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Crónica de una lesión anunciada

Por: Andres Miguel Padilla

 

Crónica de una lesión anunciada 36 am, el despertador interrumpe el sueño ligero de Juan Manuel Cardoso; un joven huilense soñador y amante del baloncesto. 

 

Abre los ojos como si lo estuviera esperando inconscientemente. Levanta su celular, apaga la alarma y ve el pequeño haz de luz azul de sol que baña la pared justo entre las cortinas de su cuarto. Sabía que era la hora perfecta para un par de kilómetros de trote intenso y él y su cuerpo lo pedían.

 

Ató los cordones de sus zapatillas favoritas. Puso la infaltable melodía energizante que solía acompañar sus pasos y su sentimiento todos los días. Esa misma que le impulsaba a no detenerse ni dejar de trotar así quemara, doliera y el aliento se escapara como los kilómetros que iba dejando detrás de su paso. 

 

Contaba las casas, los jardines, las paredes que hay hasta su hogar, mientras trotaba al son de la música electrónica. 

 

Juanma, cómo lo conocían sus amigos y compañeros de infancia y del baloncesto, vuelve el mismo camino que había trazado con su trote, pero esta vez con otra música retumbando en sus oídos.

 

Para escuchar un breve testimonio del protagonista de esta historia, Hagalo aqui

 

Escuchaba a través de sus audífonos una melodía mucho más calmada y acorde, según él, con la respiración que estaba teniendo y que marcaba cada uno de los latidos de su corazón cual reloj. Podía sentir la tensión de un buen ejercicio en todos sus músculos, se sentía bien, pero estaba consciente que sería un suplicio el volver a casa.

 

Empieza a sonar cómo la cascada de agua que viene de la ducha chocaba con las baldosas del suelo del baño. El vapor, mientras Juanma iba estirando los últimos músculos de su cuerpo, empezaba a empañar el espejo del baño. 

Crónica de una lesión anunciada 2

“Hasta el más pequeño cuenta, ¡haz que valga!”

Esa era la frase que siempre le repetía uno de sus entrenadores de su etapa formativa, y también, en algunas ocasiones, su abuelo Armando, quien incansablemente le añadía un cariñoso plus de que si no hacia el estiramiento correctamente, “no le iba a servir pa’ ni mierda”.

 

Ese fue el carácter con el que creció nuestro protagonista. 

Un amor incondicional, ciertas comodidades para su entrenamiento como pesas y balones de juego tamaño profesional y otros un poco más pequeños para que, cuando nadie estuviera mirando, pudiera pretender que estaba en las grandes ligas y pudiera “dunquearla-dunkearla-hundirla”, con la defensa de sus ídolos de la NBA.

 

Estando en la ducha, su padre, quien era un experto en los deportes, porque siempre está leyendo, escuchando o viendo algún medio deportivo, baja y empieza a hacer sus famosos jugos. 

 

Guanabana, papaya, durazno, algo de manzana o yogurt. Nunca nadie sabe, a excepción de él, cuál es la sorpresa refrescante del día. 

 

Juanma baja y ya estaba servido el jugo. Un vaso de 18 Onzas servido hasta el tope y con la espuma casi desbordada. El exterior del vaso ya estaba condensado por lo frío que estaba respecto a la temperatura de la sala, que por aquel rayo de luz intensa que entraba a través de la cortina, calentaba con furia toda la casa.

 

        - Tengo partido … y es uno importante.- es la frase bomba que le bota Juanma a su padre justo después de su saludo nada emotivo. 

 

Totalmente despreocupado por estar viendo Centro Deportivo, el programa matutino de la actualidad local y mundial de deporte, y bajo el velo de no querer demostrar mucho, pregunta su padre: 

Crónica de una lesión anunciada 1

        - ¿Y qué tal la rodilla? - e inmediatamente Juanma le abre los ojos expresando no querer escuchar volver a escuchar esa frase en su vida, ni en la siguiente. 

 

Juanma justo en los primeros momentos de la final intercolegial nacional, quedó fuera de las canchas durante un par de meses, por un desgraciado accidente de juego. 

 

Mientras efusivamente jugaba contra su mayor contrincante, en un pequeño momento de descuido, sufrió una elongación máxima del ligamento colateral externo de la rodilla izquierda. En pocas palabras, quedó tan sentido que casi no podía doblar la rodilla ni para subirse al bus. 

