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UNA DIETA PARA EL ALMA

¡Hare Krishna! es el saludo que hace 25 años el arquitecto colombiano Jorge Enrique Rodríguez escucha a diario en su comunidad. Saludo que, gracias a su dieta vegana, se convirtió en palabras que simbolizan gozo, sabiduría, humildad y, sobre todo, un estilo de vida.

 

Por Brahyan Clavijo

 
A la edad de 15 años, Jorge Enrique tomó la decisión de hacerse vegano. Era consciente que no quería hacer parte del sufrimiento que conlleva sacrificar un animal. Para él no fue sencillo, es sabido que en Colombia la tendencia alimenticia radica en el consumo de productos cárnicos o derivados de los animales y más tratándose del año 1963.

vida sana

 

Pese a las dificultades que presentaba llevar una dieta así, logró mantener su decisión, la misma que años después, entre amigos vegetarianos, lo llevaron a conocer el movimiento para la conciencia de Krishna. Un movimiento que fundamenta sus pensamientos y prácticas en el hinduismo y las escrituras védicas.

Con 45 años, un título profesional de arquitecto de universidad cuyo nombre prefirió omitir, separado y con hijos, decidió unirse al movimiento colombiano Hare Krishna buscando un desarrollo de conciencia, de sabiduría y de acercamiento con lo natural. Gracias a ello, conoció a la comunidad Varsana de la cual hace parte y que se define como “una comunidad de personas de distintas edades practicantes de Bhakti Yoga de la milenaria cultura védica” ubicada el municipio de Granada, Cundinamarca, a una hora de Bogotá.

 

En Varsana y haciendo parte del movimiento Hare Krishna la vida de Jorge cambió, incluso su nombre. Ahora, es conocido como Bhaktivedanta Sridhar swami maharaj, nombre que define un nuevo nacer en la conciencia de Khrisna y que es dado por un gurú, siendo éste un maestro espiritual y guía, alguien que con el paso de muchos años ha conseguido un nivel de sabiduría superior a los demás.

 

El día a día dentro de Varsana inicia muy temprano, los cantos de las aves son sustituidos por las voces de la comunidad que desde las 4 am y durante una hora hacen su primera adoración a las deidades, repitiendo algunos coros en sánscrito (lengua Indoeuropea que conserva textos sagrados del Brahmanismo) y otros que han sido traducidos al español.

Al finalizar la adoración se da espacio a la meditación, de 5 a 6 de la mañana Jorge y toda la comunidad Khrisna repiten las “yapas” en algo que podría ser asociado al rosario en la religión católica. Una tras otra se repite 108 veces la secuencia “Hare Krishna -Hare- Krishna. Krishna - krishna -hare-hare. Hare-Rāma-Hare-Rāma. Rāma-Rāma-Hare-Hare”.

Al terminar el espacio de meditación y después de haber ingerido un desayuno vegano producido por la misma comunidad se da espacio a la lectura, principalmente filosofía hindú, ya que el estudio es la base del crecimiento espiritual en Varsana. Textos como el Bhagavad Gita y el Srimad Bhagavatam entre otros, son leídos una y otra vez ya que como lo menciona Jorge “puedes mirar todos los días el mismo libro y él, cada día te revela cosas nuevas, porque el conocimiento viene por revelación y no por intelectualización”.

 

Después de ampliar sus conocimientos, los miembros de la comunidad trabajan durante cuatro horas y media en diferentes aspectos como puede ser dar clases de yoga, el trabajo de la granja, mantenimiento del templo, la cocina, entre muchos otros oficios que si bien no son remunerados económicamente, sirven para el mantenimiento y subsistencia de la comunidad.

 

Jorge Enrique por su parte, no ha dejado de aplicar su carrera de arquitectura. Sin embargo, ahora lo hace como él lo menciona de manera consciente, refiriéndose a la arquitectura sagrada, la misma que ha aplicado en países como India en la construcción de templos.

Ahora, a sus 70 años de edad, recuerda que su decisión de iniciarse en el movimiento Khrisna lo llevó a distanciarse de su familia por un tiempo. Una familia tradicional que no compartía su decisión pero que con el tiempo fue aceptándola. Ésta aceptación, según menciona Jorge, se debe a que “las personas van viendo que un practicante de la conciencia de Khrisna verdaderamente evoluciona a un campo de bondad, cuando se ve ese cambio en una persona, cualquier argumento queda respondido, solamente con una actitud bondadosa puedes derrotar cualquier argumento”.

 

Es esa actitud la que día tras día promueve en la comunidad, la que lo ha mantenido alegre de su decisión durante 25 años y de la cual no se arrepiente, un alimento espiritual que se ha convertido en su dieta principal y que conservará en éste plano terrenal hasta que su vida finalice y pueda su alma liberarse en el plano celestial junto a la plenitud de Khrisna.

