logo ucentral

logo sintopia acn

acnfacebookacnyoutubeacninstragram

COM_MINITEKLIVESEARCH_RESULTADOS
Joomla Categories

LogoACN Movil

fb  tweet  youtube  instagram 

CRÓNICA: ¡SANGRE DE TU SANGRE!

Por: Emma Johana Ruíz López

 

"Lloré de tristeza, una trsiteza que aún hoy no se me va" 

El origen

 >>Escuché el primer disparo y después otros dos más. Bajé apresurada las escaleras y ahí estaba mi esposo, agonizando lentamente en la entrada de nuestra casa. En sus ojos casi transparentes podía notar una voz de auxilio, de ganas de vivir, pero desgraciadamente la ambulancia llegó cuando él ya había perdido bastante sangre.

>>Recuerdo el momento en el que llegué de medicina legal a mi casa y mi hija menor me preguntó “¿Mami, dónde está papi?” Mi hija mayor le respondió: En nuestros corazones.

 A partir del 14 de enero del 2015, la vida de Angélica tuvo un cambio de dirección. María Angélica Gómez Vásquez, la menor de cinco hijos, a sus cuatro años de edad tuvo que dejar sus tierras en la Guajira con su familia en busca de nuevas oportunidades para un cambio de vida, ya que su familia, anteriormente,  se dedicaba a cultivar marihuana y coca para poder sobrevivir. Los cultivos les dejaron bastantes ganancias y su familia pudo comprar un terreno de 18 fanegadas donde por un tiempo se dedicaban a la agricultura legal. 

>>Mi infancia transcurrió en el campo, fue muy bonita, era feliz corriendo con mis hermanos por la finca para recoger las moritas silvestres; jugábamos a las escondidas por todos los potreros, a enrollarnos en cobijas y tirarnos por las montañas, esperábamos con ansiedad la lluvia para mojarnos y cantar el puente está quebrado. La región donde habitábamos era rica, porque se encontraba mucho oro por los montes, un día jugando con mis hermanos en el semillero de chapola encontramos unas espadas y joyas de oro, se las llevamos a mis papás con ansias y ellos las vendieron.

>>En 1980, mi papá tomó la decisión de ir a trabajar en los llanos orientales, exactamente en Miraflores, Guaviare para cultivar otra vez coca; tuvo grandes cultivos al punto que se convirtió en patrón y, por lo tanto, adquirió muy buenos ingresos. En esos tiempos, los llanos estaban comandados por la guerrilla y mi papá fue víctima del conflicto armado, con dos disparos en la cabeza lo asesinaron, exactamente el 30 de junio de 1985, el día de mis cumpleaños. Ese fue un episodio que marcó mi infancia, yo cumplía 13 años. 

Después de la muerte del papá de Angélica, la situación económica y emocional en su casa empeoró; la pobreza y la desgracia llegaron, perdieron ganado, cultivos y casi la finca, sus hermanos cayeron en el vicio el alcohol y ella tuvo que aguantar por meses borracheras y malos tratos de sus hermanos mayores, hubo noches en las que ella no dormía por defender a su mamá del maltrato de sus hermanos. Pasaban los meses, pero la pobreza y los maltratos no.

 >> Yo solo quería llegar a mi casa para estar con mi mamita, porque en realidad la mayoría de mis días eran de tristeza y recuerdos. Tenía 14 años y no entendía cómo la vida de toda mi familia había cambiado de un día para otro

1988, Cundinamarca

 Angélica fue la única de sus hermanos que terminó sus estudios. Asegura que le apasionaba estudiar y quería ser contadora en una gran empresa.  A sus 15 años, unos meses antes de terminar su bachillerato, conoció a su futuro esposo: “Mi amado esposo, él era muy lindo conmigo, todos los días me compraba esquelas, onces, me motivaba a salir adelante, no salía de mi casa y de vez en cuando nos ayudaba con un mercado.”. Así lo recuerda.  Pasaban los meses y el amor de angélica por Robert crecía profundamente, eran felices acostados en los grandes potreros, viendo las formas de las nubes, observando las maravillosas vistas del pueblo y sus alrededores, montando cicla por las montañas, haciendo fogatas, quemando malvaviscos.