 

“Aquí termino mi carrera, nunca pude demostrar para lo que realmente estoy hecho”- Pensaba Juanma, mientras se le llenaban los ojos de lágrimas. 

 

Luego de meses repletos de eternas terapias llenas de dolor, gritos, llanto y sufrimiento, empezó a ver que su rodilla respondía al tratamiento y empezó a jugar nuevamente, lleno de miedo, pero con todas las ganas que tiene un jugador de basket de comerse el mundo cuando entra a cada partido. 

 

“Aún hay Juanma por mucho tiempo''. - Se decía a sí mismo cada mañana. 

 

Siempre existía el riesgo latente de que cualquier golpe, mal movimiento o una caída muy fuerte, prácticamente, podía sacarlo de las canchas, por el resto de su vida. Pero eso no le importaba, estaba dispuesto a dejarlo todo en esa cancha. 

 

En cada partido importante, presenciaba el miedo de una rodilla lastimada, no quería sufrir lo mismo que en aquella fatídica primera final.

 

Escuchó de su abuelo en una de sus constantes lesiones “Esas preguntas, son las que lo joden desde su cabeza … No se deje preguntar eso en la semana antes de los partidos y verá”.

 

Juanma después de la pregunta de su padre se levanta de la mesa, agradece el jugo y sube las escaleras para su habitación. 

 

Después de momentos incómodos de silencio en el que solo se escuchaba en toda la casa el noticiero deportivo, Juanma baja y prepara el almuerzo; alto en proteína y bajo en harinas, cómo todo un deportista.

 

Come en su habitación por la pereza de volver a tener otra incómoda conversación con su padre. 

 

El entrenamiento matutino de lanzamiento se vuelve insípido, el balón ya no parece rebotar tanto, e incluso el hermoso sonido de la malla siendo acariciada por el balón, bajo la expectativa de todos, ya no parecía tener la misma gracia. 

 

“Prefiero perder un momento pero jugar para siempre” susurra en su cabeza. “He perdido una batalla, pero definitivamente y por encima de todo, estoy dispuesto a ganar la guerra”.

OPINIÓN

ACTUALIDAD

Crónica de una lesión anunciada

Por: Andres Miguel Padilla

 

Crónica de una lesión anunciada 36 am, el despertador interrumpe el sueño ligero de Juan Manuel Cardoso; un joven huilense soñador y amante del baloncesto. 

 

Abre los ojos como si lo estuviera esperando inconscientemente. Levanta su celular, apaga la alarma y ve el pequeño haz de luz azul de sol que baña la pared justo entre las cortinas de su cuarto. Sabía que era la hora perfecta para un par de kilómetros de trote intenso y él y su cuerpo lo pedían.

 

Ató los cordones de sus zapatillas favoritas. Puso la infaltable melodía energizante que solía acompañar sus pasos y su sentimiento todos los días. Esa misma que le impulsaba a no detenerse ni dejar de trotar así quemara, doliera y el aliento se escapara como los kilómetros que iba dejando detrás de su paso. 

 

Contaba las casas, los jardines, las paredes que hay hasta su hogar, mientras trotaba al son de la música electrónica. 

 

Juanma, cómo lo conocían sus amigos y compañeros de infancia y del baloncesto, vuelve el mismo camino que había trazado con su trote, pero esta vez con otra música retumbando en sus oídos.

 

Para escuchar un breve testimonio del protagonista de esta historia, Hagalo aqui

 

Escuchaba a través de sus audífonos una melodía mucho más calmada y acorde, según él, con la respiración que estaba teniendo y que marcaba cada uno de los latidos de su corazón cual reloj. Podía sentir la tensión de un buen ejercicio en todos sus músculos, se sentía bien, pero estaba consciente que sería un suplicio el volver a casa.

 

Empieza a sonar cómo la cascada de agua que viene de la ducha chocaba con las baldosas del suelo del baño. El vapor, mientras Juanma iba estirando los últimos músculos de su cuerpo, empezaba a empañar el espejo del baño. 

Crónica de una lesión anunciada 2

“Hasta el más pequeño cuenta, ¡haz que valga!”

Esa era la frase que siempre le repetía uno de sus entrenadores de su etapa formativa, y también, en algunas ocasiones, su abuelo Armando, quien incansablemente le añadía un cariñoso plus de que si no hacia el estiramiento correctamente, “no le iba a servir pa’ ni mierda”.

