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Ana Aponte: volando por un sueño

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En un país como el nuestro, las oportunidades a artistas, profesionales en carreras poco convencionales, deportistas que van más allá del fútbol y, en general, quienes se ganan la vida de alguna manera que se salga de la cuadrícula establecida por la sociedad son escasas, utópicas y algo mal vistas. En este contexto, Ana Aponte, bogotana, artista visual por vocación, paracaidista profesional por convicción, logró sacar adelante sus sueños a pesar del fuerte no que le gritaba la sociedad, y dialogó con Aula y Asfalto acerca de su vida, su deporte, su trayectoria y demás: 

Aula y Asfalto (AA): ¿Cómo fue la infancia de Ana Aponte?

Ana: Completamente normal. Nunca tuve un acercamiento con el paracaidismo de niña, solamente deportes convencionales. Practicaba mucho fútbol, estaba en el equipo del colegio de fútbol, de atletismo, de voleibol, de todo; me encantaba competir y el deporte.

AA: ¿Y la etapa universitaria?

Ana: Estudié artes visuales en la Universidad Javeriana, entonces tuve la oportunidad de seguir en el equipo de fútbol de la universidad. Un día un amigo, que también estudiaba artes, me invitó a saltar de un avión, tenía 16 años, en el 2004. Para poder saltar necesitaba un permiso de mis padres, no me lo dieron pero me acompañaron a saltar. Fue increíble, me encantó, ellos fueron conmigo, salté y nunca más se habló del tema. Fue experiencia de un día, pero en ese momento algo cambió en mí.

AA: ¿Cuándo decide dedicarse de lleno al paracaidismo?

Ana: Tuve la oportunidad de ir a estudiar y trabajar a Australia. Conocí a una paracaidista francesa llamada Melissa, quien se volvería mi hermana del alma, quien un día me dijo “conocí una zona de salto, vamos a saltar”. De los que vivíamos en el apartamento, fui la única que aceptó, fuimos las dos solas. Salté con instructor, ella me hizo un vídeo. Ver a Melissa volando frente a mí, fue algo que me marcó, fue el quiebre; en ese momento me dije a mí misma “mierda, estoy viendo a alguien que amo, volar frente a mí; esto es demasiado increíble, mágico, lo quiero para toda mi vida”.

AA: ¿Cómo inicia su carrera profesional?

Ana: Llegué a Colombia en 2008, trataba de salir adelante vendiendo mis cuadros y ahorré todo el dinero para pagar el curso. Ya el 14 de enero de 2008 estaba haciendo el curso de paracaidismo en Flandes, Tolima. Ahí comenzó todo. Me enamoré perdidamente del deporte. Empecé a saltar cada 8 días, vendía mis cuadros y ahorraba para poder saltar; cada vez quería más, solo pensaba en aprender, aprender y aprender. Comencé a salir del país en ocasiones, tuve la oportunidad de conocer otras zonas de salto. Ahí me di cuenta que saliendo del país había una muy buena oportunidad de seguir aprendiendo. En 2009 o 2010, me fui a California invitada por Jhonathan Flórez, “el hombre pájaro”, a entrenar por casi dos meses; ví el progreso y aprendí lo que no había aprendido acá. Jhonathan influenció mucho mi carrera, él tiene mucho que ver en todo esto; era muy estricto, nos regañaba mucho, pero hoy entiendo por qué lo hacía.

AA: ¿Qué vino después?

Ana: En 2011 empecé a salir con Nicolás Rubio, también paracaidista profesional, mi novio actualmente, mi compañero, mi parcero, mi todo. Nicolás estuvo toda la vida rodeado de aviación, sus tíos son paracaidistas, él estuvo desde pequeño rodeado de este mundo, incluso es piloto, entonces desde bebé la tenía clara, quería ser paracaidista. Un día me dijo que nos fuéramos del país a estudiar, que fuéramos a la universidad a certificar nuestra carrera. Él ya se había dado cuenta que acá sí se podía vivir de ser instructor de paracaidismo y me convenció, yo acepté. Fuimos a una escuela en Florida, vivimos seis meses en carpa, nos ayudamos vendiendo manillas y cositas personalizadas. Fue muy difícil para nosotros, pero logramos la certificación y nuestro primer trabajo.

