logo ucentral

logo sintopia acn

acnfacebookacnyoutubeacninstragram

COM_MINITEKLIVESEARCH_RESULTADOS
Joomla Categories

LogoACN Movil

fb  tweet  youtube  instagram 

UN SUEÑO HECHO HOTEL

  Por Andrés Gómez Estupiñán

 

Enero,1969

Los recién casados salían de la iglesia de la Porciúncula, Celia Echeverría de tan solo 25 años, su sonrisa de oreja a oreja, silueta delgada, su vestido corto blanco, en su mano derecha el ramo de rosas blancas (su flor favorita) y con su mano izquierda sujetada de su ahora esposo. Jaime García, 47 años, su traje muy elegante negro, por su miopía su cara la adornaba unas gafas como las de Héctor Lavoe (grandes y cafés), algo muy común para la época. Los aplausos de sus familiares y amigos en la calle de honor no se hicieron esperar y menos el arroz como símbolo de prosperidad y fertilidad para la pareja de esposos, luego de decir un “sí” eterno.

“Ese día hubo una celebración pequeña, con torta y vino, estaban mis padres y mis hermanos, pero también los hijos de Jaime, de los cuales sentía su frialdad y su rechazo por nuestro matrimonio, -los entendía-  yo era una mujer mucho menor que su padre, y además no era su madre. De hecho, nunca forcé que me vieran de esa manera, siempre respeté su espacio” -. Dice Celia. 

Este era el segundo matrimonio de Jaime, un accidente de avión unos años atrás dejó a la familia García Franco sin Lucía, una madre y esposa amorosa. Ahora, Jaime era el único responsable de sacar adelante sus 7 hijos, las 3 mujeres eran las mayores, luego iban los 4 varones, todos menores de 18 años, siendo el más pequeño un bebé de tan solo 6 meses. Jaime tenía que velar porque no les faltara la comida, techo, estudio, pero en especial de llenar la nostalgia que había dejado la partida Lucía. 

1970

La familia García Echeverría vivían en una casa por la 26, en Bogotá, sus paredes amarillas opacas, escaleras de madera, el piso que rechinaba cada vez que caminaban por él, dos pisos, un patio grande. Se mudaron allí por comodidad y porque estaban empezando a trabajar para ser una familia funcional, querían seguir forjando su amor, qué mejor manera que un nuevo miembro en la familia, para Celia sería su mayor felicidad, ya que sería su primer hijo, -no cabía de la dicha al saber que venía un heredero en camino-, pero la felicidad no duró mucho, Celia perdió su bebé con 3 meses de gestación y lo mismo pasó con los siguientes 4, una anomalía en su vientre no la dejaba gestar, quizás era su tipo de sangre (O negativo). “Estaba muy angustiada, aunque Jaime ya tuviera 7 hijos yo quería ser mamá y más en esa época que inculcaban que los hijos eran la base del matrimonio, un bebé se convirtió en mi necesidad”,  afirma Celia. También recuerda aferrarse a todos los santos, orando porque pudiera ser bendecida con un hijo. “En 1973 Dios me escuchó y llegó el tan esperado bebé: Andrés”. 

Agosto, 1976

Con el segundo hijo en camino, Daniel, prometieron que iban a mejorar su calidad de vida, estos dos niños eran el tesoro más grande de la familia García Echeverría, pero en especial de Celia, porque los había anhelado con toda su alma, por ende, prometió cuidarlos con el amor que no les pudo dar a sus hijos que fallecieron antes de ni siquiera poder llegar a alzarlos. 

Se cansaron de la vida esclavizante de Bogotá. Jaime dejó el cuidado de sus hijos del primer matrimonio con su hermana, ya que los niños no quisieron irse con ellos. Así que empacaron sus maletas para un destino sorpresa, Jaime ya había comprado una casa, pero no le dijo a Celia donde empezarían su nueva vida, su nido de amor. 

Septiembre, 1976

En su Volkswagen escarabajo verde guardaron el equipaje, entraron al carro,  Andrés de 3 años, Celia, Daniel en su vientre, y conduciendo Jaime. “Estaba ansiosa, nunca he sido una mujer de sorpresas, aunque él me decía que no me preocupara por nada, en mi mente no dejaba de imaginar cómo sería nuestro nuevo hogar”. Celia es oriunda de Boyacá, por lo tanto, empezó a reconocer las montañas y bellos paisajes de esta región. A 180 kilómetros de la capital estaba el nuevo hogar de esta familia, una nueva etapa los esperaba en Paipa, un municipio reconocido por su monumento del Pantano de Vargas, su Lago y sus piscinas termales. 

