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Bogotá y sus 478 años

Boletín ACN

Caminar por Bogotá y gozar de sus calles son hechos que aún no han desaparecido de la cotidianidad del ciudadano. En su cumpleaños número 478 queremos homenajear la capital colombiana que ha recibido miles de habitantes en todo el mundo. Bogotá va para los 500 años, vieja en sabiduría, joven en retos.

En Aula y Asfalto nos reunimos con Carlos Rodríguez, “Popeye el historiador de la calle”, que como su sobrenombre lo indica es un personaje que le enseña a quien esté dispuesto a escuchar (y darle unos pesitos) sobre la historia de Bogotá y con mayor énfasis la historia del centro, su arquitectura y hechos importantes que hicieron de la ciudad, un lugar rico en memorias y anécdotas que comparten sus habitantes.

Desde la Plaza de Bolívar que, como bien dice Popeye, es el lugar donde están concentrados los tres poderes políticos, eclesiásticos y jurídicos. Comenzamos con la Catedral Primada de Colombia donde se encuentran los restos del fundador español Gonzalo Jiménez de Quesada. La iglesia fue construída en un estilo neoclásico; al lado izquierdo de la capilla, en la Casa del Cabildo, Carlos Rodríguez nos cuenta que anteriormente era un almacén de las hermanas Cansino que con el paso del tiempo llegó a ser Convento de monjas de las hermanas Clarisas. Continuando con el recorrido, “Popeye” señala la Capilla del Sagrario y nos dice que toda esta cuadra pertenece a la iglesia, es desde aquí que se gobiernan todas las arquidiócesis de Colombia, después del Vaticano.

Nos giramos un poco y encontramos con “el enfermo de piedra” o “la piedra enferma”, un nombre muy adecuado para el Capitolio Nacional de Colombia, ya que Popeye nos dice que así es conocido este edificio. Tardó 85 años en construirse por las guerras civiles que ocurrieron en nuestro país entre liberales y godos y está construido bajo una arquitectura griegoromana.

Dentro del recorrido que narra el historiador, Rodríguez menciona el Palacio Liévano, arquitectura neoclásica-francesa, edificio que pertenecía a un francés y era una galería, donde llegaban las telas de España. En ese entonces recibió como nombre “edificio Arrubla”, pero en 1905 el edificio se incendió y se le rebautizó como “Palacio Liévano” en memoria de Indalecio Liévano Aguirre, quien fue el primer historiador de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

Como bien sabemos, el Palacio de Justicia ha sido destruido dos veces, el primer momento fue el 9 de abril de 1948, tras los disturbios por la muerte de Jorge Eliécer Gaitán y el Bogotazo. El 6 de noviembre de 1985 el M-19 toma el Palacio de Justicia, y según lo relata nuestro historiador, fue un acto de impunidad y terrorismo y asegura que ante este caso no hay nada de qué hablar, pues fue un hecho desastroso.

El centro no sólo representa las distintas manifestaciones que han hecho historia en Bogotá y en Colombia. Popeye disfruta conversar con todo aquel que lo busque para escuchar de manera atenta las diferentes anécdotas que tiene sobre la ciudad. De esta manera paga arriendo en una habitación que se encuentra dentro de esta zona.

Así como el historiador Rodríguez, existe una gran cantidad de personas que se convierten en historiadores, no por profesión, sino por gusto o experiencia. Ana Díaz tiene 83 años y es la memoria viva de un Bogotá difícil de imaginar. Dentro de sus recuerdos menciona viajar en tranvía, un medio de transporte que funcionaba con corriente y que ella recuerda lucía como una chiva; para ese entonces trasladarse de una zona a otra era económico y su pago era en centavos. Cada vez que hacía mercado, la señora Ana iba hasta la Plaza de mercado la Concordia, fundada en el año 1933, ubicada en el barrio La Candelaria.

Además de viajar entre barrios, el tranvía también llegaba a los pueblos aledaños. Para quienes estaban interesados en salir de la ciudad por el fin de semana e ir y visitar a familiares o amigos. Por otra parte, quienes se quedaban en la ciudad tenían el plan cachaco, jugar tejo y tomar chicha.

La señora Ana también nos cuenta cada uno de los cambios que ha tenido la ciudad, y nos cuenta que en la Plaza de Bolívar había fuentes de agua y junto a ellas estaba la estatua de Simón Bolívar; era una plaza con Bogotá y sus 478 años

caminos en piedra y con seguridad en cada esquina. Se respetaban los trabajadores que en la calle vendían la fritanga.

También evoca aquellos momentos en los que las mujeres con vestidos y sus cabellos trenzados, los hombres con pantalón corto o algunos con bota pantalón ancho; caminaban o andaban con sus burros por una Bogotá pequeña, con casas chiquitas hechas en bahareque y sobre todo tranquila y segura. Es por esta razón que nuestra historiadora señala que “antes era más bonita Bogotá”.

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Popeye y la señora Ana, aun teniendo una amplia experiencia por su edad, no son los únicos que hablan sobre una ciudad llena de transformaciones. Katherin Ávila y Carlos Mateus una pareja de universitarios, nos comentan un poco sobre cómo ven a Bogotá en la actualidad y de las modificaciones para bien o para mal que esta ha tenido.

Para Katherin el problema principal radica en la falta de cultura ciudadana y en la poca seguridad que el Alcalde hasta el día de hoy está brindando. Para Carlos no existe una infraestructura vial que logre soportar tantos medios de transportes y le parece ilógico que la alcaldía siga pensando en ampliar vías que lo único que lograrían es generar más caos vehicular en la ciudad.  

Aunque sus opiniones del cómo ven la capital en la actualidad son diferentes, coinciden en que la mayor transformación que ha tenido Bogotá es la incorporación del transmilenio; un medio de transporte lleno de altibajos y críticas por parte de los ciudadanos.

“Si bien es cierto que el transmilenio fue creado para agilizar el desplazamiento y evitar los trancones, es un medio de transporte retrógrada, poco civilizado en donde se perdió la cultura y los valores” señala Katherin.

Si bien Bogotá ha sido una ciudad que ha padecido una gran cantidad de cambios, para algunos bien, para otros mal; merece ser querida y respetada por aquellos que la habitan y la visitan. Buscamos que aquella época de solidaridad por el otro y seguridad entre cada uno vuelvan y se manifiesten.

 

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Por Vivianne Tovar y Natalia Cardona