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IDENTIDAD QUE DEFINE, CUERPO QUE REPRIME

 

 Travestismo de closetNicole Castaño Paola ÁlvarezIdentidad de géneroSexualidadTransformaciónCentro de BogotáLabor socialAceptación

El travestismo de closet es milenario. El centro de Bogotá es uno de los escenarios que guarda los secretos de estas mujeres que se sienten atrapadas en un cuerpo que no pudieron elegir. De todas las edades, de todos los estratos, se refugian en los pequeños ratos y lugares en los que pueden mostrar su feminidad a flor de piel.

Por: Paola Álvarez y Nicole Castaño

 

De estatura baja, espalda ancha y rasgos aguileños, Derly Lizeth Linares guarda sus primeros recuerdos de infancia como los primeros momentos donde sintió que era diferente a todos los niños de su edad. La ropa de su hermana y su mamá eran su fascinación, pero tenía que llevarlo en secreto. Se vestía como ellas y sentía que era ella misma por pocos minutos. Pasó toda su vida así, detrás de un hombre que mostraba una vida heterosexual, con una hija y con una esposa que nunca tuvieron manifestaciones de algo diferente.

Hace poco más de siete años, a raíz de un grupo con sus mismas experiencias, al cual pertenecía, decidió abrir Tranxtienda, un lugar donde sí hay closets, pero siempre están abiertos. EL local está ubicado en la carrera 10 con calle 17, en pleno corazón del centro de la capital. Para ese entonces, Derly, quien daba su confianza y nobleza sin arrepentimientos vio cómo su esposa y un sujeto al cual había empleado, la extorsionaron buscando dinero. Ese episodio hizo rebosar el vaso. Tranxtienda se convirtió en una labor social desde el primer día; más allá de la tienda, la visibilización de esta práctica en la sociedad es lo que busca esta mujer, que no para, qué va y viene y que hace una labor comunitaria en el sector que es digna de admirar.

En el cuarto piso del centro comercial Galaxcentro, un edificio viejo con casi todos sus locales vacíos o trajinados, Tranxtienda conserva numerosas clientas que tratan con la mayor de las reservas; muchas de ellas, con familias y miedo, se sientan en el camerino a explotar lo que siempre han querido ser. Una vez terminado el rato, un locker recibe todas sus prendas de mujer y entrega ropa de hombre con la cual salen de nuevo, todo sin rastro, si ellas así lo desean.

Derly se siente afortunada, pudo realizar su tránsito, a pesar de la forma en cómo empezó. Para ella, quienes se trasvisten siempre desean realizar su tránsito, pero muy pocas lo harán. Algunas de ellas, vivirán con la culpa y el arrepentimiento; otras, siendo víctimas de las estadísticas, practicarán la prostitución, abandonarán su casa o peor aún, se suicidarán.

Encontró paz al poder ser mujer sin tapujos, sin dobles jugadas. Además se convirtió en una reconocida líder comunitaria, que trabaja de la mano de la alcaldía. Cuando no tenía mucha esperanza en esta vaina del amor, apareció Zahira, con poco más de 20 años llegó a la vida de Derly como alguien que le ayudaría con su negocio en crecimiento. Zahira no lo supo inmediatamente, nunca había sentido atracción por una mujer; por otro lado, Derly siempre supo que le gustaban las mujeres, que su identidad de género era algo separado de su preferencia sexual. Se enamoró de ella en el instante en que la vio. Hoy llevan siete años juntas y un hijo de tres años es su mayor tesoro. Zahira entiende que en ella no solo tiene a su esposa, tiene una amiga, una consejera, el combo completo.

Después de la experiencia, estas dos mujeres se han puesto al mando de lo que la tienda y la vida social requieren. Hoy acogen a más de 20 mujeres que las quieren como si de sus familias se trataran y que entregan el corazón en cada una de las cosas que comparten con sus anfitrionas. Es así como aparecen las historias de Carolina y Katherine, dos de las clientas de la tienda más queridas por todas las personas que conocen y comparten su historia.

