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Viernes, 24 Noviembre 2017

Viernes, 24 Noviembre 2017

               

La estrella que resucitaría a Beethoven

Boletín ACN

Muchas veces soñamos con saber tocar, por lo menos, el cumpleaños en la guitarra o como en Bob Esponja, Calamardo sueña con ser el mejor clarinetista. Así empezaron los sueños de los niños del Gimnasio Los Pinos y de la Institución Educativa Distrital (IED) Toberín, estudiantes que aprenden matemáticas, disciplina, historia y pasión a través de la música.

Estrella Ariza estudia en el IED Toberín, y es una niña que apenas en sexto grado tiene una posición frente a la música que hace reflexionar. Ella afirma que “la música me enseña a ser persona” y cuando le preguntamos en dónde le gustaría estudiar profesionalmente contesta “no sé, en la universidad que quede más fácil y más barata”.

Una posición diferente es la  de Esteban Angulo, estudiante del Gimnasio Los Pinos, que ya ha tenido la oportunidad de tener clases en Nueva York y quien tiene pensado aplicar en Juilliard School, una de las instituciones más prestigiosas a nivel musical en EEUU y en donde se reciben estudiantes de todo el mundo.

Ellos nos abren la mirada sobre el arte en los niños y se empieza a ver cómo estas materias que se ven de relleno y a las que solo se les da un espacio de una hora a la semana, van más allá de  lo académico  para convertirse en proyectos de vida. Los mismos niños son los que están pidiendo más horas de música, los que en vez de estar jugando en el descanso prefieren irse al conservatorio a seguir practicando y perfeccionando sus lecciones, como pasa con los niños del Gimnasio Los Pinos.

El caso de Esteban es uno de estos. Sus profesores nos cuentan que realmente lo ven más en el conservatorio del colegio que en las clases y que si no lo encuentran al llamar lista es porque está practicando.

 

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El contraste

Las historias de Estrella y Esteban muestran los problemas que hay entre el sector privado y el público, diferencias que no se quedan solo en la infraestructura, sino que ya están construyendo un pensamiento que más que pesimista, es real. Por un lado Esteban nos cuenta que su violín es exclusivo. “Yo mandé a hacer mi violín a uno de los mejores madereros de Estados Unidos cuando vivía allá, lo hice como yo quería”. Pero esa no es la historia del violín de Estrella, quien afirma que “este violín me lo trajo el Niño Dios este año, antes yo practicaba con el del colegio”.

Estrella, con lo pequeña que es, ya es consciente de que no va a tener las mismas oportunidades con los que comparte su pasión, pero que sí tienen las opciones económicas para desarrollar sus habilidades. En las universidades públicas de Bogotá, donde hay excelentes músicos, se está dando la penosa situación de dar solo un cupo de ingreso por cada tipo de instrumento, cuando se postulan cerca de 20 estudiantes cada semestre.

Lamentablemente no solo es la historia de Estrella. Es la de muchos niños que desde la primaria tienen desventajas, no por el hecho de salir de un colegio público, ni mucho menos porque sus padres no tienen el dinero suficiente para poder pagar una institución privada, sino por culpa de un brecha social que aún no se ha cerrado en el país.

 

La educación en Bogotá

Por muchos años Colombia ha invertido más presupuesto para la guerra que para la educación, hasta que en 2016 esto cambió. Esto nos cuenta Juan Carlos Bayona, rector del Gimnasio Los Pinos, quien dice que la solución no es tener más dinero sino realizar cambios en los programas académicos, pues existen diferencias grandes entre ellos. En los colegios públicos hay doble jornada (mañana – tarde), y en los privados es una única jornada. Esto significa que si el niño del colegio distrital quiere perfeccionar sus lecciones de música debe ir extracurricularmente al colegio; esto si el colegio tiene como énfasis las artes y hace parte de la  jornada 40x40. En el gobierno Bogotá Humana del 2012 se implementó la jornada 40x40, que quiere decir que se amplía la jornada escolar en los colegios oficiales 40 horas por semana y 40 semanas al año para actividades no solo en el contexto escolar.

