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“La gente buena también comete actos terribles”: Pilar Quintana

Una entrevista con la segunda mujer en ganar el Premio Biblioteca Narrativa Colombiana (2018) en su cuarta versión.

pilarquintana

 

Por Ana María Montoya

 

Entre el barro, la frustración y los mosquitos nace La Perra, una novela de soledad, maternidad y selva, una narración que transcurre en medio de lluvias y mareas intensas: “Mi historia solo podía pasar en la selva, en el Pacífico colombiano”. Una realidad ficcionada que se alimenta de las experiencias que vivió la autora en un acantilado de Juanchaco (Valle).

“Mi desafío creativo era ¿Cómo voy a hacer para lograr que un personaje que es una pelada normal, buena, como uno, cometa un acto terrible? Tuve que irme a su pasado, a su infancia, a crearle una pena muy grande y una culpa, ella ha vivido toda su vida con ese peso y eso es determinante para el personaje. Lo segundo era una frustración también muy grande, ese deseo inmenso de ser madre no cumplido”.

La construcción de La Perra partió de una narración que en sus inicios era un cuento. Fue la agente de Pilar quien le dio el consejo de la voz narrativa luego de la primera lectura: “Tenía dos voces: una era una escritora de ciudad que estaba mirando la situación, y otra que era una voz narrativa más sencilla, más campesina, menos adornada. Ella me dijo: ¡está más chévere esa voz! Dije: ¡ah listo! No me había metido del todo en esa voz. Decía eso cómo puede ser chévere, a quién le va a gustar algo tan sencillo, esa voz tan simple, a mí me daba un poco de miedo. Ella me hizo ver que esa era la voz que le convenía”.

La elaboración del personaje la llevó a través de una exploración de posibilidades que delimitaron el personaje. “¿Qué tipo de persona va a ser? Alguien como yo, llegado a ese pueblo desde la ciudad o alguien nativo. Pensé que debía ser nativo, porque si es una persona llegada de la ciudad tiene alternativas, quizás va a tener más educación, apoyo familiar afuera, podía irse a la ciudad a investigar qué hacer. Si era estéril ella o su marido, hacerse tratamientos de fertilidad, en cambio sí era una mujer pobre del Pacífico colombiano que había estudiado hasta segundo de primaria no tenía la posibilidad de salir de ese lugar”.

Damaris, protagonista de La Perra, es una mujer cercana a cumplir los cuarenta años, pasa los días junto a Chirly, una perrita que adoptó para aminorar la soledad. La novela está contada desde afuera, como un caleidoscopio que lleva al lector entre los pasos de esta mujer. “Lo que hice fue crear un narrador externo que mirara a ese nativo, eso sí que podía hacerlo porque viví allá nueve años, tuve muchas amigas cercanas del Pacífico, entonces construí una voz que era testigo de lo que pasaba, muy cercana a Damaris”.

La Perra es una novela anecdótica, escrita desde el recuerdo y la nostalgia de las experiencias que ella vivió en la selva. La primera imagen que la autora recuerda en la escaleta es un acontecimiento con dos perras que tuvo en su finca, luego de que se perdieran en la selva: “Lupe volvió a los diecinueve días, y estaba tal cual como describo a Chirly cuando vuelve; con una herida en la pata, llena de garrapatas, muy flaca, oliendo horrible y entonces dije: ¡Dios mío usted sobrevivió! Y Lupe ahí se volvió una perra, una que ya había probado la libertad, había probado ser cazadora y se volvió una vagabunda que se iba para la selva, se iba para el pueblo, se volvió Chirly, ese fue mi modelo. Hay una escena en la novela que es así”.

La idea inicial de la novela dio un giro radical: “Pensé que iba a ser una historia de literatura negra (afro) pero muchísimos años después en el 2014 cuando quedé embarazada, y antes de quedar en embarazo, cuando tuve deseos de tener un hijo, empecé a sentir que quizás no iba a ser una historia negra, sino que iba a ser una historia sobre la maternidad, sobre el deseo de la maternidad, que es muy fuerte. Pero tuve que ser madre, tuve que desear tener un hijo para que la historia hiciera clic”.

Escribió La Perra mientras amamantaba a su hijo Salvador y aunque suene paradójico, fue el hecho de ser madre lo que le dio la columna vertebral de la novela: “Pude hacerlo precisamente porque era madre, porque yo creo que hubiera sido muy difícil escribir desde la frustración de no haber podido serlo después de haberlo deseado tanto tiempo. Eso me dio la libertad de explorar el tema de no poder quedar embarazada sin una frustración”.

La historia está alimentada de experiencias de la autora y de sus amigas más cercanas, en especial de la mujer que inspiró la frustración de Damaris: “El último evento es una amiga, cuando quedé embarazada y ella después de muchos años de luchar por tener hijos, dijo: ¡yo ya no pude y ya no voy a poder tener! Luego de eso adoptó una perra. Creo que eso me ayudó a armar ese personaje de Damaris. Ella siempre se lee los manuscritos y esta vez le dije: no te la voy a mandar, y ella me preguntó ¿por qué no? Y le dije porque no te va a gustar, te va a doler mucho, está muy basado en vos”.

