logo ucentral

logo sintopia acn

acnfacebookacnyoutubeacninstragram

COM_MINITEKLIVESEARCH_RESULTADOS
Joomla Categories

LogoACN Movil

fb  tweet  youtube  instagram 

La música no es un sueño, es un estilo de vida

Por: María Daniela Patiño C.

 

La música no es un sueño es un estilo de vida 1¿Alguna vez se ha preguntado sobre la cara invisible del mundo músical? Es más, ¿hace usted parte de aquel grupo de ingenieros de sonido, productores, músicos del día a día, etc.?

Muy gentilmente, Yesid Alexander Rodríguez y Karen Andrea Ramírez nos contaron sobre su trabajo. La música es la intersección de sus carreras: Yesid es tecnólogo en producción de audio y Karen es percusionista.

Yesid Rodríguez es un músico empírico. Se relacionó con la música desde pequeño, en la iglesia. Actualmente, tiene su propio estudio en casa, ya que estudió a distancia y tuvo que equiparse. Sus palabras sólo expresan amor por su carrera; y así sacrifique algunos espacios de su vida social, ejerce su carrera con gusto.

Karen Ramírez empezó su proceso musical con la batería, también en la iglesia. Hoy en día, está cautivada por la versatilidad de su tambor alegre, su instrumento preferido. Además, trabaja en dos proyectos: Mar Caribe y Rumba Caribe. El primero, enfocado en la salsa, bolero y son; el último, se destaca por tener toques netamente colombianos.

 

Daniela Patiño: ¿Qué es lo más difícil de su profesión?

Y.R.: La música es una profesión hermosa. Pero, es una carrera muy complicada, que no se valora. Son de las personas que más estudian y no es bien pago. La gente desconoce que no solo practican sus instrumentos, sino tienen que aprender lectura musical. Además, si quieren hacer su propia producción tienen que aprender una cantidad de cosas que la gente no cree.

K.R.: Lo más difícil es la técnica. Como músico se tiene que tener un proceso constante. Tienes que estar en constante preparación porque el cuerpo necesita adquirir memoria muscular, que se logra con los ensayos. Incluso, en los ensayos, descubres tus propios sonidos.

Se van cultivando diferentes técnicas como el abierto, quemado y el cerrado. El quemado requiere de mucha práctica, es como ¡pa! (Risas) Sí, lo más difícil es la constancia.

 

D.P.: En la mayoría de casos, los aplausos y el credito se los lleva el líder o cantante, ¿qué piensa en cuanto al reconocimiento?

Y.R.: Es muy complejo porque el reconocimiento se limita al cantante. Un ejemplo: uno de estos realities como La Voz Kids, y ese tipo de programas, donde detrás hay un montaje de músicos espectaculares. Si analizas qué hay detrás de ese escenario: son músicos que tuvieron que aprenderse canciones, mezclas, cambiar de un tempo a otro, y el reconocimiento va para el intérprete.

Falta entender que quienes hacen que esas presentaciones tengan un plus son los músicos y, también, los ingenieros que arman ese montaje.

K.R.: Desde el lado comercial, depende del enfoque que se le dé. Si te presentas como solista, si, requieres de unos músicos que te acompañen, pero el enfoque comercial es como solista. Así pasa si te presentas como una banda.

 

D.P.: ¿Qué es lo primero que analiza cuando escucha una canción?

Y.R.: Musicalmente hablando, el nivel armónico de la canción, que en el primer tono que escuches, tu digas: “Esto es diferente. No me suena igual a otra cosa”.

K.R.: ¡La letra! y si no tiene… la melodía, pero, lo primero que escucho es la letra, lo que intenta comunicar.

 

El Covid-19 ha generado una enorme sensación de incertidumbre, y en la industria musical ha preocupado a todos los que hacen parte de ella, pero, ¿cómo la pasa un productor de audio y un músico del día a día? 

 

D.P.: ¿Cómo ha sido un día “normal” en cuarentena?La música no es un sueño es un estilo de vida 2

Y.R.: Sigue la funcionalidad normal, sigo produciendo contenidos igual, por lo que te decía que trabajo en la universidad y a distancia. Aunque, no los recibo con la misma calidad de antes; ya no capturo, ni monitoreo, sino trabajo con lo que me envían, me siento en el computador y sigo arreglando. Baja la calidad, pero sigue.

