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Un domingo de terror en urgencias

franjatato

Por: Alexander Cardenas B.

Un domingo de terror en urgencias 2

 

Esta crónica inicia desde una experiencia personal, de esas que no se quieren volver a repetir, era domingo y luego de una fiesta, la noche anterior, me levanto sobre las 11:00 de la mañana sintiendo que la cabeza me va a explotar, claramente se me pasaron las copas, decido levantarme a preparar un poco de Gatorade, la famosa bebida hidratante, que muchos consideran bendita para el guayabo, incluyéndome entre esos.

Solo tenía en mente, para aquel domingo, que como de costumbre dormiría lo más posible y vería series y películas todo el día junto a mi pareja, luego de preparar el Gatorade duermo un poco más y al despertar a eso de la 01:30 de la tarde, encuentro varias llamadas perdidas y mensajes de mi mamá.

Al mirar los mensajes me encuentro con unas imágenes realmente escalofriantes, se podría decir que no aptas para cualquier tipo de público, en aquellas fotos, como una película de terror, abundaban paUn domingo de terror en urgencias 3redes y pisos llenos de sangre de la forma más tenebrosa posible.

Acompañando estas imágenes, un audio, que como si no fuera suficiente ver el baño de mis papas totalmente ensangrentado, escucho un audio de mi Mamá aterrorizada por el miedo de la situación.

Con todo esto, aquel guayabo simplemente desapareció, mi mente ya estaba en otro tema, por lo cual, aquel dolor de cabeza y cansancio dejó de existir, me levanto de la forma más rápida posible.

¿qué pasó?

-Amor me tengo que ir, mi papá está muy mal.

¿pero cómo así, que paso? (mira las fotos)

Queda al igual que yo, impactado, por la escena que se puede observar en las fotos. Corriendo entro a ducharme y en cuestión de minutos ya estaba listo, cosa que normalmente no pasa, entendiendo mi afán y mi preocupación, mi pareja de la manera más atenta se levanta y me empaca almuerzo para llevar, pues era incierto cuánto tiempo estaríamos en la calle, o si mi mamá y hermano ya habrían comido algo entre tantas vueltas.

Solicito un servicio de Uber y esos minutos que tarda en llegar se me hacen eternos, solo puedo quedarme sentado en la cama esperando, abrazo a mi pareja y le tomo la mano para calmar un poco la ansiedad, finalmente llega el Uber, me despido y me voy para el hospital.

Ya en el Uber, me recoge un señor de unos 48 años, quien como es habitual decide hacer conversación todo el camino, normalmente suele ser entretenido y es lo que suelo hacer en mis trayectos, pero esta vez, mientras él me hablaba, yo le escribía a mi mamá y mi mente solo podía pensar en la salud de mi papá, mi concentración era la más mínima, pensaba en todo y a la vez en nada,

Me demoro aproximadamente unos 20 - 25 minutos en llegar al hospital, se podría decir que con el tráfico Bogotano estuvo más que bien, o bueno, me jugó a mi favor el ya muy discutible “pico y placa ambiental”, por lo cual la mitad de los vehículos de la ciudad de Bogotá tenían restricción para movilizarse.

Al llegar al hospital o más bien al Centro de Urgencias de Salud Total ubicado en la avenida Américas con calle 68, no veo ni el carro ni a ninguno de mis familiares, entre mi desesperación creí que había llegado al lugar equivocado y es ahí donde mi angustia crece mucho más.

Desesperadamente empiezo a llamar y escribir a mi mamá y mi hermano, para mi fortuna sí me encontraba en el lugar correcto, mi mamá se encontraba dentro de las instalaciones con mi papá y mi hermano comprando lo necesario en los outlets de las américas, ya que por el afán no sacaron nada de aseo o ropa para mi papá, y en las cercanías del centro de urgencias no había más que un par de cafeterías abiertas por ser día domingo y ser una zona industrial.

