La transgresión de la pantalla

Los videojuegos son un fenómeno mundial que ha sobrepasado las fronteras del sexo, religión, condición social y edad. Ya no se necesita de mucho para conectarse y permitirse la inmersión al mundo virtual. Según estudio de Google en Colombia, la mitad de los individuos juegan activamente en su teléfono celular o consola. De esta parte, el 62,7% lo realizan cuando están desocupados, o para pasar el tiempo.   

Entonces, lo anterior nos permite identificar que la aparición de esta forma de entretenimiento se ha vuelto un aspecto cotidiano en la vida de los colombianos; en los hogares, en el transporte público, en casa de amigos, incluso en ambientes laborales, este pasatiempo se ha vuelto una de las maneras más eficientes para desligarse de la monotonía rutinaria.

Es por esta razón, que Jorge Barriga, un joven de 17 años busca el esparcimiento en los videojuegos. “Es una forma de salir de la rutina, para generar nuevos desafíos y retos que voy pasando cada vez que juego”. No sólo es el deseo de conseguir salir del agobio de los deberes y responsabilidades por un instante, es el hecho de desafiarse y desarrollar habilidades que permitan la superación de los mismos.

Asimismo, Jorge comentaba que no es posible ver los videojuegos como un impedimento para que las personas establezcan sus relaciones sociales, es más, la pasión por el juego permitió que Jorge pudiera desarrollar estas habilidades, sólo que de una manera poco convencional.” Mi mejor amigo del colegio se fue a otra ciudad y no pude establecer esa misma relación con alguien más. Sin embargo, gracias a nuestra pasión por Fortnite, podemos hablar con regularidad mientras jugamos. Es como si él y yo estuviéramos en una misma habitación.”

Del mismo modo, esto permitió que este joven tuviera la posibilidad de tener temas de conversación, que compartía con algunos estudiantes de su colegio, logrando un desarrollo social de su personalidad y otorgando mayor confianza en sí mismo. No obstante, Miryan Caicedo, su madre, asegura que su gusto lo ha llevado en muchas ocasiones a postergar sus deberes u otras actividades que hacía anteriormente; como trabajos del colegio, prepararse para evaluaciones, hacer alguna actividad al aire libre, entre otras.” Muchas veces no me hace caso, yo le digo sálgase de ahí, venga a almorzar y es como si no me escuchara” afirma su madre.

Por lo tanto, hemos visto a los videojuegos desde 2 perspectivas totalmente diferentes, donde muchas veces el jugador omite el pensamiento y opinión de sus seres queridos, dando como prioridad su experiencia virtual. Por otro lado, podemos observar a un familiar que posiblemente no está teniendo en cuenta el desarrollo personal que esta forma de entretenimiento puede generar. La idea no es decir quien tiene la razón, porque ambos la tienen y al mismo tiempo no. El objetivo es pensar en acuerdos que permitan la correcta utilización de los videojuegos, que promuevan el avance social, y cognitivo, pero con la claridad de tener en cuenta que esto no puede ser un aspecto que abarque toda la vida de quien lo consume.

No olvides seguirnos en nuestras redes sociales:
Facebook
Instagram

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *