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Debe primar el bien general sobre el particular

Educación virtual

Por: Alejandro Pérez Tamayo

Actualmente nos encontramos pasando por una problemática muy importante conocida como COVID-19. Este virus ha afectado en gran manera todos los campos conocidos: social, educativo, laboral, cualquiera que pueda pasar por nuestra mente hasta el interpersonal, pues la manera de entablar una relación con las personas ha cambiado, desde el saludo, hasta la proxémica. Sin duda el coronavirus está alterando la vida de todos, por lo cual debemos buscar la manera de controlarlo y que las actividades que realizamos en el pasado con normalidad, sean trabajadas de una nueva manera en este momento.

Uno de los puntos mencionados y que desde mi perspectiva se ha visto como uno de los más afectados es el educativo, desde los jardines, colegios, universidades y hasta cursos independientes, han tenido que buscar una nueva forma de adaptarse a esta situación primando la salud de las personas, cerrando las aulas y buscando la manera de adaptarse a una educación virtual.

Es importante destacar que las medidas de prevención se tomaron en el momento correcto, sin importar que las herramientas estuvieran o no a un 100%. Varias personas tuvieron que esperar un par de semanas para reanudar su estudio, mientras que otras instituciones se encontraban preparadas para enfrentar el escenario y continuar con normalidad, pero una de las principales dudas de todos los individuos que se encuentran involucrados en este medio es: ¿qué pasará en el futuro cercano?

Para nadie es un secreto que la economía es uno de los principales sectores afectados por el COVID-19: esta trae repercusión en cualquier contexto, en este caso el educativo, pero nos centraremos en el ámbito universitario. Lastimosamente la mayoría de universidades en Colombia son privadas, por lo que las que entran en esta clasificación se rigen de manera independiente a las otras instituciones y establecen ciertos aspectos en beneficio propio y pensando en lo que más les conviene. Pero ahora destacando lo que se avecina, desde mi punto de vista se deben tomar decisiones que busquen la tranquilidad para todos.

Varias instituciones de educación avanzada han lanzado propuestas económicas a sus estudiantes con el fin de que puedan continuar con su aprendizaje para el siguiente semestre. No vamos a hablar de alguna en específico, pero entre sus ofrecimientos encontramos descuentos no solo para el pago del monto total sino también para el pago a cuotas, reduciendo tasas de interés y buscando un equilibrio en el que el alumno se vea beneficiado y que la universidad no se vea perjudicada.

Desde mi punto de vista estas medidas económicas que se han tomado no han sido de gran ayuda para los estudiantes y menos teniendo en cuenta que  ellos son los que sostienen las universidades al ser el ingreso principal. Es importante destacar que este tipo de escuelas “trabajan y velan” por la tranquilidad de las personas y teniendo en cuenta que los ingresos en los hogares han disminuido en gran manera, también se debería pensar en que los descuentos aumenten con el fin de encontrar estabilidad para todos.

Mi propuesta para “apaciguar” la situación es reducir los precios de la matrícula, buscando que las universidades no entren en un déficit económico y que se mantengan la mayor cantidad de estudiantes. No hacer un simple descuento del 8% o 10% ya que a grosso modo, no es una disminución real, teniendo en cuenta la situación actual del mundo, del país y de cada uno de los hogares colombianos.

Las universidades van a perder dinero lo queramos o no, pero lo ideal sería perder la menor cantidad posible pensando en el futuro. Desde mi percepción es preferible que estudien más personas pagando un precio menor, a que estudie una menor cantidad pagando el precio normal, porque si la deserción de estudiantes es como lo marcan ciertos indicadores de las escuelas (25% aproximadamente), causará que una cuarta parte de la población total no ingrese y la institución pierda dinero, por lo cual se debe pensar no solo en el bien propio, sino en el colectivo, ya que este prima por encima del otro.

