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¿Y la justicia qué? El caso de la pequeña Andrea García Buitrago

Cuatro años y cuatro meses han pasado ya desde aquel primero de octubre que oscureció la vida de la familia García Buitrago, cuatro años de impotencia e intriga por saber qué fue lo que realmente pasó, quién raptó a su hija de tan solo 12 años de edad, Andrea Marcela, y por qué lo hizo. Nadie sabe a ciencia cierta lo que sucedió, pero el sábado 6 de octubre de 2012, la pequeña apareció muerta, con rastros de violación y tortura, en la vía que de Tunja conduce a Villa de Leyva, en el cruce conocido como “La curva del muerto”.

 

Por Daniel Barrera Hernández

 

Como la mayoría de amaneceres Tunjanos, esa era una mañana fría, y lo era aún más en el barrio El Milagro, ubicado al occidente de la ciudad. Entre las montañas, sobresalen pequeñas casas, con carreteras destapadas, y lomas empinadas. Es un entorno casi rural, y es allí donde vivían Andrea y su familia.

Esa mañana María, la madre de Andrea, amaneció enferma, tanto que no pudo asistir al trabajo que desempeña como empleada en una casa de familia. Como sabía que el dolor no la dejaría asistir, a las 8 am aproximadamente, mandó a Andrea, la mayor de sus cuatro hijos a llamar a su jefe, para avisar de su ausencia. Pero jamás imaginó que ésta sería la última vez que vería a su primogénita, que escucharía su dulce voz, o que vería su silueta cruzando la puerta de la casa donde la vio crecer.  

"Andrea era una niña Alegre y muy amable, le gustaba saludar a la gente pero no era de andar con muchos amigos" recuerda María, y añade "antes de irse me dijo que volvería rápido porque quería que le diera dinero para unos Choco Crispis para comer con su hermanita." El tiempo pasaba y la pequeña no volvía, ella supuso que luego de ir a la tienda, la niña había ido a casa de su abuela, que quedaba a escasas tres cuadras de allí. Llegaron las 11am y Andrea Marcela no regresaba.

 

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Cuando María salió en busca de su hija, pues ya era hora de arreglarse para ir al colegio Gonzalo Suárez Rendón, donde cursaba 5to de primaria, se dio cuenta que algo no andaba bien, pues la niña no había ido ese día a donde la abuela. Preocupada, María llama a Alberto, padre de la víctima, para avisarle de lo que estaba ocurriendo.

 

Desesperados iniciaron la búsqueda, recorriendo los pasos que su hija pudo haber seguido. Las horas pasaban, la angustia aumentaba y de Andrea no se sabía nada. "Todos vieron quien iba y volvía del jardín (que queda a pocos pasos de la tienda, donde Andrea realizó la llamada), sabían lo que había pasado con los demás vecinos, pero lo raro es que nadie vio a Andreita, mi hija se volvió invisible para la gente." Afirma Alberto con la tristeza de un padre, que espera algún día conocer la verdad de lo que pasó con su hija.

 

“Andrea era alta para su corta edad, de piel trigueña y siempre sonriente, ese día salió con ropa de casa: una chaqueta ancha, un buso negro, leggins y unos tenis blancos.” Recuerda María con dolor.

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Aún casi cinco años después de lo ocurrido se siente la impotencia en sus palabras; ella, a pesar de todo es una mujer fuerte; aunque su voz se quiebra cuando relata lo sucedido, no hay lágrimas, pero el dolor se percibe en sus ojos negros, en su rostro de piel morena y con pequeñas manchas que cuentan la historia de sufrimiento en la vida, en sus pequeñas manos que aprieta fuerte al recordar a su hija.

 

Ansiosos por encontrar a la pequeña, Alberto y María recorrieron el barrio tienda por tienda, la buscaron en el colegio y en los barrios aledaños, nadie daba razón. Pero Andrea efectivamente había realizado la llamada que su madre le encomendó. Luego de intentar comunicarse en múltiples ocasiones con el número del cual se había realizado dicha llamada y de recibir respuestas erróneas, donde decían que ese era un “número privado” o que la tienda estaba localizada en el barrio La Fuente  (no muy cerca de donde ellos vivían.) la dueña del teléfono admitió haber visto a Andrea en el barrio El Milagro, pero afirmó que "no quería meterse en problemas". Más adelante, la tendera aseguró que la última vez que vio a Marcela fue parada en el poste ubicado justo al frente de la tienda.

 

Fueron días de angustia y búsqueda intensa, donde sus familiares anduvieron por todas partes para encontrar a la pequeña, incluso en los pueblos aledaños. La ciudad se llenó de volantes, hubo marchas para exigir la liberación de Andrea, incluso los medios locales seguían la noticia. “Un día, el miércoles, estábamos en la casa con los agentes del CTI y nos llamaron a decirnos que la habían visto en Soracá, me habían prestado un carro entonces todos nos fuimos inmediatamente para allá, la buscamos hasta por debajo de las piedras y nada.” Dice Alberto.

