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¡Ya no más discriminación!

Morbo

Por: Carolina Peña Pimentel

Hace un año y medio que tengo una relación con mi novia, sí, mi novia, una chica. Para muchos es un asombro e incluso un escándalo, y es que cada vez que me preguntan por mi pareja digo “tengo novia” e inmediatamente debo sortear frases como “no, pero tú no tienes cara de lesbiana” o “cómo es el sexo entre ustedes”, todo esto desde una mirada de morbo y sexualización.

Caminar de la mano por las calles y sortear que dos chicas vayan como novias sin que una cumpla un papel de “macho” y la otra de mujer, es verdaderamente un reto. Debemos soportar miradas, comentarios e incluso que se atrevan a tocarnos. Me pregunto ¿por el hecho de que seamos una pareja de dos chicas debemos soportar todo esto cada vez que salimos a la calle? Y no creo que seamos las únicas, les debe pasar a miles de parejas de chicos y chicas pero solo por eso, por ser  del mismo sexo. Salir a la calle es someternos a que los hombres nos vean como la típica fantasía sexual de tener a dos mujeres, de ver el morbo en un beso o en que si vamos con falda o escote se crean con el derecho de decirnos todo tipo de palabras obscenas.

Aquí no termina todo: además de soportar el morbo y la sexualización, también se suma la violencia  por parte de personas homofóbicas. Un ejemplo claro ocurrió en Inglaterra cuando una pareja de dos chicas iba en un bus y fueron agredidas brutalmente por parte de unos hombres, luego de que se negaran a besarse delante de ellos para que su testosterona y su ego de “machos excitados” saliera a flote; o para traer algo más familiar, el suicidio del joven Sergio Urrego debido a la presión y discriminación que vivió en su colegio y que por cierto el 11 de febrero, la psicóloga del colegio manifestó: “lo discriminé y me arrepiento”. Puedo seguir con la lista de casos en los casos en los que ha habido agresiones o incluso muertes debido a la discriminación, sexualización y estigmatización que debemos soportar. Recuerdo cuando estábamos mi novia y yo en una estación de Transmilenio y ella me estaba abrazando, un señor nos dijo “aún tienen tiempo de salvarse, Dios las ama”. ¡Claro! ambas tenemos claro que Dios nos ama y de hecho vamos a la iglesia, porque así les cueste creer los “maricas” también van a la iglesia y profesan su fe.

Ya no más los comentarios, miradas y rechazos de la gente cada vez que salimos a la calle, ya no más con los hombres que tienen ínfulas de machos indomables que solo quieren a las mujeres como deseo sexual, ya no más etiquetas ni estigmatizaciones, usted viva su vida y deje vivir.

OPINIÓN

ACTUALIDAD

¡Ya no más discriminación!

Morbo

Por: Carolina Peña Pimentel

Hace un año y medio que tengo una relación con mi novia, sí, mi novia, una chica. Para muchos es un asombro e incluso un escándalo, y es que cada vez que me preguntan por mi pareja digo “tengo novia” e inmediatamente debo sortear frases como “no, pero tú no tienes cara de lesbiana” o “cómo es el sexo entre ustedes”, todo esto desde una mirada de morbo y sexualización.

Caminar de la mano por las calles y sortear que dos chicas vayan como novias sin que una cumpla un papel de “macho” y la otra de mujer, es verdaderamente un reto. Debemos soportar miradas, comentarios e incluso que se atrevan a tocarnos. Me pregunto ¿por el hecho de que seamos una pareja de dos chicas debemos soportar todo esto cada vez que salimos a la calle? Y no creo que seamos las únicas, les debe pasar a miles de parejas de chicos y chicas pero solo por eso, por ser  del mismo sexo. Salir a la calle es someternos a que los hombres nos vean como la típica fantasía sexual de tener a dos mujeres, de ver el morbo en un beso o en que si vamos con falda o escote se crean con el derecho de decirnos todo tipo de palabras obscenas.

Aquí no termina todo: además de soportar el morbo y la sexualización, también se suma la violencia  por parte de personas homofóbicas. Un ejemplo claro ocurrió en Inglaterra cuando una pareja de dos chicas iba en un bus y fueron agredidas brutalmente por parte de unos hombres, luego de que se negaran a besarse delante de ellos para que su testosterona y su ego de “machos excitados” saliera a flote; o para traer algo más familiar, el suicidio del joven Sergio Urrego debido a la presión y discriminación que vivió en su colegio y que por cierto el 11 de febrero, la psicóloga del colegio manifestó: “lo discriminé y me arrepiento”. Puedo seguir con la lista de casos en los casos en los que ha habido agresiones o incluso muertes debido a la discriminación, sexualización y estigmatización que debemos soportar. Recuerdo cuando estábamos mi novia y yo en una estación de Transmilenio y ella me estaba abrazando, un señor nos dijo “aún tienen tiempo de salvarse, Dios las ama”. ¡Claro! ambas tenemos claro que Dios nos ama y de hecho vamos a la iglesia, porque así les cueste creer los “maricas” también van a la iglesia y profesan su fe.

Ya no más los comentarios, miradas y rechazos de la gente cada vez que salimos a la calle, ya no más con los hombres que tienen ínfulas de machos indomables que solo quieren a las mujeres como deseo sexual, ya no más etiquetas ni estigmatizaciones, usted viva su vida y deje vivir.

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