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BASTA DE CALLAR

Por: Laura Rodríguez

Las mujeres sufrimos acoso callejero desde que tengo memoria, y tras siglos de soportar todo tipo de insultos mientras caminas por la calle.

Escondidos tras el dicho de “es un halago”, llegue a la conclusión de que estamos cansadas de callar.

Esta, es una lamentable realidad de nuestro país, por la cual la población femenina tiene que pasar a diario.

Es que no, el acoso no es solo los piropos, son también, los gestos y actos grotescos hacia la mujer (que ella no ha permitido).

Que se presentan sin ningún temor en la vía pública, por parte de los hombres, que afecta en muchos casos, la integridad tanto física, como moral, de la mujer que lo recibe.

En muchas ocasiones y lamentablemente, escucho tanto a hombres, como mujeres, afirmar que, dirigir este tipo de manifestaciones hacia el cuerpo de una mujer, o escucharlas, es una forma de aumentar su autoestima.

Aquí es donde digo, que levante la mano, la mujer que no ha tenido que soportar nunca la grosería de un hombre en la calle.

Me atrevo a decir que tristemente, ninguna se salva de eso.

Con todo esto me surge la siguiente pregunta ¿realmente como mujer necesito recibir un “elogio” en las calles, respecto a mi cuerpo o a la forma en que lo visto, para sentirme mejor?

Para mí es un rotundo NO, porque primero, no somos un objeto que está a disponibilidad de los hombres, como para que piensen que tienen derecho a decirnos, o hacer cosas que nosotras no permitimos.

Segundo, mujeres, si ustedes mismas, no se valoran, se respetan, se aman y se aceptan tal cual son, ningún hombre que venga a decirles un piropo, lo hará.

Nuestro autoestima no debe depender de si me dicen que soy linda, flaca, alta, etc.

Menos de parte de un hombre, la única persona que tiene el derecho y el poder de subir nuestra autoestima, somos nosotras mismas.

Es que estoy segura de que a muchas nos pasa que los hombres creen que por el simple hecho de ser hombres, vamos a caer rendidas a sus pies.

Voy a contarles una anécdota por la que pase, en la que un hombre que tenía el ego en el cielo, pensó que con decirme dos o tres palabras, cedería ante él. 

Yo trabajaba en un bar, y supongo que ya se imaginarán el ambiente que se vive en estos lugares.

Tengo muchas anécdotas como esta, y a veces, tienes que soportar muchas cosas, para no ser descortés con el cliente.

Pero este muchacho, de verdad ya me tenía cansada, se pasó toda la noche diciendo, eres hermosa, me encantaría una mujer como tú, etc.

Intentaba sacarme a bailar, aunque yo le decía que no podía, pues estaba en horario laboral y además, no quería, pero él insistía.

Me decía: te doy una cerveza o lo que pidas, si bailas conmigo. 

¿Disculpa qué? ¿Acaso soy un objeto que puedes comprar a cambio de algo?

Y la historia no acaba ahí, después de rechazarlo por casi toda la noche, él ya con unas copas encima, me agarró del brazo y empezó a decirme que él era un hombre muy deseado y que no le gustaba que lo rechazaran.

Pues amigo, no es mi problema, compórtate, pensé yo, pero como no podía decirle nada mientras estaba en mi trabajo, solo me reí e ignore la situación y seguí con lo mío.

El caso es que así fue toda la noche, este hombre se quedó hasta que cerramos y mientras yo esperaba un taxi, se me acerca al oído y me dice textualmente: no te resistas chiquita, vámonos aquí a las ferias.

¿Chiquita? ¿Ir a un motel con él? En qué momento él pensó que tenía el derecho de decirme eso, y más, que pensara que iba a aceptar.

Algunos hombres a veces son patéticos, y tienen ese pensamiento retrógrado de que son los “chachos” y que pueden hacer con las mujeres lo que quieran.

Apuesto a que muchos dirán que exagero, que los borrachos a veces son cansones, porque yo también lo llegué a pensar.

Pero les hago esta pregunta, ¿por qué tenemos que aguantarnos la calentura de un tipo y su incapacidad de mantener la boca cerrada?

