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Yo también tengo miedo

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Estoy empoderada, sé la teoría, soy consciente de los comportamientos que lastiman, noto cada acto a mi alrededor que me daña, pero tengo miedo. Yo también, mujer que lucha y que grita, yo también tengo miedo. Mi familia sería mi apoyo; mi madre mi ejemplo y mi padre mi fuerza, pero poco a poco me doy cuenta que nada es como me lo han contado.

 

 Por: Kamila Cruz Rondón

Sé que su actuación no es normal, que nos está destruyendo, que la sonrisa se nos hace cada día más opaca. Inicia el día, me saluda, nos saluda, nos ama, nos trata bien, se esfuerza por mantener el mar en calma, pero nada es así; en la mañana ya tengo miedo, en cualquier momento la olla a presión va a explotar y no quiero estar aquí cuando eso pase. ¿Cómo manejamos el poder? Papá lo tiene todo, él sabe cómo jugar, porque sabe que va a ganar.

 

Siempre fue mi ejemplo, mi mayor orgullo, la persona que yo quería ser cuando tuviera su edad, todas sus edades, nunca alzó una mano en contra mía, pocas veces estuvo fuera de sí como para llegar a gritarme o tan siquiera regañarme, siempre creí que era por mí por quien luchaba todos los días contra el mundo, con su traje de caballero puesto, siempre dispuesto a pelear para que a sus princesas nadie pudiera lastimarlas. Mi burbuja de cristal siempre tuvo muchas capas, además de estar blindada y con alarma para alertar a papá por si algún intruso quería incluirse en ella sin su permiso.

 

Sí, a veces creí que no tenía razón, que no escuchaba razones, que se sobrelimitaba en su poder de padre, que no escuchaba, que no veía, pero qué más da, es parte de su ser, no lo hacía por malo, solo es un poco testarudo, pero nada que nos afectara familiar o personalmente. Después de todo, ¿de qué nos quejamos?, él nos da todo lo que necesitamos, es el mejor ser humano que conozco porque siempre ayuda a todos, su corazón debe ser más grande que su cuerpo. Todo está bien, él nos ama, nos ama a las tres.

 

¿Queremos un hermano? Sí, tú quieres un hijo. Entonces nosotras queremos un hermano, ¿ella? Ella siempre quiere lo que tú quieres; tienes la mirada, la sonrisa y las palabras perfectas para enseñarle a distinguir entre sus sentimientos, guiándola para que escoja lo mejor, lo que tú crees mejor, lo que para todas es mejor.

 

Ahora somos cinco, nos encanta, somos felices, nunca lo habíamos sido tanto, ni en los mejores momentos. Nuestro hermano nos llena el alma, lo amamos, nos ama y nunca nos arrepentiremos de la decisión.

Pero mamá nunca habló, nunca supimos lo que quería en su vida, lo que necesitaba como mujer. ¿Otro hermano? Claro, si ella no lo quiere, nosotros sí, igual mamá tendrá que aceptar. Llegó, somos seis, ¡qué rápido crecemos! Somos felices, todo es como debería ser, como papá nos dijo que todo debería marchar. Nunca vamos a amarnos menos, nuestros chiquitos son y serán la mejor decisión.

 

Pero, ¿la vida sería más feliz si mamá hubiera tomado sus decisiones? En definitiva. Ella, tú y yo tenemos el derecho de alzar la voz siempre que lo queramos y creamos necesario. La violencia no se experimenta solo con golpes, él nunca nos golpeó, pero entre sonrisas y palabras amables también  se destruyen almas.

Estoy empoderada, sé que en mi vida haré exactamente lo que quiera, ningún hombre, ninguna mujer, ninguna persona podrá doblegarme, ni hacer que niegue lo que quiera ser. Sin embargo, aún lucho contra él, el amor más grande y el miedo más grande, la sutileza a la que llamo papá. Poco a poco entiendo, y quiero que tú entiendas, que el amor más grande siempre será el que deba sentir por mí, así la vida siempre será más feliz. Porque le respeto, pero ya no le quiero temer.

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