La grabación en mi casa bajó, pero hay que reinventarnos... Los músicos adquieren sus propios equipos, son sencillos pero mejoran la producción.

K.R.: He tenido clases virtuales, aunque no es lo mismo porque tú necesitas estar ahí, pero, bueno, vemos cosas de teoría y nos acomodamos. Ya a los toques y eventos, cancelado. Para las clases, trato de enviarles videos a los niños para que ensayen en la casa, pero los instrumentos están en la academia y sus papás no pueden costear para uno.

Es complicado. Esos ingresos se pierden. Vivo en la localidad de Antonio Nariño y no hay apoyo. Hay ayudas para el estrato uno y dos, para quienes están en condiciones vulnerables, pero no hay ayudas para los artistas. No hay algo en lo que te ayuden, no sé un mercado, para pagar un recibo o bajar los servicios… Para los artistas no hay nada.

 

Finalmente, y así como en una montaña rusa, sus carreras han tenido altibajos, de esos que dejan buenas historias.

 

D.P.: ¿Cuál fue la primera sesión en la que trabajó?

Y.R.: La primera sesión fue en la universidad. Debido a que estudie a distancia, todos mis proyectos los hice desde mi casa. Con unos compañeros músicos, decidimos poner cada uno su instrumento, así hacer una canción y grabarla. Hicimos todo el proceso de grabación. (Risas) Fue chévere porque habíamos leído y sabíamos que esto iba así y así, pero cuando empezamos a poner el micrófono, no sonaba igual.

Descubrimos que no sabíamos tocar. Descubrimos que no sabíamos usar el metrónomo, que es el que cuenta el tempo. Además, al mezclar descubrimos que no éramos buenos subiendo y bajando volúmenes. Fue una experiencia chévere porque descubrimos que creíamos que sabíamos, pero nos dimos cuenta que no éramos tan buenos.

Eso nos hizo aprender mucho y nos obligó a sentarnos y prepararnos más y ser más técnicos. Llegamos hasta la mezcla, ya despues hicimos el proceso de masterización.

 

La música no es un sueño es un estilo de vida 3D.P.: ¿Quiénes han sido los maestros que más admira?

K.R.: Desde que empecé con la batería, he tenido muchos, un montón de maestros de quienes se aprende. Gilbert Martínez ha sido mi acompañante durante todo este proceso de percusionista, es quien me ha adentrado en todo esto de la música colombiana. Él fue percusionista de Carlos Vives, entonces verás todo lo que he podido aprender de él.

A otro de mis maestros lo conocí en mi viaje a Palenque, Bolívar, comunidad del Festival de los Tambores. Su nombre es… Bueno, su apellido es Cassiani. Tal como suena. Es un viejito con una sabiduría ¡enorme!.

Enseñaba el valor de los tambores, que tienen trascendencia africana, y el proceso de la vida de un venado. O sea, cómo esa vida se transforma en otra vida que es el tambor. Y también cómo logras, finalmente, esa conexión con el instrumento.

 

Después de todo, las videollamadas nos acercan. Nos permitió conocer las historias, los sueños, el esfuerzo y las metas de quienes están en el lado invisible, en este caso, del mundo músical, y llegar hasta sentirnos identificados.

 

También te puede interesar:

El Rock N' Roll llegó para quedarse

El show, ahora, se continúa en casa

¿Tiene tiempo, pero no disciplina? Tip para parecer productivo en cuarentena

¡Qué viva el Streaming!

 

La música no es un sueño, es un estilo de vida

Por: María Daniela Patiño C.

¿Alguna vez se ha preguntado sobre la cara invisible del mundo músical? Es más, ¿hace usted parte de aquel grupo de ingenieros de sonido, productores, músicos del día a día, etc.?

Muy gentilmente, Yesid Alexander Rodríguez y Karen Andrea Ramírez nos contaron sobre su trabajo. La música es la intersección de sus carreras: Yesid es tecnólogo en producción de audio y Karen es percusionista.

Yesid Rodríguez es un músico empírico. Se relacionó con la música desde pequeño, en la iglesia. Actualmente, tiene su propio estudio en casa, ya que estudió a distancia y tuvo que equiparse. Sus palabras sólo expresan amor por su carrera; y así sacrifique algunos espacios de su vida social, ejerce su carrera con gusto.