>> Conformamos una familia, mi primera hija nació en 1995, mi bebe era -es- hermosa; tiene los ojos azules como los de su abuela, la piel blanca y suave como la de un terciopelo y sus rizos finos y claros como el oro. Decidimos ir a Bogotá en busca de oportunidades para darle un mejor futuro a nuestra hijita. Yo llegué a Bogotá en busca de trabajo y logré conseguir un puesto de secretaria en inversiones rueda, afortunadamente en esos tiempos no era tan difícil ocupar un puesto, no exigían tanto como ahora. Me tocaba hacer cartas, llevar archivos, atender a los clientes, contestar llamadas, en fin…

>>A los pocos días de mi acogida en la capital, tuve una llamada a las dos de la mañana, ya se imaginaran, esas llamadas suceden porque algo malo pasó y sí, efectivamente era así. Me llamó mi tía Herlinda- hermana de mi mamá- a decirme que mi mamá había muerto de un ACV. Yo caí en llanto, tenía 20 años y ya era huérfana. Por tal motivo, me tocó regresar a mi pueblo para despedirme de mi mamita.

Angélica, era la más sensata de sus hermanos, ellos, a las pocas semanas, querían vender todo, y eran 4 contra ella, así que decidieron repartir las herencias. Una vez repartido todo, ella no quiso vender nada y volvió a Bogotá en busca de un nuevo trabajo. En su regreso se enteró que estaba embarazada y tenía 4 meses. Por esa razón, no pudo conseguir una vacante. 

>>Esos tiempos eran muy duros; desafortunadamente mi esposo y yo no contábamos con mucho dinero, vivíamos en un cuarto en Meissen, éramos muy pobres, recuerdo que solo teníamos una cobija para los dos y aguantábamos mucho frío. Solo comíamos pan con agua de panela, porque no había para salchichón. Un día, mi suegra fue a visitarnos y al darse cuenta de la situación en que vivíamos, agacho la cara y con sus ojos aguados nos dio su apoyo, nos propuso vivir en su casa. Allí nos dieron un cuarto para los dos y mi hija mayor. Un mes antes de nacer mi hija, tuve una llamada en la cual me dijeron que mi hermano había sido víctima de los falsos positivos en Puerto rico Meta, ya se imaginaran, embarazada, que me digan eso, era tragedia tras tragedia. 

2000, Bogotá

Cinco años después, Angélica tuvo otra hija, una niña que trajo un cambio positivo para sus vidas. Angélica quería estudiar para darle un mejor futuro a sus hijas, pero su esposo era muy machista, y él le decía que tenía que ser ama de casa, cocinar y mantener la casa limpia. Seguían viviendo en la casa de su suegra y ya empezaban los conflictos. Angélica aguantaba malos tratos por parte de todos, vivía muy estresada,  cocinaba para toda la familia, hacía aseo  a la casa de tres pisos.

Angélica convenció a Robert de buscar una casa en arriendo. Y por esta razón, vivieron unos años en arriendo con sus tres hijas. Robert, era un hombre con muchas ambiciones, su mente giraba como un radar y sus sentidos como una cascada de emociones, aspiraba a tener cantidades. Por tal motivo, llegó el momento en el que decidió pedirle dinero prestado a su mamá para poder comprar su primer y bendecido taxi. Robert, afortunado le iba muy bien en su nuevo trabajo, llegaba hacer hasta cincuenta mil pesos diarios y, en esos tiempos era bastante. Era muy buen negocio, y, por lo tanto, Angélica vendió parte de su herencia para comprar otro taxi. Y así funcionaba, Robert manejaba uno y el otro, un familiar de Angélica.

>>Mi esposo era una persona muy emprendedora y mi suegra le dio su herencia. Él decidió con ese dinero comprar una finca para cultivar fruta y surtir en Bogotá. Trabajamos juntos por 13 años, entre semana estábamos pendientes de los taxis y los fines de semana viajábamos a mirar los cultivos y traer la fruta -mora y lulo- para surtir en los Fruvers de Soacha y Bosa.

Todo iba muy bien, hasta que una tragedia arribó, en la madrugada del viernes 15 de abril del 2006 recibieron una llamada por parte de la policía, en donde decían que uno de sus conductores en un intento de atraco, recibió un disparo en la cabeza y el taxi fue volcado en un caño. Desafortunadamente perdieron el taxi, pero como ya había dicho antes, la imaginación de Robert funcionaba como una cascada de emociones y con ello, ya tenía las puertas para soñar y crear cosas poderosas. Dos años después, Seguían con su primer y bendecido taxi, y en vista de que les iba bien decidieron solicitar créditos a nombre de Angélica para poder comprar un taxi más, y con ahorros de tres años lograron comprar otro, hasta llegar a un total de tres taxis.

