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Nostalgia y desencanto: volviendo al universo de Trainspotting

ACN

Por: Daniel F. Beltrán

Era 1996, cuando apareció Trainspotting, angustiante, alucinante, apasionante, Danny Boyle (director de La playa, y Quién quiere ser millonario) a través de un ritmo increíble, atrapó a miles de espectadores con una historia sobre un grupo de jóvenes que escapan de la vida normal; es decir, de las responsabilidades que agobian a los adultos: trabajar, pagar deudas, casarse, tener hijos. Mark Renton, Sick Boy, Spud, Begbie (Ewan McGregor, Jonny Lee Miller, Ewen Bremner, Robert Carlyle) vivían el día a día, despreocupados, chutándose, corriendo, robando, buscando líos, teniendo sexo, y viajando en el tren de la heroína. Allí vimos al protagonista el personaje encarnado por McGregor traicionar a sus amigos a cambio de dinero, libertad y una nueva vida.

Veintiún años después llega a la gran pantalla la esperada o temida secuela.

La imagen de hombres y mujeres corriendo sobre las máquinas de un gimnasio, representa la metáfora de nuestro tiempo: la velocidad, la rutina, la necesidad de estar en forma y tener un cuerpo perfecto; autos vienen y van, caos, fluidez en medio vemos imágenes de un parque de diversiones que simbolizan el entretenimiento al que acudimos para soportar la rutina. Los relojes no paran, hay que aprovechar cada segundo, el tiempo es dinero dicen. La secuencia inicial de T2 Trainspotting, nos muestra el caótico mundo del 2017.

“Elige la vida. Elige Facebook, Twitter, Instagram y espera a que a alguien, en alguna parte le importe. Elige viaje al trabajo de 2 horas y elige lo mismo para tus hijos, solo que peor, y ahoga el dolor con una dosis desconocida. Elige tu futuro. Elige la vida”. Ewan McGregor, interpreta un  monólogo para toda una generación, tocando las fibras más profundas de la sociedad, que ha empeorado después de dos décadas. Escoger si tomar el camino que está a la izquierda o tomar el de la derecha, la vida siempre nos pone a decidir, lo importante no es la caída, sino el aterrizaje. Es el caso de Trainspotting, Mark decidió traicionar y regresa 20 años después a pagar la deuda, heridas no sanadas se abren con el reencuentro de los personajes, quienes no han dejado de pensar en el dinero que él les robó. No obstante nuevamente persiguen la fortuna.

Boyle ve en el éxito una crucifixión. La primera película marcó a una generación de cinéfilos, consciente de no poder superarla decide serle fiel, homenajearla, no innovar posiciones de cámara o efectos sonoros, por ello T2 es tratada con una estética similar a la anterior. Filmada nuevamente en Edimburgo, volvemos a ver los mismos escenarios que resultan comunes después de ver la cinta de culto. La banda sonora original fue un hit, Boyle se lamenta un poco, admite que desconocía muchos de los intérpretes que descubrió gracias a sus hijos y amigos.

Grabaron la peli los mismos, sin embargo, no son los mismos, Boyle destapa el baúl de la nostalgia encontrando cintas, recuerdos que salen a luz a lo largo del film. Nostalgia viva en los personajes que también parecen haber abierto el baúl, del que sale esta potente frase: “antes teníamos toda la vida por delante, el futuro es ahora”.  

Mezcolanza entre nostalgia y decepción, son emociones que atrapan a los personajes de Trainspotting, anhelan su pasado frustrados por el presente del que no pueden huir. No deja de producirme escalofrío pensar en la imagen de mis amigos dentro de 20 años, peor aún, mi imagen. Me aterra la idea de crecer y terminar convirtiéndome en todo lo que odio. El espectador llega a ver la segunda parte  predispuesto, con una  carga emocional viciada por la película anterior, quizás defrauda el hecho de que no se puede vivir en una máquina del tiempo, sin embargo, no deja de ser una historia conmovedora, con un buen sentido del humor, aunque el ritmo no es el mismo durante todo el filme, se viven momentos de tensión donde acompañamos a nuestros héroes a correr una vez más por aquellas calles de Edimburgo, haciendo locuras, portándose mal, escapando de una paliza, sin duda vale la pena re vivir, o seguir viviendo en el universo creado por el cineasta inglés.

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