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Crónica: Tras las huellas del dolor

Mensaje de amor, agradecimiento, fortaleza, unión y perseverancia

felipefin

 

En el marco de la investigación realizada en el año 2019 por la Universidad Central: “El quehacer periodístico en Colombia y su aporte en el fortalecimiento de los procesos de Memoria Histórica en los casos de violencia sexual de mujeres en el marco del conflicto armado colombiano”, estudiantes del Programa de Comunicación Social y Periodismo, escribieron como productos de la investigación periodística, 8 crónicas en las que narran las historias de vida de mujeres víctimas y sobrevivientes de violencia sexual, haciéndo un énfasis especial en sus procesos de reparación personal.  La investigación y el acercamiento a las mujeres víctimas y profesionales, se hizo a través de procesos  de escucha profunda; entendiendo a las mujeres como agentes transformadores y pilares para un proceso de paz duradero.

En estas crónicas se busca incidir y dar cuenta de cómo desde la comunicación se pueden hacer procesos de reparación, resguardando en el seno de la memoria las historias de mujeres que han afrontado momentos de violencia y, que han tenido la capacidad, de apostar a una nueva Colombia mediante un camino de paz.  

A continuación pueden leer cada una de las crónicas realizadas: 

--------- 

“Dejar el miedo de lado es lo único que puedo enseñar” ...

Madre. Líder. Hija. Amante. 

Por: Gabriel Felipe Cuesto Rodríguez

Es un Suspiro la vida. Suspiro lucha para comerse al mundo. Suspiro sufre por las otras. Suspiro perdona. Suspiro confía. Suspiro. Suspiro llora y, sobre todo, Suspiro sueña. Se llamará Suspiro para evitar la pérdida de una más.  

Pudo ser entre 1973 y 1975, cuando Suspiro creía que la vida estaba compuesta por unas parcelas de algodón, sonrisas y unión familiar. Sus ojos brillantes, el sol por un costado y la sonrisa de su hermano por el otro, la escena infantil adornada por una llanta de tractor; de esas grandes, la cual fue protagonista. Suspiro, recuerda el momento con angustia, su hermano rodó parcela abajo, la llanta con velocidad desmesurada se volteó y el brazo del pequeño quedó fracturado. No es un recuerdo feliz, pero es lo que hay. 

El corazón de la madre de Suspiro era violento contra la injusticia y la desigualdad, propio de la defensa de la mujer. Su progenitora era líder ¡qué herencia para Suspiro!, su padre arraigado a su pueblo y, por el lado de sus dos hermanos; uno adoptado a causa de unos padres que le abandonaron en el seno de la unión de la familia Serna Gómez, y el otro, Miguel Ángel, fuerte como palo de mango, su hermana menor llena de ilusión y esperanza. 

Para Suspiro su madre era la expresión viva de resistencia y tejido social. Luchaba contra el poder de los ricos y su falta de empatía. Organizaba a las mujeres del pueblo para que fueran una sola, apropiándose de terrenos baldíos para aquellos que los necesitaban. Suspiro con apenas cinco años, se montaba en camiones de carga con cientos de mujeres que querían un cambio alzando la voz: - “Mamá tenga cuidado, en cualquier momento nos matan”-... 

Y sí, Suspiro ahondada en miedo, mientras quesu madre con miles de ganas, luchaba contra el viento del conflicto armado colombiano, la marea caudalosa de la guerra y el sol del día a día. 

En el mundo existen complementos. En el caso de la madre de Suspiro, su esposo era ese aliento que le daba sentido a su vida. Ella, una mujer aguerrida a la lucha necesitaba un freno por las circunstancias de Colombia. Una Colombia que tiene actores poderosos que mandan o dominan en el conflicto, también ejecutan y actúan conforme a unos intereses e ideales, según dice Suspiro. De su padre, recuerda: - “Era un hombre fuerte, con rasgos característicos de la región Caribe de Colombia y, sobretodo, fiel a su familia, dispuesto a entregar su vida por cada uno de nosotros”-. 

Con el paso del tiempo, los desafíos de la vida iban llegando, el transcurrir del mismo iba haciendo a algunos adultos y a los otros abuelos. Suspiro y sus hermanos entre los 19 y 25 años, sus padres próximos a la tercera edad.  

***

“La noche es de fiesta dice la gente de la capital. La noche es de guerra dicen los del pueblo”. 

