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Bajar la indignación y los sueldos

Boletín ACN

 

Con 27 millones 929 mil 064 pesos, el de los congresistas colombianos fue definido por El Espectador como el “salario de la indignación”, pues en su sitio de “trabajo” se tejen componendas que se traducen en leyes que no benefician a todos los colombianos. Es más, no sé si trabajan, pues apenas van dos o tres días a la semana a hacer presencia en las comisiones y de vez en cuando en las plenarias.

 

 

Son famosas las fotos del Salón Elíptico vacío mientras se deberían estar discutiendo asuntos de interés nacional, y son comunes las discusiones entre quienes sí van y quienes se dedican a “hacer política”, un término desprestigiado a más no poder. Aunque sea la política la forma de ejercer poder. Pero en Colombia no se ejerce la política, sino la politiquería, una forma mezquina que se abrió campo desde cuando Simón Bolívar salió a expulsar a los españoles de América y Santander se quedó en la capital a armar triquiñuelas de baja calaña que derivaron en la conspiración septembrina, cuando trataron de asesinar al Libertador.

 

 

El caso es que lo que se ganan los “padres de la patria” lo sufragamos todos los colombianos con nuestros impuestos, que van desde el que pagamos en IVA cada que consumimos productos de la canasta familiar hasta el impuesto a la gasolina.

 

 

Pero mientras cada año se establecen comisiones con gobierno, asociaciones, sindicatos para definir el salario mínimo, a los congresistas el incremento –con retroactividad– lo define el presidente de la República. Así, hace pocas semanas, un Decreto ordenó que a los 268 congresistas se les aumentara el sueldo a 27 millones 929 mil 064 pesos –vale la pena repetir la indignante cifra–, mientras que el de los colombianos pobres es de apenas 698 mil 454 pesos. Una regla de tres simple señala que un trabajador de base en Colombia gana el equivalente al 3,7 % de lo que recibe cada uno de los 102 senadores y 166 representantes a la Cámara.

 

 

Eso significa que cada año a los congresistas les pagamos 89 mil 819 millones 869 mil 824 pesos. A los congresistas, pues además sufragamos los gastos de los asesores, secretarias, porteros, vigilantes, conductores de los carros, gasolina para los carros, pasajes aéreos y viáticos para viajar a las regiones, servicios públicos, etc. Inimaginable la cifra. Pero que la pagamos todos, la pagamos todos.

 

 

Aunque reciben sueldos 12 meses al año, los congresistas trabajan únicamente ocho meses. Y además tienen descuentos tributarios.

 

 

Por eso, la semana pasada los congresistas Angélica Lozano Correa, Claudia López, Armando Benedetti, Jorge Prieto, Ángela María RobledoJorge Iván Ospina, Óscar Ospina, Sandra Ortiz, Ana Cristina Paz, Jimmy Chamorro, Carlos Guevara e Iván Cepeda presentaron una propuesta para rebajar el salario, respaldada por todos los colombianos, y apoyada en 132 mil firmas de ciudadanos.

 

 

Radicada en la Secretaría del Congreso, la solicitud de disminuir los salarios pide que equivalgan a 25 salarios mínimos y no a 40 salarios mínimos, como es en la actualidad.

 

Es probable que la medida no prospere, pues los congresistas alegarán que no se le puede reducir el salario a nadie.

 

 

 

Igual sucede con los 45 concejales de Bogotá, los mismos que aprobaron el plan de desarrollo que recortó el presupuesto de la salud y que busca vender la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá dizque porque no hay plata. Cada uno de esos 45 concejales gana 18 millones 622 mil 976 pesos mensuales, lo que significa que un obrero recibe el 3,7 % de los “padres de la ciudad”, si la figura aplica.

 

 

 

El salario de los concejales representa cada año un gasto de 10 mil 056 millones 407 mil 040 pesos, que pagamos todos con los impuestos. Impuestos adicionales a los de la Nación, como el predial, por ejemplo.

 

 

A esos más de 10 mil millones de pesos también se les deben incrementar los gastos del mantenimiento de la sede en el barrio La Soledad, así como los asesores, secretarias, conductores de carros, gasolina para los carros, etc.

 

No hay razón para que eso funcione así. Si funcionara.

 

 

Tanto los congresistas como los concejales deben aceptar el clamor popular de que sus sueldos sean bajados a un rango aunque sea un tris más justo.

 

 

 

Y como en el caso de los congresistas, también a los concejales se les paga para que trabajen en pro de la ciudad y no en contravía de los inteses de los capitalinos.

 

 

 

Es el caso de la investigación que por prevaricato les acaba de abrir la Fiscalía a 28 de los concejales por haber aprobado las vigencias futuras para la financiación del Metro, sin haberse ajustado a la ley y el procedimiento adecuado, pese a que se les advirtió y la misma Contraloría había señalado que no era correcto.

 

 

Aunque el Metro ya tenía estudios y presupuesto, el falso doctor que se instaló en la Alcaldía (Peñalosa, por si algún despistado no lo sabe) echó todo abajo y prefirió volver al sistema de TransMilenio, al que destinará 2 billones 100 mil millones de pesos. Esa plata también saldrá de nuestros bolsillos. Y de ese gasto son cómplices los 28 concejales, a los que cumplidamente les pagamos sus sueldos.

 

 

Escribí cómplices y tal vez me estoy adelantando, porque eso lo definen son la Fiscalía y un juez. De modo que utilicemos mejor el eufemismo de los periodistas y hablemos de los supuestos cómplices.

 

 

Pero bueno: a la propuesta de bajarles el sueldo a los congresistas habría que añadir bajarles el sueldo a los concejales de Bogotá, para que haya un poquito más de equidad en Colombia y en su capital.

 

Javier Correa Correa

Docente de tiempo completo Facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Central