logo ucentral

logo sintopia acn

acnfacebookacnyoutubeacninstragram

COM_MINITEKLIVESEARCH_RESULTADOS
Joomla Categories

 

 
 

¡ EN VIVO ! SINTOPÍA RADIO

    ACTUALIDAD

     

    oreja btn

    btn las milliats

    btn obbatala

    ecochiquito

    Campo de estudio

     

     

    La comunicación como campo - El campo académico de la comunicación - El campo de estudio 

    La definición del campo de estudio de la comunicación[1] permite establecer su alcance en función de la orientación del Programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Central. Este documento busca hacer explícita la perspectiva de la comunicación que permite considerarla como campo de conocimiento, la evolución de su estudio en el caso del Programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Central y la manera como se observa su tránsito hacia campos profesionales posibles, a partir de la construcción conceptual que se expone a continuación.

    ACNLos intentos por definir comunicación, iniciados a mediados del siglo XX, abren un abanico de posibilidades que van desde la idea de que todo es comunicación, como lo afirma Norbert Wiener[2] (Moragas, 1990, p. 14) hasta la propuesta de consolidarla como una disciplina en términos de comunicología, pasando por visiones intermedias como la propuesta por Erick Torrico (2006), quien la define como un proceso social de producción, circulación, intercambio desigual y uso de significaciones y sentidos culturalmente situados y mediados o no por tecnologías. Puede verse como premisa básica de esta postura, su consideración como una actividad humana realizada en un contexto social de ‘interacción significante que opera mediante representaciones’[3]; tal proceso se da entre sujetos participantes en medio de intercambios simbólicos que representan la realidad en la que viven, con diferentes niveles de comprensión o entendimiento, a partir de los cuales se generan múltiples consecuencias en términos de conocimiento, sensibilidad y acción de los sujetos o los grupos sociales.

    “La proliferación de las tecnologías y la profesionalización de las prácticas no han hecho sino sumar nuevas voces a esta polifonía (…) que hace de la comunicación la figura emblemática de las sociedades del tercer milenio” (Mattelart & Mattelart, 1997, p. 9). La polifonía a la cual se refiere obedece a los intereses de los actores, de donde surgen las definiciones:

    José Ramón Vidal (2007) se apoya en la etimología para ofrecer un marco que permite entender la comunicación en dos grandes sentidos: como información y como participación. Informar remite al significado de hacer común un contenido a través de medios; aquí, el acto comunicativo se sintetiza en el traslado de la información de un actor a otro. El segundo, participar, tiene una dimensión social y política en tanto propone a los sujetos la exigencia del derecho a ser interlocutores, lo cual implica una convicción acerca de la incidencia en la transformación social que puede y debe ser cultivada en un proceso de acumulación cultural, cuya naturaleza es, en sí misma, educativa. Al producir aprendizajes y crecimientos en el pensamiento y la acción colectiva, las personas pueden vivir una relación dialéctica que promueve relaciones de horizontalidad y desarrolla capacidades, análisis críticos y compromisos con proyectos de futuro.

    Aceptar la complejidad del fenómeno comunicativo,  en cuya indagación y prácticas convergen diversos saberes y participan varios actores en competencia, abre la posibilidad para concebir la comunicación como un campo[4].

    Ir arriba

     

     

    1.1 COMUNICACIÓN COMO CAMPO

    Se asume la comunicación como un campo de saber transdisciplinar en permanente construcción, que busca legitimidad en propuestas conceptuales y metodológicas de las ciencias sociales y la filosofía. Para Raúl Fuentes Navarro  (1997) la comunicación no es, ni ha  sido un campo disciplinar con un objeto propio, sino un dominio de estudio alrededor del cual se ha conformado el campo sociocultural; define este dominio como una encrucijada inter y transdisciplinaria dentro de las ciencias sociales y humanas. Esta aproximación se apoya en el concepto de campo del sociólogo Pierre Bourdieu quien lo define como un espacio social estructurado, un campo de fuerzas, de luchas permanentes que generan diversas dinámicas, y que a su vez determinan la riqueza y la fortaleza del mismo. No se trata de un campo independiente: sus condiciones internas están influenciadas por las presiones y tensiones que operan en otros campos que llevan a la definición de puntos de frontera y de ruptura, los cuales se incorporan a las fuerzas en el campo de la comunicación. Es precisamente esta dinámica la que permite la construcción de conocimiento  (Cortés Cortés & Leguízamo Serna, 2012).

    En el campo intervienen diferentes agentes que se disputan un capital simbólico, de acuerdo con reglas que son conocidas por los agentes que participan de la lucha; la función de tales reglas es mantener al campo constituido, al mismo tiempo que aceptar las modificaciones que puedan surgir de las tensiones producidas por el encuentro de los participantes. Puede decirse que un campo es un espacio dinámico de acción social, que se transforma y se fortalece a partir de las confrontaciones evidenciadas en él. Así, las tensiones que le son particulares y un determinado capital son inherentes a cada campo.

    El constante movimiento de los agentes sigue los derroteros de su rol específico en defensa de sus intereses; estos son la cuota que funciona como detonante para que las acciones sociales se movilicen; en el momento en que desaparezca el interés o que los agentes en conflicto se posesionen del capital de manera homogénea y con ello el conflicto se resuelva, el campo desaparece. Este juego de intereses es lo que constituye y define el dinamismo del campo, haciendo que éste obedezca a una lógica de lo relativo, lo cambiante y lo dinámico; el campo tiene la lógica de lo fluido.

