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Mi peor versión- Fabiola Duque

Por: Camila Andrea Velásquez Duque

 

¿Alguna vez has pensado en acabar con tu vida?

La idea de quitarse la vida pasa por la cabeza de muchas personas a diario, es un tormento con el que deben vivir, el desespero por pensamientos que los hacen sentir inútiles, vacíos y sin importancia pueden llevarlos a ser su peor versión.

 

Todos los seres humanos tenemos traumas, que se traducen en fijaciones, que influyen en nuestra manera de ver la vida. Supongamos que nuestro cerebro es una casa. El cerebro y la casa tienen un lugar en común, el famoso cuarto de san alejo o cuarto de chécheres, que en nuestra cabeza sería inconsciente. 

 

Ambos cumplen la misma función, guardar cosas que no son de primera necesidad en nuestra vida, pensamientos u objetos que están presentes, pero que no percibimos a diario, sólo los recordamos cuando los necesitamos para algo en especifico. 

Mi peor versión jpg 1

 

Cuando ese cuarto está tan lleno de chécheres llega un momento en el que se desborda, tal cual pasa con nuestro inconsciente, cuando reprimimos tantos pensamientos, rabias, frustraciones, tristezas y sentimientos el cerebro de alguna manera se rebosa y hace que pierdas el control; todos esos sentimientos reprimidos se unen y nos llevan a la ansiedad o a la depresión.

 

Fabiola Duque, mi tía, es una mujer correcta, directa, comprensiva, amorosa, inteligente, estudiada, entregada y hecha para dar lo mejor de sí, ante mis ojos una mujer 10. Era la persona que menos imaginaba siendo víctima de la depresión, pero como dice un gran dicho, nadie sabe los demonios que enfrenta cada quien en su cabeza.

 

Mi tía pasó por muchos momentos que la hicieron perder el control. En 2011 muere su madre, Ana Ligia, quien dejó un gran vacío en todos sus familiares, especialmente en mi tía ya que vivían juntas y por ende compartían más tiempo.

 

Cuatro años después de esta pérdida, Fabiola se entera de la infidelidad de su esposo, y esa traición la lleva a cuestionarse como mujer y crea en ella nuevas inseguridades, que la llevan a preguntarse: ¿Qué no hice bien? ¿Será que no soy suficiente? ¿Qué tiene ella que no tenga yo? Preguntas que seguramente pasan en la cabeza de cualquier persona víctima de una infidelidad .

 

A mi tia la afectó mucho ese engaño, fue muy difícil aceptar que la relación se había terminado, que su ex esposo iba a rehacer su vida y que ya no la quería. Sus días eran muy tristes, ya nada le causaba gracia, no se alimentaba bien, no se preocupaba por ella ni por su hijo. En cuestión de semanas su tristeza se convirtió en depresión.

 

Su depresión empezó con no poder dormir, el primer día que dejó de hacerlo, se sentía agotada física y mentalmente pero por más que intentara dormir no podía, así pasaron varios días. Cuando llevaba una semana sin dormir y con pensamientos que la torturaban día y noche, su desespero la llevó a llamar a su ex esposo.

 

Ella quería desahogarse y decirle todo lo que sentía, ya que no habían hablado desde la separación; cuando terminó la llamada, mi tía tuvo un ataque de risa como si lo que estuviera pasando en su vida se tratara de un chiste, definitivamente en ese momento no era consciente de lo que hacía. Al ver esta reacción su hijo, Fabián, quien en ese entonces tenía 11 años, se preocupó y habló con sus tías, para que ayudaran a su mamá.

 

A pesar de todo, mi tía debía seguir con su rutina diaria, levantarse, atender a mi primo, llevarlo al colegio e ir a trabajar, luego, a eso de las 5 de la tarde terminaba su horario laboral y regresaba a su casa. Cada día que pasaba era más duro para ella seguir su vida con normalidad y la falta de sueño empezaba a pasarle factura, a tal punto de querer atentar contra su vida.

 

Un día de regreso a casa, al subirse en el autobús, tuvo su primer pensamiento suicida e intentó lanzarse del autobús en movimiento, pero algo en su cabeza y su razón la detuvo. El desespero que ella sentía en ese momento solo la hacía pensar en que su vida se había derrumbado y que acabar con ella era la única solución.

 

En su segunda semana sin dormir y cada vez más desesperada, se levanta de su cama, se dirige a la cocina, toma un cuchillo con mucha fuerza y lo lleva hacia su barriga, en su mente solo rondaba la idea de quitarse la vida, para que los pensamientos obsesivos que la estaban torturando todo el dia y la noche la dejaran en paz.

