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Amor por computadora

amor por computador ilustración

Por César Daniel Aguirre

Pareciera que cada día estamos cerca de salir de esta cuarentena insoportable, pero al mismo tiempo, no podemos negar que ya nuestro pensamiento intuye el prolongamiento de esta medida que pareciera no tener fin, aunque el fin de esta columna no es seguirle dándole vueltas al asunto, esta vez, mi objetivo es que usted, mi apreciado(a) lector(a), se logre identificar ante los hechos los cuales que se han venido manifestando en estos tiempos, y uno de ellos es el amor.

Raramente son pocos los espacios tratan este tema, pues sus artículos se dedican a hablar sobre política, deportes y entretenimiento; por lo tanto, creo que es válido animarse a darle otro enfoque al tema central de la columna, donde yo voy a empezar desde aquel análisis al cual le estuve dando vueltas, una y otra vez. Espero que cumpla mi objetivo…

Para empezar válgase la definición sobre el término ‘amor’ en el diccionario de la Real Academia Española (RAE): “Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear” o para asimilar esta situación, “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”.

Y es que si uno lo analiza bien, esta categoría aborda muchos contextos en los cuales se acomoda a cualquier situación. Por ejemplo, mientras unos aman por no hacer nada, otros prefieren seguir apegados a su devoción religiosa donde el amor de Dios nos salvará de esta; también, otros aman a quienes creen que están haciendo las cosas bien, pero no saben el daño que causan, ya que ellos han depositado su voto de confianza.

Para el amor no hay limites, es verdad, pero muchas veces no se premedita cuando se presentan diferentes barreras que ponen a prueba cualquier relación. Es ahí donde la lejanía en estos tiempos de confinamiento se convierte en esa prueba principal.

Al no haber algún tipo de caricia o percepción en lo físico, no queda más que recurrir a la pantalla como el elemento que nos permita acercarnos unos a los otros, detalles como las flores que se regalaban quedaran en los parques, ahora, solo con el emojí queda algo de aquella persona quien estuvo pensándonos en su momento.

Como bien lo plantea el sociólogo Manuel Castells, somos sujetos fractales quienes nos manifestamos a través de la virtualidad. Es así que ya los bares, cafés y discotecas, parecieran estar como esos sitios que quedaron en el pasado; ahora cada vez con más fuerza, las aplicaciones entran como reemplazo para que las personas puedan conocer su media naranja, o simplemente, matar el desparche por conocer a alguien, y así, saciar esa sed de amor.

Pero ahora me pongo a pensar en lo siguiente: el que no tenga una herramienta para estar online e interactuar con el entorno digital, ¿será que no podrá amar? ¿Quedará como aquel individuo cohibido por la soledad? Si lo pensamos de la siguiente manera, ya hoy en día la gente en su mayoría mira más allá que una simple persona, en vez de ello, ven una cuenta con seguidores y los likes que esta consigue, siendo una competencia muy estrecha para consolidar una relación.

Ante los casos planteados, mi propuesta es que se implemente una buena cobertura de banda ancha donde al tiempo se den más equipos para que la gente pueda navegar por internet; por ejemplo, que todos los niños que no tienen el acceso a sus clases virtuales, puedan disfrutar tal beneficio, y así puedan amar la educación; también para los adultos de la tercera edad, ya que con los beneficios de internet hacen que vuelvan a recordar esos viejos tiempos, y así logren amar su permanencia en casa. 

Otra idea seria es que por medio del juego Habbo, las habituales fiestas de Chapinero o Modelia sean virtuales, donde también sea la oportunidad para que la gente conozca en directo a sus artistas, donde lo positivo sería el ahorro del transporte, no pagar el cover y, sobretodo, farrear cómodamente desde el teclado, y obviamente, puedan encontrar el amor a unos logaritmos de conexión.

Amor por computadora, como diría el cantante de música tropical Rodolfo Aicardi, que nos encuentre una mujer o un hombre estable y rendidor(a), es difícil encontrar a alguien cuando no está presencialmente en nuestra cercanía, muchos de los momentos que solíamos hacer se han quedado atrás, todo apunta a que la tecnología es el nuevo presente del mundo, pero eso sí, no habrá una solución pronta para ‘volver’ a amar a esas personas y esos momentos que se solían compartir antes de esta cuarentena.

