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El Museo de la Basura

En la calle 39 con transversal 28a - 07, localidad de Teusaquillo, está ubicado el Museo de la Basura, denominado así por Francisco Antonio Zea Restrepo más conocido como ‘Ron’ Antonio de Jesús Casafús Torres de Restrepo y Zea, o simplemente “Toñito” quien hace 22 años creó este espacio con desechos arrojados por los habitantes de Bogotá y que además le sirven como herramienta de trabajo. Una casa que hace una crítica a la sociedad de consumo que a diario desecha, contamina y desperdicia productos que generan la destrucción del medio ambiente.

Por:  Nicolás Poveda Duarte, Andrés Salazar

Letreros en contra del capitalismo, reflexiones escritas en tablas y en icopor, un jardín sin podar desde hace mucho tiempo, botellas, llantas esparcidas, cartones, latas de cerveza y un velo de cortina dan la bienvenida a este particular “museo” que ha dividido la opinión de los habitantes del sector. Para Antonio, este lugar es un reflejo de cómo se siente el hombre en su interior, una acumulación constante de productos que en su mayoría son innecesarios y sólo buscan suplir un vacío creado por la sociedad. 

“Toñito”, era un estudiante de Administración de Empresas de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, tras haber cursado tres semestres descubrió que esa carrera no lo hacía feliz. Por ese motivo, en el año de 1978, abandonó el país y se fue a estudiar en la Universidad de La Sorbona en Francia. Comenzó con la carrera de Pintura y tras 5 años de estudio, entendió: “No podía vivir como un parisino más debido a que esto limitaba mi creatividad y no tenía el poder adquisitivo. Fue así como conocí a los Okupas (Personas o movimientos sociales que ocupan casas o edificios abandonados) con quienes intercambié elementos culturales mientras entendía que el consumismo no era mi estilo de vida”.

Cuenta: “Nosotros podíamos tener espacio. Empezamos a recoger cosas de la calle para no comprar maricadas. Entonces todo se volvió lúdico, cultural y ambiental, y ahí comenzó la idea. Cuando volví a Colombia abrí un bar en Medellín y después en Cartagena, finalmente me devolví a Bogotá y monté el “museo” en este barrio”. La inspiración para abrirlo radicó en lo que él denomina la “torpeza humana y el consumo irracional”.

El “Museo de la Basura” busca generar conciencia ambiental a través de la pedagogía de choque. “Toñito” considera que por medio de esta pedagogía, el individuo refleja en los desechos su estilo de vida y la forma en la que a través del consumo y de arrojar desechos está contaminando y destruyendo el planeta. Por ese motivo al pasar al lado de una acumulación de basura las personas pueden sentir que su vida está rodeada de elementos nocivos que lo enferman al igual que ocurre en la naturaleza.

Sobre el objetivo del museo, responde de manera jocosa que “es para restregárselo en la jeta a los consumistas, esto es un insulto para ellos”. De igual forma explica que las sociedades actuales son: “Cerdos inconscientes de mierda, a los que les importa un culo las próximas generaciones”. Durante los 22 años de existencia del lugar el problema más grande con el que ha tenido que lidiar “Toñito” han sido los vecinos, quienes en una ocasión quemaron su casa debido a la inconformidad con este proyecto. Pero para otros habitantes del sector, el Museo de la Basura es un reflejo de la sociedad y por eso apoyan que éste permanezca ahí.

Hasta el momento no ha habido ninguna autoridad o empresa que se oponga a la existencia de esta casa. “Toñito” explica: “Si mucho lo que saco de basura es el papel higiénico, y eso lo hago cada 3 meses”.

Sobre la existencia de otros museos de la basura en el país o en el mundo, cuenta: “Sé que existe uno en Curitiba Brasil, pero ese no es underground, más bien es un museo formal. En Nueva York existía uno en donde no se tenía un concepto ambiental, sino que una persona colgaba llantas y maricadas en las paredes, y la gente le daba dinero”.

A sus 62 años, Antonio vive de las ganancias que le dejan las ventas de algunos de sus cuadros, además dicta en algunas universidades, colegios y empresas conferencias para crear conciencia ambiental. Mientras responde las preguntas hace una pausa para beber un sorbo de whisky Sir Edward mezclado con aguana (una mezcla entre agua y marihuana). A diario este hombre  barbado y de unos noventa kilos, con cabello largo en el que cuelgan algunos accesorios recogidos de la calle, consume un litro de esta bebida que obtiene gracias a sus amigos comerciantes de San Andresito, quienes le surten la caja de 30 unidades cuyo valor oscila entre los 700.000 pesos.

La casa de “Toñito”, sin embargo, cuenta con dispositivos tecnológicos para trabajar de manera adecuada. Un computador, un radio y un televisor funcionan como herramientas para las labores diarias. En el lugar trabaja Amanda Sánchez, su asistente desde hace 8 años, quien se encarga de crear las cápsulas informativas para alimentar su página web y las diferentes plataformas en las que difunden información sobre el lugar. Para él, el objeto más importante del Museo de la Basura es lo que llama “su computador”, unas pequeñas cajetillas de cigarrillos convertidas en un archivo en donde anota las actividades del día a día y también escribe acerca de las entrevistas que escucha en la radio y los horarios de sus programas favoritos de televisión.

Su mensaje es contundente. Le exige a las personas:“Que paren de comprar mierda, que respeten el futuro”. Así es como este Museo de la Basura queda abierto para que lo visiten y como Antonio exclama: “la puerta está abierta para quien quiera entrar a hablar mierda, esto es un espacio cultural”. Quienes quieran asistir pueden hacerlo sin problema alguno, incluso si lo desean pueden fumar marihuana en “el cuarto de los invitados”, lugar donde se encuentran libros y un colchón roído por el uso, a donde algunas personas en sus ratos libres llegan a “fumigar”.

 

 

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