Esta idea sería únicamente por el semestre que viene, esperando como avanza la problemática del COVID-19, que siga estudiando una cantidad cercana de alumnos como en los semestres pasados, para que el próximo año, si todo vuelve a la “normalidad”, la universidad poco a poco pueda recuperarse, con la misma cantidad de personas que ha trabajado. Es fundamental recalcar que si se deja de hacer una labor, en este caso estudiar por más de 6 meses, es probable que del 25% que desertará, otro porcentaje de este no vuelva a la universidad en el año 2021. Esto lo debe pensar cada escuela, no centrándose solo en el tiempo que viene sino proyectándose a futuro (cabe recalcar que desde mi punto de vista el porcentaje de deserción para el segundo semestre del 2020 será más grande.)

Un ejemplo para entender esta situación (siguiendo los porcentajes exactos), es una universidad donde supongamos que estudian 100 personas y deserta el 25%, por lo que quedan 75 estudiantes; planteemos que pagan 10.000.000 por su matrícula, haciendo una simple multiplicación con estos dos números, el resultado será 750.000.000 de pesos. Esto por un lado, pero si a la matrícula de 10.000.000 se le reduce un 25%, quedará un precio de 7.500.000 y si estudian los 100 estudiantes iniciales la multiplicación nos dará el mismo resultado: 750.000.000 de pesos. Si se sigue mi propuesta y ya no nos encontramos en esta situación, el siguiente semestre (2021-1) los precios vuelven a la normalidad, seguirán con el promedio de estudiantes de hace un tiempo, por lo cual es mejor buscar el bienestar de la comunidad y así avanzar en conjunto.

Además de los temas económicos, para las universidades siempre va a ser muy importante la reputación que tienen frente a las demás y si gran cantidad de estudiantes se abstiene a continuar con su carrera, lo más probable es que no le den una buena percepción sobre la institución a sus allegados, afectando no solo económicamente a la universidad, sino afectando su “estatus”.

Las academias deben pensar primero en los estudiantes para encontrar el beneficio de todos y, desde mi punto de vista, adecur el descuento en la matrícula hará que los alumnos no solo se encuentren tranquilos y felices con su escuela, sino que también aporten para la construcción universitaria del futuro.

OPINIÓN

ACTUALIDAD

Debe primar el bien general sobre el particular

Educación virtual

Por: Alejandro Pérez Tamayo

Actualmente nos encontramos pasando por una problemática muy importante conocida como COVID-19. Este virus ha afectado en gran manera todos los campos conocidos: social, educativo, laboral, cualquiera que pueda pasar por nuestra mente hasta el interpersonal, pues la manera de entablar una relación con las personas ha cambiado, desde el saludo, hasta la proxémica. Sin duda el coronavirus está alterando la vida de todos, por lo cual debemos buscar la manera de controlarlo y que las actividades que realizamos en el pasado con normalidad, sean trabajadas de una nueva manera en este momento.

Uno de los puntos mencionados y que desde mi perspectiva se ha visto como uno de los más afectados es el educativo, desde los jardines, colegios, universidades y hasta cursos independientes, han tenido que buscar una nueva forma de adaptarse a esta situación primando la salud de las personas, cerrando las aulas y buscando la manera de adaptarse a una educación virtual.

Es importante destacar que las medidas de prevención se tomaron en el momento correcto, sin importar que las herramientas estuvieran o no a un 100%. Varias personas tuvieron que esperar un par de semanas para reanudar su estudio, mientras que otras instituciones se encontraban preparadas para enfrentar el escenario y continuar con normalidad, pero una de las principales dudas de todos los individuos que se encuentran involucrados en este medio es: ¿qué pasará en el futuro cercano?

Para nadie es un secreto que la economía es uno de los principales sectores afectados por el COVID-19: esta trae repercusión en cualquier contexto, en este caso el educativo, pero nos centraremos en el ámbito universitario. Lastimosamente la mayoría de universidades en Colombia son privadas, por lo que las que entran en esta clasificación se rigen de manera independiente a las otras instituciones y establecen ciertos aspectos en beneficio propio y pensando en lo que más les conviene. Pero ahora destacando lo que se avecina, desde mi punto de vista se deben tomar decisiones que busquen la tranquilidad para todos.

