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Dolor ante lo irreal

Dolor real

Por: Juan David Ferreira Díaz

En un mundo donde es tanto imposible pensarse una realidad sin internet como posible desbocar sentimientos ante una máquina, surgen cuestiones que, digitalmente, pueden llegar a tocarnos sensiblemente las entrañas más profundas y dolores que solamente cargamos cada uno de nosotros. En el campo de la estabilidad emocional y de lo ético vs. el campo digital, surgen interrogantes, acompañados de una que otra lágrima, pues en el reciente documental sur coreano I meet you, en una de sus escenas, la protagonista Jan Ji-Sung logra “reencontrarse” con su hija, Nayeon, quien murió de cáncer hematológico a sus 7 años de edad. Tal dicho “reencuentro” es posible por medio de realidad virtual.

Aterrador, inquietante, pensé inicialmente cuando vi el apartado del documental. En el sentido de cómo los niveles de la realidad cada vez le dan sopa y seco a la ficción. En una de las declaraciones de la madre, tras la gran mediatez de tal escena del documental, ella expresa que lo asumió como terapéutico y consolador, pues al no haberse despedido de su ser querido tras la terminal enfermedad, le deja un tanto de tranquilidad haberla tenido al frente, aunque sea por medio de hologramas, por ciertos minutos. Aterrador e inquietante, sigo pensando después de escuchar las declaraciones de Jan Ji-Sung.

Hay una brecha muy grande entre recordar y revivir. No quiero ni podría pensar lo que la madre sintió al quitarse las gafas de realidad virtual y volver a ver las cámaras, las luces y aceptar que lo que acabó de ver no es la realidad. Las escenas son fuertes, se nota el destrozo psicológico. Es un latigazo al alma. Seguramente se le quedaron bastantes sentimientos por expresarle a su hija ¡qué sé yo! Y esperando a que tal encuentro le haya hecho algún bien a la madre –las imágenes muestran lo contrario-. ¿Quiénes somos nosotros para decir si estuvo bien o mal tal reencuentro? He ahí lo triste, que en realidad no se reencontraron. Y me pregunto: ¿Es tan necesario como doloroso?

Contraproducente, pensé luego. Es como revolcarse en el dolor, así como perderse de la realidad. Tales hologramas reapareciendo en la superación de un duelo, como lo es la pérdida de un ser querido, pueden llegar a hacer mucho daño, si no se logra controlar después. Podría estar casi seguro de que, si fuese por la madre, no se quitaría las gafas de realidad virtual. O tal vez, haberla apreciado para poderle decir lo que no pudo decirle la última vez que la vio es, como dice ella, consolador, y, al mismo tiempo, desde tal experimento tecnológico, poder empezar nuevamente un duelo de superación y liberarse de alguna forma de tal sufrimiento.

Sin embargo, no deja de ser una mentira. Como espectador es incluso también doloroso ver la escena que no ve la madre, sino la que ven los que están grabando el documental: una mujer acariciando la nada y llorándole al vacío. Desde otra perspectiva, sin que sea empírico, pero en términos religiosos, es casi lo mismo, haber hecho lo que hizo la madre, pero por medio de la oración y no sé hasta qué punto está reteniendo el alma de su hija sin dejarla descansar en paz. Y termino de llevar a cabo tal perspectiva devota principalmente porque la mayoría de los medios trasmitieron tal noticia con primicias como “resucitan a niña con realidad virtual”. Es absurdo pensar que un holograma es lo mismo que la resurrección. Hay que diferenciar una fotografía tridimensional de la vida misma.

Cada quien sabe lo que se siente. Cada quien sabe cuánto se quiso o cuánto se extraña. Cada quien tiene formas de pasar y superar duelos. Y en casos así, son muchas las palabras que se quedan por decir. En estos asuntos nadie puede ponerse en la piel de nadie. Quiénes somos para juzgar cómo ha decidido retomar y seguir en su duelo tal madre. Así como es válido llorar tras ver una película o leer un libro o emocionarse tras entretenerse en un videojuego, en este tipo de casos, hablando desde el papel de la ciencia y herramientas como la realidad virtual, es válido también decir que la tecnología nunca podrá tanto superar las leyes de la naturaleza, las creencias y mucho menos las barreras de la mortalidad, como tampoco podrá reparar el daño sufrido por una pérdida semejante y, aunque puede, no debe generar una dependencia de algo que ya no existe a alguien que seguramente sigue y seguirá sufriendo. Después de todo, espero que no sea peor, pues puede haber fines económicos en la industria audiovisual surcoreana luego de conseguir tales susceptibilidades con tanto auge de tal supuesto reencuentro.

Foto: Depost

Link del video: https://www.youtube.com/watch?v=6C54gi8qf3s.

