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“Siento que ellos están viajando y que algún día llegarán”: Clara Rincón.

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Por: Gabriela García Aguilar

 

Los primos Edward Benjamín Rincón Méndez y Weimar Armando Castro Méndez fueron asesinados y presentados como guerrilleros dados de baja en combate en la localidad de Ciudad Bolívar en el sur de Bogotá. Después de 14 años, no hay claridad de lo sucedido y sus familiares han tenido que soportar amenazas y desplazamientos en consecuencia de la lucha vivida por la búsqueda de la verdad. Clara Vivían Rincón, hermana de Edward y prima de Weimar, ha seguido paso a paso el proceso y actualmente hace parte del colectivo de las Madres de las Ejecuciones Extrajudiciales de Soacha y Bogotá, quienes se resisten a la impunidad, a la censura y al olvido de las víctimas de Estado.

 

Clara Vivian siente que se llevaron una parte de su vida junto con la de su hermano y su primo. Desde ese día no ha podido dormir tranquila por los pensamientos tormentosos, ha sufrido quebrantos de salud y depresión “me da desespero, quisiera seguir llorando y le pido a Dios que me lleve con él para no seguir sufriendo en carne viva que ellos no estén y seguir cargando con este dolor”.

 

Edward y Weimar, de 19 años, eran jóvenes educados, disciplinados y trabajadores “ellos eran buenos alumnos, jamás tuvieron quejas en cuanto a disciplina o mal comportamiento” menciona. Recuerda que los dos trabajaban con Benjamín Rincón, padre de Edward, como auxiliares de una buseta para ayudar económicamente a los gastos familiares, mientras estaban en la búsqueda de conseguir un préstamo en el ICETEX para poder acceder a un crédito que les permitiera estudiar en la universidad, oportunidad que se les fue negada.

 

Clara los recuerda como seres muy amorosos y unidos a ella y a su familia, “para todo eran ellos dos, se guardaban todos sus secretos, se contaban sus historias, a toda hora estaban juntos, pero jamás pensaron que para los dos sería el mismo destino” refiriéndose al lamentable desenlace.

Todo comenzó el 21 de junio de 2004, era día festivo, así que Edward y Weimar decidieron salir a dar un paseo con una amiga que los invitó, pero cayó la noche y no regresaban, “desde ese día no supimos nada más, no volvieron. Mi mamá les había dicho que no se tardaran. Esa noche estábamos todos desesperados, llamamos a todos nuestros familiares a ver si sabían algo de ellos” menciona.

 

El martes 22 de junio, la familia comenzó la búsqueda, Clara recuerda los momentos de angustia que vivieron en ese momento “no tuvimos respuesta, ni razón. Todo el día con esa zozobra, porque mis papás se preguntaban por su paradero y uno ¿a dónde empieza a buscar?”. Principalmente, buscaron en las casas aledañas y parques, pero luego la búsqueda se extendió a los centros médicos y en los Centros de Atención Inmediata (CAI) más cercanos, pero no hallaron respuesta alguna.

 

Decidieron colocar el denuncio, pero les dijeron que tenían que esperar más de 72 horas para declararlos como desaparecidos. Beatriz Piñeros, madre de Weimar, recuerda que en esos momentos “tenía un presentimiento en el corazón, que me decía que algo raro había pasado” pero Clara añade que su último pensamiento era buscarlos en Medicina Legal.

 

Sin embargo, al día siguiente se escuchó en las noticias: “en Ciudad Bolívar encontraron dos cuerpos sin vida acribillados de impactos de bala. Al parecer eran guerrilleros” Clara recuerda esta frase perfectamente, cuando en la emisora emitieron la noticia de la muerte de sus familiares, lo que pensaban que era solamente una confusión, Benjamín Rincón, les confirmó la infortunada noticia: “Sí eran los muchachos, en la casa todo era un caos, todos gritábamos. Mi mamá y mi tía les pegaban a las paredes, se tiraban al piso, no sabían qué hacer”.

