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Crónica de lo que un deporte sembró

Por: Juan Sebastián Gordillo

El 2 de diciembre de 1998 Juan, su madre y la pareja de su madre, emprenden un viaje por tierra desde Bogotá hasta Barranquilla, para acompañar a Néstor en el reto del campeonato nacional de Sordos de Fútbol, un torneo corto, pero condimentado con energía pura de lo que era la pasión por el balón pie.

Se llevaría a cabo un deporte que ignoraba el sentido del oído y daba prioridad a la fuerza, la técnica, la velocidad y la visión dentro de un terreno de pasto delimitado con el fin de albergar en cada encuentro a 22 deportistas con discapacidad auditiva que iban tras una meta, ganar los nacionales.

Tras su llegada a Barranquilla, después de toda una madrugada de viaje, el paso por el hotel fue efímero, una ducha, dejar maletas y salir al lugar del primer encuentro de campeonato. El sistema de juego del evento pretendía una primera fase de dos grupos de cuatro equipos cada uno, en donde se enfrentarían todos contra todos y los dos primeros de cada grupo pasaban a semifinales, para así llegar a la gran final. 

Crónica de lo que un deporte sembró 1

El primer partido del equipo capitalino se dio frente a Neiva con un marcador de 3-1, en donde Néstor recuerda un excelente inicio de campeonato marcando un “hat trick”. El segundo enfrentamiento, contra Villavicencio con empate a ceros y con un cuadro Bogotano exhausto por el calor de la arenosa. Y para cerrar la fase de grupos, con una victoria 1-0 frente a Bucaramanga los de Bogotá conseguían su paso a semifinales.

Culminaba así la fase de grupos en donde Juan y su madre habían sido fieles seguidores, animadores y asistentes de la selección de Bogotá. Se tensionaban, saltaban y sin importar las condiciones, hasta gritaban de la emoción que generaba la competición y a su vez el apoyo permanente a Néstor.

Llegaba el día de la semifinal, ese 8 de diciembre del año 1998, el encuentro frente a los locales, en el cual Néstor recordaba los nervios de sus compañeros de equipo, pero él con el pecho inflado por llegar a dicha instancia como goleador del torneo, había luchado para llegar hasta ahí, pero ese día era especial, ese día se enfrentaba contra todo pronóstico a los que figuraban como campeones anticipados. 

Empezó el encuentro a las 9 de la mañana, un partido sufrido, con choques, empujones, carreras, en últimas, un partido físico. Bogotá empezaba ganando 2-0, minuto 80 y los jugadores capitalinos se observaban unos a otros, como manifestando con sus miradas, “lo estamos logrando”. 

Pero en los últimos 10 minutos se sintió que los barranquilleros estaban en casa y tras dos goles de categoría, el partido llegaba a los 90 con un empate a 2. 

El campeonato anunciaba anticipadamente que según las condiciones climáticas los partidos se definían sin tiempo extra. Una tanda de penales que para los de Bogotá convenía, ya que como mencionaba Néstor: 

“No queríamos jugar más minutos frente a ese equipo. Todos eran de esos negros musculosos y fuertes que te molestan todo el partido y no te dan chance de caminar”

 

Así pues, llegaron los penales y hasta el tercer cobro ambos equipos anotaban, pero entonces llegó el fallo en el cuarto cobro de los barranquilleros, era la alegría que Bogotá esperaba, sin embargo, el cuarto cobrador capitalino también falló. Se cobró el quinto de Barranquilla y gol, entonces venía Néstor, con la obligación de hacerlo y anotó.

Empezaba entonces una fase donde cada cobro era aún más decisivo; gol de los de la arenosa y en el sexto cobro Bogotá lo perdía y arruinaba su sueño de llegar a la final y de eliminar a los locales.

Fue un partido de emociones, y en particular para Juan, un pequeño de cuatro años de edad que viendo a la persona que lo acogía como hijo, sufría un sube y baja de emociones que lo enseñaron amar el deporte. 

Crónica de lo que un deporte sembró 2

Ese día Juan aprendió a abrigar el deporte, aprendió que el fútbol significaba más que patear un balón y correr, sin saberlo, estrechaba un lazo de por vida junto a Néstor ya que gracias a un deporte, gracias al fútbol aprendía a decirle padre a quién no llevaba su sangre.

La derrota en ese entonces se veía como un momento de tristeza, pero en realidad no lo era, la derrota enseñaba, unía, emocionaba y daba a dicho momento, varios condimentos que enseñaban a un hijo que no es hijo, a ser hijo y a un padre que no es padre, a ser padre.