Era el verano del 2012

 >> Mis hijas ya estaban entre la edad de 10 y 17 años. En el 2012, afortunadamente con ahorros de las ventas de los cultivos y las ganancias de los taxis,  compramos un lote y construimos nuestra casa en un buen sector de Bogotá. Fue uno de los mejores momentos de mi vida, compramos todo a nuestro gusto, mi esposo y yo recorríamos casi toda Bogotá en busca de muebles, camas, baldosas, pinturas, televisores, y así mis sueños se iban cumpliendo poco a poco. Contratamos cuatro obreros, la construcción tardó seis meses y nos mudamos exactamente el 24 de diciembre de ese año. Con 10 años de esfuerzo la vida de nosotros seguía teniendo cambios positivos, hacíamos mercados grandes, viajábamos frecuentemente, teníamos dos carros, dos fincas, ingresos y ahorros.

>> Mis sentimientos de tristeza, amargura y estrés pasaron a satisfacción, alegría y entusiasmo. Mi esposo y yo seguíamos progresando, Hasta que él se empezó a relacionar con nuevas personas cuando surtía la fruta, hacía negocios, comprando y vendiendo carros, en fin… En medio de noches de “amigos” y tragos mi esposo contaba todos los negocios y propiedades que tenía y ya se imaginaran, lamentablemente siempre hay personas que quieren ganarse la vida fácil aprovechándose del sacrificio de los demás.

Diciembre del 2014

 Robert y Angélica tomaron la decisión de casarse, pero decidieron esperar hasta el 20 de enero del 2015, con el fin de que pudiera estar toda su familia y un cura, el cual ellos apreciaban mucho. Ellos ya tenían todo planeado, se iban a casar en su finca, tenían un promedio de 100 invitados, iban a dar de comida pernil asado y su luna de miel iba a ser en Cuba con sus tres hijas.

Enero del 2015, Bogotá

 Una semana antes de su futura y esperada boda, ellos estaban en Bogotá, precisamente para estar pendientes de sus propiedades y comprar algunas cosas que hacían falta para el matrimonio. El 14 de enero del 2015, Angélica y Robert iban a salir de compras: “Mi esposo era muy afanado, él siempre se parqueaba en el carro al frente de nuestra casa y me esperaba”. Me dice con una nostalgia que dibuja una sombra en su rostro.

>> Yo me estaba arreglando y él estaba al frente de la casa esperándome para salir. Escuche unos disparos, bajé y ahí estaba mi esposo, muriendo desangrado, podía escuchar su voz de auxilio, aunque no me hablará, sólo con sus ojos verdes y transparentes por la luz que reflejaba su pureza podía sentirlo. Yo en ese momento me bloqueé y no supe qué hacer, recuerdo que me hablaban y no escuchaba las personas, veía todo azul, se sentía como en las películas. La ambulancia tardó mucho en llegar y cuando llegamos al hospital mis esperanzas se acabaron, porque Robert acababa de morir.

Robert, el amado esposo de Angélica, murió el 14 de enero del 2015 y fue sepultado el 17, tres días antes de su esperada boda. Angélica tristemente cayó en depresión por varias semanas. Ella, contaba con el apoyo de sus hijas y todas buscaban profesionales que les brindaran su ayuda.

>> Yo quedé mentalmente muy mal, no estaba loca, pero entré en depresión. Intenté suicidarme dos veces y no era consciente del daño que les hacía a mis hijas. Mis emociones eran de desespero, tristeza. En las noches no dormía, me ponía a llorar, me levantaba desorientada. Recuerdo que me llevaban a terapias y mi cuerpo estaba en este mundo, pero mi mente no.

Los días pasaban, pero la depresión de Angélica no. Ella, buscaba una luz de esperanza en sus sueños para encontrarse con Robert y preguntarle por qué el viento de la tormenta también había terminado por llevárselo a él. Unos meses después, la familia de Angélica recibió una carta en la cual se le informaba que el acueducto realizaría una visita anual el día 13 de mayo del 2015. Ese día llegó, un hombre ingresó a la vivienda previa identificación, empezó por el primer piso, después por el segundo y en el tercer piso sacó un revólver, le apuntó a Angélica y la encerró en un cuarto. Luego, llegó una camioneta y se bajó toda la banda de atracadores. Angélica confirmó que en total eran seis, dos eran calvos, uno era ojiazul, dos morenos y el otro gordo. A Angélica le dieron golpes y choques eléctricos para que confesara dónde guardaban el dinero