Para Suspiro, el día que dejó huella a su familia no es exacto, las horas sí, fue una noche eterna de 6:00 p.m., a 5:00 a.m., por los ojos de la familia Serna Gómez pasó la vida, el dolor, la tragedia y el abuso.  

Estaba cayendo el sol en Codazzi, de donde todos eran oriundos, cuando un grupo de guerrilleros tomó como rehén a la mamá y hermano de Suspiro. La casa se convirtió en un territorio de guerra, sin embargo, era costumbre ver estos controles en la zona. 

Suspiro y su hermana iban camino a su casa cuando los guerrilleros retuvieron a algunos integrantes de su familia, su padre y hermano no se encontraban en la zona

La casa estaba siendo escudriñada por los guerrilleros, buscaban algo más allá del control, querían información. La madre de Suspiro pensó que venían por su hijo militar, estaba de permiso, mientras él creyó que querían a sus hermanas. Nadie lo sabía. Los guerrilleros recibían mensajes en clave por sus radio-teléfonos. 

Esos mensajes, según lo que se podía interpretar; comunicaban de cualquier movimiento que estuviera ocurriendo fuera de la casa. Ese mismo artefacto de comunicación avisó, después de unas horas, cuando llegó el señor Serna en compañía de su hijo, minutos después de haber llegado sus dos hijas. 

El palo de mango que fue cómplice silencioso durante los juegos de los hermanos y hermana Serna Gómez, en esta oportunidad sirvió como escondite al mayor de los hermanos de Suspiro, sin embargo, al ser visto por uno de los guerrilleros, fue obligado a ingresar a la casa en donde tenían retenidos al resto de los miembros de la familia.

“Mi padre pedía, suplicaba, imploraba que nos dejaran en paz, explicaba que no teníamos nexos con los guerrilleros, ni mucho menos con los paramilitares”-, afirmación que poca validez tuvo en el momento.  

Las habitaciones se convirtieron en cárceles, dividieron a la familia, en el momento donde necesitaban estar más unidos. En la cocina, por ejemplo, dejaron a las dos hermanas; en un cuarto al papá, mamá y hermano mayor, quien en su afán de controlar la situación decidió enfrentarse a uno de los guerrilleros, el cual respondió propinándole varios golpes en la cabeza, el hermano cayó al piso perdiendo la conciencia. 

Los guerrilleros optaron por abusar, enajenar y cohabitar los cuerpos de las hermanas Serna. Ellas, callaron el dolor que sentían en cada rincón de la piel por el bien de su familia.

Suspiro, en defensa de su hermana menor, sacó de sus vísceras la fuerza para poner su cuerpo en frente del de ella. Prefería que el abuso fuera para ella, no podía permitir que le hicieran “el daño”, que es como Suspiro se refiere a la violación.

Simultáneamente, otro de los guerrilleros le recordaba a su compañero que eso estaba prohibido, que no los habían mandado a violar. Él respondía con ironía, diciendo: -“Ellas van a estar calladitas”-. A su vez, el papá y la mamá gritaban con voz de desespero.

Impotencia, tristeza desconsuelo, poder e ironía 

Con estas palabras, se pueden describir los sentimientos y actitudes que se sentían en la casa de la familia Serna Gómez. Los guerrilleros seguían recibiendo mensajes en clave, por cada mensaje una hora más de retención. El reloj avanzaba, Suspiro se convertía en lucha y resistencia, eso que heredó de su madre, de su hermano tirado en el piso, y sobra decir lo de su padre. 

En la cocina se concentraba la mayor de las injusticias, el hombre que tenía a las hermanas no paraba de decirles que se quitaran las prendas, ellas se excusaban, rogaban y no lo hacían. La paciencia del abusador terminó. 

Obligó a Suspiro a despojarse de toda su ropa, quedó en ropa interior y para el abusador no fue suficiente. Decidió quitar lo último que le quedaba con un cuchillo, por eso la cicatriz de Suspiro en el pecho, asumiendo que el cuerpo de ella es un objeto más. Le acababan de quitar lo único que le permitía estar cubierta. No era solo ropa, era su protección. 

La desnudez forzada, es abuso sexual. Nadie tiene el derecho de hacerlo. Eso lo que dice la ley, pero otra cosa era la escena de la cocina: la realidad. 

El reloj marcó las cinco de la mañana, la noche terminó, la retención también. Los guerrilleros de las FARC dejaron órdenes, llamar a la policía y avisar que estuvieron allí. Pidieron disculpas por el mal momento. Sí, para ellos un mal momento. 

