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El feminicidio, Rosa Elvira Cely y los medios de comunicación

Boletín ACN

 

 

Esta semana, a causa del “lamentable concepto jurídico” emitido por la Secretaría de Gobierno sobre el caso de Rosa Elvira Cely, el tema de la violencia hacia las mujeres y concretamente del feminicidio vuelve a inundar los medios y las redes. Aunque no es el caso de estos días, es normal encontrar en la prensa titulares más o menos explícitos, más o menos macabros, más o menos descontextualizados sobre el tema de la violencia hacia las mujeres. Todos me generan la misma sensación de desasosiego y de indignación. No cesan de rondar en  mi cabeza preguntas, muchas de ellas situadas en el lugar de la comunicación, este lugar que insisto en defender como potencial de transformación.

¿Cómo pensar el tema del feminicidio -puesto en la agenda pública por gracia de una administración distrital indolente, imprudente e ignorante- sin quedarnos en el susurro o el grito colectivo?  Aporto algunos caminos posibles.

 

 

Pensarlo como un símbolo. Casos como el emblemático feminicidio de Rosa Elvira Cely funcionan de múltiples maneras en la opinión pública porque son eventos simbólicos; es decir, que la gente dota de sentido. Destaco tres sentidos que se evidencian en la agenda de esta semana: se configura como amenaza para otras mujeres porque señala el castigo que pueden recibir si ocupan el espacio público reservado a los varones, si pretenden habitar y no sólo transitar el territorio de las ciudades, si osan insubordinarse ante el orden patriarcal establecido. Se aprovecha como arma política por parte de los opositores al gobierno local y a los sectores recalcitrantes de la derecha moral del país. Se decodifica como indicador de los niveles de machismo y naturalización de la cultura patriarcal en una sociedad inmadura y polarizada. Y también puede funcionar como detonador de la movilización social de aquellos sectores políticos y sociales que persiguen objetivos tales como la equidad de género y la defensa de los derechos, quienes también pueden tener objetivos políticos y prácticos en su ejercicio.  De hecho, este caso es emblemático al punto de lograr una movilización social que terminó en el logro de la tipificación del feminicidio como delito autónomo.

  

Comprender las estrategias que orientan la comunicación. Aunque no podemos generalizar ya que los medios son diversos y proponen contenidos e interpretaciones plurales, es posible reconocer en los mensajes algunos mecanismos sociales que las teóricas feministas han identificado como estrategias para invisibilizar la violencia hacia las mujeres. 

En un ejercicio sencillo se pueden identificar algunos de estos mecanismos.

1. La culpabilización: “culpa exclusiva de la víctima” dice el reciente concepto jurídico en el caso Rosa Elvira Cely.

2. La relativización del daño y sus consecuencias en la vida de las mujeres: “ya tenía 91 años”, afirmaba una nota sobre la violación y asesinato perpetrado a una mujer en Bogotá hace un par de años.

3. La patologización de la violencia: evidente en las fotos de hombres con cara de loco como el asesino de Rosa Elvira Cely.

4. La focalización y asociación de la violencia con ciertos grupos sociales: “todos sabían que tenían comportamientos raros y los tildaban de malosos”. 

 

Reconocer el silencio como hecho comunicativo. Este es un caso excepcional porque en general, los casos de feminicidio (que son más de los que podemos imaginar) se encuentran condenados por el silencio, un silencio que narra. Narra la ausencia de un Estado y una sociedad que deciden ocultar o ignorar, que alimentan la negligencia. Narra el silencio de las familias que consideran la violencia vergonzante y la confinan al mundo privado: “los trapos sucios se lavan en casa”.Narra las permanentes omisiones de los medios que se traducen en tolerancia y en naturalización. Y narra el miedo de las mujeres convertido en mecanismo de supervivencia o  de resistencia. Y todas son narraciones que procuran la impunidad.

Alejarnos de las explicaciones recurrentes y buscar lo que hay detrás de las noticias, las estrategias de comunicación que organizan los marcos mentales que orientan la opinión pública, ser conscientes de que nuestra participación como comunicadores y formadores de opinión que no puede ser ingenua o superficial, reconocer de qué manera el poder está presente en los actores de la comunicación, pueden ser algunas de las maneras de salir de la mirada epidérmica y farandulera de un asunto tan crucial como el feminicidio en Colombia. Una realidad que  convierte en “normal” el hecho de que a los hombres los maten por lo que hacen y a las mujeres por lo que somos, que da lugar a la construcción de ciudades que configuran espacios públicos como ajenos para las mujeres, lugares y relaciones de los que podemos ser expulsadas para luego volver denigradas o para nunca regresar.

 

Por Sandra Liliana Osses Rivera, PhD.

Docente investigadora del Departamento de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Central