logo ucentral

logo sintopia acn

acnfacebookacnyoutubeacninstragram

COM_MINITEKLIVESEARCH_RESULTADOS
Joomla Categories

LogoACN Movil

fb  tweet  youtube  instagram 

Los ángeles no tienen alas

angel

Realizado por: Jeimy Daniela Osorio Parra Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Conoció en carne propia la depresión, la baja autoestima y ansiedad, desde entonces a Daniela Ardila le dicen que es un ángel en la tierra que vive para salvar vidas. Una joven deportista, estudiante de comunicación social, carismática, con buen humor, se ha arriesgado a crear una fundación con el propósito de ayudar a quienes más lo necesitan. 

Desde muy pequeña sufría de bullying por sus gustos al fútbol, esto no era bien visto por sus compañeras de estudio, “no está bien que una niña bonita juegue con el balón”, “es un niño más”, recuerda con algo de humor. Sin embargo, habla de lo fuerte que fue para ella dejar su pasión por el deporte y cumplir con los requisitos de una sociedad para ser aceptada. 

Las redes sociales fueron su nueva inspiración para volver a rodar la pelota, era la plataforma más divertida para mostrar sus conocimientos con el balón y empezó a subir vídeos con ideas creativas sobre cómo hacer este juego diferente e incluyente con adolescentes que compartieran el mismo hobbie. Empezó a tener reconocimiento y su nombre se transformó en una figura pública para sus seguidores.

Fue un momento de fama y las redes sociales no se demoraron en  mostrar otra cara de la moneda, se presentó de nuevo el bullying, fuerte e hiriente. Las críticas en los comentarios de su contenido eran infaltables y comenzó a padecer la enfermedad de la depresión, no aceptaba este trastorno estigmatizado por la variedad de aspectos que lo describen, alteraba su vida, sus relaciones sociales y pensamientos.

Esta influencer decidió buscar una ayuda profesional , abandonar sus redes y socializar con la cruda realidad, dejando a un lado la perfección que transmitía una pantalla y aceptando su cuerpo, gustos y creencias. Superar esa situación no fue nada fácil, es por esto que Daniela decidió darse el valor que merecía y salvar la vida de los que podrían padecer de depresión, un dolor que parece no tener cura.

Sábado, nueve de la noche en la fría ciudad de Bogotá, ubicados en el sector de San Bernardo, en medio de un ambiente que genera temor e incertidumbre, inquilinatos deteriorados marcan la inseguridad, la venta y consumo de drogas. Caminar por sus calles es todo un desafío, el hecho de observar esta realidad asusta.

Con orgullo Daniela Ardila habla sobre su emprendimiento  al que bautizado Transformando Vidas. Es una fundación que creó con la ayuda de las redes sociales, las mismas que la llevaron a sentir dolor. Hoy, nos dice,  la felicidad que siente es enorme, venció la depresión para aceptarse, y nostálgica, lamenta la realidad que enfrentan los niños de escasos recursos, habitantes de calle, personas que padecen de cáncer y los animales.

Está agradecida por tener la voluntad de ayudar y ayudarse a sí misma; la depresión y ansiedad no fueron sus mejores aliados pero sí la causa de volver a creer en la vida, enfrentarla y sirviendo para no solo llenar y alegrar el corazón de aquellas personas, si no, también, el de sus compañeros.

Nos acompañan 24 voluntarios, el conductor de la van y la Policía. Esta vez la obra social se basa en repartir un poco de afecto para los habitantes de calle que pasan sus horas en un mundo que no les pertenece, ellos escapan del rechazo, se instalan en las calles, consumen la droga que pueda aliviar sus problemas y evitar recuerdos de sus vidas pasadas antes de llegar a un laberinto sin salida. 

La idea es brindarles un vaso de agua panela con pan para que no terminen con el estómago vacío, mientras nos integramos, les servimos y escuchamos unas cuantas rimas; a los más jóvenes les gusta rapear e interpretar por medio de sus letras sus experiencias en la calle. Ponerse en el zapato del otro para entender su situación, es el mensaje que define a los voluntarios de Transformando Vidas.

