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La paz se viste de mujer

LA PAZ SE VISTE DE MUJER

La brutal guerra entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC, tuvo durante más de medio siglo rostro masculino. Pese a que miles de mujeres fueron militantes, su versión de la guerra se mantuvo por muchos años al margen de un anclado patriarcado que silencio sus voces. Sin embargo, el panorama fue cambiando cuando en los acuerdos de paz entre el gobierno y las FARC, se dio luz verde a la participación femenina en el proceso de construcción de un nuevo país.

Por Ana Milena González Montoya

ACN Agencia Central de Noticias Universidad Central comunicación social noticias.Mujeres

 

Uno de los aciertos más destacados de lo acordado en la Habana fue el enfoque de género, cuyo propósito fue reconocer la forma en que la guerra afectó de manera diferencial a las mujeres y las hizo víctimas del conflicto, para así, establecer proyectos e iniciativas que fortalezcan el papel y la participación de la mujer en los programas de reincorporación, reparación y reinserción en el periodo de posconflicto.

Una vez comenzó la implementación de los acuerdos, se gestó un movimiento feminista liderado por mujeres excombatientes, quienes buscan configurar escenarios de inclusión que promuevan la participación activa de la mujer en la reconstrucción del país. Mujeres Farianas es un colectivo de la Subcomisión de Género, organizado con el fin de visibilizar el importante papel de la mujer y de personas con identidad sexual diversa, en la construcción de una paz estable y duradera.

Para Victoria Sandino, líder y máxima representante de las Mujeres Farianas y  también senadora por el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), las exmilitantes se organizaron como grupo para visibilizar la participación del más del 35 % de mujeres que pusieron su vida al servicio de la organización.

Sandino habló con ACN y nos dijo que existe la necesidad de que se les reconozca como agentes activos social y políticamente. Además afirmó que “En la habana siempre se hablaba de los de las FARC, los farianos, los guerrilleros y nunca se enseñaba que dentro del colectivo había un grupo bastante significativo de mujeres y es importante mostrar que nosotras aportamos en el periodo de la guerra, pero ahora estamos construyendo paz”.

Muestra de eso es Clara Zetkin, una mujer que hace parte del colectivo de Mujeres Farianas, es miembro del partido político FARC y además trabaja en el medio NC noticias, un espacio informativo creado por desmovilizados para hacer periodismo de paz. Zetkin se identifica orgullosamente como una revolucionaria y defensora de los derechos de la mujer y afirma que ”dejamos las armas, pero ahora combatimos con la palabra”.

Cuando se refiere al paso de la insurgencia a la vida civil, manifiesta que ha sido difícil, porque el estado ha incumplido en muchos de los puntos pactados en la Habana. Sin embargo la Comisión de Género, así como ONU Mujeres y otras organizaciones internacionales, han hecho seguimiento y han brindado el apoyo necesario al proceso de reincorporación.

Zetkin asegura que en la guerrilla tenían más oportunidades y más libertad que en la vida civil, porque allá les garantizaban los servicios de salud y educación y además eran gratuitos. En cambio aquí, por el contrario, dice Clara que “si hay deficiencias para atender a la población civil, pues imagínese para nosotras, que tenemos una estigmatización social enorme por haber sido parte de las filas de las FARC”.

El colectivo Mujeres Farianas surge como una propuesta de feminismo inspirado en la lucha de la mujer a nivel local y global. Así lo confirma el testimonio de Blandin Jux, una mujer que hace parte del Comité de Solidaridad de Kurdistán en Colombia, el cual busca dar a conocer la lucha y la resistencia del grupo guerrillero de mujeres en esta región contra el Estado Islámico, para reflexionar sobre nuestra realidad a partir de la experiencia del pueblo kurdo.

ACN Agencia Central de Noticias Universidad Central comunicación social noticias.Mujeres

Para Jux la imagen de mujeres combatientes con un fusil ha gestado un cambio de paradigma en el marco de los conflictos armados,  lo que ha contribuido a pensar en las mujeres no exclusivamente como víctimas, sino también como personas empoderadas frente a la guerra. Jux afirma:” Si bien es cierto que hay mujeres que son botín de guerra en estos contextos, también hay mujeres que son parte activa de la guerra e incluso son víctimas y victimarias al mismo tiempo”.