Logro reunirme con mi familia y finalmente entrar a ver a mi papá, me relaja bastante poderlo ver y, más que eso, notar que ya estaba mucho mejor de lo que esperaba, se encontraba canalizado, en un cubículo personal y le habían asignado triage nivel 2, por lo que su atención debía ser prioritaria, aun así, era necesario hacer un traslado a un hospital en donde se encontrará un especialista y pudiera tratar sus dolencias, pues en aquel centro de urgencia ya habían realizado lo que podían.

Hasta ese momento, se podría considerar más que buena la atención y prioridad que le habían dado a mi papá, pero como comentaba, ya no podían hacer más y era necesario que un especialista lo atendiera, en este caso un gastroenterólogo, así que se hace la solicitud de traslado, pero al ser día domingo no todos los hospitales contaban con la disponibilidad.

Es en la Fundación Hospital San Carlos, en donde se acepta el traslado y hay disponibilidad de especialista, esto se da sobre las 03:30 de la tarde, nos comenta mi mamá que ya están todos los documentos firmados y ya solo resta esperar que la ambulancia llegue y lo traslade.

Es ahí donde la desesperación llega al tope, pues inocentemente creíamos que sería un proceso de unos 30 minutos o máximo una hora, lastimosamente, más lejos de la realidad no podíamos estar. Creíamos que era el momento de almorzar algo mientras llegaba la ambulancia, el arroz con pollo que envío mi pareja no fue suficiente, así que tocó buscar algo más, un asadero fue lo único que encontramos abierto y cerca.

Pasa una hora y nada que llegaba la ambulancia, es más, nada que siquiera pasaba una por error en el sitio, inicia la desesperación de mi familia, entre tinto y tinto, pasa una hora más y nada, entra mi mamá a preguntar si sería posible saber en cuánto tiempo estaría la ambulancia y siempre la respuesta fue que en cualquier momento podía llegar, todo dependía de la disponibilidad.

Una domingo de terror en urgencias 1Así pasan dos y hasta tres horas más, con ser que soy un buen amante del tinto y me puedo tomar varios al día sin ningún problema, creo que ese día, a esa hora, ya había tomado muchos más de los habituales.

A eso de las ocho de la noche, por fin, vemos llegar una ambulancia y sentimos un descanso al saber que ya por fin harían el traslado al hospital, pocos minutos después vemos que llega una ambulancia más e imaginábamos que fijó, en alguna de ellas, transportarán a mi papá.

Una vez más, pensamos erróneamente, pues ninguna se llevó a mi papá, así como él, había más personas esperando para ser trasladadas para ser atendidas en otros hospitales. Si, personas que estaban desde la misma hora e incluso desde muchos antes, así que llevaban todo un día esperando una ambulancia.

Mis papas consideraron que lo mejor era que ya nos fuéramos y más bien estuviéramos pendientes de lo que necesitaran, ninguno tenía chaqueta o cómo cubrirse y llevábamos horas esperando en las afueras del centro de urgencias, solo una persona podía estar con mi papá, mi mamá, mientras tanto nosotros solo esperábamos afuera.

Nos quedamos un rato más, no nos queríamos ir hasta por lo menos estar seguros que mi papá sería trasladado para recibir la atención necesaria, así esperamos dos horas más y sobre las 10 de la noche ya decidimos irnos y más bien estar pendientes de lo que necesitaran, pues el frío como es habitual en esta ciudad, era muy fuerte y ya el tinto no lograba darnos suficiente calor.

Finalmente, hasta las once de la noche llega la ambulancia y trasladaron a mi papá al Hospital San Carlos, en donde solo lo dejaron en un pasillo de urgencias, unas urgencias que no contaban con agua, donde los baños estaban llenos de sangre y excremento, el ambiente era pesado y caótico, los quejidos de las personas eran estresantes y donde estuvieron que estar por cerca de tres horas más esperando una habitación.

Es aquí donde finaliza esta travesía en urgencias y esta crónica, lo que pasó luego en piso podría ser merecedor de otra crónica. (Escuchar audio).