 

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Dentro de las pertenencias de Edward y Weimar entregadas por Medicina Legal, se encontraban uniformes militares, chaquetas y pantalones camuflados “estaban llenas de sangre y rotas, las camisas, los pantalones, las botas; pero esa ropa no era de ellos, eso se los colocaron” señala. Recuerda que su hermano iba vestido con un jean y una camiseta verde clara con rayas negras “ese día se puso hasta unas medias mías, yo le dije que se las llevara pero que me las lavara después y aquí todavía las tengo dentro de todas sus pertenencias”. Por otro lado, su primo Weimar llevaba consigo un pantalón negro, una camiseta blanca, un chaleco azul y unas zapatillas “de esas que estaban de moda” menciona Beatriz, su madre.

 

Al ver esos uniformes, su padre se dirigió a realizar el denuncio, porque pensaban que se trataba de una situación bastante delicada y era una confusión; pero la única respuesta que obtuvieron fue el rechazo a su denuncia: “digamos la verdad ¿a qué grupo guerrillero pertenecían sus hijos?”  Le preguntaban.

 

Para tener evidencia, colgaron los uniformes y le tomaron fotografías. Luego gestionaron para que los uniformes los tomara la Fiscalía en custodia, pero “llevan con ellos 14 años y no hay ni un solo archivo, ni un solo documento donde se especifique que ellos los tienen y que se le realizaron las pruebas. Quisiera ir a mirar si realmente ellos lo tienen o los botaron” menciona.

 

Desde ese día nada volvió a ser igual para ella y su familia, “los días eran oscuros, llegaba a la casa y se sentía el vacío, la soledad. Era difícil llegar a la casa y no sentir su presencia y lo peor, saber que ya no volverían nunca más”. Llegaron las amenazas a su familia, porque su padre siempre estuvo luchando para esclarecer la verdad, pero no paraban los mensajes amenazadores diciéndole que “le iba a pasar lo mismo a sus demás hijos”.

 

Debido a las amenazas decidieron salir de la ciudad hacia Boyacá y se presentaron ante Acción Social y quedaron incluidas en el Registro Nacional de Víctimas, sumándose a más de 8.650.169 que ha generado el conflicto. Les ofrecieron refugio en Canadá para que estuvieran a salvo, pero no querían separarse de su familia, “pensábamos ¿por qué tenemos que huir? ¿por qué escondernos?” añade, y la única protección que les brindaron fue una capacitación sobre estrategias de cómo actuar en caso de sentirse en peligro. Así que decidió volver a Bogotá en el 2005, porque “no había nada que hacer allá, no teníamos nada que comer. No teníamos ayuda, no teníamos nada”.

 

Menciona que demostrar la inocencia de Edward y Weimar ha sido difícil, a pesar de junto a su abogado han presentado varias pruebas como: las fotografías de los uniformes, los pasados judiciales, certificados de estudio, testimonios de conocidos y vecinos no han podido demostrar su inocencia, además, nunca las han invitado a audiencias, les han cambiado varias veces de fiscal y por eso se ha retrasado el proceso. Beatriz Méndez menciona que con la última fiscal con la que tuvieron contacto, se pidió un reporte total para hacer la exhumación de los restos, tomarles pruebas y hacer un análisis de lo sucedido, pero no han tenido respuesta, ni todavía se sabe quién ordenó su ejecución, ni por qué, pero Clara menciona que “su muerte no puede quedar impune por las decisiones de otros”.

 

Actualmente, junto a su tía Beatriz, Clara hace parte del colectivo de las Madres de las Ejecuciones Extrajudiciales de Soacha y Bogotá, su caso es uno más de las 5.000 ejecuciones extrajudiciales mal llamadas “falsos positivos” que salieron a la luz pública en el 2008. Durante este tiempo han realizado diferentes actividades como el plantón en la Plaza de Bolívar el 8 de marzo de 2018 donde se encadenaron en forma de protesta contra la re victimización, la impunidad y la injusticia de las víctimas de Estado, porque considera que jamás deben dejar de luchar por la verdad, la justicia, dejar a un lado el silencio para recuperar la dignidad y el buen nombre de sus seres queridos porque piensa que: “si nos rendimos le estamos otorgando la razón a los que nos quieren silenciar”.

