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Me siento virginal

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Así me tilda el mercado por elegir un tono de esmalte para mis uñas, enmarcados en una gama de colores como: soy buscona, golosa, tímida o machista, que corresponden a las “actitudes” que toda mujer debe sentir y mostrar, que poesía más barata.

Por María Camila Medina

¿Debería sentirme bien con esto o debería sentirme peor con la idea de que alguien tenga el poder de seleccionar mi ropa, qué hago y qué me pongo para salir?

La sociedad patriarcal y la misma mujer aceptó la histerización del cuerpo, de su cuerpo, no solamente se nos calificó como saturadas de sexualidad, sino nos dieron facultad de saber solamente del campo familiar y social.

Foucault resignificó la noción de poder ya no gubernamental, estableciendo una relevancia entre el cuerpo y sus categorías sexuales, dejando a un lado el punto de vista biológico. También analiza la idea que delimita el cuerpo sexuado o “dispositivo sexual” en las relaciones de poder y en el campo del saber.

De esta manera, ¿somos nosotros y nosotras quienes tomamos el poder sobre nuestro cuerpo o le damos esa facultad a alguien más? Definitivamente no hemos sido ajenos a comentarios tales como “¿vas a salir así?, esa falda está muy corta, ponte una chaqueta, no te maquilles, no uses cosas apretadas”, un sinfín de condicionantes por parte de nuestro alrededor que hacen sentir que nuestro cuerpo no nos pertenece, que es de otro/s.

Judith Butler señala que nuestro cuerpo es una inscripción narrativa, histórica, que soporta los modos institucionalizados de control. En este punto nos replanteamos qué es naturalizado o real, como lo que vivimos a diario en nuestro entorno, las decisiones que tomamos o que vemos que toman nuestras amigas. Hemos naturalizado que nuestra amiga se devuelve a cambiarse de ropa o maquillaje por las caras de alguien más o simplemente nos ha pasado.

Como mujeres somos libres, cuerpos libres dentro de las relaciones de poder que se lleguen a tener, empoderémonos de nuestro cuerpo, es importante tener claro que el amor no se condiciona de esa manera; nadie tiene el poder de elegir por nosotras, de maltratarnos psicológicamente ni físicamente. Como dijo mi abuelo, las sociedades y las conciliaciones no son buenas ni en la cama.

Porque sí está claro que este tipo de tratos son referentes al maltrato psicológico y deja mucho qué pensar de la falta de autoestima de nuestra pareja.

Así que a ti, mujer, te invito a que te respetes y te hagas respetar. Nadie tiene el poder sobre tu cuerpo, nadie tiene que decirte cómo vestirte o menospreciarte por la forma en la que usas algo con lo que te sientes cómoda; no para que tu autoestima como mujer se vea afectada porque tu chico no quiere que nadie te mire.

Mientras nosotros sigamos permitiendo que esto pase, las construcciones de poder y saber sobre el cuerpo estarán fundamentadas en una sola palabra, el patriarcado.

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