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Dónde todos somos iguales

franjatato

Por: Mario Andrés Ordoñez Gómez

 

Crónica Dónde todos somos iguales2

 

Recorriendo el espacio en donde algunos tabúes de la sociedad colombiana se encuentran reunidos para exponerse como lo que son: arte y cultura en el Tattoo Music Fest 2019.

Son las 11 de la mañana del 16 de marzo, con mis botas tipo Dr. Martens hasta la pantorrilla y sin tatuajes, entro al Gran Salón de Corferias, el lugar en donde el TMF (Tattoo Music Fest) se dará a cabo.

Comienza el recorrido y con él la circulación de las personas. Para sorpresa de todos, los primeros Stand, visibles desde la entrada, no son de tatuaje. Allí se encuentran espacios con videojuegos de realidad aumentada, accesorios de diferentes temáticas y afiches con un numeral en específico #TMFDondeTodosSomosIguales.

No hubo que esperar mucho. Stand por stand se inician los tatuajes, “retratos de momentos específicos e importantes que marcan la vida de las personas” como lo expresa Lucas González, uno de los espectadores y lienzos.

No hay una guía para el recorrido de las exposiciones, es un espacio de libre circulación, en donde lo más llamativo atrae a los espectadores.

El sonido incesante de las máquinas inunda el salón, las expresiones satisfactorias de dolor en los lienzos y las figuras interpretadas por la aguja entintada, se hacen cada vez más interesantes.

 

Crónica Dónde todos somos iguales3Llegando al centro del salón se encuentra el primer escenario, la tarima Jameson, en la cual se hacen los anuncios generales y los nombramientos de los diferentes concursos que se van a vivir en el festival. Como se vio al inicio, esto no solo se trata de tatuaje.

Entre las exposiciones de los tatuadores más ingeniosos de Colombia y el mundo, se encuentran también, galerías fotográficas y, por supuesto, motos engalladas que le dan color y un estilo sin igual al gran salón.

Más tarde, llegando a la puerta que daba a las afueras del Pabellón, se escucha el flow con el que la banda Melmak 69, pone a cantar y bailar a sus espectadores.

Al ritmo de hip hop mezclado con sonidos del pacífico de Zalama Crew, los artistas de la calle comienzan a aparecer con sus patines, patinetas y sus bicicletas.

A pleno rayo de sol reflejado en las plataformas del Skate Park, los exponentes de estos deportes se hacen reconocer, algunos se retan y otros solo divierten al público con los diferentes trucos y maniobras.

Pasadas la 1:30 de la tarde, el hambre comienza a invadir la mente, y conocer que la música rock comenzará de nuevo a las 2:30 de la tarde, hace ver mucho más atractivo el puesto de comidas El Corral.

Con la barriga llena, las botas bien amarradas y la voz lista para cantar a grito herido, comienza la música de Rocka, la banda del corresponsal de Davivienda, que con sonidos estridentes y uno de los mejores shows, se baja del escenario a cantar “Vacíate” en medio del pogo en proceso.

La euforia acaba, pero el show no. A la tarima se suben los vigentes Don Tetto, quienes incrementan los espectadores, que llenos de melancolía y recuerdos, relatan entre ellos los momentos de historia en donde esa música era el pan de cada día.

“Sin duda alguna la música es, junto con el tatuaje, uno de los platos fuertes del festival”, lo expresa Alejandra Álvarez, organizadora de Prensa del TMF.

 

Crónica Dónde todos somos iguales1Luego, al mejor sonido Colombiano de inicios del siglo, al escenario sube la Pornomotora, un espectáculo que no se vive desde el 2016 y llega al TMF como celebración de 20 años de carrera de la banda.

Aquel que conoce la PNMT (Pornomotora) sabe que es sinónimo de pogo. Con canciones como Perro Gozque, Izquierdo y Prefiero, nos conmocionamos. El baile, expresión y liberación de energía es inevitable, todo al ritmo del ruido distintivo, o, como ellos se denominan, Rock Corrosivo netamente Bogotano.