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Crónica de lo que un deporte sembró

Por: Juan Sebastián Gordillo

El 2 de diciembre de 1998 Juan, su madre y la pareja de su madre, emprenden un viaje por tierra desde Bogotá hasta Barranquilla, para acompañar a Néstor en el reto del campeonato nacional de Sordos de Fútbol, un torneo corto, pero condimentado con energía pura de lo que era la pasión por el balón pie.

Se llevaría a cabo un deporte que ignoraba el sentido del oído y daba prioridad a la fuerza, la técnica, la velocidad y la visión dentro de un terreno de pasto delimitado con el fin de albergar en cada encuentro a 22 deportistas con discapacidad auditiva que iban tras una meta, ganar los nacionales.

Tras su llegada a Barranquilla, después de toda una madrugada de viaje, el paso por el hotel fue efímero, una ducha, dejar maletas y salir al lugar del primer encuentro de campeonato. El sistema de juego del evento pretendía una primera fase de dos grupos de cuatro equipos cada uno, en donde se enfrentarían todos contra todos y los dos primeros de cada grupo pasaban a semifinales, para así llegar a la gran final. 

Crónica de lo que un deporte sembró 1

El primer partido del equipo capitalino se dio frente a Neiva con un marcador de 3-1, en donde Néstor recuerda un excelente inicio de campeonato marcando un “hat trick”. El segundo enfrentamiento, contra Villavicencio con empate a ceros y con un cuadro Bogotano exhausto por el calor de la arenosa. Y para cerrar la fase de grupos, con una victoria 1-0 frente a Bucaramanga los de Bogotá conseguían su paso a semifinales.

Culminaba así la fase de grupos en donde Juan y su madre habían sido fieles seguidores, animadores y asistentes de la selección de Bogotá. Se tensionaban, saltaban y sin importar las condiciones, hasta gritaban de la emoción que generaba la competición y a su vez el apoyo permanente a Néstor.

Llegaba el día de la semifinal, ese 8 de diciembre del año 1998, el encuentro frente a los locales, en el cual Néstor recordaba los nervios de sus compañeros de equipo, pero él con el pecho inflado por llegar a dicha instancia como goleador del torneo, había luchado para llegar hasta ahí, pero ese día era especial, ese día se enfrentaba contra todo pronóstico a los que figuraban como campeones anticipados. 

Empezó el encuentro a las 9 de la mañana, un partido sufrido, con choques, empujones, carreras, en últimas, un partido físico. Bogotá empezaba ganando 2-0, minuto 80 y los jugadores capitalinos se observaban unos a otros, como manifestando con sus miradas, “lo estamos logrando”. 

Pero en los últimos 10 minutos se sintió que los barranquilleros estaban en casa y tras dos goles de categoría, el partido llegaba a los 90 con un empate a 2. 

El campeonato anunciaba anticipadamente que según las condiciones climáticas los partidos se definían sin tiempo extra. Una tanda de penales que para los de Bogotá convenía, ya que como mencionaba Néstor: 

“No queríamos jugar más minutos frente a ese equipo. Todos eran de esos negros musculosos y fuertes que te molestan todo el partido y no te dan chance de caminar”

 

Así pues, llegaron los penales y hasta el tercer cobro ambos equipos anotaban, pero entonces llegó el fallo en el cuarto cobro de los barranquilleros, era la alegría que Bogotá esperaba, sin embargo, el cuarto cobrador capitalino también falló. Se cobró el quinto de Barranquilla y gol, entonces venía Néstor, con la obligación de hacerlo y anotó.

Empezaba entonces una fase donde cada cobro era aún más decisivo; gol de los de la arenosa y en el sexto cobro Bogotá lo perdía y arruinaba su sueño de llegar a la final y de eliminar a los locales.

Fue un partido de emociones, y en particular para Juan, un pequeño de cuatro años de edad que viendo a la persona que lo acogía como hijo, sufría un sube y baja de emociones que lo enseñaron amar el deporte. 

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Ese día Juan aprendió a abrigar el deporte, aprendió que el fútbol significaba más que patear un balón y correr, sin saberlo, estrechaba un lazo de por vida junto a Néstor ya que gracias a un deporte, gracias al fútbol aprendía a decirle padre a quién no llevaba su sangre.

La derrota en ese entonces se veía como un momento de tristeza, pero en realidad no lo era, la derrota enseñaba, unía, emocionaba y daba a dicho momento, varios condimentos que enseñaban a un hijo que no es hijo, a ser hijo y a un padre que no es padre, a ser padre.

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