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EL NUEVO MAQUILLAJE DEL CHORRO DE QUEVEDO

En un intento por revivir y recuperar algunos de los espacios más icónicos e históricamente importantes de la capital, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural inició la remodelación de uno de los más populares sitios turísticos de La Candelaria, el Chorro de Quevedo.

ACN

Esta intervención, que para muchos es más una renovación del espacio, ha generado todo tipo de respuestas y críticas; los visitantes frecuentes, los vendedores de la zona y aquellos que disfrutaban de un recorrido por las zonas culturales de Bogotá, tienen opiniones de todo tipo sobre el cambio, tanto positivas como negativas, al tiempo que reaccionan ante lo que creen es un cambio completo de lo que antes era una construcción bajo el parámetro de antigüedad y tradición colonial.

 

Esta remodelación se inició bajo un contrato firmado en el 2015 con un presupuesto de 525 millones de pesos. Según sus interventores la obra está enfocada al mantenimiento y el cambio del piso, el cual solía ser en adoquín y fue reemplazado por un material llamado concreto estampado, con el que se espera no hacer más remodelaciones y que dure hasta 50 años. Además la fuente del centro de la plaza quedará en funcionamiento para eventos especiales.

 

“El resto de intervención está orientada hacia movilidad, porque es un sitio que tiene mucha afluencia de público que permanece en el sitio, que no tiene zonas adecuadas para su estadía. Entonces vamos a llenar la plaza de macetas para darle algo más de verde, porque por el limitado espacio no podemos sembrar más árboles; vamos a colocar bancas de concreto en una cantidad importante para que de verdad el Chorro sirva como un sitio de permanencia y no de paso”, explica Olga Lucía Gómez, directora de interventoría del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural.

ACN

 

Aunque los encargados de estas transformaciones del espacio mantienen un positivismo y altas expectativas sobre lo que pensarán los usuarios del nuevo Chorro de Quevedo, son conscientes también del alto índice de rechazo que ésto ha provocado tanto para vendedores como para visitantes.

 

Julieta Barrera y Rubén Darío son dos artesanos que han dedicado su vida al trabajo con joyas, piedras y minerales. Su puesto de trabajo ha sido movido a la Calle del Embudo, un pequeño callejón por el que se llega al Chorro. Teniendo en cuenta el gran número de personas que van al sitio por día, para ellos es de suma urgencia que se finalice lo más pronto posible la intervención para que ellos puedan continuar con su trabajo. Al mismo tiempo expresan su total  desacuerdo con esta.

 

“No me parece bien que cambien la naturalidad del sitio, esas piedras eran viejísimas, se mantenía lo antiguo del lugar. Con este nuevo piso y con todas estas cosas se pierde esa parte de conservar. Este es uno de los primeros lugares de la ciudad, aquí se fundó Bogotá. Cambiaron todo el esquema por algo que no concuerda con el espacio, no tiene nada que ver con su estilo, con su historia, pero supongo que para el turismo y para la gente es chévere”, sentencia Rubén Darío.

 

Julieta defiende el buen estado en el que se encontraba el piso, por lo cual cree que no debía ser cambiado. Ella nos dice:“Cambiaron todo el piso, nosotros parchábamos en él, no estaba roto, no estaba con huecos. No era que estuviera tan deteriorado como para que mereciese un cambio, en las mismas fotos que muestran de un antes y un después se da uno cuenta. Yo que mantengo acá, y he visto a muchas personas tanto extranjeros como nacionales que se acercan a ver el antes y el después, y todo mundo prefiere el antes”.

 

Aunque para un gran número de personas el cambio no ha sido aún aceptado, en algunos locales aledaños se espera que a raíz de este,  mejoren sus negocios. Antonio Calles, encargado del Restaurante-Bar Rosita, que se encuentra en una de las esquinas del Chorro, mantiene un aire de positivismo a la espera de una gran acogida del público y de una estructura que dure muchos años más. Antonio nos cuenta que las fachadas de los restaurantes también serán cambiadas como parte de la remodelación, por lo que conserva la esperanza de que el sitio quede mejor de como estaba. “Todo es dependiendo de la comunidad, la reacción que tengan a cerca de la modernización”, señala Antonio.

 

ACN

 

Gabriela Moncada, es estudiante artesana de la Escuela de Madera y Cuero Santo Domingo, además de fiel visitante del Chorro, ella nos confiesa: “Sin importar el cambio, quiero seguir frecuentando el lugar. Me parece un sitio genial donde se puede ir a compartir un rato con tus amigos, ver artistas, cuenteros, malabaristas y disfrutar de un rato agradable”.

 

Sin embargo y sin importar la crítica, Olga Lucía Gómez visualiza la transformación, no como un rompimiento de la tradición, sino como una ‘revitalización del patrimonio’, tratando que destaque más entre los espacios de La Candelaria y que se recupere esta zona. “Esperamos que las personas se apropien del espacio, que lo puedan utilizar correctamente. Todo lo que se está haciendo es para que lo use toda la gente, para que funcione, para que todos puedan sacarle provecho al sitio, lo cuiden y lo protejan”, concluye Gómez.

