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Acoso callejero: otra forma de violencia hacia las mujeres

 

ACN Agencia Central de Noticias Universidad Central
comunicación social 
noticias

 

Por: Dayana Herrera Valbuena

 

Salgo de mi casa a las 7 am, un poco afanada por llegar a la universidad. Paso por un lugar un poco solo, de un momento a otro pasa un grupo de cinco hombres los cuales me dicen palabras que me hacen sentir bastante incómoda: ´´Que rico lo que ven mis ojos, cuídese y no ande solita, adiós cosita linda´´ . Indignada por la situación a la que me enfrento, les gritó: ¡Acosadores! sigo mi camino, pero realmente estaba furiosa. A menos de 10 metros, nuevamente un hombre me grita del otro lado de la acera ´´Adiós linda´´, le hago mala cara y sigo adelante.

 

No es la primera vez que confronto a los tipejos que andan por ahí evaluando mi cuerpo o mi belleza, para ellos podrán ser palabras ‘halagadoras’ o ‘piropos’ pero para mi, desastrosas.

 

El acoso callejero en Colombia se ha convertido en el diario vivir de muchas mujeres. Esta forma de violencia se ha naturalizado a través de los años y la normalización del acto ha evitado que se tomen medidas de erradicación contra las expresiones patriarcales y machistas que se evidencian en estas formas de actuar.

 

Los ´´piropos´´ tienen una carga intimidatoria y discriminante contra la mujer, la cual alude a un ataque simbólico y hasta físico. Situaciones como estas fomentan más violencia y presión social hacia la mujer, es inaudito que muchas mujeres no podamos salir a la calle con un vestido puesto, porque cada 20 metros vamos a recibir insultos amenazadores, que no solo atentan nuestra integridad, sino también nuestra dignidad y libertad. No necesitamos que los hombres sigan haciendo de nuestro cuerpo objetos de placer con sus miradas.

 

Evidentemente gran cantidad de hombres en Colombia realizan esta práctica a por doquier, tanto así que proyectos como Mi Huella Azul, de la Universidad del Norte de Barranquilla, tiene que implementar pedagogía en el espacio público e intervenir con prácticas artísticas, para que los ´´machotes´´ entiendan de una vez por todas que necesitamos tener el derecho a transitar libres, seguras; y si no nos sentimos respetadas esto repercutirá en nuestro diario vivir y en las relaciones que formemos con el resto de personas.

 

Debemos dejar de justificar este tipo de violencia y también dejar de cuestionar a quienes decidan denunciar. En Colombia la ley 1257 del año 2008, certifica en el Código Penal Colombiano del artículo 210A: “El que en beneficio suyo o de un tercero y valiéndose de su superioridad manifiesta o relaciones de autoridad o de poder, edad, sexo, posición laboral, social, familiar o económica, acose, persiga, hostigue o asedie física o verbalmente, con fines sexuales no consentidos, a otra persona, incurrirá en prisión de uno (1) a tres (3) años”.

 

Así que basta de callar, es cierto que gran parte de los medios no nos han informado respecto a esta ley, pero también nuestro deber como ciudadanas es buscar que tipo de leyes existen a nuestro favor. Yo decido hablar porque estoy cansada de salir con miedo y sentirme hostigada, en Colombia hay leyes que castigan el acoso, no permitamos que se siga reproduciendo la violencia simbólica.

 

Yo digo No es hora de callar, no es hora de tener miedo, las mujeres debemos pensar en grupo y debemos actuar tan pronto porque es necesario ver las otras formas de opresión, es necesario que no se siga normalizando el acoso a nuestro alrededor por parte de hombres o mujeres que lo ven irrelevante.

 

Esto lo hago por mí, pero también por otras que a consecuencia de la misma sociedad han decidido no hablar y permitir que gran cantidad de hombres violenten nuestra integridad.

ACTUALIDAD

Acoso callejero: otra forma de violencia hacia las mujeres

 

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Por: Dayana Herrera Valbuena

 

Salgo de mi casa a las 7 am, un poco afanada por llegar a la universidad. Paso por un lugar un poco solo, de un momento a otro pasa un grupo de cinco hombres los cuales me dicen palabras que me hacen sentir bastante incómoda: ´´Que rico lo que ven mis ojos, cuídese y no ande solita, adiós cosita linda´´ . Indignada por la situación a la que me enfrento, les gritó: ¡Acosadores! sigo mi camino, pero realmente estaba furiosa. A menos de 10 metros, nuevamente un hombre me grita del otro lado de la acera ´´Adiós linda´´, le hago mala cara y sigo adelante.

 

No es la primera vez que confronto a los tipejos que andan por ahí evaluando mi cuerpo o mi belleza, para ellos podrán ser palabras ‘halagadoras’ o ‘piropos’ pero para mi, desastrosas.

 

El acoso callejero en Colombia se ha convertido en el diario vivir de muchas mujeres. Esta forma de violencia se ha naturalizado a través de los años y la normalización del acto ha evitado que se tomen medidas de erradicación contra las expresiones patriarcales y machistas que se evidencian en estas formas de actuar.

 

Los ´´piropos´´ tienen una carga intimidatoria y discriminante contra la mujer, la cual alude a un ataque simbólico y hasta físico. Situaciones como estas fomentan más violencia y presión social hacia la mujer, es inaudito que muchas mujeres no podamos salir a la calle con un vestido puesto, porque cada 20 metros vamos a recibir insultos amenazadores, que no solo atentan nuestra integridad, sino también nuestra dignidad y libertad. No necesitamos que los hombres sigan haciendo de nuestro cuerpo objetos de placer con sus miradas.

 

Evidentemente gran cantidad de hombres en Colombia realizan esta práctica a por doquier, tanto así que proyectos como Mi Huella Azul, de la Universidad del Norte de Barranquilla, tiene que implementar pedagogía en el espacio público e intervenir con prácticas artísticas, para que los ´´machotes´´ entiendan de una vez por todas que necesitamos tener el derecho a transitar libres, seguras; y si no nos sentimos respetadas esto repercutirá en nuestro diario vivir y en las relaciones que formemos con el resto de personas.

 

Debemos dejar de justificar este tipo de violencia y también dejar de cuestionar a quienes decidan denunciar. En Colombia la ley 1257 del año 2008, certifica en el Código Penal Colombiano del artículo 210A: “El que en beneficio suyo o de un tercero y valiéndose de su superioridad manifiesta o relaciones de autoridad o de poder, edad, sexo, posición laboral, social, familiar o económica, acose, persiga, hostigue o asedie física o verbalmente, con fines sexuales no consentidos, a otra persona, incurrirá en prisión de uno (1) a tres (3) años”.

 

Así que basta de callar, es cierto que gran parte de los medios no nos han informado respecto a esta ley, pero también nuestro deber como ciudadanas es buscar que tipo de leyes existen a nuestro favor. Yo decido hablar porque estoy cansada de salir con miedo y sentirme hostigada, en Colombia hay leyes que castigan el acoso, no permitamos que se siga reproduciendo la violencia simbólica.

 

Yo digo No es hora de callar, no es hora de tener miedo, las mujeres debemos pensar en grupo y debemos actuar tan pronto porque es necesario ver las otras formas de opresión, es necesario que no se siga normalizando el acoso a nuestro alrededor por parte de hombres o mujeres que lo ven irrelevante.

 

Esto lo hago por mí, pero también por otras que a consecuencia de la misma sociedad han decidido no hablar y permitir que gran cantidad de hombres violenten nuestra integridad.

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