Faltan 5 minutos para las 6 de la tarde, el ambiente agitado que dejó la PNMT, hace llegar cada vez más gente. Se trataba del último show de la noche en la tarima Tecate.

Al escenario suben unos sujetos vestidos y pintados de negro, con visos interesantes en forma de tribales o x de color blanco. Es la banda Koyi K Utho, una de las más grandes bandas, sino la mejor, de metal industrial de Bogotá y el país.

Entre sus canciones de buen metal, el pogo más grande del día y lo llamativo de ver como las luces del escenario reflectan sus colores blancos y negros en su vestimenta. Koyi K Utho ofrece el mejor espectáculo.

Guiados por la euforia y el descontrol del pogo, no nos damos cuenta que comienzan a salir chispas en el escenario, no es un cortocircuito, ni nada se está incendiando.  “Mr Fuckars” el interprete del sintetizador, “al mejor estilo y con parecido a Leatherface (de la película Masacre de Texas)” , como lo narra Federico Torres, lima una varilla de metal con una sierra eléctrica circular, al ritmo de Demential State.

 

La tarima Tecate, el escenario musical, cierra. No queda de otra que volver a entrar al pabellón. Recorriendo nuevamente varios de los Stands, encuentro ya finalizadas muchas de las sesiones de arte con aguja entintada y todo el público concentrado en la tarima Jameson.

Finalmente, con lienzos tatuados de pies a cabeza, algunos personajes con vestimentas llamativas, agitación por los ritmos de hip hop, ska, punk y metal en el ambiente, y una obra de teatro de la mano de una marca de tatuaje cristiana, cierran los actos culturales y artísticos, se da la premiación a los concursantes y finaliza el festival. Al instante a mi mente llega el cartel de la entrada al festival. #TMFDondeTodosSomosIguales.

 

CULTURA

ACTUALIDAD

Dónde todos somos iguales

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Por: Mario Andrés Ordoñez Gómez

 

Crónica Dónde todos somos iguales2

 

Recorriendo el espacio en donde algunos tabúes de la sociedad colombiana se encuentran reunidos para exponerse como lo que son: arte y cultura en el Tattoo Music Fest 2019.

Son las 11 de la mañana del 16 de marzo, con mis botas tipo Dr. Martens hasta la pantorrilla y sin tatuajes, entro al Gran Salón de Corferias, el lugar en donde el TMF (Tattoo Music Fest) se dará a cabo.

Comienza el recorrido y con él la circulación de las personas. Para sorpresa de todos, los primeros Stand, visibles desde la entrada, no son de tatuaje. Allí se encuentran espacios con videojuegos de realidad aumentada, accesorios de diferentes temáticas y afiches con un numeral en específico #TMFDondeTodosSomosIguales.

No hubo que esperar mucho. Stand por stand se inician los tatuajes, “retratos de momentos específicos e importantes que marcan la vida de las personas” como lo expresa Lucas González, uno de los espectadores y lienzos.

No hay una guía para el recorrido de las exposiciones, es un espacio de libre circulación, en donde lo más llamativo atrae a los espectadores.

El sonido incesante de las máquinas inunda el salón, las expresiones satisfactorias de dolor en los lienzos y las figuras interpretadas por la aguja entintada, se hacen cada vez más interesantes.

 

Crónica Dónde todos somos iguales3Llegando al centro del salón se encuentra el primer escenario, la tarima Jameson, en la cual se hacen los anuncios generales y los nombramientos de los diferentes concursos que se van a vivir en el festival. Como se vio al inicio, esto no solo se trata de tatuaje.

Entre las exposiciones de los tatuadores más ingeniosos de Colombia y el mundo, se encuentran también, galerías fotográficas y, por supuesto, motos engalladas que le dan color y un estilo sin igual al gran salón.