Son opuestas: Carolina es tímida, busca privacidad y reserva en cuanto a su historia se trata, es callada y las pocas palabras que comparte las hace con una voz baja e insegura que aún muestra la tristeza del rechazo de sus cercanos. Su sueño más preciado y al que le ha puesto el alma entera es convertirse en una mujer de pies a cabeza en menos de un año. Toma hormonas, tiene en sus planes las cirugías y lo único que la detiene en su meta deseada es el desempleo que la obliga a vivir en la casa de sus padres, que no la apoyan.

Adelanta varios cursos técnicos en la búsqueda de la confección de ropa femenina, es recatada y con su sonrisa asegura que nunca le gustó ser niño, que casi no tiene ropa para esa faceta y que le incomoda tener que ocultarlo ante las personas que más quiere. No deja de ser optimista, espera encontrar el amor, sea en una mujer o en hombre, lo único que debe importar es que la quiera tal cual es.

Por otro lado, Katherine es el extremo opuesto de Carolina. Es extrovertida, dicharachera y despampanante. A diferencia de las otras chicas de la tienda, ella nunca ha querido realizar un tránsito para quedarse solo con su faceta femenina; explora el travestismo como un arte que le permite dejar de reprimir a su lado femenino que hasta hace solo tres años se apropió de un nombre. Con milimétrica precisión se maquilla, su rostro delgado le da paso a los colores y a una peluca de cabello hasta la cintura que la hace lucir esbelta. No se siente incómoda como un hombre, sabe que lo es pero que tiene todo el derecho a explorar en shows y escenarios, su personalidad emprendedora y salvaje que la hace sentir por momentos excitantes, Katherine.

La discriminación es constante, a veces es sutil, otras muchas, violenta y agresiva, pero en la vida de estas tres mujeres hay una lucha constante por reivindicar su papel en la sociedad. Son mujeres, sin peros, sin razones, sin explicaciones, son mujeres y punto.

 

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IDENTIDAD QUE DEFINE, CUERPO QUE REPRIME

 

 Travestismo de closetNicole Castaño Paola ÁlvarezIdentidad de géneroSexualidadTransformaciónCentro de BogotáLabor socialAceptación

El travestismo de closet es milenario. El centro de Bogotá es uno de los escenarios que guarda los secretos de estas mujeres que se sienten atrapadas en un cuerpo que no pudieron elegir. De todas las edades, de todos los estratos, se refugian en los pequeños ratos y lugares en los que pueden mostrar su feminidad a flor de piel.

Por: Paola Álvarez y Nicole Castaño

 

De estatura baja, espalda ancha y rasgos aguileños, Derly Lizeth Linares guarda sus primeros recuerdos de infancia como los primeros momentos donde sintió que era diferente a todos los niños de su edad. La ropa de su hermana y su mamá eran su fascinación, pero tenía que llevarlo en secreto. Se vestía como ellas y sentía que era ella misma por pocos minutos. Pasó toda su vida así, detrás de un hombre que mostraba una vida heterosexual, con una hija y con una esposa que nunca tuvieron manifestaciones de algo diferente.

Hace poco más de siete años, a raíz de un grupo con sus mismas experiencias, al cual pertenecía, decidió abrir Tranxtienda, un lugar donde sí hay closets, pero siempre están abiertos. EL local está ubicado en la carrera 10 con calle 17, en pleno corazón del centro de la capital. Para ese entonces, Derly, quien daba su confianza y nobleza sin arrepentimientos vio cómo su esposa y un sujeto al cual había empleado, la extorsionaron buscando dinero. Ese episodio hizo rebosar el vaso. Tranxtienda se convirtió en una labor social desde el primer día; más allá de la tienda, la visibilización de esta práctica en la sociedad es lo que busca esta mujer, que no para, qué va y viene y que hace una labor comunitaria en el sector que es digna de admirar.