Más aún, ¿Por qué tendríamos que soportar que nos hagan sentir incómodas por su falta de autocontrol hormonal?

Pues no, no hay derecho señores. No hay derecho a que tengamos que soportar sentirnos invadidas y amenazadas, con nuestro propio cuerpo.

No hay derecho a que nos traten como objetos gracias a sus ínfulas de macho alfa.

No hay derecho a que crean que quiero o necesito, escuchar los piropos que nos dicen, solo para subirnos la autoestima.

Y no, no hay derecho a que piensen que tienen el derecho de opinar sobre nosotras. Si no te la pido, es porque no quiero tu opinión.

Los invito a escuchar en el siguiente audio, las historias de varias mujeres que sufrieron algún tipo de acoso en el bar.

Con esto quiero decir, que no, no somos el sexo débil, ni tenemos que aguantar ciertas actitudes solo por quedar bien, vivimos en una época de transformación y de libertad.

Debemos dejar de normalizar el acoso, y erradicar este tipo de violencia de género, por la que muchas mujeres pasamos, incluso en situaciones muy incómodas y duras.

Entonces por ellas, y por nosotras mismas debemos encontrar formas de combatirlo desde nuestra propia cotidianidad, ser más solidarias y solidarios, porque esto también aplica para los hombres.

Es el momento de ponerle un alto a estas situaciones y de apostar por una sociedad que ayude a desnaturalizar el acoso como normal.

Una sociedad, que apoya e impulsa a las mujeres a no quedarse calladas, y no ser juzgadas por tocar estos temas susceptibles.

Estamos cansadas de tanto callar, es hora de abrir un espacio donde exista el análisis, la contestación, la liberación.

Donde podamos opinar sin ser objeto de burla, donde podamos ser nosotras mismas, donde seamos libres y no juzgadas.

A continuación les dejo unas ilustraciones que hice para un proyecto donde las mujeres expresan libremente sus sentimientos frente al acoso.

BASTADECALLAR1

BASTADECALLAR2

BASTADECALLAR3

Espero que este artículo sea de su agrado y quedo abierta a cualquier opinión en mi correo Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

OPINIÓN

ACTUALIDAD

BASTA DE CALLAR

Por: Laura Rodríguez

Las mujeres sufrimos acoso callejero desde que tengo memoria, y tras siglos de soportar todo tipo de insultos mientras caminas por la calle.

Escondidos tras el dicho de “es un halago”, llegue a la conclusión de que estamos cansadas de callar.

Esta, es una lamentable realidad de nuestro país, por la cual la población femenina tiene que pasar a diario.

Es que no, el acoso no es solo los piropos, son también, los gestos y actos grotescos hacia la mujer (que ella no ha permitido).

Que se presentan sin ningún temor en la vía pública, por parte de los hombres, que afecta en muchos casos, la integridad tanto física, como moral, de la mujer que lo recibe.

En muchas ocasiones y lamentablemente, escucho tanto a hombres, como mujeres, afirmar que, dirigir este tipo de manifestaciones hacia el cuerpo de una mujer, o escucharlas, es una forma de aumentar su autoestima.

Aquí es donde digo, que levante la mano, la mujer que no ha tenido que soportar nunca la grosería de un hombre en la calle.

Me atrevo a decir que tristemente, ninguna se salva de eso.

Con todo esto me surge la siguiente pregunta ¿realmente como mujer necesito recibir un “elogio” en las calles, respecto a mi cuerpo o a la forma en que lo visto, para sentirme mejor?

Para mí es un rotundo NO, porque primero, no somos un objeto que está a disponibilidad de los hombres, como para que piensen que tienen derecho a decirnos, o hacer cosas que nosotras no permitimos.

Segundo, mujeres, si ustedes mismas, no se valoran, se respetan, se aman y se aceptan tal cual son, ningún hombre que venga a decirles un piropo, lo hará.

Nuestro autoestima no debe depender de si me dicen que soy linda, flaca, alta, etc.

Menos de parte de un hombre, la única persona que tiene el derecho y el poder de subir nuestra autoestima, somos nosotras mismas.

Es que estoy segura de que a muchas nos pasa que los hombres creen que por el simple hecho de ser hombres, vamos a caer rendidas a sus pies.