Hasta el momento solo 104 colegios distritales de los 307 que hay en Bogotá han implementado este proyecto, aquí tiene mapa con las localizaciónes. Es posible que en el barrio donde viva el niño no haya ningún colegio con estos programas, como también puede pasar que cuando haya un cambio de administración estos proyectos se acaben.

Edgar Puentes, director de didácticos en la Orquesta Filarmónica de Bogotá, tiene un frase muy cierta sobre la educación en Colombia: “aquí la educación está pensada para adultos y hecha por adultos”, por eso no se le da mucha importancia a lo que los niños quieren y cómo les gustaría que se les enseñara.

 

La diferencia de enseñanza

Al preguntarle a los niños qué profesores les gustaba más entre los de matemáticas y los de música, la mayoría respondía que prefería a los de música, porque no los regañaban tanto y porque ellos enseñaban sin afán. Respuestas que los mismos profesores argumentaban mejor diciendo que esto pasaba, porque había una identificación entre alumnos y maestros desde el comienzo.

Estrella respondió  a esta pregunta: “la profesora nos enseña a ser alguien en la vida y nos da muchas posibilidades para ser alguien en la vida”, respuesta que coincide con la que nos dio Esteban, él dice “ellos no regañan solo corrigen, porque ya pasaron por estas” y quien los ve como un modelo a seguir.

Otra diferencia notable entre el IED Toberín y el Gimnasio Los Pinos, es que en este último se dan las clases personalizadas, en donde hay un profesor por cada instrumento y máximo se tienen 5 niños a cargo en un salón; en cambio en el IED Toberín hay un profesor que enseña todos los instrumentos en un aula múltiple donde hay 30 niños intentando hacer música.  

Este problema no solo es social o de dinero, es de crear programas con objetivos como el de la jornada 40X40 pero que se hayan estudiado a fondo, donde no se quede en dar más horas de artes, sino que se les dé a los niños la educación de calidad que se merecen.


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Lo que cambia la música en los niños

Los resultados que se han visto con este programa han sido grandes y rápidos,  en el colegio de Toberín había delincuencia, drogadicción y la mayoría de estudiantes eran desaplicados, pero esto cambió cuando empezaron a tener contacto con las artes, ahora los niños se alejaron de esos problemas cambiando sus hábitos y gustos.

Fabián Cotelo, director de la Orquesta Filarmónica del Gimnasio Los Pinos, nos cuenta que allí la motivación ha sido importante, a los niños que quieren estar en la orquesta se les exige no perder materias, de esta manera el interés por ser más aplicados es mayor y así se logra tener estudiantes pilosos y talentosos.

No podemos olvidar que diferentes estudios de neurólogos como los de Rodolfo Llinás y Roberto Amador, mencionan que un cerebro que comienza a temprana edad con la educación artística y, sobretodo musical, es un cerebro que se desarrolla mejor y tiene más competencias  para aprender inglés y matemáticas.

Además los padres de estos niños tienen un papel fundamental en el aprendizaje, no hay necesidad de que los papás sean músicos, sino que tengan claro lo que la música puede hacer con sus hijos. Estrella dice “mi mamá me dijo ay pues métase, métase y yo me metí, empecé con el violín, seguí y decidí quedarme” afirmando que el proyecto le parece muy bonito y le ha gustado.

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Le gusta tanto el proyecto como para querer ser la mejor violinista y que lo que desea es  hacer música cuando sea grande, esto sin dejar su pensamiento maduro en donde dice “la música me gusta pero también me gustaría estudiar algo más”, posición que sigue contrastando con la de Esteban “no me veo en algo que no sea la música” un sueño que se parece mucho al de varios niños del Gimnasio Los Pinos.

Por historias como esta es que debemos prestarle más atención a lo que los niños quieren ser cuando grandes, a apoyar sus sueños y no solo los padres los deben escuchar sino los profesores, los rectores y los gobiernos. Necesitamos cambios en la educación, no solo de presupuesto sino en hacer programas bien hechos, que funcionen en todo sentido y que hagan que los niños de los colegios distritales no se sientan diferentes a los de los privados.

Por Alejandra Álvarez, Angie Morales y Bingley Ortíz

 

 



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