 

El sábado 06 de Octubre, agotados, pero aún con esperanza, se dividieron, María se fue al terminal de Tunja a continuar con la búsqueda y Alberto, que había escuchado rumores de que habían encontrado a una niña perdida en Moniquirá, se fue con la ilusión que aquella fuera su hija, pero alrededor de las 3 de la tarde la ciudad entera, consternada, se enteraba del trágico fin de Andrea Marcela García Buitrago.

 

La inocente criatura de 12 años de edad, fue hallada por uno de sus tíos, en un potrero cercano a la vía que conduce de Tunja a Villa de Leyva, exactamente en el punto conocido como “La curva del muerto.” María no tardó en llegar al lugar de los hechos, “Yo perdí la conciencia, lo único que veía era que la gente corría, pero no sabía qué era lo que estaba pasando (…) cuando recobré la conciencia estaba llegando a la morgue.”  agrega María.

 

 

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Por su parte, Alberto recibió la noticia vía telefónica. La policía tardó en presentarse, tanto que casi llega primero Alberto que venía desde Moniquirá, (pueblo localizado a una hora de la ciudad de Tunja). Cuando él llegó la zona estaba acordonada, pero no lo dejaron ver el cadáver.

 

Los medios nacionales conocieron la noticia, y así el país supo del macabro crimen. En una entrevista realizada por la Revista Semana, a uno de los investigadores que estuvo en la zona, se conoció el estado en el cual fue encontrada Andrea.

 

A pesar de que se trata de investigadores endurecidos por su trabajo, se les humedecen los ojos cuando relatan cómo murió la niña: le amputaron una pierna y le quemaron gran parte de su piel, tal vez para borrar su identidad. "Solo una bestia pudo haberle hecho algo así, -dice uno de los peritos-”. Revista Semana

 

¿Dicen que la niña estaba quemada, ustedes la vieron en ese estado? Pregunté.

 

-Lo triste es que a nosotros no la pudimos ver. En el levantamiento a Alberto le pegaron, él iba a entrar y no lo dejaron, como no se dejaba tener lo golpearon. Dice María

 

- Supuestamente no podíamos entrar porque <<entorpecíamos>> la investigación. Añade Alberto, y continúa diciendo: No pudimos verla ni en el levantamiento, ni en la morgue...La identificaron por exámenes porque nosotros no la vimos.

 

-En el momento de la funeraria yo tenía la esperanza de que la que estaba en ese ataúd no era mi hija porque yo no sabía si era o no, hasta cuando la ví adentro. Dice María.

 

¿Y cuando la vio, estaba quemada? Volví a preguntar.

 

-No, yo no la vi quemada, su cabello estaba intacto. Afirma María.

 

-Alberto añade, lo único que se notaba es que le habían tenido su boquita tapada porque se le notaban las marcas en la cara, las cintas que le habían puesto… Le levantaron su piel. Complementa María.

 

***

 

El día 24 de agosto de 2015, casi tres años después del suceso, la Fiscalía publica en su página web un comunicado de prensa donde se dan a conocer los resultados de la investigación, que se lleva a cabo en relación con el caso de Andrea Marcela. “El CTI realizó en el lugar de los hechos la inspección técnica, con recolecciones de elementos materiales probatorios y análisis de dictamen pericial de necropsia, en el que se determinó que la causa de muerte fue asfixia por estrangulación manual.” - se puede leer en uno de los ítems. Además dan a conocer los retratos hablados de los supuestos asesinos.

 

Alberto opina que las autoridades han sido negligentes, “Si ellos nos hubieran ayudado, tal vez hubiéramos encontrado a mi hija, magullada o maltratada, pero la hubiéramos encontrado viva.”   

 

Como una actividad de rutina, cada 15 días o cada mes los padres de la pequeña se acercan a la fiscalía para saber si hay nuevos datos o se conoce algún detalle que ayude a esclarecer el crimen “siempre nos dicen lo mismo, que están trabajando, que en su debido momento nos darán información; pero han pasado casi 5 años y seguimos esperando: el debido momento”.  Dice Alberto

 

Luego de la muerte de la menor, los políticos de turno se comprometieron con María y Alberto a que el caso no quedaría impune, que se iba a conocer la verdad y que hallarían a los culpables, además de prometerles una casa y otros tipos de ayudas, ayudas que nunca llegaron, “Esas son promesas de políticos” Afirma Alberto que fue la respuesta que recibió cuando intentó reclamar lo que se les ofreció, “Es mejor no decir nombres” Dice María cuando le pregunto quién era el político, ella no lo quiso revelar, pero fuentes cercanas afirman que fue el entonces alcalde de la ciudad de Tunja Fernando Flórez, quien se acercó a ellos para prometerles una casa en un barrio “mejor”.

 

Sin embargo, la familia García Buitrago, con trabajo duro y la colaboración de sus seres queridos y amigos más cercanos han logrado salir de aquel barrio donde vivían y que tan malos recuerdos les trae, para los hermanos de Andrea también ha sido muy difícil afrontar esta situación, recibieron ayuda psicológica por un tiempo, pero aún así las heridas quedan, María dice que hay que aprender a vivir con el dolor porque olvidar es imposible.

 

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