Voy a contarles una anécdota por la que pase, en la que un hombre que tenía el ego en el cielo, pensó que con decirme dos o tres palabras, cedería ante él. 

Yo trabajaba en un bar, y supongo que ya se imaginarán el ambiente que se vive en estos lugares.

Tengo muchas anécdotas como esta, y a veces, tienes que soportar muchas cosas, para no ser descortés con el cliente.

Pero este muchacho, de verdad ya me tenía cansada, se pasó toda la noche diciendo, eres hermosa, me encantaría una mujer como tú, etc.

Intentaba sacarme a bailar, aunque yo le decía que no podía, pues estaba en horario laboral y además, no quería, pero él insistía.

Me decía: te doy una cerveza o lo que pidas, si bailas conmigo. 

¿Disculpa qué? ¿Acaso soy un objeto que puedes comprar a cambio de algo?

Y la historia no acaba ahí, después de rechazarlo por casi toda la noche, él ya con unas copas encima, me agarró del brazo y empezó a decirme que él era un hombre muy deseado y que no le gustaba que lo rechazaran.

Pues amigo, no es mi problema, compórtate, pensé yo, pero como no podía decirle nada mientras estaba en mi trabajo, solo me reí e ignore la situación y seguí con lo mío.

El caso es que así fue toda la noche, este hombre se quedó hasta que cerramos y mientras yo esperaba un taxi, se me acerca al oído y me dice textualmente: no te resistas chiquita, vámonos aquí a las ferias.

¿Chiquita? ¿Ir a un motel con él? En qué momento él pensó que tenía el derecho de decirme eso, y más, que pensara que iba a aceptar.

Algunos hombres a veces son patéticos, y tienen ese pensamiento retrógrado de que son los “chachos” y que pueden hacer con las mujeres lo que quieran.

Apuesto a que muchos dirán que exagero, que los borrachos a veces son cansones, porque yo también lo llegué a pensar.

Pero les hago esta pregunta, ¿por qué tenemos que aguantarnos la calentura de un tipo y su incapacidad de mantener la boca cerrada?

Más aún, ¿Por qué tendríamos que soportar que nos hagan sentir incómodas por su falta de autocontrol hormonal?

Pues no, no hay derecho señores. No hay derecho a que tengamos que soportar sentirnos invadidas y amenazadas, con nuestro propio cuerpo.

No hay derecho a que nos traten como objetos gracias a sus ínfulas de macho alfa.

No hay derecho a que crean que quiero o necesito, escuchar los piropos que nos dicen, solo para subirnos la autoestima.

Y no, no hay derecho a que piensen que tienen el derecho de opinar sobre nosotras. Si no te la pido, es porque no quiero tu opinión.

Los invito a escuchar en el siguiente audio, las historias de varias mujeres que sufrieron algún tipo de acoso en el bar.

Con esto quiero decir, que no, no somos el sexo débil, ni tenemos que aguantar ciertas actitudes solo por quedar bien, vivimos en una época de transformación y de libertad.

Debemos dejar de normalizar el acoso, y erradicar este tipo de violencia de género, por la que muchas mujeres pasamos, incluso en situaciones muy incómodas y duras.

Entonces por ellas, y por nosotras mismas debemos encontrar formas de combatirlo desde nuestra propia cotidianidad, ser más solidarias y solidarios, porque esto también aplica para los hombres.

Es el momento de ponerle un alto a estas situaciones y de apostar por una sociedad que ayude a desnaturalizar el acoso como normal.

Una sociedad, que apoya e impulsa a las mujeres a no quedarse calladas, y no ser juzgadas por tocar estos temas susceptibles.

Estamos cansadas de tanto callar, es hora de abrir un espacio donde exista el análisis, la contestación, la liberación.

Donde podamos opinar sin ser objeto de burla, donde podamos ser nosotras mismas, donde seamos libres y no juzgadas.

A continuación les dejo unas ilustraciones que hice para un proyecto donde las mujeres expresan libremente sus sentimientos frente al acoso.

BASTADECALLAR1

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BASTADECALLAR3

Espero que este artículo sea de su agrado y quedo abierta a cualquier opinión en mi correo Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

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