    En su dinámica, el saber que se desprende de un campo emerge de las prácticas específicas que se dan dentro de él, las cuales no están separadas de los marcos más amplios de la cultura y la sociedad. Si bien el campo tiene cierta independencia, su verdadero sentido social se entiende a partir del momento en que se lo salva de la abstracción y se lo pone en contacto con lo definitivamente concreto de la historia (Bourdieu, 1995, p. 297). En este punto, la formulación teórica del campo exige un concepto que abra la dinámica de los campos al estudio de la sociedad en su dimensión concreta, donde lo real se relaciona con otros reales posibles (Bourdieu & Wacquant, 2005); ese concepto es el habitus, entendido como un sistema de disposiciones adquiridas, permanentes y transferibles que permiten actuar, percibir, sentir y pensar de una cierta manera, así como dar cuenta de la articulación entre las estructuras internas de la subjetividad y las estructuras y condiciones sociales. La adquisición de los habitus constituye el principal producto de un trabajo pedagógico y educativo multiforme y prolongado  que puede ser entendido como socialización, como inculcación o como apropiación. “En resumen, el habitus es un operador de cálculo inconsciente que nos permite orientarnos en un espacio social sin necesidad de reflexión”  (Téllez Iregui, 2002, p. 210). A partir de la incorporación de este  concepto, la dinámica propia de los campos debe ser entendida en referencia, no sólo a las reglas sino también a los habitus aceptados por los participantes: su concepción del mundo y su visión de sociedad configuran una posición que se quiere mantener e imponer para desplazar otras posiciones, otros habitus.

    Ir arriba

    1.2 EL CAMPO ACADÉMICO DE LA COMUNICACIÓN

    María Inmacolata Vasallo de Lopes define el campo académico de la comunicación como aquél constituido por un conjunto de Instituciones de Educación Superior destinadas al estudio y a la enseñanza de la comunicación, donde se produce la teoría, la investigación y la formación universitaria de los profesionales de la comunicación; esta aproximación permite identificar varios subcampos (Vasallo de Lópes & Fuentes Navarrro, 2001):

    ·         Científico, implicado en prácticas de producción del conocimiento

    ·         Educativo, que se define por prácticas de reproducción de ese conocimiento

    ·         Profesional, caracterizado por prácticas de aplicación del conocimiento y que promueve vínculos variados con el mercado del trabajo.

    Su evolución permite evidenciar que se trata de un ámbito que se construye en relación con las tradiciones culturales – académicas, de manera compleja: “se expande, se achica, se constituye como interdisciplina, multidisciplina, disciplina o incluso indisciplina; se diferencia de otros campos, se homogeniza o se diversifica, se construye o se de-construye” (Cortés Cortés & Leguízamo Serna, 2012).

    Las múltiples maneras de entender el campo académico de la comunicación han incidido en la manera como la academia estructura sus procesos de formación. Se reconocen cuatro enfoques:

    ·         La comunicación como transmisión de información, basada en el modelo matemático de Shannon y Weaver. En él aparecen como claves los conceptos de emisor, mensaje, receptor, codificación, decodificación, retroalimentación, efecto, eficacia, estímulo, respuesta, medios masivos, persuasión, funcional, disfuncional y opinión pública. Basada en la relación estímulo – respuesta, plantea la comunicación como objeto de estudio centrado en el proceso de información.

    ·         La comunicación como producción de sentido, entendida como proceso de intercambio desigual de significaciones y sentidos culturalmente situados, mediados o no por tecnologías. Sus conceptos clave: interacción, relación, sistema social, cultura(s), identidad(es), mediación(es), sentidos, significación, contexto, sujetos, interacción, signo, símbolo, código verbal - no verbal, intersubjetividad, audiencia activa. Ubica como objeto de estudio el discurso y sus prácticas centradas en la interacción.

    ·         La comunicación como crítica, enfatiza en el análisis de los medios de comunicación en relación con su papel en el sostenimiento del statu quo de la sociedad. Sus conceptos clave: poder hegemónico – contrahegemónico, manipulación, sujeto-objeto-cosificación, industria cultural, ideología, poder, capital-sociedad, economía política, clase social. Se basa en la relación comunicación y estructuras de poder.

    ·         La comunicación como campo de transformación social recoge propuestas que la vinculan a procesos de participación orientados hacia la transformación de las realidades injustas, inequitativas o violadoras de los derechos humanos. Desde esta perspectiva se busca contribuir al fortalecimiento de las comunidades y los tejidos sociales como base fundamental del cambio gestionado desde ellas mismas. Conceptos clave: democracia – ciudadanía – participación, emancipación – resistencia, pluriculturalidad, glocalización, movilización social, redes sociales, otredad -  alteridad - diferencia, inter-aprendizaje, prácticas sociales, políticas públicas, cooperación, ser-sujeto.

    ACNLa evolución que ha tenido la propuesta de la Universidad Central durante los 32 años de existencia de su programa, la ha llevado a evolucionar de manera correspondiente con el devenir del campo académico ya descrito y hacia una perspectiva de la comunicación como campo de transformación social. Comprender su derrotero permite entender la manera cómo evolucionó en cada uno de los subcampos identificados por María Inmacolata Vasallo:

    Primera década: la pregunta por la formación del periodista

    Con una marcada influencia del periodismo norteamericano, surgieron en Colombia, en la década de los años 60, los primeros programas de comunicación social y periodismo. Sus preocupaciones se centraban en la formación para la escritura periodística,  orientados hacia la producción en los medios hasta el momento existentes: prensa, radio y televisión. Se trataba de una propuesta académica determinada por las exigencias de la información y bajo el alcance unidireccional de la primera categoría antes considerada (Roveda Hoyos, 2011). En el caso de la Universidad Central, las primeras propuestas curriculares profundizaron en las humanidades y las ciencias sociales;  su relación con los estudios de la comunicación se orientó por el modelo educativo prevaleciente de la enseñanza-aprendizaje y un  marcado énfasis en  la formación profesional de periodistas[5].