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UNA DIETA PARA EL ALMA

¡Hare Krishna! es el saludo que hace 25 años el arquitecto colombiano Jorge Enrique Rodríguez escucha a diario en su comunidad. Saludo que, gracias a su dieta vegana, se convirtió en palabras que simbolizan gozo, sabiduría, humildad y, sobre todo, un estilo de vida.

 

Por Brahyan Clavijo

 
A la edad de 15 años, Jorge Enrique tomó la decisión de hacerse vegano. Era consciente que no quería hacer parte del sufrimiento que conlleva sacrificar un animal. Para él no fue sencillo, es sabido que en Colombia la tendencia alimenticia radica en el consumo de productos cárnicos o derivados de los animales y más tratándose del año 1963.

vida sana

 

Pese a las dificultades que presentaba llevar una dieta así, logró mantener su decisión, la misma que años después, entre amigos vegetarianos, lo llevaron a conocer el movimiento para la conciencia de Krishna. Un movimiento que fundamenta sus pensamientos y prácticas en el hinduismo y las escrituras védicas.

Con 45 años, un título profesional de arquitecto de universidad cuyo nombre prefirió omitir, separado y con hijos, decidió unirse al movimiento colombiano Hare Krishna buscando un desarrollo de conciencia, de sabiduría y de acercamiento con lo natural. Gracias a ello, conoció a la comunidad Varsana de la cual hace parte y que se define como “una comunidad de personas de distintas edades practicantes de Bhakti Yoga de la milenaria cultura védica” ubicada el municipio de Granada, Cundinamarca, a una hora de Bogotá.

 

En Varsana y haciendo parte del movimiento Hare Krishna la vida de Jorge cambió, incluso su nombre. Ahora, es conocido como Bhaktivedanta Sridhar swami maharaj, nombre que define un nuevo nacer en la conciencia de Khrisna y que es dado por un gurú, siendo éste un maestro espiritual y guía, alguien que con el paso de muchos años ha conseguido un nivel de sabiduría superior a los demás.

 

El día a día dentro de Varsana inicia muy temprano, los cantos de las aves son sustituidos por las voces de la comunidad que desde las 4 am y durante una hora hacen su primera adoración a las deidades, repitiendo algunos coros en sánscrito (lengua Indoeuropea que conserva textos sagrados del Brahmanismo) y otros que han sido traducidos al español.

Al finalizar la adoración se da espacio a la meditación, de 5 a 6 de la mañana Jorge y toda la comunidad Khrisna repiten las “yapas” en algo que podría ser asociado al rosario en la religión católica. Una tras otra se repite 108 veces la secuencia “Hare Krishna -Hare- Krishna. Krishna - krishna -hare-hare. Hare-Rāma-Hare-Rāma. Rāma-Rāma-Hare-Hare”.

Al terminar el espacio de meditación y después de haber ingerido un desayuno vegano producido por la misma comunidad se da espacio a la lectura, principalmente filosofía hindú, ya que el estudio es la base del crecimiento espiritual en Varsana. Textos como el Bhagavad Gita y el Srimad Bhagavatam entre otros, son leídos una y otra vez ya que como lo menciona Jorge “puedes mirar todos los días el mismo libro y él, cada día te revela cosas nuevas, porque el conocimiento viene por revelación y no por intelectualización”.

 

Después de ampliar sus conocimientos, los miembros de la comunidad trabajan durante cuatro horas y media en diferentes aspectos como puede ser dar clases de yoga, el trabajo de la granja, mantenimiento del templo, la cocina, entre muchos otros oficios que si bien no son remunerados económicamente, sirven para el mantenimiento y subsistencia de la comunidad.

 

Jorge Enrique por su parte, no ha dejado de aplicar su carrera de arquitectura. Sin embargo, ahora lo hace como él lo menciona de manera consciente, refiriéndose a la arquitectura sagrada, la misma que ha aplicado en países como India en la construcción de templos.

Ahora, a sus 70 años de edad, recuerda que su decisión de iniciarse en el movimiento Khrisna lo llevó a distanciarse de su familia por un tiempo. Una familia tradicional que no compartía su decisión pero que con el tiempo fue aceptándola. Ésta aceptación, según menciona Jorge, se debe a que “las personas van viendo que un practicante de la conciencia de Khrisna verdaderamente evoluciona a un campo de bondad, cuando se ve ese cambio en una persona, cualquier argumento queda respondido, solamente con una actitud bondadosa puedes derrotar cualquier argumento”.

 

Es esa actitud la que día tras día promueve en la comunidad, la que lo ha mantenido alegre de su decisión durante 25 años y de la cual no se arrepiente, un alimento espiritual que se ha convertido en su dieta principal y que conservará en éste plano terrenal hasta que su vida finalice y pueda su alma liberarse en el plano celestial junto a la plenitud de Khrisna.

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