OPINIÓN

ACTUALIDAD

Amor por computadora

amor por computador ilustración

Por César Daniel Aguirre

Pareciera que cada día estamos cerca de salir de esta cuarentena insoportable, pero al mismo tiempo, no podemos negar que ya nuestro pensamiento intuye el prolongamiento de esta medida que pareciera no tener fin, aunque el fin de esta columna no es seguirle dándole vueltas al asunto, esta vez, mi objetivo es que usted, mi apreciado(a) lector(a), se logre identificar ante los hechos los cuales que se han venido manifestando en estos tiempos, y uno de ellos es el amor.

Raramente son pocos los espacios tratan este tema, pues sus artículos se dedican a hablar sobre política, deportes y entretenimiento; por lo tanto, creo que es válido animarse a darle otro enfoque al tema central de la columna, donde yo voy a empezar desde aquel análisis al cual le estuve dando vueltas, una y otra vez. Espero que cumpla mi objetivo…

Para empezar válgase la definición sobre el término ‘amor’ en el diccionario de la Real Academia Española (RAE): “Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear” o para asimilar esta situación, “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”.

Y es que si uno lo analiza bien, esta categoría aborda muchos contextos en los cuales se acomoda a cualquier situación. Por ejemplo, mientras unos aman por no hacer nada, otros prefieren seguir apegados a su devoción religiosa donde el amor de Dios nos salvará de esta; también, otros aman a quienes creen que están haciendo las cosas bien, pero no saben el daño que causan, ya que ellos han depositado su voto de confianza.

Para el amor no hay limites, es verdad, pero muchas veces no se premedita cuando se presentan diferentes barreras que ponen a prueba cualquier relación. Es ahí donde la lejanía en estos tiempos de confinamiento se convierte en esa prueba principal.

Al no haber algún tipo de caricia o percepción en lo físico, no queda más que recurrir a la pantalla como el elemento que nos permita acercarnos unos a los otros, detalles como las flores que se regalaban quedaran en los parques, ahora, solo con el emojí queda algo de aquella persona quien estuvo pensándonos en su momento.

Como bien lo plantea el sociólogo Manuel Castells, somos sujetos fractales quienes nos manifestamos a través de la virtualidad. Es así que ya los bares, cafés y discotecas, parecieran estar como esos sitios que quedaron en el pasado; ahora cada vez con más fuerza, las aplicaciones entran como reemplazo para que las personas puedan conocer su media naranja, o simplemente, matar el desparche por conocer a alguien, y así, saciar esa sed de amor.

Pero ahora me pongo a pensar en lo siguiente: el que no tenga una herramienta para estar online e interactuar con el entorno digital, ¿será que no podrá amar? ¿Quedará como aquel individuo cohibido por la soledad? Si lo pensamos de la siguiente manera, ya hoy en día la gente en su mayoría mira más allá que una simple persona, en vez de ello, ven una cuenta con seguidores y los likes que esta consigue, siendo una competencia muy estrecha para consolidar una relación.

Ante los casos planteados, mi propuesta es que se implemente una buena cobertura de banda ancha donde al tiempo se den más equipos para que la gente pueda navegar por internet; por ejemplo, que todos los niños que no tienen el acceso a sus clases virtuales, puedan disfrutar tal beneficio, y así puedan amar la educación; también para los adultos de la tercera edad, ya que con los beneficios de internet hacen que vuelvan a recordar esos viejos tiempos, y así logren amar su permanencia en casa. 

Otra idea seria es que por medio del juego Habbo, las habituales fiestas de Chapinero o Modelia sean virtuales, donde también sea la oportunidad para que la gente conozca en directo a sus artistas, donde lo positivo sería el ahorro del transporte, no pagar el cover y, sobretodo, farrear cómodamente desde el teclado, y obviamente, puedan encontrar el amor a unos logaritmos de conexión.

Amor por computadora, como diría el cantante de música tropical Rodolfo Aicardi, que nos encuentre una mujer o un hombre estable y rendidor(a), es difícil encontrar a alguien cuando no está presencialmente en nuestra cercanía, muchos de los momentos que solíamos hacer se han quedado atrás, todo apunta a que la tecnología es el nuevo presente del mundo, pero eso sí, no habrá una solución pronta para ‘volver’ a amar a esas personas y esos momentos que se solían compartir antes de esta cuarentena.

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