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Nos quieren imponer una verdad oficial del conflicto armado en Colombia

Mural

Por: Juan David Aguilar Álvarez

Con el anuncio en redes la semana pasada el partido de gobierno y algunos de sus más fervientes seguidores, consagraron un acuerdo para aportar la verdad con ocasión del conflicto armado en Colombia. Según lo trazado, las partes deberán esclarecer su actuar, qué los motivó y bajo qué tácticas lograron afectar a las comunidades y sus territorios. Los sectores mencionados son los ganaderos liderados por José Félix Lafaurie.

De un lado, afirman que es un acuerdo para chantajear la verdad con las consecuencias que eso significa: impunidad y no reparación a las víctimas. Pero detrás existe una tenebrosa red de coincidencias que trataré en esta columna. Cabe resaltar el acuerdo alcanzado fue celebrado por el Centro de Memoria.

Empezaré asumiendo las responsabilidades en cada caso; abordar el tema del conflicto armando en sus inicios, desde los gobiernos, pasando por la resistencia civil o incluso sus causas totalmente ignoradas, es complejo. Este acuerdo revela cómo funcionó el relato de una propaganda guerrerista en mitad del siglo XX y cómo esta sirvió de sostén para perpetrar luego los desplazamientos forzados auspiciados por fuerzas oscuras desde Bogotá hasta las zonas y rincones de toda Colombia. Señalando ese como el principal eje de la confrontación a lo largo del siglo XX.

En el Histórica, su director está en el ojo del huracán por una serie de declaraciones al parecer sin prueba alguna o fundamento científico que ha realizado durante su mandato. Pero, ¿cómo llegó Darío Acevedo? 

Tras la decisión del gobierno nacional de fomentar cambios estructurales de la forma de trabajo el director del Centro Nacional de Memoria cumplió su promesa, su propósito siempre fue inclinar la cancha en favor de un grupo de víctimas; por lo tanto, muchas organizaciones de víctimas cuestionaron su nombramiento dado que este es un trabajo mancomunado entre las comunidades, entes territoriales, y victimas u otros. Al haber sido académico pudo demostrar siquiera independencia como les ordena la Constitución a los funcionarios que ejercen funciones públicas; sin embargo, Acevedo contó ¿por qué había de reunirse en plena campaña presidencial y antes de su nombramiento con algunas organizaciones de víctimas como también lo hizo después de ser nombrado por el presidente de la República?  

De otro lado, él ha señalado que nunca ha habido conflicto armado, mientras tantas comunidades enteras que se vieron afectadas en medio de una fuerte confrontación entre civiles armados y grupos insurgentes. Como sucedió el conflicto, pasó de una guerra de guerrillas durante sus inicios y muy pronto la violencia se convirtió en la estrategia de los gobiernos para silenciar a quienes piensan distinto. Las regiones más afectadas fueron los llanos, santanderes, el norte de Córdoba y el sur del país.

El saldo, según el Centro Nacional de Memoria, son mil novecientas ochenta y tres acciones perpetradas en todo el país. Este dato es una evidente muestra de la degradación de la guerra y, por otro lado, también es evidente que cada una de las investigaciones puede quedar en la impunidad total y finalmente por cuestiones de tiempo me es imposible nombrar una a una todas pero dentro de las que me llama profundamente la atención está la masacre de La Rochela (municipio de Simacota, departamento del Santander), perpetrada por grupos al margen de la ley que entre 1979 y 1991 un promedio anual de 25 abogados y jueces cercenados o que sufrieron algún tipo de atentado en el año 1989.

Colombia necesita un debate urgente sobre la verdad que buscan imponerles a las víctimas del conflicto.

Foto: Movimiento Nacional de víctimas crímenes de Estado; movimientodevictimas.org.

OPINIÓN

ACTUALIDAD

Nos quieren imponer una verdad oficial del conflicto armado en Colombia

Mural

Por: Juan David Aguilar Álvarez

Con el anuncio en redes la semana pasada el partido de gobierno y algunos de sus más fervientes seguidores, consagraron un acuerdo para aportar la verdad con ocasión del conflicto armado en Colombia. Según lo trazado, las partes deberán esclarecer su actuar, qué los motivó y bajo qué tácticas lograron afectar a las comunidades y sus territorios. Los sectores mencionados son los ganaderos liderados por José Félix Lafaurie.

De un lado, afirman que es un acuerdo para chantajear la verdad con las consecuencias que eso significa: impunidad y no reparación a las víctimas. Pero detrás existe una tenebrosa red de coincidencias que trataré en esta columna. Cabe resaltar el acuerdo alcanzado fue celebrado por el Centro de Memoria.

Empezaré asumiendo las responsabilidades en cada caso; abordar el tema del conflicto armando en sus inicios, desde los gobiernos, pasando por la resistencia civil o incluso sus causas totalmente ignoradas, es complejo. Este acuerdo revela cómo funcionó el relato de una propaganda guerrerista en mitad del siglo XX y cómo esta sirvió de sostén para perpetrar luego los desplazamientos forzados auspiciados por fuerzas oscuras desde Bogotá hasta las zonas y rincones de toda Colombia. Señalando ese como el principal eje de la confrontación a lo largo del siglo XX.

En el Histórica, su director está en el ojo del huracán por una serie de declaraciones al parecer sin prueba alguna o fundamento científico que ha realizado durante su mandato. Pero, ¿cómo llegó Darío Acevedo? 

Tras la decisión del gobierno nacional de fomentar cambios estructurales de la forma de trabajo el director del Centro Nacional de Memoria cumplió su promesa, su propósito siempre fue inclinar la cancha en favor de un grupo de víctimas; por lo tanto, muchas organizaciones de víctimas cuestionaron su nombramiento dado que este es un trabajo mancomunado entre las comunidades, entes territoriales, y victimas u otros. Al haber sido académico pudo demostrar siquiera independencia como les ordena la Constitución a los funcionarios que ejercen funciones públicas; sin embargo, Acevedo contó ¿por qué había de reunirse en plena campaña presidencial y antes de su nombramiento con algunas organizaciones de víctimas como también lo hizo después de ser nombrado por el presidente de la República?  

De otro lado, él ha señalado que nunca ha habido conflicto armado, mientras tantas comunidades enteras que se vieron afectadas en medio de una fuerte confrontación entre civiles armados y grupos insurgentes. Como sucedió el conflicto, pasó de una guerra de guerrillas durante sus inicios y muy pronto la violencia se convirtió en la estrategia de los gobiernos para silenciar a quienes piensan distinto. Las regiones más afectadas fueron los llanos, santanderes, el norte de Córdoba y el sur del país.

El saldo, según el Centro Nacional de Memoria, son mil novecientas ochenta y tres acciones perpetradas en todo el país. Este dato es una evidente muestra de la degradación de la guerra y, por otro lado, también es evidente que cada una de las investigaciones puede quedar en la impunidad total y finalmente por cuestiones de tiempo me es imposible nombrar una a una todas pero dentro de las que me llama profundamente la atención está la masacre de La Rochela (municipio de Simacota, departamento del Santander), perpetrada por grupos al margen de la ley que entre 1979 y 1991 un promedio anual de 25 abogados y jueces cercenados o que sufrieron algún tipo de atentado en el año 1989.

Colombia necesita un debate urgente sobre la verdad que buscan imponerles a las víctimas del conflicto.

Foto: Movimiento Nacional de víctimas crímenes de Estado; movimientodevictimas.org.

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