    Segunda década: la pregunta por la cultura

    En los años 90 se incorporaron reflexiones y teorías latinoamericanas que derivaron en la pregunta por el sentido de la comunicación para la región como principal preocupación. Este enfoque llevó a incorporar la idea del trabajo de campo como fundamental para la formación de comunicadores, para profundizar en la investigación y la orientación de la acción para el desarrollo hacia las comunidades y los colectivos sociales; aquí se encuentra un marcado acento en la producción de sentido. No transcurrieron más de 10 años cuando aparecieron nuevos intereses: la formación por especialidades; esto significó para la propuesta académica, el diseño de un ciclo básico en Comunicación Social con el desarrollo de dos énfasis profesionales en Periodismo y Comunicación Organizacional: el primero, incorporando reflexiones sobre la historia, la opinión pública y la investigación; el segundo, vinculando la formación con los desarrollos de la Administración en aspectos específicas relacionados con el diagnóstico organizacional y la planeación. Esta fase orientó la formación hacia  la adquisición de competencias operativas en el campo de los medios y las organizaciones, en la búsqueda de nuevos desarrollos para la información y la gestión[6].

    Tercera década: la búsqueda de una identidad

    Al entrar el nuevo siglo, la pregunta por la comunicación de cara a los cambios conceptuales, metodológicos y tecnológicos[7] motivó la búsqueda de nuevos horizontes para el programa en el marco de una aproximación a la comunicación en relación con dos procesos constitutivos[8]: la creación de sentido y la construcción de vínculos significativos entre sujetos que se re-conocen; se trata de una construcción coherente con los desafíos del campo. De una parte, la comunicación para la transformación de los cuerpos sociales mediante la creación de espacios para hacer audibles las voces de quienes no han tenido acceso a la expresión en la esfera pública; plantearse como un campo de acción profesional, no instrumental, sino estratégico y político que desde la investigación, la mediación y la producción recupere historias para el reconocimiento de los sujetos, sus identidades y sus desafíos. Esta última etapa en su evolución se relaciona con la transformación social.

    En el programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Central la idea se pone de presente en la definición de su campo de estudio que abre alternativas para interpelar a la sociedad desde la complejidad del sujeto colectivo y sus formas de expresión. La propuesta surge de un tejido que permite ubicar dimensiones, conceptos clave y sus interrelaciones para iniciar la construcción de conocimiento a partir de situaciones problema que inciden en la constitución de cuerpos sociales. Desde esta perspectiva, en el Programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Central, se ha definido el campo de estudio de la comunicación como el espacio donde se vinculan la creación de sentido  y la producción de medios que impactan lo sensible y transforman la subjetividad.

    Esta definición implica la configuración de la comunicación como un campo de intervención estético y ético; la idea de que la información es una condición del sistema de producción globalizado; el abandono de los medios técnicos como centro de la reflexión y la práctica comunicativa; la inoperancia creativa del aparato emisor-mensaje-receptor; la ruptura con la noción de la comunicación como un proceso secuencial y el abandono de la idea de que la transmisión de mensajes es la función clave de la comunicación. Pedagógicamente, se comprende el aprendizaje como una experiencia de transformación del sujeto en formación; profesionalmente, se abandonan los énfasis profesionales para construir la idea de formación integral en ámbitos diversos de desempeño, a partir la adquisición de competencias en investigación, mediación y producción[9].

    Ir arriba

    1.3 EL CAMPO DE ESTUDIO

    Al considerar la comunicación como campo de fuerzas en acción, se plantea la posibilidad de reconocer, además del desarrollo tecnológico, del conocimiento y el procesamiento de la información, la comunicación de los símbolos y con ello, la posibilidad de apertura de escenarios que permitan formas de organización y de relación entre los sujetos; es decir, se trata de establecer una ruptura entre la información y el uso de los medios, para instalarse en la problemática contemporánea que ha convertido a la subjetividad en un objetivo primordial.

    La comunicación y la creación de los medios dependen de una particular articulación entre los registros del hacer y del decir y de la interrelación singular entre cuerpos y símbolos. Los cuerpos comprenden sus acciones y sus pasiones, sus modificaciones y sus mezclas. Los símbolos implican prácticas y enunciados, transformaciones incorporales que se atribuyen a los cuerpos. A continuación se expone cada uno de los dos registros.

    1.3.1 Los cuerpos

    Los cuerpos son entendidos en un sentido amplio: cualquier porción de materia es un cuerpo; igualmente lo es una colectividad dotada de personalidad, como un ejército, una corporación o una comunidad; pero, también, un cuerpo puede ser un conjunto de cosas que conforman una unidad, como un cuerpo de doctrina o un cuerpo legal.

    Lo que realmente se debe tener en cuenta a la hora de hablar de los cuerpos no es su sustancia o su forma; es el conjunto de actos que se les atribuyen, los definen y constituyen; sus acciones y sus pasiones. Desde este punto de vista, “no definiremos algo ni por su forma ni por sus órganos y funciones, ni como substancia o sujeto. Empleando términos de la Edad Media o de la geografía, lo definiremos por longitud y latitud. Un cuerpo puede ser cualquier cosa, un animal, un cuerpo sonoro, un alma o una idea, un corpus lingüístico, un cuerpo social, una colectividad (Deleuze, Spinoza: filosofía práctica, 1984, p. 155). Se entiende por longitud de un cuerpo al conjunto de las partículas que le pertenecen a una individualidad, que se encuentra en estado de movimiento o de reposo; esto es, que tiene relaciones de velocidad que la determinan.