En esta postura coincide Lina Prieto, una fariana que se unió voluntariamente a las FARC y quien asegura los medios de comunicación, además de deshumanizar al guerrillero, se encargaron de consolidar un discurso sesgado y mentiroso sobre la situación de la mujer en el grupo subversivo.

Según Lina las condiciones, tanto para hombres como mujeres, eran las mismas,y las guerrilleras empuñaban el fusil y, al igual que los hombres, combatían y luchaban en la guerra. En cuanto a la interrupción del embarazo Lina afirma que en las FARC no las obligaban a abortar y asegura que “allá nos dotaban con métodos de planificación porque ¿quién quiere tener un hijo en esas condiciones? Yo decidí ser madre pero hasta hace poco cuando nos desmovilizamos y empezamos una nueva vida”.

Sin embargo el testimonio de aquellas que por convicción se vincularon a la guerrilla es distinto al de quienes fueron reclutadas y obligadas a pertenecer al grupo insurgente. En concordancia con lo expresó Jux “no existe un papel de la mujer en la guerra, simplemente cada una tiene una experiencia particular”, por eso así como en Mujeres Farianas se habla de propaganda negra a la organización, en Corporación Rosa Blanca autodefinido como un colectivo de exguerrilleras formado por mujeres víctimas de abuso sexual y abortos forzados se habla de justicia y reparación.

Ante esta disimilitud de discursos habrá que esperar a que la JEP (Justicia Especial para la Paz) haga lo suyo y saque a la luz pública la verdad. Y aunque no es tarea fácil, el aliciente radica en que en la lista de los magistrados seleccionados para para conformar este organismo, el 53% de los integrantes son mujeres.

Además, es necesario rescatar que la participación femenina en la mesa de negociación y en el proceso de implementación de los acuerdos, es muestra de una lucha conjunta por hilar las urdimbres de un tejido social desgastado por el conflicto. Hoy el llamado es a hacer pedagogía de paz, para construir caminos de reconciliación que permitan el empoderamiento y la satisfactoria reinserción de miles de mujeres que independientemente de su causa, hoy le apuestan a que la paz se vista de mujer.

 

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La brutal guerra entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC, tuvo durante más de medio siglo rostro masculino. Pese a que miles de mujeres fueron militantes, su versión de la guerra se mantuvo por muchos años al margen de un anclado patriarcado que silencio sus voces. Sin embargo, el panorama fue cambiando cuando en los acuerdos de paz entre el gobierno y las FARC, se dio luz verde a la participación femenina en el proceso de construcción de un nuevo país.

Por Ana Milena González Montoya

ACN Agencia Central de Noticias Universidad Central comunicación social noticias.Mujeres

 

Uno de los aciertos más destacados de lo acordado en la Habana fue el enfoque de género, cuyo propósito fue reconocer la forma en que la guerra afectó de manera diferencial a las mujeres y las hizo víctimas del conflicto, para así, establecer proyectos e iniciativas que fortalezcan el papel y la participación de la mujer en los programas de reincorporación, reparación y reinserción en el periodo de posconflicto.

Una vez comenzó la implementación de los acuerdos, se gestó un movimiento feminista liderado por mujeres excombatientes, quienes buscan configurar escenarios de inclusión que promuevan la participación activa de la mujer en la reconstrucción del país. Mujeres Farianas es un colectivo de la Subcomisión de Género, organizado con el fin de visibilizar el importante papel de la mujer y de personas con identidad sexual diversa, en la construcción de una paz estable y duradera.

Para Victoria Sandino, líder y máxima representante de las Mujeres Farianas y  también senadora por el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), las exmilitantes se organizaron como grupo para visibilizar la participación del más del 35 % de mujeres que pusieron su vida al servicio de la organización.

Sandino habló con ACN y nos dijo que existe la necesidad de que se les reconozca como agentes activos social y políticamente. Además afirmó que “En la habana siempre se hablaba de los de las FARC, los farianos, los guerrilleros y nunca se enseñaba que dentro del colectivo había un grupo bastante significativo de mujeres y es importante mostrar que nosotras aportamos en el periodo de la guerra, pero ahora estamos construyendo paz”.