No importa madrugar para ayudar o trasnochar para entrar en un mundo donde muchos tienen miedo y otros creen estar atrapados, sin encontrar una salida. Hoy es el caso de San Bernando o del ¨Samber¨ como sus habitantes lo llaman. Un lugar expuesto a la realidad dura de este país; donde hay hambre e injusticia, sueños destruidos, mentes llenas de conocimiento, pero que se desaprovechan con el vicio y necesitan ser escuchadas.

Gracias a las redes sociales, las mismas que en algún momento atormentaban a Daniela Ardila, aumenta el interés de los jóvenes por brindar ayuda y hacer parte de un voluntariado que va creciendo en cada actividad que se realiza, un sábado en la madrugada o un domingo en la noche. Mientras Daniela nos habla, el frío nos acompaña. 

Fabián Gómez, un hombre de 34 años, con chaqueta de cuero y gorro de lana, nos saluda y agradece por el vaso de agua de panela y el pan que le brindamos en esa noche, dice que no pensaba pasar la noche con la “barriga llena” duerme en una habitación del sector, paga 2,500 pesos por noche y dice que todos los días tiene que tomar la decisión de dormir en la calle, tener algo de comer o calmar sus ansias con el bóxer.

Transformando Vidas, el sueño de una joven guerrera que agradece poder llenar un estómago vacío, sacarle una sonrisa a un niño y aliviar, por un momento, sus miedos. Logran llevar ropa y comida por medio de donaciones en las redes sociales y algunas veces del propio bolsillo, cuando no es así, solo realizan su labor con la certeza de encontrar aquellos que han perdido las esperanzas de vivir, solo quieren ser escuchados. 

10:15 pm, está por acabar el momento de integración con los habitantes de calle y los voluntarios realizan un taller de motivación personal para aquellos que se sienten tristes y con el autoestima por el piso, como dicen algunos. 

No solo es ayudar a otros, es autoayudarse y tener una expectativa diferente de vida social y personal de cada uno, son instantes en donde solo los sentimientos tienen el protagonismo, hay lágrimas y unos cuantos abrazos. Finalizan este momento con una oración y retoman el camino a casa, la noche sigue su curso.

TERRITORIO 

ACTUALIDAD

Los ángeles no tienen alas

angel

Realizado por: Jeimy Daniela Osorio Parra Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Conoció en carne propia la depresión, la baja autoestima y ansiedad, desde entonces a Daniela Ardila le dicen que es un ángel en la tierra que vive para salvar vidas. Una joven deportista, estudiante de comunicación social, carismática, con buen humor, se ha arriesgado a crear una fundación con el propósito de ayudar a quienes más lo necesitan. 

Desde muy pequeña sufría de bullying por sus gustos al fútbol, esto no era bien visto por sus compañeras de estudio, “no está bien que una niña bonita juegue con el balón”, “es un niño más”, recuerda con algo de humor. Sin embargo, habla de lo fuerte que fue para ella dejar su pasión por el deporte y cumplir con los requisitos de una sociedad para ser aceptada. 

Las redes sociales fueron su nueva inspiración para volver a rodar la pelota, era la plataforma más divertida para mostrar sus conocimientos con el balón y empezó a subir vídeos con ideas creativas sobre cómo hacer este juego diferente e incluyente con adolescentes que compartieran el mismo hobbie. Empezó a tener reconocimiento y su nombre se transformó en una figura pública para sus seguidores.

Fue un momento de fama y las redes sociales no se demoraron en  mostrar otra cara de la moneda, se presentó de nuevo el bullying, fuerte e hiriente. Las críticas en los comentarios de su contenido eran infaltables y comenzó a padecer la enfermedad de la depresión, no aceptaba este trastorno estigmatizado por la variedad de aspectos que lo describen, alteraba su vida, sus relaciones sociales y pensamientos.

Esta influencer decidió buscar una ayuda profesional , abandonar sus redes y socializar con la cruda realidad, dejando a un lado la perfección que transmitía una pantalla y aceptando su cuerpo, gustos y creencias. Superar esa situación no fue nada fácil, es por esto que Daniela decidió darse el valor que merecía y salvar la vida de los que podrían padecer de depresión, un dolor que parece no tener cura.

Sábado, nueve de la noche en la fría ciudad de Bogotá, ubicados en el sector de San Bernardo, en medio de un ambiente que genera temor e incertidumbre, inquilinatos deteriorados marcan la inseguridad, la venta y consumo de drogas. Caminar por sus calles es todo un desafío, el hecho de observar esta realidad asusta.