    Por otro lado, un cuerpo afecta a otros cuerpos distintos o es afectado por ellos; este poder de afectar o de ser afectado define también un cuerpo en su individualidad” (Deleuze, 1981, p150). Se llama latitud de un cuerpo a ese poder de afectar y ser afectado; los afectos que llenan el grado de potencia de los individuos, precedentemente determinados en función de su longitud. Si un individuo está caracterizado por una relación muy compleja de movimiento y de reposo, que agrupa como suyas una infinidad de partículas, se dice, igualmente, que a esas relaciones corresponden a grados de potencia que son, a su vez, la capacidad que tiene de afectar y ser afectado (Deleuze, Spinoza: filosofía práctica, 1984).

    Spinoza lanza su gran pregunta: ¿qué puede un cuerpo? Con ella trata de decir qué configura la capacidad de un cuerpo, mas no cuál es la forma de éste. El poder que tiene un cuerpo de afectar a otro se piensa en términos del efecto que tiene sobre la composición del otro. Dos cuerpos pueden chocar sin afectarse mutuamente; es decir, puede suceder que un cuerpo se enfrente con otro, pero que no haya modificaciones ni en las velocidades ni en la configuración de ninguno de ellos, a menos que su potencia de obrar se encuentre alterada por afectos: la alegría y la tristeza. Por eso cuando un cuerpo alegra a otro, lo afecta en la medida en que lo que eleva su potencia de obrar, lo pone en acción. Mientras que un cuerpo puede reducir las velocidades de otro, hasta tal punto que lo entristece, reduce su potencia de acción.

    Esta relación “engloba tanto para el cuerpo como para el espíritu, un aumento o disminución de la potencia de acción [...] el affectus remite al paso de un estado a otro distinto” (Spinoza, 1984, p. 62). Este tránsito en el que el cuerpo se hace otro, en el que puede transformarse, pasar a un estado que favorezca su naturaleza, que transforme sus posibilidades vitales, sólo es posible en la medida en que el cuerpo se encuentre con otros que eleven su fuerza de obrar, en tanto se transmitan afectos similares.

    La comunicación se inscribe, así, en la esfera estética: se configura como horizonte de movimiento por la sensibilidad que se asume como la capacidad de afectar y de ser afectado por otros cuerpos. La comunicación se concibe, desde esta perspectiva, como la capacidad de ejercer en un impacto sobre la sensibilidad y, en esta medida, su lugar privilegiado de intervención es el cuerpo.

    1.3.2 Relación comunicación-discurso-enunciación

    A continuación se sitúan posibles relaciones entre comunicación-discurso-enunciación como elementos transversales en la orientación del PAP.

    ACN

    (Silva Liévano, Comunicación y enunciación en el discurso, 2014)

    Si se acepta que la comunicación en un plano amplio como lo propone Armand Mattelart (1997, p. 12), “engloba los múltiples circuitos de intercambio y circulación de bienes, personas y mensajes”, también se debe encontrar los elementos naturales, intencionales, sociales, y culturales a través de los cuáles se articulan. Primeramente se propone que estos tres elementos de intercambio y circuito son potencialidades que atraviesan todo el campo de la formación en comunicación: primero, se comprende que los bienes circulan como saberes incorporados por los sujetos, ya sea en su subjetividad como al cuerpo o en sus prácticas; segundo, que los saberes objetivados circulan a través de las producciones culturales de cualquier índole; y tercero, que los saberes institucionalizados pasan por la familia, la escuela, la universidad, las comunidades, las organizaciones, el Estado. En cuanto al intercambio entre personas se entiende como el complejo entramado que genera el hecho de poder o no estar en contacto con el otro, advirtiendo además que nadie está desprovisto de una carga cultural, de un posicionamiento ideológico o de la posibilidad de indeterminación que le confiere a las personas la capacidad de autonomía y de tomar sus propias decisiones al margen del funcionalismo que pretende socialmente imponerle la sociedad a través de los roles (Silva Liévano, Comunicación y enunciación en el discurso, 2014).

    Ahora bien, el mensaje resulta del acto o posibilidad que todo ser humano tiene de producir a partir de elementos finitos mensajes infinitos. El mensaje antes de ser un contenido (algo inteligible), es una actuación, que primariamente necesita de los saberes culturales adquiridos a través del habla, el lenguaje: “El caminar es una función orgánica, una función instintiva (aunque no, por supuesto, un instinto en sí mismo); el habla es una función no instintiva, una función adquirida culturalmente” (Edward, 1954, pág. 10), y es a través de ella como se potencia el sistema de intercambio. Sin embargo, la producción de mensajes por parte de un hablante dotado de un sistema comunicativo no se restringe única y exclusivamente a los significantes lingüísticos; es decir a la combinación de palabras, sino que en su base está la combinación de signos, es decir, todo aquello que está en el lugar de otra cosa y que se convierte en condición de posibilidad para la producción de un mensaje. Así, por ejemplo, el mensaje publicitario es el resultante de combinar, imágenes con palabras, sonidos, formas que dotadas de significados precisos terminan por generar una respuesta en los interlocutores. Los mensajes tampoco están restringidos al ámbito específico de la producción del periodismo, sino que circulan anudados en cada práctica humana y por ende, en cada práctica discursiva de la sociedad. Así encontrarse que hay unos discursos periodísticos, hay mensajes que los atraviesan, que los discursos académicos se sustentan en contenidos propios de su especificidad que  circulan dentro de la cultura académica, etc. Se puede ir adelantando que el espectro comunicativo se compone de una amplia gama de mensajes asociados a discursos y prácticas que circulan a través de la música, la prensa, el habla cotidiana, las redes sociales, la radio, etc., que se producen, circulan y consumen en comunidades determinadas.

