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La Universidad Central y el proceso de paz

“Utopía es algo perfecto y maravilloso que no se puede alcanzar, por lo tanto el acuerdo no lo es. Es algo bueno, no es perfecto, no es algo maravilloso y se puede alcanzar” Egoitz Gago.

 

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“Reflexiones sobre los acuerdos de paz”, ese fue el nombre dado al conversatorio realizado el miércoles 31 de agosto en la Universidad Central, del cual salieron a relucir los puntos más característicos del acuerdo, los principales mitos frente al mismo y, en el cual las dudas tanto de estudiantes como de profesores fueron resueltas por Egoitz Gago, politólogo, Doctor en Estudios de Paz de la Universidad de Bradford, Reino Unido, y profesor de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Para sorpresa de muchos, el auditorio se llenó. No eran funcionarios ni profesores, eran estudiantes los que ocupaban la mayor cantidad de asientos y quienes se encargaron de llevar la conversación a otro nivel con sus preguntas sobre aspectos que para ellos, eran confusos en cada uno de los puntos, después de una serie de aclaraciones frente a temas como la amnistía, el territorio, la participación y el modelo actual que puede representar un problema a la hora de interpretar los acuerdos.

La discusión empezó con una aclaración importante: “Este acuerdo no es una utopía”. ¿Por qué fue importante esto? Principalmente porque fue la forma más sencilla de entender que aún después del plebiscito deberán existir cambios frente a lo pactado y que, a pesar de eso, estos acuerdos “a diferencia de otros están muy bien planteados” afirmó el profesor Gago. Según la opinión de Daniel Riaño, estudiante de Periodismo y asistente al evento, “el invitado era la persona indicada, sabía del tema y realmente el que sea extranjero no me parece relevante. Ha estudiado diferentes procesos de paz, es una persona que conoce mucho del tema y que ha dictado diferentes conferencias frente al mismo; el hecho de que tenga conocimiento de los acuerdo es suficiente para que pueda dar una opinión objetiva frente a lo que va a lo que puede pasar en determinados casos”.

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Para el invitado un modelo de justicia transicional muy detallado representa uno de los aspectos positivos del proceso, más cuando se le compara con modelos como el de Sudáfrica que se basó en la confesión pública de sus delitos, lo que los exoneró de cualquier tipo de privación de libertad; o al de Irlanda, en el cual existió un modelo de amnistía total. Pero aún sigue faltando una apuesta a la transformación social: pasar de la discusión entre un proceso constitucional o consultas y de una división de partidos a un proceso que se preocupe por temas como la desigualdad, algo que se dará con mayor facilidad si leemos los acuerdos y tomamos la decisión de apoyarlos o no, de legitimar o negar lo que está pactado a partir de argumentos y conclusiones propias.

 

Las redes, la desinformación y los intereses políticos divididos son generadores de “mitos” dentro de los acuerdos, pero ¿cuáles son los más mencionados o importantes? La profesora de la Universidad Central, Ángela Verge, presentó un “top 5”: impunidad, el sueldo a los guerrilleros, la dejación de las armas, los guerrilleros y el Congreso, la reforma rural integral la propiedad privada. Frente a estos puntos las respuestas basadas en el acuerdo fueron simples: “Si se considera la palabra impunidad a los acuerdos, no existe” (al igual que el término utopía), porque esta palabra hace referencia a que no se recibirá ningún tipo de castigo o seguimiento jurídico, y todos los guerrilleros se someterán al sistema de justicia en el cual se le determinará una pena según el tipo de delito. Según los Acuerdos, el “exguerrillero después de cumplir las penas que deba cumplir, va a recibir $2.000.000 de una vez, y durante 24 meses recibirá un 90% de un SMLV, siempre y cuando ese exguerrillero no tenga un trabajo remunerable”.

 

Para las armas la respuesta se dio al citar el punto 3 en el cual se aclaró que “ las Farc-EP reconoce que el estado mantiene el monopolio del uso de las armas”. “La formación política que salga de las Farc va a tener 5 curules en el Congreso y 5 en el Senado, mínimo. Esto será durante dos legislaturas, 2018 y 2022, y durante este tiempo el gobierno cubrirá el 10% de los gastos. A partir de allí funcionarán como cualquier partido político formal” explicó el profesor Gago. “En ninguna parte del documento se habla de abolir la propiedad privada, se habla de subsidios, algo extraño para el modelo económico del país”.

 

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Estos 5 mitos presentados dieron el paso a los estudiantes y profesores. Andrés Orozco, estudiante de periodismo, fue el primero en opinar. Habló de la UP, la participación política y las seguridades que tendrán los nuevos partidos que surjan para no ser perseguidos; generó un debate frente el problema estructural en el poder que se ejerce en diferentes lugares del país y la importancia de la re adaptación de las personas, la recuperación del territorio por parte del gobierno y la inversión para el avance.

 

Esta primera pregunta generó una pequeña ola de manos arriba. Estudiantes como Daniela Ospina con el tema de la reforma agraria, y Juan Manuel Vargas con el problema de las drogas y cultivos ilícitos, permitieron la creación de reflexiones frente al sistema económico del país; Colombia como gran productor de droga y la exportación que genera los recursos suficientes para mantener la guerra, y  las grandes empresas que son dueñas de la mayor cantidad de territorio, que no permiten un avance social ni rural, que generan conflicto de otras formas. “Según el punto 1 de los acuerdos, en 10 años se tiene que acabar con la falta de soberanía alimentaria y con los procesos de pobreza extrema que existen en el país, desde la posibilidad de la participación de los campesinos en un mercado justo” según expresó Egoitz Gago.

 

Las bacrim y la negativa del frente primero de las Farc fueron temas que se escucharon en otra voces; temas que tuvieron respuesta desde una invitación a aclarar términos y considerar las declaraciones que se dan alrededor de la separación entre las Farc y otros grupos insurgentes, como en el que se convertirían aquellos que no se sienten identificados con el proceso y no quieren desmovilizarse.    

 

“Yo creería que la verdadera invitación es la que se nos hace desde todos los puntos, la invitación a leer, a investigar y juzgar con argumentos. Estos espacios, aunque son enriquecedores, deberían ser complementarios. No deberíamos preguntar desde lo que escuchamos o vemos, sino que deberíamos hacerlo para completar información que consideramos nos queda faltando” afirmó Fernanda Urbina, estudiante Universidad Central.

 

Por Elisabeth Amado