Con orgullo Daniela Ardila habla sobre su emprendimiento  al que bautizado Transformando Vidas. Es una fundación que creó con la ayuda de las redes sociales, las mismas que la llevaron a sentir dolor. Hoy, nos dice,  la felicidad que siente es enorme, venció la depresión para aceptarse, y nostálgica, lamenta la realidad que enfrentan los niños de escasos recursos, habitantes de calle, personas que padecen de cáncer y los animales.

Está agradecida por tener la voluntad de ayudar y ayudarse a sí misma; la depresión y ansiedad no fueron sus mejores aliados pero sí la causa de volver a creer en la vida, enfrentarla y sirviendo para no solo llenar y alegrar el corazón de aquellas personas, si no, también, el de sus compañeros.

Nos acompañan 24 voluntarios, el conductor de la van y la Policía. Esta vez la obra social se basa en repartir un poco de afecto para los habitantes de calle que pasan sus horas en un mundo que no les pertenece, ellos escapan del rechazo, se instalan en las calles, consumen la droga que pueda aliviar sus problemas y evitar recuerdos de sus vidas pasadas antes de llegar a un laberinto sin salida. 

La idea es brindarles un vaso de agua panela con pan para que no terminen con el estómago vacío, mientras nos integramos, les servimos y escuchamos unas cuantas rimas; a los más jóvenes les gusta rapear e interpretar por medio de sus letras sus experiencias en la calle. Ponerse en el zapato del otro para entender su situación, es el mensaje que define a los voluntarios de Transformando Vidas.

No importa madrugar para ayudar o trasnochar para entrar en un mundo donde muchos tienen miedo y otros creen estar atrapados, sin encontrar una salida. Hoy es el caso de San Bernando o del ¨Samber¨ como sus habitantes lo llaman. Un lugar expuesto a la realidad dura de este país; donde hay hambre e injusticia, sueños destruidos, mentes llenas de conocimiento, pero que se desaprovechan con el vicio y necesitan ser escuchadas.

Gracias a las redes sociales, las mismas que en algún momento atormentaban a Daniela Ardila, aumenta el interés de los jóvenes por brindar ayuda y hacer parte de un voluntariado que va creciendo en cada actividad que se realiza, un sábado en la madrugada o un domingo en la noche. Mientras Daniela nos habla, el frío nos acompaña. 

Fabián Gómez, un hombre de 34 años, con chaqueta de cuero y gorro de lana, nos saluda y agradece por el vaso de agua de panela y el pan que le brindamos en esa noche, dice que no pensaba pasar la noche con la “barriga llena” duerme en una habitación del sector, paga 2,500 pesos por noche y dice que todos los días tiene que tomar la decisión de dormir en la calle, tener algo de comer o calmar sus ansias con el bóxer.

Transformando Vidas, el sueño de una joven guerrera que agradece poder llenar un estómago vacío, sacarle una sonrisa a un niño y aliviar, por un momento, sus miedos. Logran llevar ropa y comida por medio de donaciones en las redes sociales y algunas veces del propio bolsillo, cuando no es así, solo realizan su labor con la certeza de encontrar aquellos que han perdido las esperanzas de vivir, solo quieren ser escuchados. 

10:15 pm, está por acabar el momento de integración con los habitantes de calle y los voluntarios realizan un taller de motivación personal para aquellos que se sienten tristes y con el autoestima por el piso, como dicen algunos. 

No solo es ayudar a otros, es autoayudarse y tener una expectativa diferente de vida social y personal de cada uno, son instantes en donde solo los sentimientos tienen el protagonismo, hay lágrimas y unos cuantos abrazos. Finalizan este momento con una oración y retoman el camino a casa, la noche sigue su curso.

ESPECIALES

PLAYLIST                                            

Logo ACN Pata Blanco


NAVEGACIÓN       

 

Inicio
Actualidad
Cultura
Opinión
Deportes


CONTÁCTENOS            

 

Conmutadores: 323 98 68 y 326 68 20
Extensión 4060 / 4063
Correo: agenciacentraldenoticias@ucentral.edu.co

© 2017 Todos los derechos reservados. ACN | Agencia Central de Noticias. Sede Norte: Calle 75 n.º 16-03 Edificio Violi piso 5, Bogotá - Colombia