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¿Qué se lee en La Central?

“La pluma es la lengua del alma” decía Miguel de Cervantes, hablando de la necesidad vital que tienen algunos de leer. Aula & Asfalto se preguntó qué leemos en la Universidad, y con la ayuda de profesores y alumnos elaboró un listado de los libros que más se consumen en la institución. ¿Cuál crees que son?, ¿has leído los libros de nuestro top 5? Te puedes llevar más de una sorpresa.

 

Por S. Vargas, L. Leal, D. Trujillo y D. Rocha

 

Ya sea por orientación del profesor, de un amigo o un conocido, leer permite tener una nueva interpretación de lo que se entiende en el mundo, y esta es una manera de ir construyendo la visión que tenemos del mismo, la cual va transformándose constantemente.

Los estudiantes de la Universidad realizan durante sus estudios visitas a las diferentes bibliotecas que ofrecen una cantidad considerable de colecciones, libros y volúmenes que están siempre a disposición de la comunidad académica. Aula & Asfalto quiso saber qué es lo que más se lee en La Central, y es por esto que se realizó una recopilación de los textos literarios más solicitados por parte de la comunidad estudiantil.

Boletín ACN

¿Qué piensan los profesores frente a la lista de libros más solicitados?

Frente a estos títulos, los profesores Jhon Trujillo (Economía), Cristian Díaz (Ingeniería ambiental) y Jairo Restrepo (Creación literaria) nos compartieron sus impresiones y opiniones respecto a los libros y los servicios que brindan las bibliotecas a la comunidad estudiantil. Cada uno nos expuso sus opiniones respecto a la lista.

El profesor John Trujillo afirma que “no es tanto lo que consumen los estudiantes frente a lo que solicitan los profesores que se consume”. Ninguno de los profesores consultados conocía Vencedor no está solo de Paulo Coelho, libro considerado literatura suave o best seller. El profesor Jairo Restrepo menciona que “debemos aprender a discernir dos tipos de literatura, una es la literatura propiamente dicha, donde leemos para tener una nueva perspectiva del mundo. En otro leemos literatura más suave, para contarle una historia al lector, sin embargo este tipo de lectores de best seller también deben tenerse en cuenta” agrega el profesor, a quien le sorprendió gratamente ver títulos como Rayuela, Cien años de soledad, Rojo y Negro, La señora Dalloway, La Odisea y Hamlet, Príncipe de Dinamarca.

Libros como Cien años de Soledad y Rayuela siguen siendo los más solicitados por los estudiantes, pero ¿qué los hace tan vigentes hoy en día? Señala el profesor Restrepo que “si uno se fija bien, después de la publicación de Rayuela, casi todas las generaciones han estado pegadas a Cortázar, a su transgresión y el romper esquemas, y yo mismo de joven lo busqué”, logrando que los jóvenes se interesen tanto en estas obras cumbre de la literatura hispanoamericana. El año pasado falleció el escritor colombiano y se cumplieron cien años del natalicio del escritor franco-argentino. Estas circunstancias hacen que se  quiera ahondar en la literatura de dichos autores y por consiguiente se aumente la solicitud de sus obras.

 

Rayuela, por ejemplo, quebró con el esquema de la historia tradicional; el lector tiene, por medio de su “tablero de dirección”, dos posibilidades de lectura: la primera, consiste en leer las dos primeras partes y obviar la tercera; la segunda es leer acorde a una lista de capítulos propuesta por el autor. Por su parte, Cien años de Soledad narra el inicio, la evolución y la desaparición de Macondo, un lugar imaginario (pero que para muchos reproduce la cotidianidad de la sociedad Latinoamericana) donde se cuenta la historia de los Buendía, y donde el realismo mágico es el principal elemento en la narrativa, creando una atmósfera donde la objetividad de lo real llega a ser sobrepasada por la subjetividad de la fantasía.

 

Respecto al uso de las bibliotecas de la Universidad por parte de los alumnos, el profesor Cristian Díaz señala que la institución ha avanzado notoriamente en este aspecto, porque “cada vez que se realiza una proyección de compra por la biblioteca, esta les pide a los profesores que por favor actualicen los sílabos para ver qué nuevas publicaciones pueden ayudar a refrescar el conocimiento y para que así los cursos sean más dinámicos de acuerdo a los interés o las necesidades que existan”. En este sentido el profesor Trujillo resalta que “de acuerdo a la transiciones que se van dando hacia las tecnologías de la información y la comunicación, a diferencia de lo que sucedía antes cuando uno estudiaba, uno iba a buscar al texto, hoy en día el ejercicio que hace, tanto el estudiante como el profesor, es al contrario”.

 

Hoy el ejercicio ya no es ir a buscar los textos. Al tener mecanismos ya constituidos (bases de datos y registros online) se logra que los textos vengan a uno de acuerdo a los intereses o necesidades que existan. Una de esas formas es a través de las alertas tempranas, la cuales permiten estar actualizado e informado sobre quién está escribiendo sobre algún tema de interés, y qué nuevas posturas está recogiendo, modificando procesos. Ejemplo de eso es tener que ir a una biblioteca y buscar material, casi siempre desactualizado. De ese modo, cuando uno mira las bases de datos que tiene la universidad (bastante buenas), uno diría que para el uso que tienen son más que suficientes, pero son absolutamente desaprovechadas, porque no se están empleando métodos apropiados para que las personas aprovechen lo que está allí contenido.

 

El profesor Restrepo, de la carrera de Creación literaria, discrepa un tanto de esta última afirmación. “Los sílabos van por un lado y la Biblioteca va por otro lado”. Durante los  dos últimos años si se ha revisado el catálogo, aunque resalta que “sería importante que desde los departamentos de las carreras, los coordinadores que están involucrados con eso le entregaran también los sílabos a la Biblioteca para que se haga una revisión de los textos que colocan los profesores como lecturas obligatorias o de consulta”. A pesar que la Biblioteca recopila siempre su material, la cantidad de publicaciones debería tener una serie de lectores más atentos a los nuevos lanzamientos, que se van realizando. Sin embargo el problema, indica el profesor Díaz es que “a los estudiantes no les preocupa la lectura, conformándose con aplicativos virtuales. Hay buenas páginas web, pero muchas más pésimas. Las bibliotecas están en una crisis en la cual el estudiante ya cree que entra en una página web desde su celular y averigua lo que necesita". Por lo tanto se ha perdido la intención, y sobre todo, la mística del recinto, como destaca Díaz.

 

Otra de las preguntas que nos asaltan es cómo la Biblioteca debería estar pendiente de los profesores, saber qué leen y cómo lo están leyendo, aunque la otra orilla presenta circunstancias en donde los índices de lectura de los profesores en la Biblioteca no son los más óptimos en esta Universidad. Y si el profesor no lee y no se actualiza, indudablemente esto se verá reflejado en el estudiante. El profesor cae en la trampa de saber que tiene que enseñar la misma materia con el mismo sílabo y entra en una zona de confort. “Aquí todos estamos colocando en el problema, no solo es culpa del estudiante. Faltan maestros excelentes que motiven, falta que los cursos se actualicen semestralmente, falta que el profesor motive la búsqueda de bibliografía en la Biblioteca” destaca el profesor Cristian Díaz.