 

Ese fue el carácter con el que creció nuestro protagonista. 

Un amor incondicional, ciertas comodidades para su entrenamiento como pesas y balones de juego tamaño profesional y otros un poco más pequeños para que, cuando nadie estuviera mirando, pudiera pretender que estaba en las grandes ligas y pudiera “dunquearla-dunkearla-hundirla”, con la defensa de sus ídolos de la NBA.

 

Estando en la ducha, su padre, quien era un experto en los deportes, porque siempre está leyendo, escuchando o viendo algún medio deportivo, baja y empieza a hacer sus famosos jugos. 

 

Guanabana, papaya, durazno, algo de manzana o yogurt. Nunca nadie sabe, a excepción de él, cuál es la sorpresa refrescante del día. 

 

Juanma baja y ya estaba servido el jugo. Un vaso de 18 Onzas servido hasta el tope y con la espuma casi desbordada. El exterior del vaso ya estaba condensado por lo frío que estaba respecto a la temperatura de la sala, que por aquel rayo de luz intensa que entraba a través de la cortina, calentaba con furia toda la casa.

 

        - Tengo partido … y es uno importante.- es la frase bomba que le bota Juanma a su padre justo después de su saludo nada emotivo. 

 

Totalmente despreocupado por estar viendo Centro Deportivo, el programa matutino de la actualidad local y mundial de deporte, y bajo el velo de no querer demostrar mucho, pregunta su padre: 

Crónica de una lesión anunciada 1

        - ¿Y qué tal la rodilla? - e inmediatamente Juanma le abre los ojos expresando no querer escuchar volver a escuchar esa frase en su vida, ni en la siguiente. 

 

Juanma justo en los primeros momentos de la final intercolegial nacional, quedó fuera de las canchas durante un par de meses, por un desgraciado accidente de juego. 

 

Mientras efusivamente jugaba contra su mayor contrincante, en un pequeño momento de descuido, sufrió una elongación máxima del ligamento colateral externo de la rodilla izquierda. En pocas palabras, quedó tan sentido que casi no podía doblar la rodilla ni para subirse al bus. 

 

“Aquí termino mi carrera, nunca pude demostrar para lo que realmente estoy hecho”- Pensaba Juanma, mientras se le llenaban los ojos de lágrimas. 

 

Luego de meses repletos de eternas terapias llenas de dolor, gritos, llanto y sufrimiento, empezó a ver que su rodilla respondía al tratamiento y empezó a jugar nuevamente, lleno de miedo, pero con todas las ganas que tiene un jugador de basket de comerse el mundo cuando entra a cada partido. 

 

“Aún hay Juanma por mucho tiempo''. - Se decía a sí mismo cada mañana. 

 

Siempre existía el riesgo latente de que cualquier golpe, mal movimiento o una caída muy fuerte, prácticamente, podía sacarlo de las canchas, por el resto de su vida. Pero eso no le importaba, estaba dispuesto a dejarlo todo en esa cancha. 

 

En cada partido importante, presenciaba el miedo de una rodilla lastimada, no quería sufrir lo mismo que en aquella fatídica primera final.

 

Escuchó de su abuelo en una de sus constantes lesiones “Esas preguntas, son las que lo joden desde su cabeza … No se deje preguntar eso en la semana antes de los partidos y verá”.

 

Juanma después de la pregunta de su padre se levanta de la mesa, agradece el jugo y sube las escaleras para su habitación. 

 

Después de momentos incómodos de silencio en el que solo se escuchaba en toda la casa el noticiero deportivo, Juanma baja y prepara el almuerzo; alto en proteína y bajo en harinas, cómo todo un deportista.

 

Come en su habitación por la pereza de volver a tener otra incómoda conversación con su padre. 

 

El entrenamiento matutino de lanzamiento se vuelve insípido, el balón ya no parece rebotar tanto, e incluso el hermoso sonido de la malla siendo acariciada por el balón, bajo la expectativa de todos, ya no parecía tener la misma gracia. 

 

“Prefiero perder un momento pero jugar para siempre” susurra en su cabeza. “He perdido una batalla, pero definitivamente y por encima de todo, estoy dispuesto a ganar la guerra”.

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