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Dolor ante lo irreal

Dolor real

Por: Juan David Ferreira Díaz

En un mundo donde es tanto imposible pensarse una realidad sin internet como posible desbocar sentimientos ante una máquina, surgen cuestiones que, digitalmente, pueden llegar a tocarnos sensiblemente las entrañas más profundas y dolores que solamente cargamos cada uno de nosotros. En el campo de la estabilidad emocional y de lo ético vs. el campo digital, surgen interrogantes, acompañados de una que otra lágrima, pues en el reciente documental sur coreano I meet you, en una de sus escenas, la protagonista Jan Ji-Sung logra “reencontrarse” con su hija, Nayeon, quien murió de cáncer hematológico a sus 7 años de edad. Tal dicho “reencuentro” es posible por medio de realidad virtual.

Aterrador, inquietante, pensé inicialmente cuando vi el apartado del documental. En el sentido de cómo los niveles de la realidad cada vez le dan sopa y seco a la ficción. En una de las declaraciones de la madre, tras la gran mediatez de tal escena del documental, ella expresa que lo asumió como terapéutico y consolador, pues al no haberse despedido de su ser querido tras la terminal enfermedad, le deja un tanto de tranquilidad haberla tenido al frente, aunque sea por medio de hologramas, por ciertos minutos. Aterrador e inquietante, sigo pensando después de escuchar las declaraciones de Jan Ji-Sung.

Hay una brecha muy grande entre recordar y revivir. No quiero ni podría pensar lo que la madre sintió al quitarse las gafas de realidad virtual y volver a ver las cámaras, las luces y aceptar que lo que acabó de ver no es la realidad. Las escenas son fuertes, se nota el destrozo psicológico. Es un latigazo al alma. Seguramente se le quedaron bastantes sentimientos por expresarle a su hija ¡qué sé yo! Y esperando a que tal encuentro le haya hecho algún bien a la madre –las imágenes muestran lo contrario-. ¿Quiénes somos nosotros para decir si estuvo bien o mal tal reencuentro? He ahí lo triste, que en realidad no se reencontraron. Y me pregunto: ¿Es tan necesario como doloroso?

Contraproducente, pensé luego. Es como revolcarse en el dolor, así como perderse de la realidad. Tales hologramas reapareciendo en la superación de un duelo, como lo es la pérdida de un ser querido, pueden llegar a hacer mucho daño, si no se logra controlar después. Podría estar casi seguro de que, si fuese por la madre, no se quitaría las gafas de realidad virtual. O tal vez, haberla apreciado para poderle decir lo que no pudo decirle la última vez que la vio es, como dice ella, consolador, y, al mismo tiempo, desde tal experimento tecnológico, poder empezar nuevamente un duelo de superación y liberarse de alguna forma de tal sufrimiento.

Sin embargo, no deja de ser una mentira. Como espectador es incluso también doloroso ver la escena que no ve la madre, sino la que ven los que están grabando el documental: una mujer acariciando la nada y llorándole al vacío. Desde otra perspectiva, sin que sea empírico, pero en términos religiosos, es casi lo mismo, haber hecho lo que hizo la madre, pero por medio de la oración y no sé hasta qué punto está reteniendo el alma de su hija sin dejarla descansar en paz. Y termino de llevar a cabo tal perspectiva devota principalmente porque la mayoría de los medios trasmitieron tal noticia con primicias como “resucitan a niña con realidad virtual”. Es absurdo pensar que un holograma es lo mismo que la resurrección. Hay que diferenciar una fotografía tridimensional de la vida misma.

Cada quien sabe lo que se siente. Cada quien sabe cuánto se quiso o cuánto se extraña. Cada quien tiene formas de pasar y superar duelos. Y en casos así, son muchas las palabras que se quedan por decir. En estos asuntos nadie puede ponerse en la piel de nadie. Quiénes somos para juzgar cómo ha decidido retomar y seguir en su duelo tal madre. Así como es válido llorar tras ver una película o leer un libro o emocionarse tras entretenerse en un videojuego, en este tipo de casos, hablando desde el papel de la ciencia y herramientas como la realidad virtual, es válido también decir que la tecnología nunca podrá tanto superar las leyes de la naturaleza, las creencias y mucho menos las barreras de la mortalidad, como tampoco podrá reparar el daño sufrido por una pérdida semejante y, aunque puede, no debe generar una dependencia de algo que ya no existe a alguien que seguramente sigue y seguirá sufriendo. Después de todo, espero que no sea peor, pues puede haber fines económicos en la industria audiovisual surcoreana luego de conseguir tales susceptibilidades con tanto auge de tal supuesto reencuentro.

Foto: Depost

Link del video: https://www.youtube.com/watch?v=6C54gi8qf3s.

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