>>Me pusieron al lado de la foto de mi esposo, imaginaba que me iban a matar. Se llevaron joyas y una gran suma de dinero ahorrado. Recuerdo que mis perras me defendían y se hacían al lado mío, tenía miedo de que les hicieran daño a ellas y a mí. Ellos aseguraban que sabían todo de mí: donde estudiaban mis hijas, todas las propiedades que tenía y quién era mi familia. En ese momento me dijeron que iban por mi hija menor a secuestrarla para así extorsionarme, me amarraron, me dejaron encerrada en un cuarto y se fueron, pero no antes sin advertirme que si denunciaba mataban a mis hijas. Afortunadamente, cuando era niña practicaba gimnasia y era muy flexible, así que logré desamarrarme las manos y bajé arrastrada a la cocina por un cuchillo para desamarrarme los pies. Lo primero que hice fue llamar a mi cuñada, la cual era la persona que vivía más cerca del colegio donde estudiaba mi hija. Tenía poco tiempo, mi corazón latía y las únicas palabras que le dije fueron: ¡Por favor, recoge a Vanessa, ahora mismo! Luego, fui en una camioneta, las recogí, huimos.

>> Mi hija mayor y menor huyeron la camioneta roja con las perras, y mi otra hija y yo en la otra camioneta con lo poco que pudimos llevarnos. Fueron 8 horas de viaje, decidimos tomar rutas diferentes. Sabíamos que nos estaban siguiendo, que debíamos perderlos.

>>Nos alejamos de Bogotá por dos meses, puedo afirmar que fueron los meses más tristes de mi vida. La depresión llegó a la vida de mis hijas al tener que abandonar sus estudios y las personas más cercanas. Podía notar su dolor claramente, las veía llorar todos los días, y, además obligué a cerrar sus redes sociales y que no hablaran con nadie. Estábamos solas, las cuatro, nadie sabía dónde estábamos, no confiaba en las personas, porque la vida me puso pruebas y me enseñó a no hacerlo. El mundo no es color de rosa para siempre, pero lo que sí sé, es que después de la tormenta llega la calma.

En esos dos meses, las propiedades de Angélica fueron decayendo, algunos taxis y cultivos tuvieron que venderse para poder sobrevivir. Al pasar los días, Angélica y sus hijas perdieron el miedo, porque la fuerza y valentía se apoderaron de ellas y en sus almas nació una semilla de vigor. Decidieron regresar a Bogotá, con el fin de vigilar cómo estaban sus propiedades. Antes de su viaje a la capital se prepararon y decidieron cambiar su apariencia para que no fueran fáciles de reconocer. 

 >>No llegué a mi casa donde vivía antes, saqué en arriendo un apartamento muy lejos. Al llegar me pude enterar que mis trabajadores me estaban robando a escondidas, ese fue el motivo por el que decidí ponerme enfrentarlo todo, poco a poco, pero con determinación. Unas semanas después, anhelando volver a mi casa, tomé el valor de ir a la Policía para ver por qué la investigación no avanzaba. Todos sabemos que en Colombia es mejor pagar para que agilicen las cosas, así que preferí pagar para que dieran con los delincuentes, lo más pronto posible.

Al momento de Angélica pagar, empezaron de nuevo las entrevistas por parte de la Fiscalía a las víctimas, comenzaron desde la muerte de Robert hasta el robo, entrevistaron a vecinos, familiares, amigos, a los conductores de los taxis y a los que Robert les surtía las frutas. Fueron varios meses de investigación y ansiedad. 

Septiembre del 2015, Juzgados de de Paloquemao

 El 21 de septiembre del 2015, Angélica tuvo una llamada de la Fiscalía, donde afirmaban que la banda ya había sido capturada y, el 29 de septiembre iba a ser la audiencia:

 >> Allí me encontraba, en la entrada de unas de las salas de la Fiscalía de Paloquemao, esperando con ansias para ver la cara de los criminales. Lo que vi, me sentí igual que  cuando la enfermera me dijo, “ya no hay nada que hacer, su esposo ya perdió mucha sangre”. El mundo se me vi abajo cuando entre los criminales traían el  hermano de mi esposo.  Quién se va a imaginar que la sangre de tu sangre te cause tanto dolor. Lloré de tristeza, una tristeza que aún hoy no se me va.

TERRITORIO 

ACTUALIDAD

CRÓNICA: ¡SANGRE DE TU SANGRE!