    El discurso es lo único que diferencia al ser humano de las demás especies, pues la comunicación como circuito e intercambio está presente en las máquinas, la cibernética y los seres biológicos. El discurso no se separa del mensaje ni del circuito comunicativo de producción circulación o consumo, pero supone un posicionamiento de la persona como individuo, como sujeto social o como sujeto cultural. En la medida en que los discursos nacen asociados a la actividad humana se convierten en una práctica que entra al circuito comunicativo cargado de mensajes. Para Van Dijk  (1985) el discurso compete al menos tres dimensiones: una verbal, una pragmática y una cognición. 

    Se debe ampliar el elemento verbal no restringiéndolo solo a los significantes lingüísticos, pues el discurso puede emplear otro tipo de sistemas de significación como la imagen, el performance, los monumentos, el cuerpo, etc. Es pragmático en cuanto siempre se hacen cosas con las palabras o con los sistemas de significación; por ejemplo, cuando una persona está hablando o escribiendo no solo está exteriorizando una manifestación lingüística, sino que a través de los actos de habla también afirma, niega, promete, amenaza, domina, etc. Van Dijk afirma que “este tipo de dimensión pragmática del uso del lenguaje también es válida para el discurso”  (1985, pág. 82), porque los discursos no se reducen únicamente a una serie de objetos lingüísticos, sino son a su vez acción, una práctica que se realiza y resulta del hecho de vivir unos con otros.  El discurso implica una dimensión individual, social y  cultural, por tanto, quienes lo realizan entran en actos interactivos dentro de contextos específicos que permiten completar el significado (Silva Liévano, Comunicación y enunciación en el discurso, 2014)

    Finalmente,  la importancia del discurso estriba en su dimensión cognitiva porque es a través de su circulación como se instalan sistemas ideológicos o saberes en la memoria de las personas, ya sea a corto plazo como la emisión de una nota de prensa o a largo plazo a través de la reiteración constante que va instalando una forma particular de sentir, comprender, percibir o pensar un fenómeno dado.  De ahí que sea prioritariamente a través del discurso como se agencian las prácticas de estigmatización tales como el racismo, xenofobia, machismo, homofobia, sexismo, demonización, alteridad, dominación o exclusión, solo para citar algunos efectos negativos del discurso, pues el discurso puede ser visto desde sus aspectos más benévolos como la lucha de los Derechos Humanos hasta la restitución del otro en su otredad (Silva Liévano, 2014).

    No es propiamente ni la comunicación ni el discurso en sí lo que resulta problemático en una sociedad; de hecho, son necesarios e inherentes a su funcionamiento. Comunicación y discurso van de la mano, pero hay un aspecto que desde la formación crítica  del estudiante vale comprender: ese elemento es la enunciación. Como dice Van Dijk, esta va ligada a los fines pragmáticos que un sujeto enunciador quiere lograr frente a un sujeto enunciatario; cuando se lee una oración desligada del contexto, es decir sin preguntar quién lo dijo, para qué lo dijo, a quién se lo dijo o dónde lo dijo, solo queda con qué dijo, es decir con el mensaje, con su contenido.

    Sin embargo, aun desligando las frase del contexto se puede decir que alguien hizo una afirmación, una negación, una promesa,  y esto se deriva principalmente del contenido; sin embargo, al comprender el discurso desde esta triple dimensionalidad, la verbal, la pragmática y la cognitiva, es posible tensionar esos tres aspectos en relación con los sujetos interlocutores y elevar la intencionalidad pragmática de un enunciado a una intencionalidad pragmática social, pues los sujetos no producen discursos de forma aislados sino instalados en medio de sus relaciones sociales  (Silva Liévano, 2014) . Ahí surge la enunciación que permite trazar un puente entre los textos y los contextos y que aparecen en los discursos a veces de forma explícita, otras de forma implícita.

    Un titular de prensa, por ejemplo, pretende hacer pensar una cosa en particular sobre algo; de ahí resulta que la enunciación se hace presente en tres niveles fundamentales: en el plano pragmático a través del cual se estudia la relación que un sujeto pretende establecer frente a otro a quien pretende afectar en su subjetividad o su percepción; en el plano sintáctico en el cuál pueden estudiarse en detalle el tipo de combinaciones y selecciones de significantes que se realizan en un sintagma, una frase o un enunciado para producir un determinado significado; y en el  plano semántico a partir del cual se puede estudiar el mensaje, la forma de jerarquizar la información o de focalizar un aspecto en detrimento o hundimiento de otros. De esto resulta que nunca lo dicho tiene una equivalencia con lo comunicado.

    Lo dicho está en plano de la  realización del enunciado: son los elementos materializados, explícitos, realizados,  ya sea en el plano de la frase, de la actitud, de una imagen o cualquiera que sea el sistema de combinación para producir el mensaje, pero la enunciación surge a partir de poder hacer la asunción hacia lo comunicado en relación con un número de variables posibles, pero que se tensiona a partir de ir del contexto lingüístico hacia el contexto situacional tratando de inferir semióticamente su relación con lo social, haciendo emerger un  punto de vista particular sobre la realidad que se puede llamar, un lugar social de enunciación. De ahí surgen entonces los discursos liberales, feministas, religiosos, socialistas, marxistas, estigmatizadores, libertarios etc., que en su aspecto global son una valoración especial sobre el mundo, un punto de vista.