Más tarde, llegando a la puerta que daba a las afueras del Pabellón, se escucha el flow con el que la banda Melmak 69, pone a cantar y bailar a sus espectadores.

Al ritmo de hip hop mezclado con sonidos del pacífico de Zalama Crew, los artistas de la calle comienzan a aparecer con sus patines, patinetas y sus bicicletas.

A pleno rayo de sol reflejado en las plataformas del Skate Park, los exponentes de estos deportes se hacen reconocer, algunos se retan y otros solo divierten al público con los diferentes trucos y maniobras.

Pasadas la 1:30 de la tarde, el hambre comienza a invadir la mente, y conocer que la música rock comenzará de nuevo a las 2:30 de la tarde, hace ver mucho más atractivo el puesto de comidas El Corral.

Con la barriga llena, las botas bien amarradas y la voz lista para cantar a grito herido, comienza la música de Rocka, la banda del corresponsal de Davivienda, que con sonidos estridentes y uno de los mejores shows, se baja del escenario a cantar “Vacíate” en medio del pogo en proceso.

La euforia acaba, pero el show no. A la tarima se suben los vigentes Don Tetto, quienes incrementan los espectadores, que llenos de melancolía y recuerdos, relatan entre ellos los momentos de historia en donde esa música era el pan de cada día.

“Sin duda alguna la música es, junto con el tatuaje, uno de los platos fuertes del festival”, lo expresa Alejandra Álvarez, organizadora de Prensa del TMF.

 

Crónica Dónde todos somos iguales1Luego, al mejor sonido Colombiano de inicios del siglo, al escenario sube la Pornomotora, un espectáculo que no se vive desde el 2016 y llega al TMF como celebración de 20 años de carrera de la banda.

Aquel que conoce la PNMT (Pornomotora) sabe que es sinónimo de pogo. Con canciones como Perro Gozque, Izquierdo y Prefiero, nos conmocionamos. El baile, expresión y liberación de energía es inevitable, todo al ritmo del ruido distintivo, o, como ellos se denominan, Rock Corrosivo netamente Bogotano.

Faltan 5 minutos para las 6 de la tarde, el ambiente agitado que dejó la PNMT, hace llegar cada vez más gente. Se trataba del último show de la noche en la tarima Tecate.

Al escenario suben unos sujetos vestidos y pintados de negro, con visos interesantes en forma de tribales o x de color blanco. Es la banda Koyi K Utho, una de las más grandes bandas, sino la mejor, de metal industrial de Bogotá y el país.

Entre sus canciones de buen metal, el pogo más grande del día y lo llamativo de ver como las luces del escenario reflectan sus colores blancos y negros en su vestimenta. Koyi K Utho ofrece el mejor espectáculo.

Guiados por la euforia y el descontrol del pogo, no nos damos cuenta que comienzan a salir chispas en el escenario, no es un cortocircuito, ni nada se está incendiando.  “Mr Fuckars” el interprete del sintetizador, “al mejor estilo y con parecido a Leatherface (de la película Masacre de Texas)” , como lo narra Federico Torres, lima una varilla de metal con una sierra eléctrica circular, al ritmo de Demential State.

 

La tarima Tecate, el escenario musical, cierra. No queda de otra que volver a entrar al pabellón. Recorriendo nuevamente varios de los Stands, encuentro ya finalizadas muchas de las sesiones de arte con aguja entintada y todo el público concentrado en la tarima Jameson.

Finalmente, con lienzos tatuados de pies a cabeza, algunos personajes con vestimentas llamativas, agitación por los ritmos de hip hop, ska, punk y metal en el ambiente, y una obra de teatro de la mano de una marca de tatuaje cristiana, cierran los actos culturales y artísticos, se da la premiación a los concursantes y finaliza el festival. Al instante a mi mente llega el cartel de la entrada al festival. #TMFDondeTodosSomosIguales.

 

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