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Sabado, 23 Marzo 2019

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Sabado, 23 Marzo 2019

Arte, ciencia y tecnología

Hacer escuela en la era digital

HACER ESCUELA EN LA ERA DIGITAL

ACN

 

Profesora Inés Dussel en el Seminario Internacional de Saberes Nómadas.

Por: Giancarlo Baquero

Periodista, ACN-Referato

Al estar inmersos en la era digital, la sociedad tuvo que optar por regenerar sus dinámicas de enseñanza. Por supuesto no en un sentido totalmente global, pues en algunas zonas del país (por no mencionar en el mundo), implementar dispositivos tecnológicos sigue siendo una utopía. No obstante, es innegable que las maniobras de educación han cambiado aunque nadie se haya puesto en latareade ello. Ahora el acceso a la información es fácil e inmediato. Cualquiera que tenga un celular y acceso a internet lo puede lograr. Esto supone para la academia nuevos retos, pues así como existen ventajas inmensas pueden verse en riesgo muchos aspectos de la escuela tradicional.

"En la comparación de la historia de la difusión de las tecnologías se calcula que, mientras que el teléfono tardó 75 años en llegar a 50 millones de usuarios, internet lo logró en solo 4 años. En el año 2010, más de un cuarto de la población mundial estaba conectado a internet, con un ritmo de crecimiento en algunas regiones como América Latina del 1.000% en 10 años (Internet World Statistics, 2010). Esto ha provocado cambios sociales, económicos y políticos muy profundos

Frente a esto, muchos teóricos se han planteado cómo hacer escuela en la era digital pues la mentalidad de los alumnos ha cambiado con el fácil y extremadamente acelerado acceso a la tecnología. Cuando el estudiante sale de su salón de clase, se sumerge en un mundo virtual en el que no se encuentra bajo la tutela del docente o tutor. Por lo tanto, se muestra totalmente autónomo e independiente. “La primera consecuencia de estos cambios sustantivos en las instituciones sociales y en las relaciones de experiencia dentro de la aldea global digital, es que se han modificado también de manera importante, en los contenidos, en las formas y en los códigos, los procesos de socialización de las nuevas generaciones, y por tanto las exigencias y demandas educativas a la institución escolar”.

El problema, pues, ya no radica en el alcance de la tecnología o la información sino en su criterio selección. Por ello es tan fácil caer en las garras de la ‘infoxicación’, término acuñado por Alvin Toffler en 1970, el cual hace referencia a esa saturación de información encontrada en internet y que el lector no puede abarcar aunque disponga de una vida entera para hacerlo. Este hecho se refleja, en mayor parte, en los estudiantes, pues a pesar de la simpleza de leer, es imposible englobar un tema tan extenso y con tantas vertientes como los encontrados en la red.

La infoxicación es una constante en internet, su término no solo se refiere a la saturación de información, sino también, al acceso a información errónea o subida para confundir al público. Es un hecho que los medios, por tanto los periodistas, caen en la “dictadura del clic”, pues para ellos es más fácil reproducir la primera información que se encuentre sin importar la fuente, que realizar un trabajo profundo y de calidad a pesar de lo exhaustivo que este pueda ser. Si esto funciona así para ellos, ¿qué se puede esperar que hagan los estudiantes? Al descubrirse autónomos en el uso de internet, pueden llegar a cualquier cantidad de fuentes que les proporcionarán información y no tendrán a su lado un mentor que les ayude a filtrar.

Existen quienes afirman que la inmersión de los jóvenes y niños en la tecnología hace que estos se vuelvan asociales. Sin embargo, este hecho puede tener también resultados inesperadamente provechosos, pues el hacer escuela en la era digital concierne en primera medida a docentes, tutores, profesores, etc.; pero debe ser un procedimiento conjunto con los estudiantes pues todo hombre es por naturaleza social, mas no todos aprenden a autorregularse en la educación; por ello se necesitan guías para ayudar a forjar este proceso. Al menos así lo afirma Ángel Pérez Gómez: “Estoy convencido de que socializar desde los primeros momentos de la vida del infante, enseñar e instruir a lo largo de la vida, puede hacerse sin la implicación voluntaria del sujeto que aprende, pero educar creo que deberíamos reservarlo para aquellos procesos por los que cada individuo de manera consciente y voluntaria se construye y reconstruye como sujeto autónomo que se autorregula con una intención y buscando realizar un proyecto vital que le convence y apasiona en el aspecto personal, social y profesional”.

En una experimento de la Universidad Veracruzana, llamadoAplicaciones educativas en dispositivos móviles, un espacio para el aprendizaje autónomo, los investigadores afirmaron que “con el uso de la tecnología se pueden aprovechar los espacios lúdicos para que no sólo las aulas, los salones virtuales, los laboratorios y los centros de cómputo sean el único espacio en donde se puede llevar a cabo las prácticas y desarrollar competencias en redes, ahora se abre un nuevo espacio que se flexibiliza de acuerdo a las necesidades de los propios estudiantes”.

Cuando el docente logra identificar en el estudiante su motivación y lo que le apasiona, le es más fácil encaminar su cátedra hacia el alumno, pues de esta manera se crearán los lazos para la solidificación de la educación en la era digital. No es lo mismo enseñar sobre el pizarrón y evaluar sobre la hoja, que sobre un computador y una tablet, respectivamente.

Como afirmaría Pérez: “Vivimos en la aldea global y en la era de la información, una era de cambio vertiginoso, incremento de la interdependencia y de la complejidad sin precedentes, que está provocando una alteración radical en nuestra forma de comunicarnos, de actuar, de pensar y de expresar”. La palabra interdependencia se refiere a la sumisión recíproca que existe entre sujeto y objeto.

A pesar de los esfuerzos de los gobiernos por reducir la famosa brecha digital, existen aún profesores de la “vieja escuela” que se oponen al uso de tecnologías en el aula de clase y su uso lo restringen a ciertas horas y con fines específicos. Sin embargo, el control que tienen los docentes sobre el empleo de dispositivos tecnológicos en el salón es casi nulo. Por tanto, “es mejor andar con internet, que atravesarse en su camino”.