AA: ¿Qué aprendieron en el exterior?

Ana: Nuestro gran sueño era hacer una zona de salto buena en Colombia, con buenas bases, sólida y segura. Cuando empezamos a salir del país y conocíamos diferentes zonas en Estados Unidos, nos empezamos a dar cuenta de los enormes huecos que había en el paracaidismo en Colombia en esa época. Empezamos a adquirir experiencia y me di cuenta que, el curso de paracaidismo que yo había hecho en Colombia, era temerario, riesgoso e inseguro, viéndolo desde los ojos de un instructor. La meta, entonces, era cambiar el rumbo del paracaidismo en el país.

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AA: ¿Cómo inicia el proyecto de Xielo?

Ana: Un día, hace tres años, un amigo nos llamó a proponernos si queríamos trabajar para él, en una zona de salto que quería abrir. Con Nicolás le dijimos que no, que no queríamos trabajar para nadie, que queríamos ser socios, parte del proyecto: ahí nació Xielo SkyDive. Desde entonces trabajamos duro, hemos tenido altas y bajas porque no es fácil hacer empresa en Colombia, menos de aviación. Por el pasado de nuestro país de narcotráfico hay muchísimas reglas para la aviación. 

AA: ¿Qué fue lo más difícil de este proyecto Xielo?

Ana: El paracaidismo en Colombia no estaba regulado, nosotros tuvimos que llegar y tratar de regular el tema. Hacíamos reuniones con la Aeronáutica Civil, con las otras zonas de salto, y en conjunto, empezar a hacer un reglamento que se debe seguir para hacer un deporte seguro. Acá en Colombia no nos gusta seguir reglas, eso fue lo más difícil.

AA: ¿Qué ha sido de lo más bonito del paracaidismo?

Ana: En ese recorrido conocí mi segundo hogar, el Chicagoland SkyDiving Center, allá nos contrataron y puedo decir que es una de las partes más importantes de mi carrera; ahí absorbimos un gran conocimiento profesional, mucho sobre cómo hacer una zona de salto, su organización, es una industria muy profesional. Fue muy lindo hacer parte de esta familia que nos ayudó y nos acogió; hoy, tres años después nos siguen ayudando y apoyando, es nuestra casa y nuestra familia. 

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AA: Cuéntenos acerca de los récords mundial y sudamericano.

Ana: Este año tuve la oportunidad de participar en un récord mundial, en el que infortunadamente no llegué a la final, pero Nicolás sí hizo parte del récord, ¡Súper bien!. Fue una experiencia demasiado estresante e increíble, muy mental, éste deporte es demasiado mental y físico. Después de ese récord, buscamos establecer en Brasil el primer récord de este tipo en la historia del paracaidismo, 21 personas volando de cabeza, nunca antes se había hecho y yo fui la única mujer. Fue difícil para mí por mi peso y mi tamaño, me toca volar el doble de rápido; fue un reto pero mis compañeros me hicieron creer en mí. Conocer tantos paracaidistas de sudamérica detrás de este sueño fue muy bonito, ya que nunca habíamos tenido la oportunidad de hacerlo, conocíamos gente de norteamérica y de Europa.

Fue increíble cuando logramos establecer el récord, trabajamos durante cinco años para hacer parte de un récord, siempre fue nuestro sueño con Nicolás, ser muy buenos, ser los mejores. Falta mucho para estar entre los mejores, pero ahí vamos.

AA: Ana ha llegado a muchas metas en el horizonte, ¿qué se viene ahora?:

Ana: Seguir trabajando, el hecho de que llegamos no significa que vamos a parar. Seguir haciendo parte de récords. Tengo otro récord de 100 mujeres volando de cabeza, será en Arizona, en noviembre y estoy entrenando muy duro para eso, he recibido muy buenos comentarios y sé en qué tengo que trabajar.

Las metas siguen, queremos hacer parte de los récords que vengan, intentarlo y traer los títulos para Colombia.

Este año empezamos a ver la estabilidad en Xielo, entonces seguir trabajando, hay mucho por hacer, mucho por crecer, ahí vamos.

 

 

Por Felipe Ruiz