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Un café con sabor a suspenso

Por: Valentina Palacios

Valentina PalaciosVarios han sido los estudios espirituales, que se han realizado en la Candelaria. Muchos de los cuales, arrojan resultados sorprendentes, entes registrados en cámara, luces que se encienden solas, puertas que chirrían y risas, son algunas de las cosas que se escuchan comúnmente en la zona. Diego, un trabajador de la zona nos contó su experiencia. Un café con sabor a suspenso.

Sin saber que un trabajo de medio tiempo se convertiría en el motor de sus sueños, Diego, lleva más de dos años y medio en el Café Magola Buendía. Ha sido mesero, barista, cajero, estudió cuatro semestres de cine, y actualmente cursa lingüística en la Universidad Nacional. ¨He aprendido mucho sobre café… trabajo con gente conocida así que es ameno, el horario me permite estudiar¨.

-VP (Valentina Palacios): Para contextualizar un poco, cuénteme sobre el lugar, su historia, su ubicación...

-DM (Diego Muñoz): Tengo entendido que antes era un montallantas, está ubicado aquí en el barrio Candelaria. Su nombre le rinde homenaje a la famosa obra de Márquez, Cien Años de Soledad.

Valentina Palacios-VP:  La Candelaria es una zona con un amplio bagaje cultural. Su arquitectura, sus calles, sus habitantes, siempre tienen cosas que contar. ¿Le ha pasado algo en el tiempo que lleva trabajando en el café? ¿tiene alguna anécdota?

-DM: He visto algunos videos, donde algunas luces se prenden solas y las sillas se caen. Casi siempre pasa en las horas del cierre, tipo once o doce de la noche.

Diego se toca el mentón con una mano, y levanta la mirada, como tratando de divisar algún recuerdo, hace una breve pausa, y rompe la barrera del silencio.  

Una vez como hace dos años, a un compañero lo asustaron cuando estaba cerrando, sonaban las mesas en el fondo, él creyó que era el viento o cosas así, pero después sonó una cadena, como de esos collares cuando se caen en el piso.

-VP: ¿Cree que el contexto en el cual se encuentra ubicado el café influye en estos sucesos?

A Diego le llega una orden, la atiende de manera ágil. Mira hacia el lado izquierdo de la barra y señala una pequeña ventana.

-DM: El café está ubicado al lado de un lote vacío, lleno de plantas grandes, oscuro, abandonado, que de hecho por el tiempo a esas casas muy antiguas se les crece mucho la tierra, parecen enterradas; de por sí da miedo, tiene una vibra extraña… tiene cosas por ahí tiradas, además el barrio Candelaria es lo más viejo que hay, probablemente influya.

Hacemos una breve pausa en la entrevista, Diego me muestra el lugar, señala algunas zonas donde han sucedido cosas extrañas.

Valentina Palacios-DM: Esta hamaca se mueve sola a veces. Yo creo que es el viento, aunque mis compañeros dicen que son los fantasmas.

-VP: ¿Cree en la existencia de los fantasmas?

Lanza una breve sonrisa mientras se mira las manos.

-DM: Yo no creo en los fantasmas, creo en la energía de las almas muertas. No me han sucedido acontecimientos en otros lugares, solo aquí. Pero no los siento como fantasmas, y si lo son, ellos también pertenecen aquí.

Es muy pronto para saber si Diego cambiará de opinión sobre los fantasmas, su sistema de creencias está registrado en la cultura que le impartieron. El contexto en el que se desenvuelve, parece no ser tan ¨paranormal¨, como para sus compañeros. Lo que sí podemos asegurar es que en el Café Magola Buendía existe una vibra distinta, ya sea por su café, por su arquitectura o por los entes que allí habitan.

Al finalizar la entrevista, Diego mira el reloj ubicado en la pared. Aún le quedan dos horas más de servicio. A pesar de que ha sido un día largo, se alegra de tener trabajo y un lugar que él denomina como su ¨segundo hogar¨. Da un sorbo a su café, y se despide con una sonrisa.

