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El sueño futbolístico de los jóvenes colombianos

 

Porque para muchos jóvenes, el fútbol es mucho más que correr tras un balón por 90 minutos, es el sueño de oro.

 

Por: Nicolle Durán

 

Para algunas personas el fútbol no es más que un simple deporte en el que un balón es el protagonista junto a varios sujetos que corren tras él con el objetivo de anotar un gol en la cancha rival. Pero para esos que van tras el balón, lo que el fútbol representa es casi que su vida. A decir verdad, no todos alcanzan la fama que quisieran, algunos ni siquiera pueden ser parte de algún club que los ayude, no sólo a mejorar como deportistas, sino también como seres humanos soñadores y perseverantes. Lastimosamente, así es el mundo del fútbol, hay que escalar hasta la cima solo para ver si son lo suficientemente buenos para ser fichados por algún equipo grande, o sólo para ver si hay que tomar otro camino.

 

 

Kluivert Garcés y Jhonatan Urrutia son dos jóvenes oriundos de Apartadó (Antioquia), que con tan sólo 17 años, vinieron a Bogotá a probar suerte con la sub 20 del equipo Fortaleza C.E.I.F.. Ambos jóvenes residen en la casa-hogar de ese club, el cual les brinda el hospedaje, las tres comidas diarias y cubre sus gastos en ocasiones especiales, como lo son las ligas o los torneos nacionales. El camino por el que ambos jóvenes han tenido que pasar no ha sido fácil. El estar lejos de su familia, con la incertidumbre de saber si alguna vez podrán estar y jugar con la categoría profesional, es la fuerza que los motiva todos los días a levantarse y cumplir con los requisitos exigidos para estar dentro de la casa-hogar.

 

 

Los jóvenes para poder ganar dinero, ya que son menores de edad, tienen que trabajar en oficios simples dentro del campo del Club Fortaleza; algunas veces pitan cierta cantidad de partidos los fines de semana o tienen que colaborar en el parqueadero del mismo, ayudando a acomodar los carros o a abrir y cerrar las puertas en portería. Por oficios como estos a los jóvenes les pagan una suma de $50.000 cada ocho días, dependiendo del oficio que realicen; esa es la forma con la que calman sus antojos diarios, ya que el club cubre los insumos básicos y necesarios para su sostenimiento.

 

 

Kluivert y Jhonatan junto a otros 38 muchachos conviven en la casa-hogar de Fortaleza en el municipio de Cota (Cundinamarca). Allí, en una casa mediana que cuenta con 10 habitaciones, una sala y un comedor, se la pasan todos los días los muchachos mientras no tengan algún partido, estén estudiando, entrenando o viajen por algún motivo futbolístico. Cuenta Kluivert que el más jóven de la casa tiene 13 años y que es un Messi pero más pequeño, y añade que el mayor tiene 18 años. Además aclara que, aunque en la casa cómodamente cabrían 60 personas, el club es realmente muy selectivo a la hora de fichar a algún jugador, pues lo que buscan los tres cazatalentos de Fortaleza, es encontrar muchachos que puedan ser llamados por equipos profesionales nacionales y así, tal vez más adelante, venderlos en el futuro al fútbol extranjero.

 

Estos dos jóvenes son parte de los cientos de futbolistas que a diario se esfuerzan en entrenamientos, torneos y ligas nacionales en miles de categorías, para así poder cumplir su sueño de ser profesionales en el deporte y, junto a ello, tener un mejor futuro para sí mismos y sus familias. Finalmente, es importante destacar que a pesar de la situación social actual y de todos los problemas en los que se ven muchos jóvenes implicados, el hecho de que unos cuantos elijan el fútbol como estilo de vida, significa que el sueño de oro sigue vivo en quienes desean que su futuro sea mejor que el de muchos jóvenes menos favorecidos del país.

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