Karen Ramírez empezó su proceso musical con la batería, también en la iglesia. Hoy en día, está cautivada por la versatilidad de su tambor alegre, su instrumento preferido. Además, trabaja en dos proyectos: Mar Caribe y Rumba Caribe. El primero, enfocado en la salsa, bolero y son; el último, se destaca por tener toques netamente colombianos.

Daniela Patiño: ¿Qué es lo más difícil de su profesión?

Y.R.: La música es una profesión hermosa. Pero, es una carrera muy complicada, que no se valora. Son de las personas que más estudian y no es bien pago. La gente desconoce que no solo practican sus instrumentos, sino tienen que aprender lectura musical. Además, si quieren hacer su propia producción tienen que aprender una cantidad de cosas que la gente no cree.

K.R.: Lo más difícil es la técnica. Como músico se tiene que tener un proceso constante. Tienes que estar en constante preparación porque el cuerpo necesita adquirir memoria muscular, que se logra con los ensayos. Incluso, en los ensayos, descubres tus propios sonidos.

Se van cultivando diferentes técnicas como el abierto, quemado y el cerrado. El quemado requiere de mucha práctica, es como ¡pa! (Risas) Sí, lo más difícil es la constancia.

D.P.: En la mayoría de casos, los aplausos y el credito se los lleva el líder o cantante, ¿qué piensa en cuanto al reconocimiento?

Y.R.: Es muy complejo porque el reconocimiento se limita al cantante. Un ejemplo: uno de estos realities como La Voz Kids, y ese tipo de programas, donde detrás hay un montaje de músicos espectaculares. Si analizas qué hay detrás de ese escenario: son músicos que tuvieron que aprenderse canciones, mezclas, cambiar de un tempo a otro, y el reconocimiento va para el intérprete.

Falta entender que quienes hacen que esas presentaciones tengan un plus son los músicos y, también, los ingenieros que arman ese montaje.

K.R.: Desde el lado comercial, depende del enfoque que se le dé. Si te presentas como solista, si, requieres de unos músicos que te acompañen, pero el enfoque comercial es como solista. Así pasa si te presentas como una banda.

D.P.: ¿Qué es lo primero que analiza cuando escucha una canción?

Y.R.: Musicalmente hablando, el nivel armónico de la canción, que en el primer tono que escuches, tu digas: “Esto es diferente. No me suena igual a otra cosa”.

K.R.: ¡La letra! y si no tiene… la melodía, pero, lo primero que escucho es la letra, lo que intenta comunicar.

El Covid-19 ha generado una enorme sensación de incertidumbre, y en la industria musical ha preocupado a todos los que hacen parte de ella, pero, ¿cómo la pasa un productor de audio y un músico del día a día?

D.P.: ¿Cómo ha sido un día “normal” en cuarentena?

Y.R.: Sigue la funcionalidad normal, sigo produciendo contenidos igual, por lo que te decía que trabajo en la universidad y a distancia. Aunque, no los recibo con la misma calidad de antes; ya no capturo, ni monitoreo, sino trabajo con lo que me envían, me siento en el computador y sigo arreglando. Baja la calidad, pero sigue.

La grabación en mi casa bajó, pero hay que reinventarnos... Los músicos adquieren sus propios equipos, son sencillos pero mejoran la producción.

K.R.: He tenido clases virtuales, aunque no es lo mismo porque tú necesitas estar ahí, pero, bueno, vemos cosas de teoría y nos acomodamos. Ya a los toques y eventos, cancelado. Para las clases, trato de enviarles videos a los niños para que ensayen en la casa, pero los instrumentos están en la academia y sus papás no pueden costear para uno.

Es complicado. Esos ingresos se pierden. Vivo en la localidad de Antonio Nariño y no hay apoyo. Hay ayudas para el estrato uno y dos, para quienes están en condiciones vulnerables, pero no hay ayudas para los artistas. No hay algo en lo que te ayuden, no sé un mercado, para pagar un recibo o bajar los servicios… Para los artistas no hay nada.

Finalmente, y así como en una montaña rusa, sus carreras han tenido altibajos, de esos que dejan buenas historias.

D.P.: ¿Cuál fue la primera sesión en la que trabajó?

