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Mujeres que conquistan mechas

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El tejo fue declarado deporte nacional hace 18 años, y es tan nuestro como el Divino Niño Jesús y tan antiguo como la misma chicha. Nació en estas tierras en tiempos de caciques y aún es una práctica que se mantiene latente en la sociedad colombiana, casi tan arraigado como un símbolo patrio. Pese a que se forjó como un deporte masculino, hoy en día los prejuicios sociales y morales que señalaban a la mujer por pisar territorio de mechas han quedado en el pasado.

Por Ana Milena González Montoya

Este es el único deporte autóctono colombiano, y fueron los Muiscas, habitantes de los departamentos de Cundinamarca y Boyacá, los que empezaron a practicarlo hace 500 años. El tejo consiste en lanzar un disco metálico a un cajón de arcilla de 18 metros de largo, para hacer explotar las “mechas” (pequeños sobres con pólvora) ubicadas en un bocín (círculo metálico enclavado en el centro del cajón) y así sumar puntos. Parece fácil, pero nada de eso.

Ir a jugar al tejo es una tradición que, cada vez, es menos exclusiva de los hombres. Para jugarlo se necesita la misma cantidad de cerveza que siempre, pero menos machismo.  Así lo considera Ana Cristina Garzón Martínez, jugadora profesional de tejo y presidenta de la Fundación Vive Tejo Colombia, quien ha dedicado su vida a la práctica de este deporte y lo considera parte del corazón de su familia. Ana Cristina es médico y combina su profesión con la pasión por este deporte que, según ella, le ha dejado las mejores experiencias como deportista y como persona.

Es una de las voces representantes de las  mujeres en el tejo y afirma que “antes este deporte era más del hombre, era un deporte machista, pero hoy en día las cosas han cambiado. Hay escuelas, ligas e interclubes que están haciendo un gran esfuerzo para que  cada día las mujeres participen mucho más en esta disciplina”.

José Vicente Castro, Secretario General y expresidente de la Federación Colombiana de Tejo (FEDETEJO), ratifica el compromiso y el empeño de la federación en potencializar y promover la participación femenina en el tejo, destacando que las mujeres son más disciplinadas y practican más en la parte deportiva que los hombres, porque “ellos van a jugar pero convierten el entrenamiento en recreación”.

Porque eso sí, es preciso aclarar que el tejo está dividido en dos modalidades: el deportivo y el recreativo. El primero es el que está regido por la federación, cuenta con un reglamento específico y se lleva a cabo en coliseos profesionales. El segundo, que es más común, es el que se juega en negocios y clubes de tejo, donde la gente va a pasar el rato.

Ana Cristina Garzón considera que ya no se ve tanta diferencia “porque no es una cuestión de fuerza, toca aprender reglas y ser muy disciplinado y hoy en día las mujeres han hecho que la disciplina sea mayor. Para una competición nacional uno debe estar con los cinco sentidos, y no se puede tomar. Las mujeres aportan al tejo organización y respeto”.

Pero el tejo recreativo no existe sin cerveza. De marca Poker, para ser más exactos, la bebida de la clase popular en Colombia (aquí estratificamos hasta la bebida). Durante muchos años era normal ver canchas de tejos atestadas de hombres bebiendo y jugando, mientras las mujeres se limitaban a mirar, aunque queda mucho por hacer, las cosas están cambiando.

José Vicente Castro afirma que la participación de la mujer en ambos tipos de tejo es mucho más baja que la de los hombres y resalta que “son muy pocas las mujeres que juegan el tejo recreativo, a la mayoría les gusta el tejo deportivo”.

Ese no es el caso de Gloria Fernández, una jugadora fiel de tejo recreativo todos los fines de semana, quien lo practica con cerveza en mano y en compañía de los hombres de su casa, un par de amigas y sus compadres. “Siempre se ven más hombres que mujeres, pero el ambiente es agradable, así uno gane o pierda hay mucho respeto por parte de los hombres. Me gusta venir, me gusta jugar y dedicarle un poquito de tiempo a mi diversión”, cuenta Gloria mientras mira de reojo la mecha que acaba de hacer uno de sus compañeros.

De la chicha a la cerveza, de tejos de oro a tejos de metal, de acompañar a su marido desde las gradas a conquistar mechas y hacer moñonas. Así se configura el panorama actual de las mujeres en un deporte que ha acogido masivamente la práctica femenina y que aspira fortalecer a las deportistas desde temprana edad, para que representen al país en campeonatos internacionales y pongan en alto el deporte insignia de los colombianos.