    La enunciación es así el aspecto esencial para el estudio del discurso pues atraviesa los elementos de la intencionalidad (pragmáticos), los de la realización (fonológicos, fonéticos, sintácticos), y  los de la significación (semántica)  (Silva Liévano, 2014). Es así como se establece que la relación comunicación-discurso-enunciación resulta pertinente para articular las prácticas de formación que lleven a comprender a nuestros maestros, estudiantes y futuros profesionales no solo una visión operativa de la comunicación sino una visión crítica de los múltiples aspectos que la componen, así como su aspecto constitutivo de lo social. 

    1.3.3 La producción de sentido

    La sociedad del conocimiento ha puesto de presente que lo fundamental no son las informaciones como tales, sino el ingreso de las informaciones en los circuitos productivos. Lo fundamental ahora no es informarse, ni siquiera producir la información, sino incorporar la información a la producción. Esta variación capitalista ha dado un nuevo estatuto a la comunicación y, simultáneamente, la ha vinculado con el uso instrumental de los ordenadores y los aparatos de telecomunicación.

    Para el proyecto académico del Programa de Comunicación Social, la producción de los medios no es simplemente ese ingreso de la información en el mercado. Es crear una articulación entre el registro de los cuerpos y el registro de los signos, entre el hacer y el decir. Los dos registros no son de la misma naturaleza; son independientes y heterogéneos; el vínculo entre los dos, se constituye en una producción de sentido.

    Los cuerpos poseen sus cualidades específicas y son independientes de los signos; los primeros no son simples referentes de los segundos. A su vez, los signos no hablan de las cosas, hablan de los estados de cosas. Los enunciados se dicen de los cuerpos, pero no le pertenecen a los cuerpos. En tanto tal, ellos intervienen sobre los cuerpos, los modifican, no los representan sino que los anticipan, los retardan, los frenan o los precipitan, los unen o los separan. Cuando un profesor califica, por ejemplo, produce la enunciación numérica que corresponde a una escala: bueno, regular o malo; excelente, notable, satisfactorio, deficiente. Dicha enunciación se atribuye al cuerpo del estudiante y lo modifica, no lo representa sino que divide el grupo estudiantil en diversos grupos y asigna a cada uno su rótulo. Esa enunciación que parece designar al cuerpo del estudiante, en realidad es una atribución que lo determina.

    La intervención que puede hacer un comunicador, se realiza en relación con el discurso, en el plano de lo que se hace, valiéndose de la potencia productiva de la enunciación, tanto en el orden de las realidades, como en el orden de los códigos. Los comunicados de prensa, las noticias, internet, los boletines que emite un colectivo o los portafolios de promoción de servicios, son un ejemplo muy claro de qué se hace y qué se debe hacer: hacen una selección previa de los enunciados y con ello determinan qué es lo importante, aquello que se debe retener, sobre qué elementos llamar la atención y qué comportamientos se pueden esperar. Este tipo de prácticas habituales entre los comunicadores, forman parte de lo que podría considerarse visible, pero suelen dejar en la sombra los fenómenos de la producción de sentido que remiten a las afectaciones y, por lo tanto, no a lo dicho sino a ‘lo expresado’ en un enunciado. El cuerpo es una vida que intenta entrar en el lenguaje y a su vez, el lenguaje penetra los cuerpos dándoles vida. Constantemente, se pasa de un registro al otro. Los signos actúan sobre los cuerpos y al mismo tiempo, los cuerpos se extienden y se despliegan a través de los signos. La relación no es de causa-efecto ni de reciprocidad; se trata de la inserción de un encadenamiento de signos en una trama de cuerpos y viceversa.

    Cuando se define la comunicación como esa particular articulación entre lo que hacen los cuerpos y lo que se dice en los enunciados, éstos no sólo se atribuyen a aquellos sino que los transforman. Un indicador económico, por ejemplo, habla del barril de petróleo, pero la enunciación de la variación numérica explica las afectaciones que definen a ese cuerpo (si éste vale más o menos, si su tendencia es hacia el alza o la baja). Lo que define al barril no es su corporeidad, sino su conexión con el enunciado numérico. En dicha conexión es posible hablar de comunicación.

    En esta medida, en un campo comunicativo, al producir sentido, se modifican dos espacios correlativos: el espacio social, hoy determinado por los flujos de información y las redes de comunicación, y el espacio de la subjetividad singular. En el primero, la comunicación es una zona de experiencia política, pues la creación de nuevos enunciados plantea una relación con el poder y con quien lo ejerce; en el segundo, la creación de enunciaciones implica un acto de subjetivación, por el cual se pasa de ser emisor a constituirse en un sujeto que ejerce el poder de afectar y ser afectado.

    Cuando se está frente a la creación de los enunciados, los sujetos singulares de la experiencia comunicativa son mucho más que una construcción significativa hecha por el discurso: también forman parte de ‘la precipitación de un enunciado demoledor’, pues un acontecimiento tiene lugar inmediatamente en la existencia. La creación de un enunciado vital se vincula con la producción de sentido y en tanto tal, establece una relación entre el lenguaje y los cuerpos. La creación de sentido es un acontecimiento, ocurre, pasa, es un efecto del encuentro entre las palabras y los cuerpos que hace que algo se transforme y, en tanto que acto de producción, de creación, carece de valor.}