Por: Emma Johana Ruíz López

 

"Lloré de tristeza, una trsiteza que aún hoy no se me va" 

El origen

 >>Escuché el primer disparo y después otros dos más. Bajé apresurada las escaleras y ahí estaba mi esposo, agonizando lentamente en la entrada de nuestra casa. En sus ojos casi transparentes podía notar una voz de auxilio, de ganas de vivir, pero desgraciadamente la ambulancia llegó cuando él ya había perdido bastante sangre.

>>Recuerdo el momento en el que llegué de medicina legal a mi casa y mi hija menor me preguntó “¿Mami, dónde está papi?” Mi hija mayor le respondió: En nuestros corazones.

 A partir del 14 de enero del 2015, la vida de Angélica tuvo un cambio de dirección. María Angélica Gómez Vásquez, la menor de cinco hijos, a sus cuatro años de edad tuvo que dejar sus tierras en la Guajira con su familia en busca de nuevas oportunidades para un cambio de vida, ya que su familia, anteriormente,  se dedicaba a cultivar marihuana y coca para poder sobrevivir. Los cultivos les dejaron bastantes ganancias y su familia pudo comprar un terreno de 18 fanegadas donde por un tiempo se dedicaban a la agricultura legal. 

>>Mi infancia transcurrió en el campo, fue muy bonita, era feliz corriendo con mis hermanos por la finca para recoger las moritas silvestres; jugábamos a las escondidas por todos los potreros, a enrollarnos en cobijas y tirarnos por las montañas, esperábamos con ansiedad la lluvia para mojarnos y cantar el puente está quebrado. La región donde habitábamos era rica, porque se encontraba mucho oro por los montes, un día jugando con mis hermanos en el semillero de chapola encontramos unas espadas y joyas de oro, se las llevamos a mis papás con ansias y ellos las vendieron.

>>En 1980, mi papá tomó la decisión de ir a trabajar en los llanos orientales, exactamente en Miraflores, Guaviare para cultivar otra vez coca; tuvo grandes cultivos al punto que se convirtió en patrón y, por lo tanto, adquirió muy buenos ingresos. En esos tiempos, los llanos estaban comandados por la guerrilla y mi papá fue víctima del conflicto armado, con dos disparos en la cabeza lo asesinaron, exactamente el 30 de junio de 1985, el día de mis cumpleaños. Ese fue un episodio que marcó mi infancia, yo cumplía 13 años. 

Después de la muerte del papá de Angélica, la situación económica y emocional en su casa empeoró; la pobreza y la desgracia llegaron, perdieron ganado, cultivos y casi la finca, sus hermanos cayeron en el vicio el alcohol y ella tuvo que aguantar por meses borracheras y malos tratos de sus hermanos mayores, hubo noches en las que ella no dormía por defender a su mamá del maltrato de sus hermanos. Pasaban los meses, pero la pobreza y los maltratos no.

 >> Yo solo quería llegar a mi casa para estar con mi mamita, porque en realidad la mayoría de mis días eran de tristeza y recuerdos. Tenía 14 años y no entendía cómo la vida de toda mi familia había cambiado de un día para otro

1988, Cundinamarca

 Angélica fue la única de sus hermanos que terminó sus estudios. Asegura que le apasionaba estudiar y quería ser contadora en una gran empresa.  A sus 15 años, unos meses antes de terminar su bachillerato, conoció a su futuro esposo: “Mi amado esposo, él era muy lindo conmigo, todos los días me compraba esquelas, onces, me motivaba a salir adelante, no salía de mi casa y de vez en cuando nos ayudaba con un mercado.”. Así lo recuerda.  Pasaban los meses y el amor de angélica por Robert crecía profundamente, eran felices acostados en los grandes potreros, viendo las formas de las nubes, observando las maravillosas vistas del pueblo y sus alrededores, montando cicla por las montañas, haciendo fogatas, quemando malvaviscos.

>> Conformamos una familia, mi primera hija nació en 1995, mi bebe era -es- hermosa; tiene los ojos azules como los de su abuela, la piel blanca y suave como la de un terciopelo y sus rizos finos y claros como el oro. Decidimos ir a Bogotá en busca de oportunidades para darle un mejor futuro a nuestra hijita. Yo llegué a Bogotá en busca de trabajo y logré conseguir un puesto de secretaria en inversiones rueda, afortunadamente en esos tiempos no era tan difícil ocupar un puesto, no exigían tanto como ahora. Me tocaba hacer cartas, llevar archivos, atender a los clientes, contestar llamadas, en fin…

>>A los pocos días de mi acogida en la capital, tuve una llamada a las dos de la mañana, ya se imaginaran, esas llamadas suceden porque algo malo pasó y sí, efectivamente era así. Me llamó mi tía Herlinda- hermana de mi mamá- a decirme que mi mamá había muerto de un ACV. Yo caí en llanto, tenía 20 años y ya era huérfana. Por tal motivo, me tocó regresar a mi pueblo para despedirme de mi mamita.