Mi peor versión jpg 2

Cuando se estaba apuntando con el cuchillo, reaccionó, soltó el cuchillo y pensó en cómo se le ocurrió acabar con su vida, fue como un momento de luz en la oscuridad, que definitivamente le salvó la vida. La situación cada vez se ponía peor, mi tía pasó de atentar contra su vida a pensar en atentar contra la vida de las personas que la rodeaban.

 

“Fue muy duro para mí, sabía que lo que estaba pensando estaba mal pero sentía ganas de dañar a otros, tal vez quería hacer eso para descargar toda la rabia que tenía y desahogar todo lo que tenía repremido en mi cabeza” estas fueron las palabras de mi tia. 

 

Al ver lo que estaba pasando, toda la familia se preocupó e intentaron hablar con ella, pero no estaba en si, definitivamente en ese momento no estaba ese ser noble, empático y dulce que caracterizaba a Fabiola, o tal vez si era ella pero en su peor versión, esa que todos tenemos pero que nunca pensamos que nos va a controlar.

 

La familia y ella decidieron que lo mejor era internarla en un lugar donde pudieran ayudarla a superar de la mejor manera la crisis, porque era lo que su cuerpo y su mente pedían a gritos. La internaron en el psiquiátrico integral de la ips del caribe, con el diagnóstico de Esquizo-toc, esquizofrenia con trastorno obsesivo- compulsivo.

Mi peor versión jpg 3

 

Los días en el psiquiátrico o en el Spa como le gusta llamarlo, fue el primer paso para su recuperación, ese lugar la llenó de calma. Pero más que el spa, el acompañamiento de la psicóloga fue lo que la ayudó a mejorar mucho más rápido, ya que ella no solo se limitó a medicarla, sino a entenderla, ayudarla a encontrar las respuestas y el amor propio que necesitaba.

 

Hoy en día mi tía asegura que de ese proceso aprendió que es normal a veces sentirse triste, inútil, decepcionado o sin importancia, eso hace parte del ser humano. Nadie debe cohibirse de sentirse de esa manera, el sentirse mal está bien. Y me dejó esta frase “fíjate bien en qué guardas en tu cuarto de san alejo y el poder que le das, porque eso te puede convertir en tu mejor o en tu peor versión”

 

Y tú, en este momento ¿Qué versión de ti mismo eres?



PD: No se publicaron fotos de Fabiola porque ella así lo prefirió.

 

A continuación una pequeña narración de uno de los momentos más fuertes que vivió la hermana menor de Fabiola con ella.

 

OPINIÓN

ACTUALIDAD

Mi peor versión- Fabiola Duque

Por: Camila Andrea Velásquez Duque

 

¿Alguna vez has pensado en acabar con tu vida?

La idea de quitarse la vida pasa por la cabeza de muchas personas a diario, es un tormento con el que deben vivir, el desespero por pensamientos que los hacen sentir inútiles, vacíos y sin importancia pueden llevarlos a ser su peor versión.

 

Todos los seres humanos tenemos traumas, que se traducen en fijaciones, que influyen en nuestra manera de ver la vida. Supongamos que nuestro cerebro es una casa. El cerebro y la casa tienen un lugar en común, el famoso cuarto de san alejo o cuarto de chécheres, que en nuestra cabeza sería inconsciente. 

 

Ambos cumplen la misma función, guardar cosas que no son de primera necesidad en nuestra vida, pensamientos u objetos que están presentes, pero que no percibimos a diario, sólo los recordamos cuando los necesitamos para algo en especifico. 

Mi peor versión jpg 1

 

Cuando ese cuarto está tan lleno de chécheres llega un momento en el que se desborda, tal cual pasa con nuestro inconsciente, cuando reprimimos tantos pensamientos, rabias, frustraciones, tristezas y sentimientos el cerebro de alguna manera se rebosa y hace que pierdas el control; todos esos sentimientos reprimidos se unen y nos llevan a la ansiedad o a la depresión.

 

Fabiola Duque, mi tía, es una mujer correcta, directa, comprensiva, amorosa, inteligente, estudiada, entregada y hecha para dar lo mejor de sí, ante mis ojos una mujer 10. Era la persona que menos imaginaba siendo víctima de la depresión, pero como dice un gran dicho, nadie sabe los demonios que enfrenta cada quien en su cabeza.

 

Mi tía pasó por muchos momentos que la hicieron perder el control. En 2011 muere su madre, Ana Ligia, quien dejó un gran vacío en todos sus familiares, especialmente en mi tía ya que vivían juntas y por ende compartían más tiempo.

 

Cuatro años después de esta pérdida, Fabiola se entera de la infidelidad de su esposo, y esa traición la lleva a cuestionarse como mujer y crea en ella nuevas inseguridades, que la llevan a preguntarse: ¿Qué no hice bien? ¿Será que no soy suficiente? ¿Qué tiene ella que no tenga yo? Preguntas que seguramente pasan en la cabeza de cualquier persona víctima de una infidelidad .