Y.R.: La primera sesión fue en la universidad. Debido a que estudie a distancia, todos mis proyectos los hice desde mi casa. Con unos compañeros músicos, decidimos poner cada uno su instrumento, así hacer una canción y grabarla. Hicimos todo el proceso de grabación. (Risas) Fue chévere porque habíamos leído y sabíamos que esto iba así y así, pero cuando empezamos a poner el micrófono, no sonaba igual.

Descubrimos que no sabíamos tocar. Descubrimos que no sabíamos usar el metrónomo, que es el que cuenta el tempo. Además, al mezclar descubrimos que no éramos buenos subiendo y bajando volúmenes. Fue una experiencia chévere porque descubrimos que creíamos que sabíamos, pero nos dimos cuenta que no éramos tan buenos.

Eso nos hizo aprender mucho y nos obligó a sentarnos y prepararnos más y ser más técnicos. Llegamos hasta la mezcla, ya despues hicimos el proceso de masterización.

D.P.: ¿Quiénes han sido los maestros que más admira?

K.R.: Desde que empecé con la batería, he tenido muchos, un montón de maestros de quienes se aprende. Gilbert Martínez ha sido mi acompañante durante todo este proceso de percusionista, es quien me ha adentrado en todo esto de la música colombiana. Él fue percusionista de Carlos Vives, entonces verás todo lo que he podido aprender de él.

A otro de mis maestros lo conocí en mi viaje a Palenque, Bolívar, comunidad del Festival de los Tambores. Su nombre es… Bueno, su apellido es Cassiani. Tal como suena. Es un viejito con una sabiduría ¡enorme!.

Enseñaba el valor de los tambores, que tienen trascendencia africana, y el proceso de la vida de un venado. O sea, cómo esa vida se transforma en otra vida que es el tambor. Y también cómo logras, finalmente, esa conexión con el instrumento.

Después de todo, las videollamadas nos acercan. Nos permitió conocer las historias, los sueños, el esfuerzo y las metas de quienes están en el lado invisible, en este caso, del mundo músical, y llegar hasta sentirnos identificados.

CULTURA

ACTUALIDAD

La música no es un sueño, es un estilo de vida

Por: María Daniela Patiño C.

 

La música no es un sueño es un estilo de vida 1¿Alguna vez se ha preguntado sobre la cara invisible del mundo músical? Es más, ¿hace usted parte de aquel grupo de ingenieros de sonido, productores, músicos del día a día, etc.?

Muy gentilmente, Yesid Alexander Rodríguez y Karen Andrea Ramírez nos contaron sobre su trabajo. La música es la intersección de sus carreras: Yesid es tecnólogo en producción de audio y Karen es percusionista.

Yesid Rodríguez es un músico empírico. Se relacionó con la música desde pequeño, en la iglesia. Actualmente, tiene su propio estudio en casa, ya que estudió a distancia y tuvo que equiparse. Sus palabras sólo expresan amor por su carrera; y así sacrifique algunos espacios de su vida social, ejerce su carrera con gusto.

Karen Ramírez empezó su proceso musical con la batería, también en la iglesia. Hoy en día, está cautivada por la versatilidad de su tambor alegre, su instrumento preferido. Además, trabaja en dos proyectos: Mar Caribe y Rumba Caribe. El primero, enfocado en la salsa, bolero y son; el último, se destaca por tener toques netamente colombianos.

 

Daniela Patiño: ¿Qué es lo más difícil de su profesión?

Y.R.: La música es una profesión hermosa. Pero, es una carrera muy complicada, que no se valora. Son de las personas que más estudian y no es bien pago. La gente desconoce que no solo practican sus instrumentos, sino tienen que aprender lectura musical. Además, si quieren hacer su propia producción tienen que aprender una cantidad de cosas que la gente no cree.

K.R.: Lo más difícil es la técnica. Como músico se tiene que tener un proceso constante. Tienes que estar en constante preparación porque el cuerpo necesita adquirir memoria muscular, que se logra con los ensayos. Incluso, en los ensayos, descubres tus propios sonidos.

Se van cultivando diferentes técnicas como el abierto, quemado y el cerrado. El quemado requiere de mucha práctica, es como ¡pa! (Risas) Sí, lo más difícil es la constancia.

 

D.P.: En la mayoría de casos, los aplausos y el credito se los lleva el líder o cantante, ¿qué piensa en cuanto al reconocimiento?