En el cuarto piso del centro comercial Galaxcentro, un edificio viejo con casi todos sus locales vacíos o trajinados, Tranxtienda conserva numerosas clientas que tratan con la mayor de las reservas; muchas de ellas, con familias y miedo, se sientan en el camerino a explotar lo que siempre han querido ser. Una vez terminado el rato, un locker recibe todas sus prendas de mujer y entrega ropa de hombre con la cual salen de nuevo, todo sin rastro, si ellas así lo desean.

Derly se siente afortunada, pudo realizar su tránsito, a pesar de la forma en cómo empezó. Para ella, quienes se trasvisten siempre desean realizar su tránsito, pero muy pocas lo harán. Algunas de ellas, vivirán con la culpa y el arrepentimiento; otras, siendo víctimas de las estadísticas, practicarán la prostitución, abandonarán su casa o peor aún, se suicidarán.

Encontró paz al poder ser mujer sin tapujos, sin dobles jugadas. Además se convirtió en una reconocida líder comunitaria, que trabaja de la mano de la alcaldía. Cuando no tenía mucha esperanza en esta vaina del amor, apareció Zahira, con poco más de 20 años llegó a la vida de Derly como alguien que le ayudaría con su negocio en crecimiento. Zahira no lo supo inmediatamente, nunca había sentido atracción por una mujer; por otro lado, Derly siempre supo que le gustaban las mujeres, que su identidad de género era algo separado de su preferencia sexual. Se enamoró de ella en el instante en que la vio. Hoy llevan siete años juntas y un hijo de tres años es su mayor tesoro. Zahira entiende que en ella no solo tiene a su esposa, tiene una amiga, una consejera, el combo completo.

Después de la experiencia, estas dos mujeres se han puesto al mando de lo que la tienda y la vida social requieren. Hoy acogen a más de 20 mujeres que las quieren como si de sus familias se trataran y que entregan el corazón en cada una de las cosas que comparten con sus anfitrionas. Es así como aparecen las historias de Carolina y Katherine, dos de las clientas de la tienda más queridas por todas las personas que conocen y comparten su historia.

Son opuestas: Carolina es tímida, busca privacidad y reserva en cuanto a su historia se trata, es callada y las pocas palabras que comparte las hace con una voz baja e insegura que aún muestra la tristeza del rechazo de sus cercanos. Su sueño más preciado y al que le ha puesto el alma entera es convertirse en una mujer de pies a cabeza en menos de un año. Toma hormonas, tiene en sus planes las cirugías y lo único que la detiene en su meta deseada es el desempleo que la obliga a vivir en la casa de sus padres, que no la apoyan.

Adelanta varios cursos técnicos en la búsqueda de la confección de ropa femenina, es recatada y con su sonrisa asegura que nunca le gustó ser niño, que casi no tiene ropa para esa faceta y que le incomoda tener que ocultarlo ante las personas que más quiere. No deja de ser optimista, espera encontrar el amor, sea en una mujer o en hombre, lo único que debe importar es que la quiera tal cual es.

Por otro lado, Katherine es el extremo opuesto de Carolina. Es extrovertida, dicharachera y despampanante. A diferencia de las otras chicas de la tienda, ella nunca ha querido realizar un tránsito para quedarse solo con su faceta femenina; explora el travestismo como un arte que le permite dejar de reprimir a su lado femenino que hasta hace solo tres años se apropió de un nombre. Con milimétrica precisión se maquilla, su rostro delgado le da paso a los colores y a una peluca de cabello hasta la cintura que la hace lucir esbelta. No se siente incómoda como un hombre, sabe que lo es pero que tiene todo el derecho a explorar en shows y escenarios, su personalidad emprendedora y salvaje que la hace sentir por momentos excitantes, Katherine.

La discriminación es constante, a veces es sutil, otras muchas, violenta y agresiva, pero en la vida de estas tres mujeres hay una lucha constante por reivindicar su papel en la sociedad. Son mujeres, sin peros, sin razones, sin explicaciones, son mujeres y punto.

 

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