 

A mi tia la afectó mucho ese engaño, fue muy difícil aceptar que la relación se había terminado, que su ex esposo iba a rehacer su vida y que ya no la quería. Sus días eran muy tristes, ya nada le causaba gracia, no se alimentaba bien, no se preocupaba por ella ni por su hijo. En cuestión de semanas su tristeza se convirtió en depresión.

 

Su depresión empezó con no poder dormir, el primer día que dejó de hacerlo, se sentía agotada física y mentalmente pero por más que intentara dormir no podía, así pasaron varios días. Cuando llevaba una semana sin dormir y con pensamientos que la torturaban día y noche, su desespero la llevó a llamar a su ex esposo.

 

Ella quería desahogarse y decirle todo lo que sentía, ya que no habían hablado desde la separación; cuando terminó la llamada, mi tía tuvo un ataque de risa como si lo que estuviera pasando en su vida se tratara de un chiste, definitivamente en ese momento no era consciente de lo que hacía. Al ver esta reacción su hijo, Fabián, quien en ese entonces tenía 11 años, se preocupó y habló con sus tías, para que ayudaran a su mamá.

 

A pesar de todo, mi tía debía seguir con su rutina diaria, levantarse, atender a mi primo, llevarlo al colegio e ir a trabajar, luego, a eso de las 5 de la tarde terminaba su horario laboral y regresaba a su casa. Cada día que pasaba era más duro para ella seguir su vida con normalidad y la falta de sueño empezaba a pasarle factura, a tal punto de querer atentar contra su vida.

 

Un día de regreso a casa, al subirse en el autobús, tuvo su primer pensamiento suicida e intentó lanzarse del autobús en movimiento, pero algo en su cabeza y su razón la detuvo. El desespero que ella sentía en ese momento solo la hacía pensar en que su vida se había derrumbado y que acabar con ella era la única solución.

 

En su segunda semana sin dormir y cada vez más desesperada, se levanta de su cama, se dirige a la cocina, toma un cuchillo con mucha fuerza y lo lleva hacia su barriga, en su mente solo rondaba la idea de quitarse la vida, para que los pensamientos obsesivos que la estaban torturando todo el dia y la noche la dejaran en paz.

Mi peor versión jpg 2

Cuando se estaba apuntando con el cuchillo, reaccionó, soltó el cuchillo y pensó en cómo se le ocurrió acabar con su vida, fue como un momento de luz en la oscuridad, que definitivamente le salvó la vida. La situación cada vez se ponía peor, mi tía pasó de atentar contra su vida a pensar en atentar contra la vida de las personas que la rodeaban.

 

“Fue muy duro para mí, sabía que lo que estaba pensando estaba mal pero sentía ganas de dañar a otros, tal vez quería hacer eso para descargar toda la rabia que tenía y desahogar todo lo que tenía repremido en mi cabeza” estas fueron las palabras de mi tia. 

 

Al ver lo que estaba pasando, toda la familia se preocupó e intentaron hablar con ella, pero no estaba en si, definitivamente en ese momento no estaba ese ser noble, empático y dulce que caracterizaba a Fabiola, o tal vez si era ella pero en su peor versión, esa que todos tenemos pero que nunca pensamos que nos va a controlar.

 

La familia y ella decidieron que lo mejor era internarla en un lugar donde pudieran ayudarla a superar de la mejor manera la crisis, porque era lo que su cuerpo y su mente pedían a gritos. La internaron en el psiquiátrico integral de la ips del caribe, con el diagnóstico de Esquizo-toc, esquizofrenia con trastorno obsesivo- compulsivo.

Mi peor versión jpg 3

 

Los días en el psiquiátrico o en el Spa como le gusta llamarlo, fue el primer paso para su recuperación, ese lugar la llenó de calma. Pero más que el spa, el acompañamiento de la psicóloga fue lo que la ayudó a mejorar mucho más rápido, ya que ella no solo se limitó a medicarla, sino a entenderla, ayudarla a encontrar las respuestas y el amor propio que necesitaba.

 

Hoy en día mi tía asegura que de ese proceso aprendió que es normal a veces sentirse triste, inútil, decepcionado o sin importancia, eso hace parte del ser humano. Nadie debe cohibirse de sentirse de esa manera, el sentirse mal está bien. Y me dejó esta frase “fíjate bien en qué guardas en tu cuarto de san alejo y el poder que le das, porque eso te puede convertir en tu mejor o en tu peor versión”

 

Y tú, en este momento ¿Qué versión de ti mismo eres?



PD: No se publicaron fotos de Fabiola porque ella así lo prefirió.

 

A continuación una pequeña narración de uno de los momentos más fuertes que vivió la hermana menor de Fabiola con ella.

 

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