Lo que dejó este acto atroz, aparte del recuerdo y el dolor, la posterior muerte de su hermano. Lo salvaron por algunos años, sin embargo, el golpe tuvo contraindicaciones médicas, un derrame cerebral acabó con su vida. 

Los dolores físicos duraron semanas. Los dolores del corazón pesan aún. Suspiro al poco tiempo decidió irse a estudiar enfermería a Barranquilla con su hermana. Los padres quedaron en Codazzi, Cesar. 

En ese tiempo donde estaban a 292,5 km de distancia, sus hermanas y sus padres solo les quedaba la satisfacción de estar seguros. La madre alejada de su labor como líder y su padre dedicado al trabajo. 

Aunque Barranquilla en un principio mitigó los malos recuerdos de Suspiro, no le sirvió como aliciente, pues en su cabeza siempre estuvo presente un sentimiento que no la dejaba: la culpa. Consideraba que ella era responsable de la violación. - “No lo debí haber hecho, debí haber sido más fuerte, debí gritar, debí y debí”-. Todos los deberes que ella tuvo que hacer, nunca pensó en que el guerrillero era el único responsable de las noches que no pudo dormir, de los recuerdos amargos y de su poca disposición para el amor. 

Al terminar sus estudios trabajó en Barranquilla y la soledad era abrumadora. Su madre no asimiló nunca la muerte de su hijo, esto le ocasionó problemas en el corazón. La última llamada de Suspiro con su madre fue de fortaleza, una despedida que debía tener. En la llamada llevaban aproximadamente un minuto cuando su madre falleció. Suspiro decide volver a Codazzi, para acompañar a su padre. Allí las cosas no pintaban bien. Los dibujos de las escenas eran tristes, las muertes recurrentes debilitaban el lazo familiar. 

La algidez del conflicto en Codazzi seguía presente como en aquel l974. Las luces de la vida de Suspiro se apagaban, pero una encendió un motor que estaba quieto. Apareció un viejo amor, el cual había esperado por Suspiro. Que como ella lo describe: - “El amor en los tiempos del Cólera”-. El matrimonio fue muy rápido, la decisión no se pensó detenidamente ni con la almohada, solo desde el corazón. 

Ella tenía dos deudas. La primera con su madre, la labor social no podía morir en su tumba y la segunda con ella misma, debía ser feliz. 

A mediados del 2006 y después de que su vida perdió toda esperanza, logró transformar todo ese dolor en luz, haciendo un proceso para ser lideresa comunitaria, entregada a las mujeres que lo necesitaban, haciendo escuchar su voz. Acompañada de Angélica Bello, otra lideresa de Codazzi, quien le enseñó que no hay que callar y quien dejó un vacío infinito, cuando apareció muerta en su habitación. Le agradece por haber dejado toda su valentía y la ley 1719 de 2014, la cual tiene como objeto garantizar el derecho de acceso a la justicia de las víctimas de violencia sexual. 

Su labor como lideresa la ha obligado dejar su querido Codazzi. Después de talleres dictados para que las mujeres hablen sobre sus casos, fue amenazada, incluso, sino fuera por la labor de la policía hubiese sido asesinada un 13 de abril de 2013 a manos de un grupo guerrillero que la perseguía, porque según ellos, estaba metiéndose en temas que no le correspondían. Ese mismo día aceptó vivir en Bogotá con un esquema de seguridad. Dejó a su esposo e hijos y se albergó en la capital colombiana. Allí sufrió devenires y el más grande de sus miedos, la soledad. Lo que más amaba estaba a doce horas de distancia. 

Gracias a su esfuerzo y a las mujeres que le piden que no deje la labor, logró traer a su familia a Bogotá. Vive con ellos y aunque el miedo lo tiene aferrado, agradece a los ángeles que se le han aparecido por el camino con una mano tendida para ayudarla.

El mensaje de amor

Debido a su lucha incansable, deja un mensaje -con lágrimas en los ojos-, para sus hijos, su esposo y las mujeres víctimas de violencia sexual. A sus hijos: - “que los amo”-, para su esposo: - “total agradecimiento y amor”- y para las mujeres víctimas: - “fortaleza, unión y perseverancia”-. 

Homenaje a Elsy Serna Gómez, una fiel enamorada del proceso de paz, lideresa y aguerrida a la vida.

