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Tibú, 16 años construyendo un camino de paz

ACN

Por: Laura Martínez.

 

La Gabarra es un corregimiento perteneciente al municipio de Tibú, cuya historia tiene un capítulo que sus habitantes quieren dejar atrás. Han pasado 16 años desde la masacre perpetradas por las Farc, hechos que no están aislados, puesto que, entre 1999 y 2004, el municipio, petrolero por excelencia, sufrió masacre tras masacre por diferentes grupos armados, entre ellos, el Bloque Catatumbo de los paramilitares. Estas historias se cuentan en cientos de muertes, 966 según un archivo publicado por el diario El Pacifista y el periódico La Opinión. El origen de esta clase de violencia en este municipio, tuvo en su mayoría fines estratégicos para obtener el control del territorio y de los cultivos de hoja de coca.

Por los hechos ocurridos existen ya condenas, sobre todo hacia los comandantes del frente 33 de las FARC, sin embargo, sigue habiendo una sensación de impunidad en ciertos casos, dado que, según el Centro Nacional de Memoria Histórica, hay personas que en su condición de víctimas les fue imposible denunciar en su momento por miedo, desconocimiento de sus derechos, el desplazamiento forzado o cierta relación con el cultivo de drogas ilícitas, pero además, la ley de víctimas exigía un plazo máximo para la denuncia, el cual se cumplió sin que muchas personas pudiesen denunciar.

Tibú tiene una historia extensa puesto que el pueblo indígena Motilon Barí tiene del municipio una visión ancestral que se cuenta en siglos; las petroleras y sus trabajadores que prácticamente comenzaron un proceso de colonización el territorio hacia 1946 podrían hablar de un pueblo que ya se ponía en marcha, pero no es sino hasta 1977 que se reconoce a Tibú como municipio. Pero existe la historia de un antes y después del conflicto armado, que sigue llenando páginas de dolor entre las víctimas, pero a su vez, ha logrado que los tibuyanos y tibuyanas no hablen en son de violencia únicamente, sino hagan un constante llamado a la paz.

Tibú: una historia de resistencia

 

Por su posición geográfica no es de extrañar que este municipio sea un punto estratégico, es la frontera venezolana, lo que significa que el contrabando se facilita, además por su paisaje montañoso existe facilidad para ocultarse, además en todo el territorio se evidenció un abandono estatal, por el cual la región del Catatumbo tuvo presencia de diferentes grupos armados como las Farc y el Bloque Catatumbo, el ELN y el EPL. Otro factor de gran importancia es el aumento del cultivo de hoja de coca, esta acción en parte se desencadena por la apertura económica que devaluó los precios de los productos que se producían en Tibú, dado que al no haber carreteras era complejo el traslado hasta otras zonas del país, no había una justa competencia de precios y el cultivo de hoja de coca proporcionaba retribuciones económicas que permitían que las personas subsistieran.

Todos esos factores propiciaron una violencia injustificada en contra de la población civil que de ninguna manera estaba inmersa en el conflicto. La investigadora María Fernanda Pérez del Centro Nacional de Memoria Histórica “los compradores de coca van hasta las fincas o centros poblados cercanos, lo que les facilita a los productores vender la hoja de coca. Esto no hace a los campesinos narcotraficantes, pues para ellos es un cultivo como cualquier otro”. Los raspachines, que trabajaban en las fincas donde se producían estos cultivos tenían sobre ellos muchos estigmas que terminaron por acabar con sus vidas, dado que, en el intento de controlar el negocio de la coca, los actores armados mataban a quienes suponían trabajaban en el banco enemigo, lo que no era cierto y causó diferentes asesinatos entre 2001 y 2004.

A través de los años, sobre todo con la desmovilización de estructuras paramilitares durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, se iniciaron procesos de reparación y justicia que, aunque hoy día no llegan a ser los suficientes ni los necesarios, han dado paso libre para que grupos de campesinos se unan y generen colectivos que buscan un cambio que permita reconstruir el tejido social, entre otras cosas. Sin embargo, no se debe olvidar que es una zona que a través de su historia ha tenido diferentes movilizaciones sociales en búsqueda de sus derechos. Los diferentes conflictos en la región, entre ellos el que había con los actores armados, hizo que estas acciones sociales se debilitaran y se conformaran nuevas.

De las asociaciones que existen hoy en Tibú destacan Ascamcat (Asociación Campesina del Catatumbo), las Juntas de Acción Comunal, Cisca (Comité de integración social del Catatumbo), Asonalcamp (Asociación Nacional de Campesinos), Amucanefu (Asociación de mujeres campesinas y negritudes para el corregimiento de la Gabarra), ASODISCAP (Asociación de personas discapacitadas de Tibú) y a la par, una asociación del pueblo Barí que hoy se conoce como Ñatubai Yibarí. Esta última defiende ante todo el respeto por sus costumbres, el territorio y la defensa de sus derechos; en este caso específico la comunidad indígena no solo se enfrenta a este conflicto, sino a la contaminación de aguas, por la presencia de las petroleras. Este pueblo ha sido víctima de innumerables conflictos, como el que hace poco denunciaron abiertamente en una misiva hacia el Papa Francisco en el que denuncian un envenenamiento masivo por las misiones de las hermanas Lauritas (El Espectador). Es así como este pueblo no solo ha resistido a las armas, sino a la invasión de las petroleras, por ello su resistencia es la búsqueda de la paz en su máxima expresión.

