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Otros pajaritos en el aire pintados por Duque

Duque y pajaritos

Por: Camilo Andrés Pérez Izquierdo

La cultura es vista popularmente como un bien lleno de tradiciones y rituales, quizás con un valor más sentimental que cualquier otra cosa. Sin embargo, últimamente se le ha dado un enfoque económico-productivo, aunque este negocio haya estado formándose desde la misma imprenta. Esta es la misma propuesta neoliberal del presidente Duque: la economía naranja. Pero, en realidad, si es que se lleva a cabo, ¿beneficiaria al país?

La perspectiva superficial sería que todo saldría bien ya que Colombia tiene una gran diversidad cultural que puede aprovechar para darse a conocer (posiblemente eliminando estereotipos) a través de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) y además generando ganancia e, idealmente, desarrollo. Sin embargo, esto es más complicado de lo que parece.

El mercado cultural se lo lleva Estados Unidos en su mayoría y Europa le sigue. Por ejemplo, desde 1990, el mercado de la música en un 96% ya está ocupado solo por seis empresas: las majors EMI, Warner, Sony, Universal Polygram y Philips. Y así han ido comprando puntos más pequeños en países de la periferia para, por supuesto, seguir monopolizando el mercado. El problema es que para alguna producción audiovisual y su difusión requiere mucho dinero, y solo si el producto es lo suficientemente comercial para este monopolio, será visualizado por ellos y por el mundo. En otros términos, se tiene que buscar aprobación con los factores culturales que más le agraden al mercado actual para ser escuchado por el mundo. Esta supuesta dinamización del mercado no suena a lo que se vendió, algo parecido al tratado de libre comercio (TLC).

Factores como la deuda externa siguen atando a los países como Colombia, el cual se debe someter a los libres deseos del mercado, o lo que es igual, Estados Unidos. País que a la final se abre paso por medio de la desregularización y privatización en los países que ve solamente como canteras para ser explotadas. ¿Pero esto en realidad nos afecta? Parece que no, puesto que se pasa por alto.

La economía naranja suena ideal y muy convincente en el público general. Quizá ese mismo público, de alguna manera elitista, que ignora las condiciones socioeconómicas de desigualdad que posee Colombia y se entregan a la meritocracia.

Puede que el panorama se vea decadente, pero hay opciones para mejorarlo, por ejemplo: la adquisición de productos culturales nacionales para ayudar a la financiación de los mismos, no apoyar a los estereotipos que se venden de nuestro país afuera (puesto que son los que bloquean nuestros otros posibles contenidos), movilizar al cumplimiento (y aumento) del presupuesto cultural del país. Las soluciones son reducidas y de lento impacto, pero, ¿cuál implementaría usted?

 

Foto: Original de la Presidencia de la República

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Otros pajaritos en el aire pintados por Duque

Duque y pajaritos

Por: Camilo Andrés Pérez Izquierdo

La cultura es vista popularmente como un bien lleno de tradiciones y rituales, quizás con un valor más sentimental que cualquier otra cosa. Sin embargo, últimamente se le ha dado un enfoque económico-productivo, aunque este negocio haya estado formándose desde la misma imprenta. Esta es la misma propuesta neoliberal del presidente Duque: la economía naranja. Pero, en realidad, si es que se lleva a cabo, ¿beneficiaria al país?

La perspectiva superficial sería que todo saldría bien ya que Colombia tiene una gran diversidad cultural que puede aprovechar para darse a conocer (posiblemente eliminando estereotipos) a través de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) y además generando ganancia e, idealmente, desarrollo. Sin embargo, esto es más complicado de lo que parece.

El mercado cultural se lo lleva Estados Unidos en su mayoría y Europa le sigue. Por ejemplo, desde 1990, el mercado de la música en un 96% ya está ocupado solo por seis empresas: las majors EMI, Warner, Sony, Universal Polygram y Philips. Y así han ido comprando puntos más pequeños en países de la periferia para, por supuesto, seguir monopolizando el mercado. El problema es que para alguna producción audiovisual y su difusión requiere mucho dinero, y solo si el producto es lo suficientemente comercial para este monopolio, será visualizado por ellos y por el mundo. En otros términos, se tiene que buscar aprobación con los factores culturales que más le agraden al mercado actual para ser escuchado por el mundo. Esta supuesta dinamización del mercado no suena a lo que se vendió, algo parecido al tratado de libre comercio (TLC).

Factores como la deuda externa siguen atando a los países como Colombia, el cual se debe someter a los libres deseos del mercado, o lo que es igual, Estados Unidos. País que a la final se abre paso por medio de la desregularización y privatización en los países que ve solamente como canteras para ser explotadas. ¿Pero esto en realidad nos afecta? Parece que no, puesto que se pasa por alto.

La economía naranja suena ideal y muy convincente en el público general. Quizá ese mismo público, de alguna manera elitista, que ignora las condiciones socioeconómicas de desigualdad que posee Colombia y se entregan a la meritocracia.

Puede que el panorama se vea decadente, pero hay opciones para mejorarlo, por ejemplo: la adquisición de productos culturales nacionales para ayudar a la financiación de los mismos, no apoyar a los estereotipos que se venden de nuestro país afuera (puesto que son los que bloquean nuestros otros posibles contenidos), movilizar al cumplimiento (y aumento) del presupuesto cultural del país. Las soluciones son reducidas y de lento impacto, pero, ¿cuál implementaría usted?

 

Foto: Original de la Presidencia de la República

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