Quintana es una escritora que ha explorado la vida de la mujer desde diversos aspectos, uno de ellos y quizás el más relevante en toda su obra, es el sexo, tema que ha abordado desde distintas perspectivas. En La Perra explora una nueva faceta. “No había sexo salvaje, sino sexo reproductivo. Escribí tantos polvos, que dije ¡cambiemos de tema! Cuando una pareja quiere quedar preñada, el sexo muchas veces es obligación. Uno tiene que tirar con el calendario para ver cuando está ovulando. El tipo no puede eyacular antes porque va a tener menos espermatozoides si eyacula el día antes de la ovulación, es un proceso que para las parejas es muy difícil. Cuando se ha acabado de tener un hijo el sexo es inexistente porque uno está atendiendo al hijo; recién parido y con las partes por las que parió absolutamente destruidas, entonces creo que es un tema que vale la pena explorar literariamente”.

El tema sexual ha estado presente desde los primeros cuentos que escribió Quintana, y esto la metió sin querer en un escándalo: “Escribí un libro de cuentos que se llama Caperucita se come al lobo, hay mucho sexo y también violencia; lo cual es perfectamente evidente porque uno voltea el libro y en la contratapa dice: En este libro hay sexo, polvos, sexo polvos, polvos, mucho sexo, violencia, polvos. El Ministerio de Educación de Chile compró ese libro sin ni siquiera darle la vuelta y leerse lo que había en la contratapa. Lo repartió en las escuelas de enseñanza media que son niños de nueva a doce años; el libro llegó a manos de un niño que empezó a leer y dijo: ¡esto no es como para niños! se lo llevó a su profesor, y él al alcalde del pueblo, que entró en pánico y escribió en su página de la alcaldía que el Ministerio de Educación había repartido libro pornográfico en la escuela, entonces eso se volvió una bola y hubo un gran escándalo”.

Quintana inspiró gran parte de su rebeldía literaria en Charles Bukowski y Alberto Fuguet, de quienes admira “La precisión y la honestidad a la hora de llamar las cosas por su nombre”. Menciona que de ellos entendió que “Lo que hay que escribir es lo que uno no se atreve a contarle a nadie en la mayor confianza”.

La Perra fue elegida entre 80 libros como la novela ganadora en la cuarta edición del Premio Narrativa de Biblioteca Colombiana entregado por la Universidad Eafit el pasado 23 de enero, este reconocimiento consagró a Pilar Quintana como una de las escritoras más importantes de la actualidad en el país.

CULTURA

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“La gente buena también comete actos terribles”: Pilar Quintana

Una entrevista con la segunda mujer en ganar el Premio Biblioteca Narrativa Colombiana (2018) en su cuarta versión.

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Por Ana María Montoya

 

Entre el barro, la frustración y los mosquitos nace La Perra, una novela de soledad, maternidad y selva, una narración que transcurre en medio de lluvias y mareas intensas: “Mi historia solo podía pasar en la selva, en el Pacífico colombiano”. Una realidad ficcionada que se alimenta de las experiencias que vivió la autora en un acantilado de Juanchaco (Valle).

“Mi desafío creativo era ¿Cómo voy a hacer para lograr que un personaje que es una pelada normal, buena, como uno, cometa un acto terrible? Tuve que irme a su pasado, a su infancia, a crearle una pena muy grande y una culpa, ella ha vivido toda su vida con ese peso y eso es determinante para el personaje. Lo segundo era una frustración también muy grande, ese deseo inmenso de ser madre no cumplido”.

La construcción de La Perra partió de una narración que en sus inicios era un cuento. Fue la agente de Pilar quien le dio el consejo de la voz narrativa luego de la primera lectura: “Tenía dos voces: una era una escritora de ciudad que estaba mirando la situación, y otra que era una voz narrativa más sencilla, más campesina, menos adornada. Ella me dijo: ¡está más chévere esa voz! Dije: ¡ah listo! No me había metido del todo en esa voz. Decía eso cómo puede ser chévere, a quién le va a gustar algo tan sencillo, esa voz tan simple, a mí me daba un poco de miedo. Ella me hizo ver que esa era la voz que le convenía”.

La elaboración del personaje la llevó a través de una exploración de posibilidades que delimitaron el personaje. “¿Qué tipo de persona va a ser? Alguien como yo, llegado a ese pueblo desde la ciudad o alguien nativo. Pensé que debía ser nativo, porque si es una persona llegada de la ciudad tiene alternativas, quizás va a tener más educación, apoyo familiar afuera, podía irse a la ciudad a investigar qué hacer. Si era estéril ella o su marido, hacerse tratamientos de fertilidad, en cambio sí era una mujer pobre del Pacífico colombiano que había estudiado hasta segundo de primaria no tenía la posibilidad de salir de ese lugar”.