Angélica, era la más sensata de sus hermanos, ellos, a las pocas semanas, querían vender todo, y eran 4 contra ella, así que decidieron repartir las herencias. Una vez repartido todo, ella no quiso vender nada y volvió a Bogotá en busca de un nuevo trabajo. En su regreso se enteró que estaba embarazada y tenía 4 meses. Por esa razón, no pudo conseguir una vacante. 

>>Esos tiempos eran muy duros; desafortunadamente mi esposo y yo no contábamos con mucho dinero, vivíamos en un cuarto en Meissen, éramos muy pobres, recuerdo que solo teníamos una cobija para los dos y aguantábamos mucho frío. Solo comíamos pan con agua de panela, porque no había para salchichón. Un día, mi suegra fue a visitarnos y al darse cuenta de la situación en que vivíamos, agacho la cara y con sus ojos aguados nos dio su apoyo, nos propuso vivir en su casa. Allí nos dieron un cuarto para los dos y mi hija mayor. Un mes antes de nacer mi hija, tuve una llamada en la cual me dijeron que mi hermano había sido víctima de los falsos positivos en Puerto rico Meta, ya se imaginaran, embarazada, que me digan eso, era tragedia tras tragedia. 

2000, Bogotá

Cinco años después, Angélica tuvo otra hija, una niña que trajo un cambio positivo para sus vidas. Angélica quería estudiar para darle un mejor futuro a sus hijas, pero su esposo era muy machista, y él le decía que tenía que ser ama de casa, cocinar y mantener la casa limpia. Seguían viviendo en la casa de su suegra y ya empezaban los conflictos. Angélica aguantaba malos tratos por parte de todos, vivía muy estresada,  cocinaba para toda la familia, hacía aseo  a la casa de tres pisos.

Angélica convenció a Robert de buscar una casa en arriendo. Y por esta razón, vivieron unos años en arriendo con sus tres hijas. Robert, era un hombre con muchas ambiciones, su mente giraba como un radar y sus sentidos como una cascada de emociones, aspiraba a tener cantidades. Por tal motivo, llegó el momento en el que decidió pedirle dinero prestado a su mamá para poder comprar su primer y bendecido taxi. Robert, afortunado le iba muy bien en su nuevo trabajo, llegaba hacer hasta cincuenta mil pesos diarios y, en esos tiempos era bastante. Era muy buen negocio, y, por lo tanto, Angélica vendió parte de su herencia para comprar otro taxi. Y así funcionaba, Robert manejaba uno y el otro, un familiar de Angélica.

>>Mi esposo era una persona muy emprendedora y mi suegra le dio su herencia. Él decidió con ese dinero comprar una finca para cultivar fruta y surtir en Bogotá. Trabajamos juntos por 13 años, entre semana estábamos pendientes de los taxis y los fines de semana viajábamos a mirar los cultivos y traer la fruta -mora y lulo- para surtir en los Fruvers de Soacha y Bosa.

Todo iba muy bien, hasta que una tragedia arribó, en la madrugada del viernes 15 de abril del 2006 recibieron una llamada por parte de la policía, en donde decían que uno de sus conductores en un intento de atraco, recibió un disparo en la cabeza y el taxi fue volcado en un caño. Desafortunadamente perdieron el taxi, pero como ya había dicho antes, la imaginación de Robert funcionaba como una cascada de emociones y con ello, ya tenía las puertas para soñar y crear cosas poderosas. Dos años después, Seguían con su primer y bendecido taxi, y en vista de que les iba bien decidieron solicitar créditos a nombre de Angélica para poder comprar un taxi más, y con ahorros de tres años lograron comprar otro, hasta llegar a un total de tres taxis.