Varias instituciones de educación avanzada han lanzado propuestas económicas a sus estudiantes con el fin de que puedan continuar con su aprendizaje para el siguiente semestre. No vamos a hablar de alguna en específico, pero entre sus ofrecimientos encontramos descuentos no solo para el pago del monto total sino también para el pago a cuotas, reduciendo tasas de interés y buscando un equilibrio en el que el alumno se vea beneficiado y que la universidad no se vea perjudicada.

Desde mi punto de vista estas medidas económicas que se han tomado no han sido de gran ayuda para los estudiantes y menos teniendo en cuenta que  ellos son los que sostienen las universidades al ser el ingreso principal. Es importante destacar que este tipo de escuelas “trabajan y velan” por la tranquilidad de las personas y teniendo en cuenta que los ingresos en los hogares han disminuido en gran manera, también se debería pensar en que los descuentos aumenten con el fin de encontrar estabilidad para todos.

Mi propuesta para “apaciguar” la situación es reducir los precios de la matrícula, buscando que las universidades no entren en un déficit económico y que se mantengan la mayor cantidad de estudiantes. No hacer un simple descuento del 8% o 10% ya que a grosso modo, no es una disminución real, teniendo en cuenta la situación actual del mundo, del país y de cada uno de los hogares colombianos.

Las universidades van a perder dinero lo queramos o no, pero lo ideal sería perder la menor cantidad posible pensando en el futuro. Desde mi percepción es preferible que estudien más personas pagando un precio menor, a que estudie una menor cantidad pagando el precio normal, porque si la deserción de estudiantes es como lo marcan ciertos indicadores de las escuelas (25% aproximadamente), causará que una cuarta parte de la población total no ingrese y la institución pierda dinero, por lo cual se debe pensar no solo en el bien propio, sino en el colectivo, ya que este prima por encima del otro.

Esta idea sería únicamente por el semestre que viene, esperando como avanza la problemática del COVID-19, que siga estudiando una cantidad cercana de alumnos como en los semestres pasados, para que el próximo año, si todo vuelve a la “normalidad”, la universidad poco a poco pueda recuperarse, con la misma cantidad de personas que ha trabajado. Es fundamental recalcar que si se deja de hacer una labor, en este caso estudiar por más de 6 meses, es probable que del 25% que desertará, otro porcentaje de este no vuelva a la universidad en el año 2021. Esto lo debe pensar cada escuela, no centrándose solo en el tiempo que viene sino proyectándose a futuro (cabe recalcar que desde mi punto de vista el porcentaje de deserción para el segundo semestre del 2020 será más grande.)

Un ejemplo para entender esta situación (siguiendo los porcentajes exactos), es una universidad donde supongamos que estudian 100 personas y deserta el 25%, por lo que quedan 75 estudiantes; planteemos que pagan 10.000.000 por su matrícula, haciendo una simple multiplicación con estos dos números, el resultado será 750.000.000 de pesos. Esto por un lado, pero si a la matrícula de 10.000.000 se le reduce un 25%, quedará un precio de 7.500.000 y si estudian los 100 estudiantes iniciales la multiplicación nos dará el mismo resultado: 750.000.000 de pesos. Si se sigue mi propuesta y ya no nos encontramos en esta situación, el siguiente semestre (2021-1) los precios vuelven a la normalidad, seguirán con el promedio de estudiantes de hace un tiempo, por lo cual es mejor buscar el bienestar de la comunidad y así avanzar en conjunto.

Además de los temas económicos, para las universidades siempre va a ser muy importante la reputación que tienen frente a las demás y si gran cantidad de estudiantes se abstiene a continuar con su carrera, lo más probable es que no le den una buena percepción sobre la institución a sus allegados, afectando no solo económicamente a la universidad, sino afectando su “estatus”.

Las academias deben pensar primero en los estudiantes para encontrar el beneficio de todos y, desde mi punto de vista, adecur el descuento en la matrícula hará que los alumnos no solo se encuentren tranquilos y felices con su escuela, sino que también aporten para la construcción universitaria del futuro.

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