Y.R.: Es muy complejo porque el reconocimiento se limita al cantante. Un ejemplo: uno de estos realities como La Voz Kids, y ese tipo de programas, donde detrás hay un montaje de músicos espectaculares. Si analizas qué hay detrás de ese escenario: son músicos que tuvieron que aprenderse canciones, mezclas, cambiar de un tempo a otro, y el reconocimiento va para el intérprete.

Falta entender que quienes hacen que esas presentaciones tengan un plus son los músicos y, también, los ingenieros que arman ese montaje.

K.R.: Desde el lado comercial, depende del enfoque que se le dé. Si te presentas como solista, si, requieres de unos músicos que te acompañen, pero el enfoque comercial es como solista. Así pasa si te presentas como una banda.

 

D.P.: ¿Qué es lo primero que analiza cuando escucha una canción?

Y.R.: Musicalmente hablando, el nivel armónico de la canción, que en el primer tono que escuches, tu digas: “Esto es diferente. No me suena igual a otra cosa”.

K.R.: ¡La letra! y si no tiene… la melodía, pero, lo primero que escucho es la letra, lo que intenta comunicar.

 

El Covid-19 ha generado una enorme sensación de incertidumbre, y en la industria musical ha preocupado a todos los que hacen parte de ella, pero, ¿cómo la pasa un productor de audio y un músico del día a día? 

 

D.P.: ¿Cómo ha sido un día “normal” en cuarentena?La música no es un sueño es un estilo de vida 2

Y.R.: Sigue la funcionalidad normal, sigo produciendo contenidos igual, por lo que te decía que trabajo en la universidad y a distancia. Aunque, no los recibo con la misma calidad de antes; ya no capturo, ni monitoreo, sino trabajo con lo que me envían, me siento en el computador y sigo arreglando. Baja la calidad, pero sigue.

La grabación en mi casa bajó, pero hay que reinventarnos... Los músicos adquieren sus propios equipos, son sencillos pero mejoran la producción.

K.R.: He tenido clases virtuales, aunque no es lo mismo porque tú necesitas estar ahí, pero, bueno, vemos cosas de teoría y nos acomodamos. Ya a los toques y eventos, cancelado. Para las clases, trato de enviarles videos a los niños para que ensayen en la casa, pero los instrumentos están en la academia y sus papás no pueden costear para uno.

Es complicado. Esos ingresos se pierden. Vivo en la localidad de Antonio Nariño y no hay apoyo. Hay ayudas para el estrato uno y dos, para quienes están en condiciones vulnerables, pero no hay ayudas para los artistas. No hay algo en lo que te ayuden, no sé un mercado, para pagar un recibo o bajar los servicios… Para los artistas no hay nada.

 

Finalmente, y así como en una montaña rusa, sus carreras han tenido altibajos, de esos que dejan buenas historias.

 

D.P.: ¿Cuál fue la primera sesión en la que trabajó?

Y.R.: La primera sesión fue en la universidad. Debido a que estudie a distancia, todos mis proyectos los hice desde mi casa. Con unos compañeros músicos, decidimos poner cada uno su instrumento, así hacer una canción y grabarla. Hicimos todo el proceso de grabación. (Risas) Fue chévere porque habíamos leído y sabíamos que esto iba así y así, pero cuando empezamos a poner el micrófono, no sonaba igual.

Descubrimos que no sabíamos tocar. Descubrimos que no sabíamos usar el metrónomo, que es el que cuenta el tempo. Además, al mezclar descubrimos que no éramos buenos subiendo y bajando volúmenes. Fue una experiencia chévere porque descubrimos que creíamos que sabíamos, pero nos dimos cuenta que no éramos tan buenos.

Eso nos hizo aprender mucho y nos obligó a sentarnos y prepararnos más y ser más técnicos. Llegamos hasta la mezcla, ya despues hicimos el proceso de masterización.

 

La música no es un sueño es un estilo de vida 3D.P.: ¿Quiénes han sido los maestros que más admira?

K.R.: Desde que empecé con la batería, he tenido muchos, un montón de maestros de quienes se aprende. Gilbert Martínez ha sido mi acompañante durante todo este proceso de percusionista, es quien me ha adentrado en todo esto de la música colombiana. Él fue percusionista de Carlos Vives, entonces verás todo lo que he podido aprender de él.