ACTUALIDAD

Crónica: Tras las huellas del dolor

Mensaje de amor, agradecimiento, fortaleza, unión y perseverancia

felipefin

 

En el marco de la investigación realizada en el año 2019 por la Universidad Central: “El quehacer periodístico en Colombia y su aporte en el fortalecimiento de los procesos de Memoria Histórica en los casos de violencia sexual de mujeres en el marco del conflicto armado colombiano”, estudiantes del Programa de Comunicación Social y Periodismo, escribieron como productos de la investigación periodística, 8 crónicas en las que narran las historias de vida de mujeres víctimas y sobrevivientes de violencia sexual, haciéndo un énfasis especial en sus procesos de reparación personal.  La investigación y el acercamiento a las mujeres víctimas y profesionales, se hizo a través de procesos  de escucha profunda; entendiendo a las mujeres como agentes transformadores y pilares para un proceso de paz duradero.

En estas crónicas se busca incidir y dar cuenta de cómo desde la comunicación se pueden hacer procesos de reparación, resguardando en el seno de la memoria las historias de mujeres que han afrontado momentos de violencia y, que han tenido la capacidad, de apostar a una nueva Colombia mediante un camino de paz.  

A continuación pueden leer cada una de las crónicas realizadas: 

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“Dejar el miedo de lado es lo único que puedo enseñar” ...

Madre. Líder. Hija. Amante. 

Por: Gabriel Felipe Cuesto Rodríguez

Es un Suspiro la vida. Suspiro lucha para comerse al mundo. Suspiro sufre por las otras. Suspiro perdona. Suspiro confía. Suspiro. Suspiro llora y, sobre todo, Suspiro sueña. Se llamará Suspiro para evitar la pérdida de una más.  

Pudo ser entre 1973 y 1975, cuando Suspiro creía que la vida estaba compuesta por unas parcelas de algodón, sonrisas y unión familiar. Sus ojos brillantes, el sol por un costado y la sonrisa de su hermano por el otro, la escena infantil adornada por una llanta de tractor; de esas grandes, la cual fue protagonista. Suspiro, recuerda el momento con angustia, su hermano rodó parcela abajo, la llanta con velocidad desmesurada se volteó y el brazo del pequeño quedó fracturado. No es un recuerdo feliz, pero es lo que hay. 

El corazón de la madre de Suspiro era violento contra la injusticia y la desigualdad, propio de la defensa de la mujer. Su progenitora era líder ¡qué herencia para Suspiro!, su padre arraigado a su pueblo y, por el lado de sus dos hermanos; uno adoptado a causa de unos padres que le abandonaron en el seno de la unión de la familia Serna Gómez, y el otro, Miguel Ángel, fuerte como palo de mango, su hermana menor llena de ilusión y esperanza. 

Para Suspiro su madre era la expresión viva de resistencia y tejido social. Luchaba contra el poder de los ricos y su falta de empatía. Organizaba a las mujeres del pueblo para que fueran una sola, apropiándose de terrenos baldíos para aquellos que los necesitaban. Suspiro con apenas cinco años, se montaba en camiones de carga con cientos de mujeres que querían un cambio alzando la voz: - “Mamá tenga cuidado, en cualquier momento nos matan”-... 

Y sí, Suspiro ahondada en miedo, mientras quesu madre con miles de ganas, luchaba contra el viento del conflicto armado colombiano, la marea caudalosa de la guerra y el sol del día a día. 

En el mundo existen complementos. En el caso de la madre de Suspiro, su esposo era ese aliento que le daba sentido a su vida. Ella, una mujer aguerrida a la lucha necesitaba un freno por las circunstancias de Colombia. Una Colombia que tiene actores poderosos que mandan o dominan en el conflicto, también ejecutan y actúan conforme a unos intereses e ideales, según dice Suspiro. De su padre, recuerda: - “Era un hombre fuerte, con rasgos característicos de la región Caribe de Colombia y, sobretodo, fiel a su familia, dispuesto a entregar su vida por cada uno de nosotros”-. 

Con el paso del tiempo, los desafíos de la vida iban llegando, el transcurrir del mismo iba haciendo a algunos adultos y a los otros abuelos. Suspiro y sus hermanos entre los 19 y 25 años, sus padres próximos a la tercera edad.  

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“La noche es de fiesta dice la gente de la capital. La noche es de guerra dicen los del pueblo”. 