Era el verano del 2012

 >> Mis hijas ya estaban entre la edad de 10 y 17 años. En el 2012, afortunadamente con ahorros de las ventas de los cultivos y las ganancias de los taxis,  compramos un lote y construimos nuestra casa en un buen sector de Bogotá. Fue uno de los mejores momentos de mi vida, compramos todo a nuestro gusto, mi esposo y yo recorríamos casi toda Bogotá en busca de muebles, camas, baldosas, pinturas, televisores, y así mis sueños se iban cumpliendo poco a poco. Contratamos cuatro obreros, la construcción tardó seis meses y nos mudamos exactamente el 24 de diciembre de ese año. Con 10 años de esfuerzo la vida de nosotros seguía teniendo cambios positivos, hacíamos mercados grandes, viajábamos frecuentemente, teníamos dos carros, dos fincas, ingresos y ahorros.

>> Mis sentimientos de tristeza, amargura y estrés pasaron a satisfacción, alegría y entusiasmo. Mi esposo y yo seguíamos progresando, Hasta que él se empezó a relacionar con nuevas personas cuando surtía la fruta, hacía negocios, comprando y vendiendo carros, en fin… En medio de noches de “amigos” y tragos mi esposo contaba todos los negocios y propiedades que tenía y ya se imaginaran, lamentablemente siempre hay personas que quieren ganarse la vida fácil aprovechándose del sacrificio de los demás.

Diciembre del 2014

 Robert y Angélica tomaron la decisión de casarse, pero decidieron esperar hasta el 20 de enero del 2015, con el fin de que pudiera estar toda su familia y un cura, el cual ellos apreciaban mucho. Ellos ya tenían todo planeado, se iban a casar en su finca, tenían un promedio de 100 invitados, iban a dar de comida pernil asado y su luna de miel iba a ser en Cuba con sus tres hijas.

Enero del 2015, Bogotá

 Una semana antes de su futura y esperada boda, ellos estaban en Bogotá, precisamente para estar pendientes de sus propiedades y comprar algunas cosas que hacían falta para el matrimonio. El 14 de enero del 2015, Angélica y Robert iban a salir de compras: “Mi esposo era muy afanado, él siempre se parqueaba en el carro al frente de nuestra casa y me esperaba”. Me dice con una nostalgia que dibuja una sombra en su rostro.

>> Yo me estaba arreglando y él estaba al frente de la casa esperándome para salir. Escuche unos disparos, bajé y ahí estaba mi esposo, muriendo desangrado, podía escuchar su voz de auxilio, aunque no me hablará, sólo con sus ojos verdes y transparentes por la luz que reflejaba su pureza podía sentirlo. Yo en ese momento me bloqueé y no supe qué hacer, recuerdo que me hablaban y no escuchaba las personas, veía todo azul, se sentía como en las películas. La ambulancia tardó mucho en llegar y cuando llegamos al hospital mis esperanzas se acabaron, porque Robert acababa de morir.

Robert, el amado esposo de Angélica, murió el 14 de enero del 2015 y fue sepultado el 17, tres días antes de su esperada boda. Angélica tristemente cayó en depresión por varias semanas. Ella, contaba con el apoyo de sus hijas y todas buscaban profesionales que les brindaran su ayuda.

>> Yo quedé mentalmente muy mal, no estaba loca, pero entré en depresión. Intenté suicidarme dos veces y no era consciente del daño que les hacía a mis hijas. Mis emociones eran de desespero, tristeza. En las noches no dormía, me ponía a llorar, me levantaba desorientada. Recuerdo que me llevaban a terapias y mi cuerpo estaba en este mundo, pero mi mente no.

Los días pasaban, pero la depresión de Angélica no. Ella, buscaba una luz de esperanza en sus sueños para encontrarse con Robert y preguntarle por qué el viento de la tormenta también había terminado por llevárselo a él. Unos meses después, la familia de Angélica recibió una carta en la cual se le informaba que el acueducto realizaría una visita anual el día 13 de mayo del 2015. Ese día llegó, un hombre ingresó a la vivienda previa identificación, empezó por el primer piso, después por el segundo y en el tercer piso sacó un revólver, le apuntó a Angélica y la encerró en un cuarto. Luego, llegó una camioneta y se bajó toda la banda de atracadores. Angélica confirmó que en total eran seis, dos eran calvos, uno era ojiazul, dos morenos y el otro gordo. A Angélica le dieron golpes y choques eléctricos para que confesara dónde guardaban el dinero

