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Bogotá, la ciudad pionera latina e insuficiente para la bicicleta


Todo mundo dice que soy una gran alternativa para el transporte en Bogotá. Muchos dicen que ayudo a ahorrar económicamente, que contribuyo con la salud personal y que mejoro el medio ambiente. Muchos predican sobre mí, los gobernantes fomentan campañas a favor de mi uso. Todos quieren ver más colegas mías rodando por la ciudad.

 

Y aunque todos digan que soy la mejor opción para movilizarse en la ciudad, son pocos quienes me respetan, pocos peatones son conscientes de no invadir las ciclorutas; poco conductores de transporte público, taxis y hasta carros particulares se detienen unos segundos para darme vía; pocas ciclorrutas se dejan recorrer con tranquilidad, siempre tengo que estar pendiente de no pincharme o peor aún, que no me roben.  

 

En la actual presidencia de Juan Manuel Santos, en octubre del 2016 se promulgó la ley 1811 que busca como gran objetivo convertir a la bicicleta en el medio masivo de transporte por excelencia en Colombia. En esta ley hay varios puntos que, si bien potencian mi uso, dejan varios vacíos en ella. Uno de ellos es el Código de Transporte y Movilidad, en el cual las normas para bicicleta y motocicleta están en el mismo capítulo. Ahora con el nuevo Código de Policía hay más confusión sobre qué es permitido y que no.. Como dice mi dueño;: “muchos predican pero pocos aplican”.

 

 

Gracias al Presidente los usuarios que utilicen bicicleta a diario tendrán pasaportes gratis en Transmilenio por cada 30 viajes; además los funcionarios públicos recibirán medio día libre. Normas muy bellas que premian a las personas que se suban en mí, pero yo sigo sufriendo por la poca seguridad que tengo, por la falta de vías, el mal de esta de las pocas existentes, las amenazas constantes de robo y, sobre todo, la poca cultura que tiene los conductores y peatones.

 

Ahora bien, no puedo negar que existe un gran gremio de ciclistas que nos protegen y se se sienten más que libres, pero a veces exageran. Muy emocionados invaden espacios que no les pertenecen, pasan semáforos en rojo, no respetan letreros de pare, cierran vehículos y, en ocasiones, atropellan por imprudencia a los peatones. Sí, por supuesto que le hace falta cultura a los ciclistas, pero si hay mayor seguridad en las ciclorrutas, sin duda alguna podremos transitar sin cometer tantas imprudencias.

 

Rafael Núñez, ciclista y actual asesor de la alcaldía local de Santa fé, argumenta que existe un gran vacío en la reglamentación de la bicicleta, esto porque históricamente en Bogotá el fomento de este medio de transporte ha sido a través de la participación ciudadana. “Hay un vacío en la movilidad, porque no existe un código en particular para la bicicleta, solamente hay interpretaciones. Nosotros como ciudad le dejamos todo a la Secretaría de Movilidad. Las alcaldías locales no se apropian del tema y ante el cambio de cada mandato se generan nuevas políticas que no permiten evidenciar un desarrollo en los planes que deben beneficiar al usuario actual”, señala Núñez.

 

Soy consciente de que Bogotá necesita una mayor infraestructura, pero como nos dice Rafael, “esto es un boom para el que la ciudad no ha estado preparada; los parqueaderos son insuficientes, los sistemas de transporte no se articulan con la bicicleta y los demás problemas que se suman, pero en últimasson etapas que se deben transcurrir para que las entidades se apropien y mejoren las vías. Aunque suene paradójico, tenemos el mejor sistema para las bicicletas en Latinoamérica. Por esta razón, tengo fe que son problemáticas con solución pronta”.

 

Todos reconocen las ganancias que genera mi uso. Por esto mismo la ciudad debe pensar para la bicicleta, un compromiso que debemos tomar todos, biciusuarios, peatones, conductores y entidades.

 

Por: Edward Felipe Martin Neira / @MartinPipeNeira

 

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