Para Suspiro, el día que dejó huella a su familia no es exacto, las horas sí, fue una noche eterna de 6:00 p.m., a 5:00 a.m., por los ojos de la familia Serna Gómez pasó la vida, el dolor, la tragedia y el abuso.  

Estaba cayendo el sol en Codazzi, de donde todos eran oriundos, cuando un grupo de guerrilleros tomó como rehén a la mamá y hermano de Suspiro. La casa se convirtió en un territorio de guerra, sin embargo, era costumbre ver estos controles en la zona. 

Suspiro y su hermana iban camino a su casa cuando los guerrilleros retuvieron a algunos integrantes de su familia, su padre y hermano no se encontraban en la zona

La casa estaba siendo escudriñada por los guerrilleros, buscaban algo más allá del control, querían información. La madre de Suspiro pensó que venían por su hijo militar, estaba de permiso, mientras él creyó que querían a sus hermanas. Nadie lo sabía. Los guerrilleros recibían mensajes en clave por sus radio-teléfonos. 

Esos mensajes, según lo que se podía interpretar; comunicaban de cualquier movimiento que estuviera ocurriendo fuera de la casa. Ese mismo artefacto de comunicación avisó, después de unas horas, cuando llegó el señor Serna en compañía de su hijo, minutos después de haber llegado sus dos hijas. 

El palo de mango que fue cómplice silencioso durante los juegos de los hermanos y hermana Serna Gómez, en esta oportunidad sirvió como escondite al mayor de los hermanos de Suspiro, sin embargo, al ser visto por uno de los guerrilleros, fue obligado a ingresar a la casa en donde tenían retenidos al resto de los miembros de la familia.

“Mi padre pedía, suplicaba, imploraba que nos dejaran en paz, explicaba que no teníamos nexos con los guerrilleros, ni mucho menos con los paramilitares”-, afirmación que poca validez tuvo en el momento.  

Las habitaciones se convirtieron en cárceles, dividieron a la familia, en el momento donde necesitaban estar más unidos. En la cocina, por ejemplo, dejaron a las dos hermanas; en un cuarto al papá, mamá y hermano mayor, quien en su afán de controlar la situación decidió enfrentarse a uno de los guerrilleros, el cual respondió propinándole varios golpes en la cabeza, el hermano cayó al piso perdiendo la conciencia. 

Los guerrilleros optaron por abusar, enajenar y cohabitar los cuerpos de las hermanas Serna. Ellas, callaron el dolor que sentían en cada rincón de la piel por el bien de su familia.

Suspiro, en defensa de su hermana menor, sacó de sus vísceras la fuerza para poner su cuerpo en frente del de ella. Prefería que el abuso fuera para ella, no podía permitir que le hicieran “el daño”, que es como Suspiro se refiere a la violación.

Simultáneamente, otro de los guerrilleros le recordaba a su compañero que eso estaba prohibido, que no los habían mandado a violar. Él respondía con ironía, diciendo: -“Ellas van a estar calladitas”-. A su vez, el papá y la mamá gritaban con voz de desespero.

Impotencia, tristeza desconsuelo, poder e ironía 

Con estas palabras, se pueden describir los sentimientos y actitudes que se sentían en la casa de la familia Serna Gómez. Los guerrilleros seguían recibiendo mensajes en clave, por cada mensaje una hora más de retención. El reloj avanzaba, Suspiro se convertía en lucha y resistencia, eso que heredó de su madre, de su hermano tirado en el piso, y sobra decir lo de su padre. 

En la cocina se concentraba la mayor de las injusticias, el hombre que tenía a las hermanas no paraba de decirles que se quitaran las prendas, ellas se excusaban, rogaban y no lo hacían. La paciencia del abusador terminó. 

Obligó a Suspiro a despojarse de toda su ropa, quedó en ropa interior y para el abusador no fue suficiente. Decidió quitar lo último que le quedaba con un cuchillo, por eso la cicatriz de Suspiro en el pecho, asumiendo que el cuerpo de ella es un objeto más. Le acababan de quitar lo único que le permitía estar cubierta. No era solo ropa, era su protección. 

La desnudez forzada, es abuso sexual. Nadie tiene el derecho de hacerlo. Eso lo que dice la ley, pero otra cosa era la escena de la cocina: la realidad. 

El reloj marcó las cinco de la mañana, la noche terminó, la retención también. Los guerrilleros de las FARC dejaron órdenes, llamar a la policía y avisar que estuvieron allí. Pidieron disculpas por el mal momento. Sí, para ellos un mal momento. 