ACTUALIDAD

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En un intento por revivir y recuperar algunos de los espacios más icónicos e históricamente importantes de la capital, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural inició la remodelación de uno de los más populares sitios turísticos de La Candelaria, el Chorro de Quevedo.

ACN

Esta intervención, que para muchos es más una renovación del espacio, ha generado todo tipo de respuestas y críticas; los visitantes frecuentes, los vendedores de la zona y aquellos que disfrutaban de un recorrido por las zonas culturales de Bogotá, tienen opiniones de todo tipo sobre el cambio, tanto positivas como negativas, al tiempo que reaccionan ante lo que creen es un cambio completo de lo que antes era una construcción bajo el parámetro de antigüedad y tradición colonial.

 

Esta remodelación se inició bajo un contrato firmado en el 2015 con un presupuesto de 525 millones de pesos. Según sus interventores la obra está enfocada al mantenimiento y el cambio del piso, el cual solía ser en adoquín y fue reemplazado por un material llamado concreto estampado, con el que se espera no hacer más remodelaciones y que dure hasta 50 años. Además la fuente del centro de la plaza quedará en funcionamiento para eventos especiales.

 

“El resto de intervención está orientada hacia movilidad, porque es un sitio que tiene mucha afluencia de público que permanece en el sitio, que no tiene zonas adecuadas para su estadía. Entonces vamos a llenar la plaza de macetas para darle algo más de verde, porque por el limitado espacio no podemos sembrar más árboles; vamos a colocar bancas de concreto en una cantidad importante para que de verdad el Chorro sirva como un sitio de permanencia y no de paso”, explica Olga Lucía Gómez, directora de interventoría del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural.

ACN

 

Aunque los encargados de estas transformaciones del espacio mantienen un positivismo y altas expectativas sobre lo que pensarán los usuarios del nuevo Chorro de Quevedo, son conscientes también del alto índice de rechazo que ésto ha provocado tanto para vendedores como para visitantes.

 

Julieta Barrera y Rubén Darío son dos artesanos que han dedicado su vida al trabajo con joyas, piedras y minerales. Su puesto de trabajo ha sido movido a la Calle del Embudo, un pequeño callejón por el que se llega al Chorro. Teniendo en cuenta el gran número de personas que van al sitio por día, para ellos es de suma urgencia que se finalice lo más pronto posible la intervención para que ellos puedan continuar con su trabajo. Al mismo tiempo expresan su total  desacuerdo con esta.

 

“No me parece bien que cambien la naturalidad del sitio, esas piedras eran viejísimas, se mantenía lo antiguo del lugar. Con este nuevo piso y con todas estas cosas se pierde esa parte de conservar. Este es uno de los primeros lugares de la ciudad, aquí se fundó Bogotá. Cambiaron todo el esquema por algo que no concuerda con el espacio, no tiene nada que ver con su estilo, con su historia, pero supongo que para el turismo y para la gente es chévere”, sentencia Rubén Darío.

 

Julieta defiende el buen estado en el que se encontraba el piso, por lo cual cree que no debía ser cambiado. Ella nos dice:“Cambiaron todo el piso, nosotros parchábamos en él, no estaba roto, no estaba con huecos. No era que estuviera tan deteriorado como para que mereciese un cambio, en las mismas fotos que muestran de un antes y un después se da uno cuenta. Yo que mantengo acá, y he visto a muchas personas tanto extranjeros como nacionales que se acercan a ver el antes y el después, y todo mundo prefiere el antes”.

 

Aunque para un gran número de personas el cambio no ha sido aún aceptado, en algunos locales aledaños se espera que a raíz de este,  mejoren sus negocios. Antonio Calles, encargado del Restaurante-Bar Rosita, que se encuentra en una de las esquinas del Chorro, mantiene un aire de positivismo a la espera de una gran acogida del público y de una estructura que dure muchos años más. Antonio nos cuenta que las fachadas de los restaurantes también serán cambiadas como parte de la remodelación, por lo que conserva la esperanza de que el sitio quede mejor de como estaba. “Todo es dependiendo de la comunidad, la reacción que tengan a cerca de la modernización”, señala Antonio.

 

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Gabriela Moncada, es estudiante artesana de la Escuela de Madera y Cuero Santo Domingo, además de fiel visitante del Chorro, ella nos confiesa: “Sin importar el cambio, quiero seguir frecuentando el lugar. Me parece un sitio genial donde se puede ir a compartir un rato con tus amigos, ver artistas, cuenteros, malabaristas y disfrutar de un rato agradable”.

 

Sin embargo y sin importar la crítica, Olga Lucía Gómez visualiza la transformación, no como un rompimiento de la tradición, sino como una ‘revitalización del patrimonio’, tratando que destaque más entre los espacios de La Candelaria y que se recupere esta zona. “Esperamos que las personas se apropien del espacio, que lo puedan utilizar correctamente. Todo lo que se está haciendo es para que lo use toda la gente, para que funcione, para que todos puedan sacarle provecho al sitio, lo cuiden y lo protejan”, concluye Gómez.

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