Muestra de eso es Clara Zetkin, una mujer que hace parte del colectivo de Mujeres Farianas, es miembro del partido político FARC y además trabaja en el medio NC noticias, un espacio informativo creado por desmovilizados para hacer periodismo de paz. Zetkin se identifica orgullosamente como una revolucionaria y defensora de los derechos de la mujer y afirma que ”dejamos las armas, pero ahora combatimos con la palabra”.

Cuando se refiere al paso de la insurgencia a la vida civil, manifiesta que ha sido difícil, porque el estado ha incumplido en muchos de los puntos pactados en la Habana. Sin embargo la Comisión de Género, así como ONU Mujeres y otras organizaciones internacionales, han hecho seguimiento y han brindado el apoyo necesario al proceso de reincorporación.

Zetkin asegura que en la guerrilla tenían más oportunidades y más libertad que en la vida civil, porque allá les garantizaban los servicios de salud y educación y además eran gratuitos. En cambio aquí, por el contrario, dice Clara que “si hay deficiencias para atender a la población civil, pues imagínese para nosotras, que tenemos una estigmatización social enorme por haber sido parte de las filas de las FARC”.

El colectivo Mujeres Farianas surge como una propuesta de feminismo inspirado en la lucha de la mujer a nivel local y global. Así lo confirma el testimonio de Blandin Jux, una mujer que hace parte del Comité de Solidaridad de Kurdistán en Colombia, el cual busca dar a conocer la lucha y la resistencia del grupo guerrillero de mujeres en esta región contra el Estado Islámico, para reflexionar sobre nuestra realidad a partir de la experiencia del pueblo kurdo.

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Para Jux la imagen de mujeres combatientes con un fusil ha gestado un cambio de paradigma en el marco de los conflictos armados,  lo que ha contribuido a pensar en las mujeres no exclusivamente como víctimas, sino también como personas empoderadas frente a la guerra. Jux afirma:” Si bien es cierto que hay mujeres que son botín de guerra en estos contextos, también hay mujeres que son parte activa de la guerra e incluso son víctimas y victimarias al mismo tiempo”.

En esta postura coincide Lina Prieto, una fariana que se unió voluntariamente a las FARC y quien asegura los medios de comunicación, además de deshumanizar al guerrillero, se encargaron de consolidar un discurso sesgado y mentiroso sobre la situación de la mujer en el grupo subversivo.

Según Lina las condiciones, tanto para hombres como mujeres, eran las mismas,y las guerrilleras empuñaban el fusil y, al igual que los hombres, combatían y luchaban en la guerra. En cuanto a la interrupción del embarazo Lina afirma que en las FARC no las obligaban a abortar y asegura que “allá nos dotaban con métodos de planificación porque ¿quién quiere tener un hijo en esas condiciones? Yo decidí ser madre pero hasta hace poco cuando nos desmovilizamos y empezamos una nueva vida”.

Sin embargo el testimonio de aquellas que por convicción se vincularon a la guerrilla es distinto al de quienes fueron reclutadas y obligadas a pertenecer al grupo insurgente. En concordancia con lo expresó Jux “no existe un papel de la mujer en la guerra, simplemente cada una tiene una experiencia particular”, por eso así como en Mujeres Farianas se habla de propaganda negra a la organización, en Corporación Rosa Blanca autodefinido como un colectivo de exguerrilleras formado por mujeres víctimas de abuso sexual y abortos forzados se habla de justicia y reparación.

Ante esta disimilitud de discursos habrá que esperar a que la JEP (Justicia Especial para la Paz) haga lo suyo y saque a la luz pública la verdad. Y aunque no es tarea fácil, el aliciente radica en que en la lista de los magistrados seleccionados para para conformar este organismo, el 53% de los integrantes son mujeres.

Además, es necesario rescatar que la participación femenina en la mesa de negociación y en el proceso de implementación de los acuerdos, es muestra de una lucha conjunta por hilar las urdimbres de un tejido social desgastado por el conflicto. Hoy el llamado es a hacer pedagogía de paz, para construir caminos de reconciliación que permitan el empoderamiento y la satisfactoria reinserción de miles de mujeres que independientemente de su causa, hoy le apuestan a que la paz se vista de mujer.

 

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