>>Me pusieron al lado de la foto de mi esposo, imaginaba que me iban a matar. Se llevaron joyas y una gran suma de dinero ahorrado. Recuerdo que mis perras me defendían y se hacían al lado mío, tenía miedo de que les hicieran daño a ellas y a mí. Ellos aseguraban que sabían todo de mí: donde estudiaban mis hijas, todas las propiedades que tenía y quién era mi familia. En ese momento me dijeron que iban por mi hija menor a secuestrarla para así extorsionarme, me amarraron, me dejaron encerrada en un cuarto y se fueron, pero no antes sin advertirme que si denunciaba mataban a mis hijas. Afortunadamente, cuando era niña practicaba gimnasia y era muy flexible, así que logré desamarrarme las manos y bajé arrastrada a la cocina por un cuchillo para desamarrarme los pies. Lo primero que hice fue llamar a mi cuñada, la cual era la persona que vivía más cerca del colegio donde estudiaba mi hija. Tenía poco tiempo, mi corazón latía y las únicas palabras que le dije fueron: ¡Por favor, recoge a Vanessa, ahora mismo! Luego, fui en una camioneta, las recogí, huimos.

>> Mi hija mayor y menor huyeron la camioneta roja con las perras, y mi otra hija y yo en la otra camioneta con lo poco que pudimos llevarnos. Fueron 8 horas de viaje, decidimos tomar rutas diferentes. Sabíamos que nos estaban siguiendo, que debíamos perderlos.

>>Nos alejamos de Bogotá por dos meses, puedo afirmar que fueron los meses más tristes de mi vida. La depresión llegó a la vida de mis hijas al tener que abandonar sus estudios y las personas más cercanas. Podía notar su dolor claramente, las veía llorar todos los días, y, además obligué a cerrar sus redes sociales y que no hablaran con nadie. Estábamos solas, las cuatro, nadie sabía dónde estábamos, no confiaba en las personas, porque la vida me puso pruebas y me enseñó a no hacerlo. El mundo no es color de rosa para siempre, pero lo que sí sé, es que después de la tormenta llega la calma.

En esos dos meses, las propiedades de Angélica fueron decayendo, algunos taxis y cultivos tuvieron que venderse para poder sobrevivir. Al pasar los días, Angélica y sus hijas perdieron el miedo, porque la fuerza y valentía se apoderaron de ellas y en sus almas nació una semilla de vigor. Decidieron regresar a Bogotá, con el fin de vigilar cómo estaban sus propiedades. Antes de su viaje a la capital se prepararon y decidieron cambiar su apariencia para que no fueran fáciles de reconocer. 

 >>No llegué a mi casa donde vivía antes, saqué en arriendo un apartamento muy lejos. Al llegar me pude enterar que mis trabajadores me estaban robando a escondidas, ese fue el motivo por el que decidí ponerme enfrentarlo todo, poco a poco, pero con determinación. Unas semanas después, anhelando volver a mi casa, tomé el valor de ir a la Policía para ver por qué la investigación no avanzaba. Todos sabemos que en Colombia es mejor pagar para que agilicen las cosas, así que preferí pagar para que dieran con los delincuentes, lo más pronto posible.

Al momento de Angélica pagar, empezaron de nuevo las entrevistas por parte de la Fiscalía a las víctimas, comenzaron desde la muerte de Robert hasta el robo, entrevistaron a vecinos, familiares, amigos, a los conductores de los taxis y a los que Robert les surtía las frutas. Fueron varios meses de investigación y ansiedad. 

Septiembre del 2015, Juzgados de de Paloquemao

 El 21 de septiembre del 2015, Angélica tuvo una llamada de la Fiscalía, donde afirmaban que la banda ya había sido capturada y, el 29 de septiembre iba a ser la audiencia:

 >> Allí me encontraba, en la entrada de unas de las salas de la Fiscalía de Paloquemao, esperando con ansias para ver la cara de los criminales. Lo que vi, me sentí igual que  cuando la enfermera me dijo, “ya no hay nada que hacer, su esposo ya perdió mucha sangre”. El mundo se me vi abajo cuando entre los criminales traían el  hermano de mi esposo.  Quién se va a imaginar que la sangre de tu sangre te cause tanto dolor. Lloré de tristeza, una tristeza que aún hoy no se me va.

ESPECIALES

PLAYLIST                                            

Logo ACN Pata Blanco


NAVEGACIÓN       

 

Inicio
Actualidad
Cultura
Opinión
Deportes


CONTÁCTENOS            

 

Conmutadores: 323 98 68 y 326 68 20
Extensión 4060 / 4063
Correo: agenciacentraldenoticias@ucentral.edu.co

© 2017 Todos los derechos reservados. ACN | Agencia Central de Noticias. Sede Norte: Calle 75 n.º 16-03 Edificio Violi piso 5, Bogotá - Colombia