    ACN1.3.4 El Territorio

    El territorio se concibe como espacio de apropiación por parte de un cuerpo social, desde el mismo sujeto hasta comunidades y redes, en el marco de su disputa con otro u otros por la realización de sus objetivos; son disputas de carácter ideológico que lo ponen en tensión con otros y con estructuras de poder; es el “lugar en el que desembocan todas las acciones, todas las pasiones, todos los poderes, todas las fuerzas, todas las flaquezas, esto es, donde la historia del hombre plenamente se realiza desde las manifestaciones de su existencia”. (Sánchez M. , 2002, pág. 9). Como tal, el territorio se constituye en una condición fundamental para la existencia misma de los sujetos sociales que lo apropian de manera relacional, puesto que son las relaciones de poder entre los sujetos sociales las que definen quién o quienes apropiarán el territorio y con qué fines (Fernandez, 2013). A partir de ello, se constituyen tres tipos de territorios: el espacio de gobernabilidad – nación, constituido por la división política oficial; el conformado por las propiedades privadas y no privadas, incluyendo las comunitarias al que se vinculan colectivos sociales diversos como producto de los vínculos que se derivan de las relaciones de acercamiento o distanciamiento; el territorio simbólico, como producto de la construcción de acontecimientos y sus interpretaciones que se derivan de los anteriores, siendo este el que se constituye de manera transversal. Esta exposición indica que la apropiación de territorio y con ello su constitución, no sólo se genera a través de la ocupación física sino por medio de afectividad e identidad con el espacio geográfico apropiado (Montañez, 1998).

    Por ello, se afirma que la producción de territorio se encuentra cargada de intencionalidades que expresan las diferentes y frecuentemente contradictorias visiones del mundo que tienen los sujetos sociales en pugna por su apropiación, y no necesariamente  se realiza  consensuando dichas intencionalidades sino que puede ser resultante de la imposición de  una  determinada  intencionalidad  territorial  sobre  otra  (Argenta,  2012).

    Así, la apropiación del espacio y la producción del territorio por parte de determinados grupos o colectivos sociales dependerá de las relaciones de poder existentes entre y al interior de éstos, en el entendido que las relaciones sociales entre los seres humanos no son simétricas sino que se encuentran mediadas por diferenciales de poder. Son dichas relaciones de poder entre los sujetos sociales, las que en definitiva definen cuál o cuáles de ellos en la disputa por el territorio se hacen con su control.

    El concepto de territorio contribuye entonces a comprender la relación de los seres humanos con el espacio, sin perder de vista el poder, como uno de los elementos fundamentales que median la apropiación del espacio geográfico, como proceso esencial de toda relación social.

    El territorio se comprende como un lugar de sentido, más allá de la delimitación espacial o geográfica, en donde se configura como acontecimiento, que se construye socialmente.  Son múltiples las posibilidades de discusión teórica sobre el tema. Como una aproximación inicial, podríamos pensar que delimitar el territorio desde lo cultural implica, según Gilberto Giménez, definirlo como “apropiación simbólico expresiva del espacio”  y se expresa en tres dimensiones: una que lo concibe como espacio de inscripción de la cultura, es decir que reconoce que no existen territorios vírgenes sino que están “tatuados” por las huellas de la historia, de la cultura y del trabajo humano; una segunda dimensión que lo concibe como marco o área de distribución de instituciones y prácticas culturales y una tercera dimensión, en la que el territorio puede ser apropiado subjetivamente como objeto de representación y de apego afectivo, y sobre todo como símbolo de pertenencia socio-territorial, caso en el que los sujetos (individuales y colectivos) interiorizan el espacio integrándolo a su propio sistema cultural  (Giménez, 2000, págs. 19-33). “El territorio es el espacio para la enacción de mundos relacionales”, afirma Escobar  (2016) : desde ese lugar el propósito de anclaje territorial del Programa reconoce el desafío que implica construir territorios en el mundo urbano que los concibe desde la fragmentación y la racionalidad ubicando la comunicación como un elemento meramente instrumental.  Se habla de territorios comunicativos, más propiamente de territorios en y de comunicación, que se configuran en el diálogo y desde la memoria, en la relación de los seres humanos y no humanos y sus entornos, sobre tejidos comunicativos que trascienden lo espacial se traslapan con fronteras virtuales e incluso emocionales, cada vez más porosas y también más interconectadas.

    Desde estas coordenadas iniciales se construye la idea de territorio como posibilidad de transformación y concreción de las iniciativas que desde el Programa se desarrollan en relación con un territorio específico que, mediado por el tiempo, se configura como lugar determinado culturalmente con base en la experiencia colectiva. Los integrantes de la comunidad académica nos encontramos en el tejido social que conforma el territorio y nos incorporamos en su entramado desde las lógicas educativas que hacen parte de los continuos procesos de transformación en que se inscribe y construye permanentemente el territorio mismo. 

    1.3.5 La perspectiva estética

    Cuando se crean enunciados propios de las subjetividades singulares que afirman la vida, en esos discursos es posible ver actuar a un verdadero estado de existencia. Aunque los enunciados −lo que se dice− aparecen en una época determinada, lo más importante es el hecho positivo de la presencia material de estos y su vínculo estrecho con los cuerpos. Los enunciados singulares pueden aparecer en una conversación, en un monólogo, en el discurso de una novela, en el discurso de una sociedad religiosa o científica; pueden ser dichos oralmente o por escrito; en el límite, pueden incluirse como enunciados todas las formas de expresión humana tales como el arte o la tecnología.

    Mientras se intentó que el cuerpo y los signos estuvieran sometidos a la lógica de un racionalismo idealista, se proponía el equilibrio entre el pensamiento y la acción como un acto creador. Las categorías de materia y forma, relacionadas como contrarios, sugerían un orden que convertía a la segunda en el objeto de la reflexión estética, dando paso, por ello, a la convicción de que dicha reflexión pertenecía a los campos del arte y la literatura. Frente a ello, es posible oponer una perspectiva materialista de la forma que, en el marco de la semiótica dio lugar a considerar la expresión y el contenido, como funtivos de la función semiótica, a través de un vínculo que, de disolverse, solamente haría evidente la existencia de dos planos, cada uno de los cuales, por sí sólo, carece de valor.