OPINIÓN

ACTUALIDAD

Un domingo de terror en urgencias

franjatato

Por: Alexander Cardenas B.

Un domingo de terror en urgencias 2

 

Esta crónica inicia desde una experiencia personal, de esas que no se quieren volver a repetir, era domingo y luego de una fiesta, la noche anterior, me levanto sobre las 11:00 de la mañana sintiendo que la cabeza me va a explotar, claramente se me pasaron las copas, decido levantarme a preparar un poco de Gatorade, la famosa bebida hidratante, que muchos consideran bendita para el guayabo, incluyéndome entre esos.

Solo tenía en mente, para aquel domingo, que como de costumbre dormiría lo más posible y vería series y películas todo el día junto a mi pareja, luego de preparar el Gatorade duermo un poco más y al despertar a eso de la 01:30 de la tarde, encuentro varias llamadas perdidas y mensajes de mi mamá.

Al mirar los mensajes me encuentro con unas imágenes realmente escalofriantes, se podría decir que no aptas para cualquier tipo de público, en aquellas fotos, como una película de terror, abundaban paUn domingo de terror en urgencias 3redes y pisos llenos de sangre de la forma más tenebrosa posible.

Acompañando estas imágenes, un audio, que como si no fuera suficiente ver el baño de mis papas totalmente ensangrentado, escucho un audio de mi Mamá aterrorizada por el miedo de la situación.

Con todo esto, aquel guayabo simplemente desapareció, mi mente ya estaba en otro tema, por lo cual, aquel dolor de cabeza y cansancio dejó de existir, me levanto de la forma más rápida posible.

¿qué pasó?

-Amor me tengo que ir, mi papá está muy mal.

¿pero cómo así, que paso? (mira las fotos)

Queda al igual que yo, impactado, por la escena que se puede observar en las fotos. Corriendo entro a ducharme y en cuestión de minutos ya estaba listo, cosa que normalmente no pasa, entendiendo mi afán y mi preocupación, mi pareja de la manera más atenta se levanta y me empaca almuerzo para llevar, pues era incierto cuánto tiempo estaríamos en la calle, o si mi mamá y hermano ya habrían comido algo entre tantas vueltas.

Solicito un servicio de Uber y esos minutos que tarda en llegar se me hacen eternos, solo puedo quedarme sentado en la cama esperando, abrazo a mi pareja y le tomo la mano para calmar un poco la ansiedad, finalmente llega el Uber, me despido y me voy para el hospital.

Ya en el Uber, me recoge un señor de unos 48 años, quien como es habitual decide hacer conversación todo el camino, normalmente suele ser entretenido y es lo que suelo hacer en mis trayectos, pero esta vez, mientras él me hablaba, yo le escribía a mi mamá y mi mente solo podía pensar en la salud de mi papá, mi concentración era la más mínima, pensaba en todo y a la vez en nada,

Me demoro aproximadamente unos 20 - 25 minutos en llegar al hospital, se podría decir que con el tráfico Bogotano estuvo más que bien, o bueno, me jugó a mi favor el ya muy discutible “pico y placa ambiental”, por lo cual la mitad de los vehículos de la ciudad de Bogotá tenían restricción para movilizarse.

Al llegar al hospital o más bien al Centro de Urgencias de Salud Total ubicado en la avenida Américas con calle 68, no veo ni el carro ni a ninguno de mis familiares, entre mi desesperación creí que había llegado al lugar equivocado y es ahí donde mi angustia crece mucho más.

Desesperadamente empiezo a llamar y escribir a mi mamá y mi hermano, para mi fortuna sí me encontraba en el lugar correcto, mi mamá se encontraba dentro de las instalaciones con mi papá y mi hermano comprando lo necesario en los outlets de las américas, ya que por el afán no sacaron nada de aseo o ropa para mi papá, y en las cercanías del centro de urgencias no había más que un par de cafeterías abiertas por ser día domingo y ser una zona industrial.