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Un café con sabor a suspenso

Por: Valentina Palacios

Valentina PalaciosVarios han sido los estudios espirituales, que se han realizado en la Candelaria. Muchos de los cuales, arrojan resultados sorprendentes, entes registrados en cámara, luces que se encienden solas, puertas que chirrían y risas, son algunas de las cosas que se escuchan comúnmente en la zona. Diego, un trabajador de la zona nos contó su experiencia. Un café con sabor a suspenso.

Sin saber que un trabajo de medio tiempo se convertiría en el motor de sus sueños, Diego, lleva más de dos años y medio en el Café Magola Buendía. Ha sido mesero, barista, cajero, estudió cuatro semestres de cine, y actualmente cursa lingüística en la Universidad Nacional. ¨He aprendido mucho sobre café… trabajo con gente conocida así que es ameno, el horario me permite estudiar¨.

-VP (Valentina Palacios): Para contextualizar un poco, cuénteme sobre el lugar, su historia, su ubicación...

-DM (Diego Muñoz): Tengo entendido que antes era un montallantas, está ubicado aquí en el barrio Candelaria. Su nombre le rinde homenaje a la famosa obra de Márquez, Cien Años de Soledad.

Valentina Palacios-VP:  La Candelaria es una zona con un amplio bagaje cultural. Su arquitectura, sus calles, sus habitantes, siempre tienen cosas que contar. ¿Le ha pasado algo en el tiempo que lleva trabajando en el café? ¿tiene alguna anécdota?

-DM: He visto algunos videos, donde algunas luces se prenden solas y las sillas se caen. Casi siempre pasa en las horas del cierre, tipo once o doce de la noche.

Diego se toca el mentón con una mano, y levanta la mirada, como tratando de divisar algún recuerdo, hace una breve pausa, y rompe la barrera del silencio.  

Una vez como hace dos años, a un compañero lo asustaron cuando estaba cerrando, sonaban las mesas en el fondo, él creyó que era el viento o cosas así, pero después sonó una cadena, como de esos collares cuando se caen en el piso.

-VP: ¿Cree que el contexto en el cual se encuentra ubicado el café influye en estos sucesos?

A Diego le llega una orden, la atiende de manera ágil. Mira hacia el lado izquierdo de la barra y señala una pequeña ventana.

-DM: El café está ubicado al lado de un lote vacío, lleno de plantas grandes, oscuro, abandonado, que de hecho por el tiempo a esas casas muy antiguas se les crece mucho la tierra, parecen enterradas; de por sí da miedo, tiene una vibra extraña… tiene cosas por ahí tiradas, además el barrio Candelaria es lo más viejo que hay, probablemente influya.

Hacemos una breve pausa en la entrevista, Diego me muestra el lugar, señala algunas zonas donde han sucedido cosas extrañas.

Valentina Palacios-DM: Esta hamaca se mueve sola a veces. Yo creo que es el viento, aunque mis compañeros dicen que son los fantasmas.

-VP: ¿Cree en la existencia de los fantasmas?

Lanza una breve sonrisa mientras se mira las manos.

-DM: Yo no creo en los fantasmas, creo en la energía de las almas muertas. No me han sucedido acontecimientos en otros lugares, solo aquí. Pero no los siento como fantasmas, y si lo son, ellos también pertenecen aquí.

Es muy pronto para saber si Diego cambiará de opinión sobre los fantasmas, su sistema de creencias está registrado en la cultura que le impartieron. El contexto en el que se desenvuelve, parece no ser tan ¨paranormal¨, como para sus compañeros. Lo que sí podemos asegurar es que en el Café Magola Buendía existe una vibra distinta, ya sea por su café, por su arquitectura o por los entes que allí habitan.

Al finalizar la entrevista, Diego mira el reloj ubicado en la pared. Aún le quedan dos horas más de servicio. A pesar de que ha sido un día largo, se alegra de tener trabajo y un lugar que él denomina como su ¨segundo hogar¨. Da un sorbo a su café, y se despide con una sonrisa.

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