Lo que dejó este acto atroz, aparte del recuerdo y el dolor, la posterior muerte de su hermano. Lo salvaron por algunos años, sin embargo, el golpe tuvo contraindicaciones médicas, un derrame cerebral acabó con su vida. 

Los dolores físicos duraron semanas. Los dolores del corazón pesan aún. Suspiro al poco tiempo decidió irse a estudiar enfermería a Barranquilla con su hermana. Los padres quedaron en Codazzi, Cesar. 

En ese tiempo donde estaban a 292,5 km de distancia, sus hermanas y sus padres solo les quedaba la satisfacción de estar seguros. La madre alejada de su labor como líder y su padre dedicado al trabajo. 

Aunque Barranquilla en un principio mitigó los malos recuerdos de Suspiro, no le sirvió como aliciente, pues en su cabeza siempre estuvo presente un sentimiento que no la dejaba: la culpa. Consideraba que ella era responsable de la violación. - “No lo debí haber hecho, debí haber sido más fuerte, debí gritar, debí y debí”-. Todos los deberes que ella tuvo que hacer, nunca pensó en que el guerrillero era el único responsable de las noches que no pudo dormir, de los recuerdos amargos y de su poca disposición para el amor. 

Al terminar sus estudios trabajó en Barranquilla y la soledad era abrumadora. Su madre no asimiló nunca la muerte de su hijo, esto le ocasionó problemas en el corazón. La última llamada de Suspiro con su madre fue de fortaleza, una despedida que debía tener. En la llamada llevaban aproximadamente un minuto cuando su madre falleció. Suspiro decide volver a Codazzi, para acompañar a su padre. Allí las cosas no pintaban bien. Los dibujos de las escenas eran tristes, las muertes recurrentes debilitaban el lazo familiar. 

La algidez del conflicto en Codazzi seguía presente como en aquel l974. Las luces de la vida de Suspiro se apagaban, pero una encendió un motor que estaba quieto. Apareció un viejo amor, el cual había esperado por Suspiro. Que como ella lo describe: - “El amor en los tiempos del Cólera”-. El matrimonio fue muy rápido, la decisión no se pensó detenidamente ni con la almohada, solo desde el corazón. 

Ella tenía dos deudas. La primera con su madre, la labor social no podía morir en su tumba y la segunda con ella misma, debía ser feliz. 

A mediados del 2006 y después de que su vida perdió toda esperanza, logró transformar todo ese dolor en luz, haciendo un proceso para ser lideresa comunitaria, entregada a las mujeres que lo necesitaban, haciendo escuchar su voz. Acompañada de Angélica Bello, otra lideresa de Codazzi, quien le enseñó que no hay que callar y quien dejó un vacío infinito, cuando apareció muerta en su habitación. Le agradece por haber dejado toda su valentía y la ley 1719 de 2014, la cual tiene como objeto garantizar el derecho de acceso a la justicia de las víctimas de violencia sexual. 

Su labor como lideresa la ha obligado dejar su querido Codazzi. Después de talleres dictados para que las mujeres hablen sobre sus casos, fue amenazada, incluso, sino fuera por la labor de la policía hubiese sido asesinada un 13 de abril de 2013 a manos de un grupo guerrillero que la perseguía, porque según ellos, estaba metiéndose en temas que no le correspondían. Ese mismo día aceptó vivir en Bogotá con un esquema de seguridad. Dejó a su esposo e hijos y se albergó en la capital colombiana. Allí sufrió devenires y el más grande de sus miedos, la soledad. Lo que más amaba estaba a doce horas de distancia. 

Gracias a su esfuerzo y a las mujeres que le piden que no deje la labor, logró traer a su familia a Bogotá. Vive con ellos y aunque el miedo lo tiene aferrado, agradece a los ángeles que se le han aparecido por el camino con una mano tendida para ayudarla.

El mensaje de amor

Debido a su lucha incansable, deja un mensaje -con lágrimas en los ojos-, para sus hijos, su esposo y las mujeres víctimas de violencia sexual. A sus hijos: - “que los amo”-, para su esposo: - “total agradecimiento y amor”- y para las mujeres víctimas: - “fortaleza, unión y perseverancia”-. 

Homenaje a Elsy Serna Gómez, una fiel enamorada del proceso de paz, lideresa y aguerrida a la vida.

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