Logro reunirme con mi familia y finalmente entrar a ver a mi papá, me relaja bastante poderlo ver y, más que eso, notar que ya estaba mucho mejor de lo que esperaba, se encontraba canalizado, en un cubículo personal y le habían asignado triage nivel 2, por lo que su atención debía ser prioritaria, aun así, era necesario hacer un traslado a un hospital en donde se encontrará un especialista y pudiera tratar sus dolencias, pues en aquel centro de urgencia ya habían realizado lo que podían.

Hasta ese momento, se podría considerar más que buena la atención y prioridad que le habían dado a mi papá, pero como comentaba, ya no podían hacer más y era necesario que un especialista lo atendiera, en este caso un gastroenterólogo, así que se hace la solicitud de traslado, pero al ser día domingo no todos los hospitales contaban con la disponibilidad.

Es en la Fundación Hospital San Carlos, en donde se acepta el traslado y hay disponibilidad de especialista, esto se da sobre las 03:30 de la tarde, nos comenta mi mamá que ya están todos los documentos firmados y ya solo resta esperar que la ambulancia llegue y lo traslade.

Es ahí donde la desesperación llega al tope, pues inocentemente creíamos que sería un proceso de unos 30 minutos o máximo una hora, lastimosamente, más lejos de la realidad no podíamos estar. Creíamos que era el momento de almorzar algo mientras llegaba la ambulancia, el arroz con pollo que envío mi pareja no fue suficiente, así que tocó buscar algo más, un asadero fue lo único que encontramos abierto y cerca.

Pasa una hora y nada que llegaba la ambulancia, es más, nada que siquiera pasaba una por error en el sitio, inicia la desesperación de mi familia, entre tinto y tinto, pasa una hora más y nada, entra mi mamá a preguntar si sería posible saber en cuánto tiempo estaría la ambulancia y siempre la respuesta fue que en cualquier momento podía llegar, todo dependía de la disponibilidad.

Una domingo de terror en urgencias 1Así pasan dos y hasta tres horas más, con ser que soy un buen amante del tinto y me puedo tomar varios al día sin ningún problema, creo que ese día, a esa hora, ya había tomado muchos más de los habituales.

A eso de las ocho de la noche, por fin, vemos llegar una ambulancia y sentimos un descanso al saber que ya por fin harían el traslado al hospital, pocos minutos después vemos que llega una ambulancia más e imaginábamos que fijó, en alguna de ellas, transportarán a mi papá.

Una vez más, pensamos erróneamente, pues ninguna se llevó a mi papá, así como él, había más personas esperando para ser trasladadas para ser atendidas en otros hospitales. Si, personas que estaban desde la misma hora e incluso desde muchos antes, así que llevaban todo un día esperando una ambulancia.

Mis papas consideraron que lo mejor era que ya nos fuéramos y más bien estuviéramos pendientes de lo que necesitaran, ninguno tenía chaqueta o cómo cubrirse y llevábamos horas esperando en las afueras del centro de urgencias, solo una persona podía estar con mi papá, mi mamá, mientras tanto nosotros solo esperábamos afuera.

Nos quedamos un rato más, no nos queríamos ir hasta por lo menos estar seguros que mi papá sería trasladado para recibir la atención necesaria, así esperamos dos horas más y sobre las 10 de la noche ya decidimos irnos y más bien estar pendientes de lo que necesitaran, pues el frío como es habitual en esta ciudad, era muy fuerte y ya el tinto no lograba darnos suficiente calor.

Finalmente, hasta las once de la noche llega la ambulancia y trasladaron a mi papá al Hospital San Carlos, en donde solo lo dejaron en un pasillo de urgencias, unas urgencias que no contaban con agua, donde los baños estaban llenos de sangre y excremento, el ambiente era pesado y caótico, los quejidos de las personas eran estresantes y donde estuvieron que estar por cerca de tres horas más esperando una habitación.

Es aquí donde finaliza esta travesía en urgencias y esta crónica, lo que pasó luego en piso podría ser merecedor de otra crónica. (Escuchar audio).

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