A otro de mis maestros lo conocí en mi viaje a Palenque, Bolívar, comunidad del Festival de los Tambores. Su nombre es… Bueno, su apellido es Cassiani. Tal como suena. Es un viejito con una sabiduría ¡enorme!.

Enseñaba el valor de los tambores, que tienen trascendencia africana, y el proceso de la vida de un venado. O sea, cómo esa vida se transforma en otra vida que es el tambor. Y también cómo logras, finalmente, esa conexión con el instrumento.

 

Después de todo, las videollamadas nos acercan. Nos permitió conocer las historias, los sueños, el esfuerzo y las metas de quienes están en el lado invisible, en este caso, del mundo músical, y llegar hasta sentirnos identificados.

 

También te puede interesar:

El Rock N' Roll llegó para quedarse

El show, ahora, se continúa en casa

¿Tiene tiempo, pero no disciplina? Tip para parecer productivo en cuarentena

¡Qué viva el Streaming!

 

La música no es un sueño, es un estilo de vida

Por: María Daniela Patiño C.

¿Alguna vez se ha preguntado sobre la cara invisible del mundo músical? Es más, ¿hace usted parte de aquel grupo de ingenieros de sonido, productores, músicos del día a día, etc.?

Muy gentilmente, Yesid Alexander Rodríguez y Karen Andrea Ramírez nos contaron sobre su trabajo. La música es la intersección de sus carreras: Yesid es tecnólogo en producción de audio y Karen es percusionista.

Yesid Rodríguez es un músico empírico. Se relacionó con la música desde pequeño, en la iglesia. Actualmente, tiene su propio estudio en casa, ya que estudió a distancia y tuvo que equiparse. Sus palabras sólo expresan amor por su carrera; y así sacrifique algunos espacios de su vida social, ejerce su carrera con gusto.

Karen Ramírez empezó su proceso musical con la batería, también en la iglesia. Hoy en día, está cautivada por la versatilidad de su tambor alegre, su instrumento preferido. Además, trabaja en dos proyectos: Mar Caribe y Rumba Caribe. El primero, enfocado en la salsa, bolero y son; el último, se destaca por tener toques netamente colombianos.

Daniela Patiño: ¿Qué es lo más difícil de su profesión?

Y.R.: La música es una profesión hermosa. Pero, es una carrera muy complicada, que no se valora. Son de las personas que más estudian y no es bien pago. La gente desconoce que no solo practican sus instrumentos, sino tienen que aprender lectura musical. Además, si quieren hacer su propia producción tienen que aprender una cantidad de cosas que la gente no cree.

K.R.: Lo más difícil es la técnica. Como músico se tiene que tener un proceso constante. Tienes que estar en constante preparación porque el cuerpo necesita adquirir memoria muscular, que se logra con los ensayos. Incluso, en los ensayos, descubres tus propios sonidos.

Se van cultivando diferentes técnicas como el abierto, quemado y el cerrado. El quemado requiere de mucha práctica, es como ¡pa! (Risas) Sí, lo más difícil es la constancia.

D.P.: En la mayoría de casos, los aplausos y el credito se los lleva el líder o cantante, ¿qué piensa en cuanto al reconocimiento?

Y.R.: Es muy complejo porque el reconocimiento se limita al cantante. Un ejemplo: uno de estos realities como La Voz Kids, y ese tipo de programas, donde detrás hay un montaje de músicos espectaculares. Si analizas qué hay detrás de ese escenario: son músicos que tuvieron que aprenderse canciones, mezclas, cambiar de un tempo a otro, y el reconocimiento va para el intérprete.

Falta entender que quienes hacen que esas presentaciones tengan un plus son los músicos y, también, los ingenieros que arman ese montaje.

K.R.: Desde el lado comercial, depende del enfoque que se le dé. Si te presentas como solista, si, requieres de unos músicos que te acompañen, pero el enfoque comercial es como solista. Así pasa si te presentas como una banda.

D.P.: ¿Qué es lo primero que analiza cuando escucha una canción?

Y.R.: Musicalmente hablando, el nivel armónico de la canción, que en el primer tono que escuches, tu digas: “Esto es diferente. No me suena igual a otra cosa”.

K.R.: ¡La letra! y si no tiene… la melodía, pero, lo primero que escucho es la letra, lo que intenta comunicar.