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El tejo fue declarado deporte nacional hace 18 años, y es tan nuestro como el Divino Niño Jesús y tan antiguo como la misma chicha. Nació en estas tierras en tiempos de caciques y aún es una práctica que se mantiene latente en la sociedad colombiana, casi tan arraigado como un símbolo patrio. Pese a que se forjó como un deporte masculino, hoy en día los prejuicios sociales y morales que señalaban a la mujer por pisar territorio de mechas han quedado en el pasado.

Por Ana Milena González Montoya

Este es el único deporte autóctono colombiano, y fueron los Muiscas, habitantes de los departamentos de Cundinamarca y Boyacá, los que empezaron a practicarlo hace 500 años. El tejo consiste en lanzar un disco metálico a un cajón de arcilla de 18 metros de largo, para hacer explotar las “mechas” (pequeños sobres con pólvora) ubicadas en un bocín (círculo metálico enclavado en el centro del cajón) y así sumar puntos. Parece fácil, pero nada de eso.

Ir a jugar al tejo es una tradición que, cada vez, es menos exclusiva de los hombres. Para jugarlo se necesita la misma cantidad de cerveza que siempre, pero menos machismo.  Así lo considera Ana Cristina Garzón Martínez, jugadora profesional de tejo y presidenta de la Fundación Vive Tejo Colombia, quien ha dedicado su vida a la práctica de este deporte y lo considera parte del corazón de su familia. Ana Cristina es médico y combina su profesión con la pasión por este deporte que, según ella, le ha dejado las mejores experiencias como deportista y como persona.

Es una de las voces representantes de las  mujeres en el tejo y afirma que “antes este deporte era más del hombre, era un deporte machista, pero hoy en día las cosas han cambiado. Hay escuelas, ligas e interclubes que están haciendo un gran esfuerzo para que  cada día las mujeres participen mucho más en esta disciplina”.

José Vicente Castro, Secretario General y expresidente de la Federación Colombiana de Tejo (FEDETEJO), ratifica el compromiso y el empeño de la federación en potencializar y promover la participación femenina en el tejo, destacando que las mujeres son más disciplinadas y practican más en la parte deportiva que los hombres, porque “ellos van a jugar pero convierten el entrenamiento en recreación”.

Porque eso sí, es preciso aclarar que el tejo está dividido en dos modalidades: el deportivo y el recreativo. El primero es el que está regido por la federación, cuenta con un reglamento específico y se lleva a cabo en coliseos profesionales. El segundo, que es más común, es el que se juega en negocios y clubes de tejo, donde la gente va a pasar el rato.

Ana Cristina Garzón considera que ya no se ve tanta diferencia “porque no es una cuestión de fuerza, toca aprender reglas y ser muy disciplinado y hoy en día las mujeres han hecho que la disciplina sea mayor. Para una competición nacional uno debe estar con los cinco sentidos, y no se puede tomar. Las mujeres aportan al tejo organización y respeto”.

Pero el tejo recreativo no existe sin cerveza. De marca Poker, para ser más exactos, la bebida de la clase popular en Colombia (aquí estratificamos hasta la bebida). Durante muchos años era normal ver canchas de tejos atestadas de hombres bebiendo y jugando, mientras las mujeres se limitaban a mirar, aunque queda mucho por hacer, las cosas están cambiando.

José Vicente Castro afirma que la participación de la mujer en ambos tipos de tejo es mucho más baja que la de los hombres y resalta que “son muy pocas las mujeres que juegan el tejo recreativo, a la mayoría les gusta el tejo deportivo”.

Ese no es el caso de Gloria Fernández, una jugadora fiel de tejo recreativo todos los fines de semana, quien lo practica con cerveza en mano y en compañía de los hombres de su casa, un par de amigas y sus compadres. “Siempre se ven más hombres que mujeres, pero el ambiente es agradable, así uno gane o pierda hay mucho respeto por parte de los hombres. Me gusta venir, me gusta jugar y dedicarle un poquito de tiempo a mi diversión”, cuenta Gloria mientras mira de reojo la mecha que acaba de hacer uno de sus compañeros.

De la chicha a la cerveza, de tejos de oro a tejos de metal, de acompañar a su marido desde las gradas a conquistar mechas y hacer moñonas. Así se configura el panorama actual de las mujeres en un deporte que ha acogido masivamente la práctica femenina y que aspira fortalecer a las deportistas desde temprana edad, para que representen al país en campeonatos internacionales y pongan en alto el deporte insignia de los colombianos.

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