“Me bajé del carro y lo primero que vi fue una casa antigua con un letrero que decía “hotel”, pensé: seguro pasaremos la noche acá, la verdad, no le di importancia, pero mi esposo me entregó las llaves y me dijo: este es nuestro nuevo hogar”. No estoy segura si fue cuestión del embarazo, pero claro que me puse a llorar, me parecía gratificante estar con el amor de mi vida y mis dos hijos, empezando algo, fue de los mejores momento de mi vida”. 

2020

La casa originalmente abarcaba toda una manzana en el centro de Paipa, pero la familia que la habitó antes decidió dividirla. La familia García solo tiene una parte, con más de 150 años de construcción, pasillos largos, techos altos (porque antiguamente la gente entraba en caballo). Siempre ha mantenido los colores blanco y verde, su apariencia es colonial, pero a su vez rústico, cuenta con 15 habitaciones, los jardines son llamativos por su variedad de plantas ,y por supuesto, se ve el cariño que le ha brindado Celia a cada una de ellas. El Hotel La Posada (así le pusieron los esposos), es de los primeros hoteles de Paipa y de los cuales todavía están en funcionamiento, junto al Hotel Daza y el Hotel Sochagota. 

Lo que empezó con la incertidumbre y el sueño de la Familia García Echeverría, hoy en día es una realidad, más de 40 años de funcionamiento y herencia, tal como lo sigue soñando Celia: “Así como creció Daniel, Andrés y mi única nieta Andrea (hija de Andrés), quiero que lo sigan haciendo las siguientes generaciones, espero que entiendan que más que un negocio, es el motor de nuestra familia” Celia. Ahora, el encargado de administrar el hotel es el hijo mayor; Andrés, junto a su madre y su hija, Daniel trabaja en Bogotá, Jaime falleció en el 2008. “Muchas veces hablamos con mi esposo que no pudimos tener mejor vida, mejor familia” Jaime murió sabiendo que el amor por el Hotel está siendo heredado y de seguro estaría muy orgulloso por todo lo que hemos logrado”. 

TERRITORIO 

ACTUALIDAD

UN SUEÑO HECHO HOTEL

  Por Andrés Gómez Estupiñán

 

Enero,1969

Los recién casados salían de la iglesia de la Porciúncula, Celia Echeverría de tan solo 25 años, su sonrisa de oreja a oreja, silueta delgada, su vestido corto blanco, en su mano derecha el ramo de rosas blancas (su flor favorita) y con su mano izquierda sujetada de su ahora esposo. Jaime García, 47 años, su traje muy elegante negro, por su miopía su cara la adornaba unas gafas como las de Héctor Lavoe (grandes y cafés), algo muy común para la época. Los aplausos de sus familiares y amigos en la calle de honor no se hicieron esperar y menos el arroz como símbolo de prosperidad y fertilidad para la pareja de esposos, luego de decir un “sí” eterno.

“Ese día hubo una celebración pequeña, con torta y vino, estaban mis padres y mis hermanos, pero también los hijos de Jaime, de los cuales sentía su frialdad y su rechazo por nuestro matrimonio, -los entendía-  yo era una mujer mucho menor que su padre, y además no era su madre. De hecho, nunca forcé que me vieran de esa manera, siempre respeté su espacio” -. Dice Celia. 

Este era el segundo matrimonio de Jaime, un accidente de avión unos años atrás dejó a la familia García Franco sin Lucía, una madre y esposa amorosa. Ahora, Jaime era el único responsable de sacar adelante sus 7 hijos, las 3 mujeres eran las mayores, luego iban los 4 varones, todos menores de 18 años, siendo el más pequeño un bebé de tan solo 6 meses. Jaime tenía que velar porque no les faltara la comida, techo, estudio, pero en especial de llenar la nostalgia que había dejado la partida Lucía. 

1970

La familia García Echeverría vivían en una casa por la 26, en Bogotá, sus paredes amarillas opacas, escaleras de madera, el piso que rechinaba cada vez que caminaban por él, dos pisos, un patio grande. Se mudaron allí por comodidad y porque estaban empezando a trabajar para ser una familia funcional, querían seguir forjando su amor, qué mejor manera que un nuevo miembro en la familia, para Celia sería su mayor felicidad, ya que sería su primer hijo, -no cabía de la dicha al saber que venía un heredero en camino-, pero la felicidad no duró mucho, Celia perdió su bebé con 3 meses de gestación y lo mismo pasó con los siguientes 4, una anomalía en su vientre no la dejaba gestar, quizás era su tipo de sangre (O negativo). “Estaba muy angustiada, aunque Jaime ya tuviera 7 hijos yo quería ser mamá y más en esa época que inculcaban que los hijos eran la base del matrimonio, un bebé se convirtió en mi necesidad”,  afirma Celia. También recuerda aferrarse a todos los santos, orando porque pudiera ser bendecida con un hijo. “En 1973 Dios me escuchó y llegó el tan esperado bebé: Andrés”. 