Cuando se habla de resistencias no solo se puede entender desde las organizaciones anteriormente nombradas, sino desde el arraigo de un pueblo que ha sufrido diversos conflictos, entre ellos el conflicto armado, en la que el Estado no ha estado presente como debería, pero que, a través del arte, la cultura y la lucha por otorgar al municipio memoria y reconciliación. Ejemplo de ello es el municipio de Pacheli, con la asociación Pacheli Nuestra en Tibú, en donde la comunidad se ha venido organizando para construir un plan de sustitución de cultivos, entre otras acciones de gran importancia. “Las Juntas de Acción de Pacheli quieren ponerle límites al orden social de las guerrillas, por ejemplo, si llegan guerrillas no se les permite entrar a ciertos lugares armados, de igual manera con el ejército y otras estructuras armadas” afirma Pérez.

Es por ello que Tibú, desde las acciones más pequeñas le sobrevive a una historia llena de masacres, asesinatos colectivos, desapariciones, despojo, desplazamiento forzado, violencia sexual, etc. Pero estas acciones no parecen repercutir tanto en medios ni regionales. Para algunos habitantes es mejor no recordar los hechos atroces que marcaron su historia, por ello son reacios a hablar de los momentos de terror que desplazó a muchos habitantes a otros municipios del Catatumbo, de Colombia e incluso del exterior como Canadá, España y Venezuela; pero no hay que olvidar   que hay colectividades que no solo hacen un ejercicio de memoria para no permitir que el olvido permita la impunidad y la repetición de estos hechos y aportar a la verdad. En relación a ello, en Tibú se han hecho acciones de memoria, desde diferentes actores, como la diócesis de Tibú y el pueblo Barí, acciones que buscan, como en Pacheli, que no haya más cultivo de coca y que la inversión sea mayor en vías para impulsar el cultivo de palma y demás productos que crecen en la región.

La Casa de la Cultura representa también esperanza para el municipio. Desde allí se forman y potencializan artistas, se incita a hacer música, danza o pintura para construir no solo un camino a la paz, sino a las personas que están por recorrerlo. Por eso es tan importante resaltar grupos como Motilonas Rap, jóvenes que desde su identidad cultural hacen música como su discurso y llevan el liderazgo desde la equidad de género, desestimando los estereotipos frente al rap en las mujeres. Con ellas existe también la asociación Corpocatatumbo liderada por jóvenes que incentivan la paz desde el deporte y la participación juvenil activa. “Si a la cultura y no a la guerra” es el canto de los tibuyanos y tibuyanas que buscan cambiar los estigmas también desde la música (CNMH).

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Pero entre todo, es bien sabido que tras los acuerdos con las Farc muchos hechos saldrán a la luz y es posible que haya un periodo de violencia que pueda intensificarse. Hace unas semanas diferentes medios pusieron a Tibú en los titulares por un ataque a la fuerza pública que transportaba una importante suma de dinero, los culpables, son muchos: EPL, el ELN o las nuevas expresiones del paramilitarismo relacionadas al narcotráfico. Hay que recordar que en La Gabarra se hizo una zona de concentración de las Farc, lo que hace que el municipio mismo esté en tensión y deba buscar una recomposición social lejos de toda clase de violencia.

La lucha no termina para un pueblo que ha tenido que entenderse de frente con las armas, pero ante las desapariciones forzadas, el municipio no quiere callar; una de sus resistencias es también llevar a Colombia entera la denuncia de lo que ocurre, como la marcha realizada para exigir la libertad de Yeison Guerrero Arévalo, un comerciante que había estado desaparecido durante un mes a manos de un grupo armado, presuntamente el ELN; que este hombre fuera liberado no solo fue un motivo de alegría sino de esperanza para Tibú. Como esta Tibú ha tenido en los últimos años distintas movilizaciones con el objetivo de exigir justicia; un caso muy importante que ha marcado su historia reciente es el del asesinato del líder social Henry Pérez, un miembro activo por la comunidad, además de marchas en contra de la imposición de la coca y el glifosato, por vías, salud, educación y el mejoramiento de la calidad de vida de la población

En el corregimiento de La Gabarra la gente tiene muchas propuestas para que se pueda construir una paz territorial en el municipio, la gente está dando cuenta de los riesgos que hay para que llegue la paz a Colombia, tienen propuestas para permanecer y salir adelante, y esas propuestas son las que hacen eco en Tibú para que se construya una paz territorial. Es importante escuchar a las comunidades del municipio, porque de ellos nacen las alertas ante nuevos conflictos, de ellos nacen resistencias que sirven de ejemplo a todo el país.

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