 

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“Siento que ellos están viajando y que algún día llegarán”: Clara Rincón.

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Por: Gabriela García Aguilar

 

Los primos Edward Benjamín Rincón Méndez y Weimar Armando Castro Méndez fueron asesinados y presentados como guerrilleros dados de baja en combate en la localidad de Ciudad Bolívar en el sur de Bogotá. Después de 14 años, no hay claridad de lo sucedido y sus familiares han tenido que soportar amenazas y desplazamientos en consecuencia de la lucha vivida por la búsqueda de la verdad. Clara Vivían Rincón, hermana de Edward y prima de Weimar, ha seguido paso a paso el proceso y actualmente hace parte del colectivo de las Madres de las Ejecuciones Extrajudiciales de Soacha y Bogotá, quienes se resisten a la impunidad, a la censura y al olvido de las víctimas de Estado.

 

Clara Vivian siente que se llevaron una parte de su vida junto con la de su hermano y su primo. Desde ese día no ha podido dormir tranquila por los pensamientos tormentosos, ha sufrido quebrantos de salud y depresión “me da desespero, quisiera seguir llorando y le pido a Dios que me lleve con él para no seguir sufriendo en carne viva que ellos no estén y seguir cargando con este dolor”.

 

Edward y Weimar, de 19 años, eran jóvenes educados, disciplinados y trabajadores “ellos eran buenos alumnos, jamás tuvieron quejas en cuanto a disciplina o mal comportamiento” menciona. Recuerda que los dos trabajaban con Benjamín Rincón, padre de Edward, como auxiliares de una buseta para ayudar económicamente a los gastos familiares, mientras estaban en la búsqueda de conseguir un préstamo en el ICETEX para poder acceder a un crédito que les permitiera estudiar en la universidad, oportunidad que se les fue negada.

 

Clara los recuerda como seres muy amorosos y unidos a ella y a su familia, “para todo eran ellos dos, se guardaban todos sus secretos, se contaban sus historias, a toda hora estaban juntos, pero jamás pensaron que para los dos sería el mismo destino” refiriéndose al lamentable desenlace.

Todo comenzó el 21 de junio de 2004, era día festivo, así que Edward y Weimar decidieron salir a dar un paseo con una amiga que los invitó, pero cayó la noche y no regresaban, “desde ese día no supimos nada más, no volvieron. Mi mamá les había dicho que no se tardaran. Esa noche estábamos todos desesperados, llamamos a todos nuestros familiares a ver si sabían algo de ellos” menciona.

 

El martes 22 de junio, la familia comenzó la búsqueda, Clara recuerda los momentos de angustia que vivieron en ese momento “no tuvimos respuesta, ni razón. Todo el día con esa zozobra, porque mis papás se preguntaban por su paradero y uno ¿a dónde empieza a buscar?”. Principalmente, buscaron en las casas aledañas y parques, pero luego la búsqueda se extendió a los centros médicos y en los Centros de Atención Inmediata (CAI) más cercanos, pero no hallaron respuesta alguna.

 

Decidieron colocar el denuncio, pero les dijeron que tenían que esperar más de 72 horas para declararlos como desaparecidos. Beatriz Piñeros, madre de Weimar, recuerda que en esos momentos “tenía un presentimiento en el corazón, que me decía que algo raro había pasado” pero Clara añade que su último pensamiento era buscarlos en Medicina Legal.

 

Sin embargo, al día siguiente se escuchó en las noticias: “en Ciudad Bolívar encontraron dos cuerpos sin vida acribillados de impactos de bala. Al parecer eran guerrilleros” Clara recuerda esta frase perfectamente, cuando en la emisora emitieron la noticia de la muerte de sus familiares, lo que pensaban que era solamente una confusión, Benjamín Rincón, les confirmó la infortunada noticia: “Sí eran los muchachos, en la casa todo era un caos, todos gritábamos. Mi mamá y mi tía les pegaban a las paredes, se tiraban al piso, no sabían qué hacer”.