Agosto, 1976

Con el segundo hijo en camino, Daniel, prometieron que iban a mejorar su calidad de vida, estos dos niños eran el tesoro más grande de la familia García Echeverría, pero en especial de Celia, porque los había anhelado con toda su alma, por ende, prometió cuidarlos con el amor que no les pudo dar a sus hijos que fallecieron antes de ni siquiera poder llegar a alzarlos. 

Se cansaron de la vida esclavizante de Bogotá. Jaime dejó el cuidado de sus hijos del primer matrimonio con su hermana, ya que los niños no quisieron irse con ellos. Así que empacaron sus maletas para un destino sorpresa, Jaime ya había comprado una casa, pero no le dijo a Celia donde empezarían su nueva vida, su nido de amor. 

Septiembre, 1976

En su Volkswagen escarabajo verde guardaron el equipaje, entraron al carro,  Andrés de 3 años, Celia, Daniel en su vientre, y conduciendo Jaime. “Estaba ansiosa, nunca he sido una mujer de sorpresas, aunque él me decía que no me preocupara por nada, en mi mente no dejaba de imaginar cómo sería nuestro nuevo hogar”. Celia es oriunda de Boyacá, por lo tanto, empezó a reconocer las montañas y bellos paisajes de esta región. A 180 kilómetros de la capital estaba el nuevo hogar de esta familia, una nueva etapa los esperaba en Paipa, un municipio reconocido por su monumento del Pantano de Vargas, su Lago y sus piscinas termales. 

“Me bajé del carro y lo primero que vi fue una casa antigua con un letrero que decía “hotel”, pensé: seguro pasaremos la noche acá, la verdad, no le di importancia, pero mi esposo me entregó las llaves y me dijo: este es nuestro nuevo hogar”. No estoy segura si fue cuestión del embarazo, pero claro que me puse a llorar, me parecía gratificante estar con el amor de mi vida y mis dos hijos, empezando algo, fue de los mejores momento de mi vida”. 

2020

La casa originalmente abarcaba toda una manzana en el centro de Paipa, pero la familia que la habitó antes decidió dividirla. La familia García solo tiene una parte, con más de 150 años de construcción, pasillos largos, techos altos (porque antiguamente la gente entraba en caballo). Siempre ha mantenido los colores blanco y verde, su apariencia es colonial, pero a su vez rústico, cuenta con 15 habitaciones, los jardines son llamativos por su variedad de plantas ,y por supuesto, se ve el cariño que le ha brindado Celia a cada una de ellas. El Hotel La Posada (así le pusieron los esposos), es de los primeros hoteles de Paipa y de los cuales todavía están en funcionamiento, junto al Hotel Daza y el Hotel Sochagota. 

Lo que empezó con la incertidumbre y el sueño de la Familia García Echeverría, hoy en día es una realidad, más de 40 años de funcionamiento y herencia, tal como lo sigue soñando Celia: “Así como creció Daniel, Andrés y mi única nieta Andrea (hija de Andrés), quiero que lo sigan haciendo las siguientes generaciones, espero que entiendan que más que un negocio, es el motor de nuestra familia” Celia. Ahora, el encargado de administrar el hotel es el hijo mayor; Andrés, junto a su madre y su hija, Daniel trabaja en Bogotá, Jaime falleció en el 2008. “Muchas veces hablamos con mi esposo que no pudimos tener mejor vida, mejor familia” Jaime murió sabiendo que el amor por el Hotel está siendo heredado y de seguro estaría muy orgulloso por todo lo que hemos logrado”. 

ESPECIALES

PLAYLIST                                            

Logo ACN Pata Blanco


NAVEGACIÓN       

 

Inicio
Actualidad
Cultura
Opinión
Deportes


CONTÁCTENOS            

 

Conmutadores: 323 98 68 y 326 68 20
Extensión 4060 / 4063
Correo: agenciacentraldenoticias@ucentral.edu.co

© 2017 Todos los derechos reservados. ACN | Agencia Central de Noticias. Sede Norte: Calle 75 n.º 16-03 Edificio Violi piso 5, Bogotá - Colombia