El Covid-19 ha generado una enorme sensación de incertidumbre, y en la industria musical ha preocupado a todos los que hacen parte de ella, pero, ¿cómo la pasa un productor de audio y un músico del día a día?

D.P.: ¿Cómo ha sido un día “normal” en cuarentena?

Y.R.: Sigue la funcionalidad normal, sigo produciendo contenidos igual, por lo que te decía que trabajo en la universidad y a distancia. Aunque, no los recibo con la misma calidad de antes; ya no capturo, ni monitoreo, sino trabajo con lo que me envían, me siento en el computador y sigo arreglando. Baja la calidad, pero sigue.

La grabación en mi casa bajó, pero hay que reinventarnos... Los músicos adquieren sus propios equipos, son sencillos pero mejoran la producción.

K.R.: He tenido clases virtuales, aunque no es lo mismo porque tú necesitas estar ahí, pero, bueno, vemos cosas de teoría y nos acomodamos. Ya a los toques y eventos, cancelado. Para las clases, trato de enviarles videos a los niños para que ensayen en la casa, pero los instrumentos están en la academia y sus papás no pueden costear para uno.

Es complicado. Esos ingresos se pierden. Vivo en la localidad de Antonio Nariño y no hay apoyo. Hay ayudas para el estrato uno y dos, para quienes están en condiciones vulnerables, pero no hay ayudas para los artistas. No hay algo en lo que te ayuden, no sé un mercado, para pagar un recibo o bajar los servicios… Para los artistas no hay nada.

Finalmente, y así como en una montaña rusa, sus carreras han tenido altibajos, de esos que dejan buenas historias.

D.P.: ¿Cuál fue la primera sesión en la que trabajó?

Y.R.: La primera sesión fue en la universidad. Debido a que estudie a distancia, todos mis proyectos los hice desde mi casa. Con unos compañeros músicos, decidimos poner cada uno su instrumento, así hacer una canción y grabarla. Hicimos todo el proceso de grabación. (Risas) Fue chévere porque habíamos leído y sabíamos que esto iba así y así, pero cuando empezamos a poner el micrófono, no sonaba igual.

Descubrimos que no sabíamos tocar. Descubrimos que no sabíamos usar el metrónomo, que es el que cuenta el tempo. Además, al mezclar descubrimos que no éramos buenos subiendo y bajando volúmenes. Fue una experiencia chévere porque descubrimos que creíamos que sabíamos, pero nos dimos cuenta que no éramos tan buenos.

Eso nos hizo aprender mucho y nos obligó a sentarnos y prepararnos más y ser más técnicos. Llegamos hasta la mezcla, ya despues hicimos el proceso de masterización.

D.P.: ¿Quiénes han sido los maestros que más admira?

K.R.: Desde que empecé con la batería, he tenido muchos, un montón de maestros de quienes se aprende. Gilbert Martínez ha sido mi acompañante durante todo este proceso de percusionista, es quien me ha adentrado en todo esto de la música colombiana. Él fue percusionista de Carlos Vives, entonces verás todo lo que he podido aprender de él.

A otro de mis maestros lo conocí en mi viaje a Palenque, Bolívar, comunidad del Festival de los Tambores. Su nombre es… Bueno, su apellido es Cassiani. Tal como suena. Es un viejito con una sabiduría ¡enorme!.

Enseñaba el valor de los tambores, que tienen trascendencia africana, y el proceso de la vida de un venado. O sea, cómo esa vida se transforma en otra vida que es el tambor. Y también cómo logras, finalmente, esa conexión con el instrumento.

Después de todo, las videollamadas nos acercan. Nos permitió conocer las historias, los sueños, el esfuerzo y las metas de quienes están en el lado invisible, en este caso, del mundo músical, y llegar hasta sentirnos identificados.

ESPECIALES

PLAYLIST                                            

Logo ACN Pata Blanco


NAVEGACIÓN       

 

Inicio
Actualidad
Cultura
Opinión
Deportes


CONTÁCTENOS            

 

Conmutadores: 323 98 68 y 326 68 20
Extensión 4060 / 4063
Correo: agenciacentraldenoticias@ucentral.edu.co

© 2017 Todos los derechos reservados. ACN | Agencia Central de Noticias. Sede Norte: Calle 75 n.º 16-03 Edificio Violi piso 5, Bogotá - Colombia