 

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Dentro de las pertenencias de Edward y Weimar entregadas por Medicina Legal, se encontraban uniformes militares, chaquetas y pantalones camuflados “estaban llenas de sangre y rotas, las camisas, los pantalones, las botas; pero esa ropa no era de ellos, eso se los colocaron” señala. Recuerda que su hermano iba vestido con un jean y una camiseta verde clara con rayas negras “ese día se puso hasta unas medias mías, yo le dije que se las llevara pero que me las lavara después y aquí todavía las tengo dentro de todas sus pertenencias”. Por otro lado, su primo Weimar llevaba consigo un pantalón negro, una camiseta blanca, un chaleco azul y unas zapatillas “de esas que estaban de moda” menciona Beatriz, su madre.

 

Al ver esos uniformes, su padre se dirigió a realizar el denuncio, porque pensaban que se trataba de una situación bastante delicada y era una confusión; pero la única respuesta que obtuvieron fue el rechazo a su denuncia: “digamos la verdad ¿a qué grupo guerrillero pertenecían sus hijos?”  Le preguntaban.

 

Para tener evidencia, colgaron los uniformes y le tomaron fotografías. Luego gestionaron para que los uniformes los tomara la Fiscalía en custodia, pero “llevan con ellos 14 años y no hay ni un solo archivo, ni un solo documento donde se especifique que ellos los tienen y que se le realizaron las pruebas. Quisiera ir a mirar si realmente ellos lo tienen o los botaron” menciona.

 

Desde ese día nada volvió a ser igual para ella y su familia, “los días eran oscuros, llegaba a la casa y se sentía el vacío, la soledad. Era difícil llegar a la casa y no sentir su presencia y lo peor, saber que ya no volverían nunca más”. Llegaron las amenazas a su familia, porque su padre siempre estuvo luchando para esclarecer la verdad, pero no paraban los mensajes amenazadores diciéndole que “le iba a pasar lo mismo a sus demás hijos”.

 

Debido a las amenazas decidieron salir de la ciudad hacia Boyacá y se presentaron ante Acción Social y quedaron incluidas en el Registro Nacional de Víctimas, sumándose a más de 8.650.169 que ha generado el conflicto. Les ofrecieron refugio en Canadá para que estuvieran a salvo, pero no querían separarse de su familia, “pensábamos ¿por qué tenemos que huir? ¿por qué escondernos?” añade, y la única protección que les brindaron fue una capacitación sobre estrategias de cómo actuar en caso de sentirse en peligro. Así que decidió volver a Bogotá en el 2005, porque “no había nada que hacer allá, no teníamos nada que comer. No teníamos ayuda, no teníamos nada”.

 

Menciona que demostrar la inocencia de Edward y Weimar ha sido difícil, a pesar de junto a su abogado han presentado varias pruebas como: las fotografías de los uniformes, los pasados judiciales, certificados de estudio, testimonios de conocidos y vecinos no han podido demostrar su inocencia, además, nunca las han invitado a audiencias, les han cambiado varias veces de fiscal y por eso se ha retrasado el proceso. Beatriz Méndez menciona que con la última fiscal con la que tuvieron contacto, se pidió un reporte total para hacer la exhumación de los restos, tomarles pruebas y hacer un análisis de lo sucedido, pero no han tenido respuesta, ni todavía se sabe quién ordenó su ejecución, ni por qué, pero Clara menciona que “su muerte no puede quedar impune por las decisiones de otros”.

 

Actualmente, junto a su tía Beatriz, Clara hace parte del colectivo de las Madres de las Ejecuciones Extrajudiciales de Soacha y Bogotá, su caso es uno más de las 5.000 ejecuciones extrajudiciales mal llamadas “falsos positivos” que salieron a la luz pública en el 2008. Durante este tiempo han realizado diferentes actividades como el plantón en la Plaza de Bolívar el 8 de marzo de 2018 donde se encadenaron en forma de protesta contra la re victimización, la impunidad y la injusticia de las víctimas de Estado, porque considera que jamás deben dejar de luchar por la verdad, la justicia, dejar a un lado el silencio para recuperar la dignidad y el buen nombre de sus seres queridos porque piensa que: “si nos rendimos le estamos otorgando la razón a los que nos quieren silenciar”.

 

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