    La transformación de los afectos y los signos es operada por la producción de los medios. Esta última no implica dar forma a una materia al interior de un sistema, ni busca un equilibrio entre forma y materia; más bien lo que implica es una experimentación, a través de la cual se busca captar las fuerzas que están presentes en un campo.  En  la producción de los medios, la perspectiva estética se centra en producir una novedad, decir lo que no se ha dicho, potenciar los afectos, romper los lugares comunes del lenguaje.

    Para producir los medios, abrirles a campos comunicativos y crear nuevos sentidos siempre habrá un trayecto vital, un recorrido en el cual los cuerpos y los signos se ponen en juego. Los sujetos de la comunicación se definirán, así, a través del trazado de un trayecto. Un espacio como afirmara Deleuze (1996, pág. 97) , en donde la posición de los cuerpos depende estrechamente de sus trayectos interiores; de esta manera, la relación con los medios se constituye en un proceso impersonal que depende de los recorridos internos a los propios medios y sus relaciones. 

    En otros términos, el impacto de la producción de medios sobre la subjetividad se produce gracias a las posibilidades de experimentación, las cuales consisten en la inclusión de cuerpos y signos en el flujo de lo sensible, en una colección de impresiones e imágenes, un conjunto de percepciones.

    En una comunicación creativa y experimental se plantea una definida posición ética, pues la preocupación fundamental es la vida. Poner a la vida en primer plano consiste en construir trayectos vitales, tomar los cuerpos y los signos en relación y hacerlos pasar a un estado en el cual su naturaleza se haga más fuerte y activa, animar y apoyar la posibilidad de pasar de ser un cuerpo que padece a ser un cuerpo que obra.

    En un país como Colombia, en donde la vida se ve amenazada a diario pero donde también surgen oportunidades para generar cambios, se hace urgente que la Universidad se plantee propuestas de formación académica para singularizar a los sujetos y con ello afirmar la vida. ¿Cómo potenciar la vida desde el campo comunicativo? es una pregunta fundamental.  La afirmación de la vida, a través del privilegio de los afectos alegres, no constituye una vida trascendente en el más allá, sino en un aquí y ahora; entonces, el campo de la comunicación constituye un lugar límite entre los afectos y los signos, al borde de las enunciaciones y de los cuerpos, que cuestiona los discursos hegemónicos y las estructuras gramaticales y normativas. En este campo no nos mantenemos en el interior de los enunciados, ni tampoco en unas estrategias del discurso dirigidas hacia el exterior.

    En la producción de medios que impactan la sensibilidad, las fuerzas que se captan son capaces de afectar la vida de los individuos y sus situaciones reales. Pensada de esta manera, la estética trasciende el campo del arte y plantea el problema de la experiencia en comunicación: aquí se configura como experiencia que vivifica, vigoriza y renueva la actitud con la que se enfrentan las circunstancias. Se establece así, una continuidad entre la experiencia estética y los procesos cotidianos de la vida. La perspectiva estética de la comunicación integra los elementos de la experiencia.

    De esta forma, nos ubicamos en una perspectiva pragmática de la estética, perspectiva indiscernible de una ética que afirma la vida.



    1. Se incorporan aquí apartes de los documentos Las concepciones de la comunicación, de María Isabel Cortes Cortes y Luis Ramiro Leguízamo (Universidad Central 2012) y Notas a propósito del campo de la comunicación, de Luis Orlando Espinosa (Universidad Central 2013).
    2. Norbert Wiener (Columbia, Misuri, 1894 – Estocolmo, Suecia, 1964), matemático conocido como el fundador de la cibernética amplió las posibilidades de las matemáticas hasta el estudio de fenómenos sociales. Entre sus obras se cuentan Cibernética. Control y comunicación en animales y máquinas (1949) y Cibernética y sociedad (1950).
    3. Citado en Las concepciones de la comunicación, de María Isabel Cortes Cortes y Luis Ramiro Leguízamo (Universidad Central 2012)
    4. La construcción conceptual que aquí aparece, se realiza con soporte en los textos del sociólogo francés, Pierre Bourdieu: Espacio social y campo de poder (1997) y Cosas dichas (2000)
    5. Se materializa en el plan de estudios 9005.
    6.  La propuesta se concretó en los planes 1048-1049 y 1050-1051.
    7.  El siglo XX fue el escenario para el encuentro y desencuentro de diversos enfoques conceptuales y metodológicos que intentaban responder a la pregunta por la comunicación: desde las propuestas que emergen del positivismo, como las norteamericanas que respondían en razón a un proceso comunicativo y la europea que resuelve la pregunta desde las prácticas discursivas, hasta los intentos que desde la crítica y la cultura, llevaron a pensarla como un escenario de lucha por la significación y el poder. Se unen aquí los aportes desde el marxismo europeo, la Escuela de Frankfort y los estudios culturales.
    8. Dicha aproximación se concretó en el plan 4009-4010 y continua siendo directriz en el plan 4055-4056.
    9. La propuesta se materializa en el plan 4009-4010 y sus ajustes, en 2014, en el plan 4055-4056.

     Ir arriba

    Logo ACN Pata Blanco


    NAVEGACIÓN       

     

    Inicio
    Actualidad
    Cultura
    Opinión
    Deportes


    CONTÁCTENOS            

     

    Conmutadores: 323 98 68 y 326 68 20
    Extensión 4060 / 4063
    Correo: agenciacentraldenoticias@ucentral.edu.co

    © 2017 Todos los derechos reservados. ACN | Agencia Central de Noticias. Sede Norte: Calle 75 n.º 16-03 Edificio Violi piso 5, Bogotá - Colombia