Damaris, protagonista de La Perra, es una mujer cercana a cumplir los cuarenta años, pasa los días junto a Chirly, una perrita que adoptó para aminorar la soledad. La novela está contada desde afuera, como un caleidoscopio que lleva al lector entre los pasos de esta mujer. “Lo que hice fue crear un narrador externo que mirara a ese nativo, eso sí que podía hacerlo porque viví allá nueve años, tuve muchas amigas cercanas del Pacífico, entonces construí una voz que era testigo de lo que pasaba, muy cercana a Damaris”.

La Perra es una novela anecdótica, escrita desde el recuerdo y la nostalgia de las experiencias que ella vivió en la selva. La primera imagen que la autora recuerda en la escaleta es un acontecimiento con dos perras que tuvo en su finca, luego de que se perdieran en la selva: “Lupe volvió a los diecinueve días, y estaba tal cual como describo a Chirly cuando vuelve; con una herida en la pata, llena de garrapatas, muy flaca, oliendo horrible y entonces dije: ¡Dios mío usted sobrevivió! Y Lupe ahí se volvió una perra, una que ya había probado la libertad, había probado ser cazadora y se volvió una vagabunda que se iba para la selva, se iba para el pueblo, se volvió Chirly, ese fue mi modelo. Hay una escena en la novela que es así”.

La idea inicial de la novela dio un giro radical: “Pensé que iba a ser una historia de literatura negra (afro) pero muchísimos años después en el 2014 cuando quedé embarazada, y antes de quedar en embarazo, cuando tuve deseos de tener un hijo, empecé a sentir que quizás no iba a ser una historia negra, sino que iba a ser una historia sobre la maternidad, sobre el deseo de la maternidad, que es muy fuerte. Pero tuve que ser madre, tuve que desear tener un hijo para que la historia hiciera clic”.

Escribió La Perra mientras amamantaba a su hijo Salvador y aunque suene paradójico, fue el hecho de ser madre lo que le dio la columna vertebral de la novela: “Pude hacerlo precisamente porque era madre, porque yo creo que hubiera sido muy difícil escribir desde la frustración de no haber podido serlo después de haberlo deseado tanto tiempo. Eso me dio la libertad de explorar el tema de no poder quedar embarazada sin una frustración”.

La historia está alimentada de experiencias de la autora y de sus amigas más cercanas, en especial de la mujer que inspiró la frustración de Damaris: “El último evento es una amiga, cuando quedé embarazada y ella después de muchos años de luchar por tener hijos, dijo: ¡yo ya no pude y ya no voy a poder tener! Luego de eso adoptó una perra. Creo que eso me ayudó a armar ese personaje de Damaris. Ella siempre se lee los manuscritos y esta vez le dije: no te la voy a mandar, y ella me preguntó ¿por qué no? Y le dije porque no te va a gustar, te va a doler mucho, está muy basado en vos”.

Quintana es una escritora que ha explorado la vida de la mujer desde diversos aspectos, uno de ellos y quizás el más relevante en toda su obra, es el sexo, tema que ha abordado desde distintas perspectivas. En La Perra explora una nueva faceta. “No había sexo salvaje, sino sexo reproductivo. Escribí tantos polvos, que dije ¡cambiemos de tema! Cuando una pareja quiere quedar preñada, el sexo muchas veces es obligación. Uno tiene que tirar con el calendario para ver cuando está ovulando. El tipo no puede eyacular antes porque va a tener menos espermatozoides si eyacula el día antes de la ovulación, es un proceso que para las parejas es muy difícil. Cuando se ha acabado de tener un hijo el sexo es inexistente porque uno está atendiendo al hijo; recién parido y con las partes por las que parió absolutamente destruidas, entonces creo que es un tema que vale la pena explorar literariamente”.

El tema sexual ha estado presente desde los primeros cuentos que escribió Quintana, y esto la metió sin querer en un escándalo: “Escribí un libro de cuentos que se llama Caperucita se come al lobo, hay mucho sexo y también violencia; lo cual es perfectamente evidente porque uno voltea el libro y en la contratapa dice: En este libro hay sexo, polvos, sexo polvos, polvos, mucho sexo, violencia, polvos. El Ministerio de Educación de Chile compró ese libro sin ni siquiera darle la vuelta y leerse lo que había en la contratapa. Lo repartió en las escuelas de enseñanza media que son niños de nueva a doce años; el libro llegó a manos de un niño que empezó a leer y dijo: ¡esto no es como para niños! se lo llevó a su profesor, y él al alcalde del pueblo, que entró en pánico y escribió en su página de la alcaldía que el Ministerio de Educación había repartido libro pornográfico en la escuela, entonces eso se volvió una bola y hubo un gran escándalo”.

Quintana inspiró gran parte de su rebeldía literaria en Charles Bukowski y Alberto Fuguet, de quienes admira “La precisión y la honestidad a la hora de llamar las cosas por su nombre”. Menciona que de ellos entendió que “Lo que hay que escribir es lo que uno no se atreve a contarle a nadie en la mayor confianza”.

La Perra fue elegida entre 80 libros como la novela ganadora en la cuarta edición del Premio Narrativa de Biblioteca Colombiana entregado por la Universidad Eafit el pasado 23 de enero, este reconocimiento consagró a Pilar Quintana como una de las escritoras más importantes de la actualidad en el país.

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