamente algunas de las palabras que podrían definir por lo que atraviesa la juventud colombiana hoy en día.

Corrijo: no solamente la juventud. También la niñez, la adultez.

La situación es escandalosamente dura, hay ganas de salir a protestar, hay dificultades para tomar clase como si nada sucediera, hay la orden de los padres para que sus hijos e hijas no salgan a marchar. Y tienen razón. El jueves 4 de mayo, en horas de la noche, organizaciones defensoras de derechos humanos habían reportado:

  • 27 personas fallecidas presuntamente por el accionar de la fuerza pública (por verificar).
  • 426 personas heridas por el accionar desproporcionado de la Policía Nacional y en particular por el ESMAD 32 sufrieron lesiones oculares.
  • 26 fueron heridas por arma de fuego.
  • 66 personas defensoras de DDHH fueron agredidas en el marco de las movilizaciones.
  • 15 personas fueron víctimas de violencias basadas en género ejercidas por la misma institución.
  • 251 personas han sido detenidas, gran parte de ellas por medio de procedimientos arbitrarios, siendo sometidas a tortura y/o tratos crueles e inhumanos.
  • 12 allanamientos fueron declarados ilegales, incluyendo las capturas asociadas.
  • 560 denuncias por abusos de poder, agresiones y violencia policial.
  • 164 personas presuntamente desaparecidas en el marco de la protesta social.

Dictar o recibir clase de colegio o de universidad es prácticamente imposible en estas condiciones. No solo en lo que tendría que ver con lo presencial, sino también en las clases virtuales, porque también hay que cuidarse del Covid-19.

Grupos de docentes nos hemos encontrado -también virtualmente- para buscar mecanismos que trasciendan lo académico y rescaten lo humano. Decidimos abrir espacios para que las clases no sean transmisión mecánica de conocimientos, sino que tanto nosotros como los estudiantes nos expresemos.

En la sesión de esta mañana, una estudiante puso en su perfil una frase contundente: “Perdón profe. Hoy tuve problemas de conexión cuerpo-alma”. Otras personas exhibían la bandera del S.O.S. Colombia, con el tricolor al revés. Unas más, la frase “Perdón, profe, no tengo cabeza para su clase, anoche pude ser yo”.  

Hablamos, dejamos que afloraran algunos de los sentimientos expuestos en la primera frase de este artículo. Con timidez al principio, nos fuimos soltando de a pocos, hasta que un estudiante dijo: “perdón, profe, pero lo voy a decir: estoy emputado”.

De modo que hicimos un ejercicio de catarsis: prendimos todos los micrófonos y al unísono gritamos: “Estoy emputado, estoy emputada, estamos emputados”. En plena clase.

Más livianos el cuerpo y el alma, la estudiante joven resumió el primer sentimiento: “tengo miedo de que se nos olvide, tengo miedo de que no pase nada”.

“De nosotros depende que no pase nada o que cambiemos este país”, sentenció un compañero.

En mis dos décadas como docente, la de hoy ha sido una de las sesiones más emotivas y por eso, al final, antes de cerrar la pantalla meet, resumí también todos mis sentimientos en una palabra: “Gracias”.

OPINIÓN

ACTUALIDAD

“Hoy tuve problemas de conexión cuerpo-alma”

Pantalla clase con edición  

Por Javier Correa Correa

Docente

Miedo, desasosiego, incertidumbre, rabia, dolor, creatividad, prudencia, cansancio, pensadera, solidaridad, compromiso, impotencia, recuerdos… son solamente algunas de las palabras que podrían definir por lo que atraviesa la juventud colombiana hoy en día.

Corrijo: no solamente la juventud. También la niñez, la adultez.

La situación es escandalosamente dura, hay ganas de salir a protestar, hay dificultades para tomar clase como si nada sucediera, hay la orden de los padres para que sus hijos e hijas no salgan a marchar. Y tienen razón. El jueves 4 de mayo, en horas de la noche, organizaciones defensoras de derechos humanos habían reportado:

  • 27 personas fallecidas presuntamente por el accionar de la fuerza pública (por verificar).
  • 426 personas heridas por el accionar desproporcionado de la Policía Nacional y en particular por el ESMAD 32 sufrieron lesiones oculares.
  • 26 fueron heridas por arma de fuego.
  • 66 personas defensoras de DDHH fueron agredidas en el marco de las movilizaciones.
  • 15 personas fueron víctimas de violencias basadas en género ejercidas por la misma institución.
  • 251 personas han sido detenidas, gran parte de ellas por medio de procedimientos arbitrarios, siendo sometidas a tortura y/o tratos crueles e inhumanos.
  • 12 allanamientos fueron declarados ilegales, incluyendo las capturas asociadas.
  • 560 denuncias por abusos de poder, agresiones y violencia policial.
  • 164 personas presuntamente desaparecidas en el marco de la protesta social.

Dictar o recibir clase de colegio o de universidad es prácticamente imposible en estas condiciones. No solo en lo que tendría que ver con lo presencial, sino también en las clases virtuales, porque también hay que cuidarse del Covid-19.

Grupos de docentes nos hemos encontrado -también virtualmente- para buscar mecanismos que trasciendan lo académico y rescaten lo humano. Decidimos abrir espacios para que las clases no sean transmisión mecánica de conocimientos, sino que tanto nosotros como los estudiantes nos expresemos.

En la sesión de esta mañana, una estudiante puso en su perfil una frase contundente: “Perdón profe. Hoy tuve problemas de conexión cuerpo-alma”. Otras personas exhibían la bandera del S.O.S. Colombia, con el tricolor al revés. Unas más, la frase “Perdón, profe, no tengo cabeza para su clase, anoche pude ser yo”.  

Hablamos, dejamos que afloraran algunos de los sentimientos expuestos en la primera frase de este artículo. Con timidez al principio, nos fuimos soltando de a pocos, hasta que un estudiante dijo: “perdón, profe, pero lo voy a decir: estoy emputado”.

De modo que hicimos un ejercicio de catarsis: prendimos todos los micrófonos y al unísono gritamos: “Estoy emputado, estoy emputada, estamos emputados”. En plena clase.

Más livianos el cuerpo y el alma, la estudiante joven resumió el primer sentimiento: “tengo miedo de que se nos olvide, tengo miedo de que no pase nada”.

“De nosotros depende que no pase nada o que cambiemos este país”, sentenció un compañero.

En mis dos décadas como docente, la de hoy ha sido una de las sesiones más emotivas y por eso, al final, antes de cerrar la pantalla meet, resumí también todos mis sentimientos en una palabra: “Gracias”.

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