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El Krav Maga, “un método de combate que puede salvarle la vida”

Boletín ACN

El Krav Maga es “una disciplina que le proporciona a las personas que la entrenan, herramientas mentales y físicas para que sepan sortear agresiones potenciales y directas en la calle”, asegura Andrés Guzmán, entrenador de esta disciplina.“No es un espectáculo para divertir un público, sino un método de combate que puede salvarle la vida a las personas en cuestión de segundos” .

 ¿Qué es?

El Krav Maga que en hebreo significa “combate de contacto” es una técnica de defensa personal, utilizada por las fuerzas de seguridad israelí para enfrentarse a sujetos armados. Con el tiempo, esta técnica empezó a enseñarse a los civiles, quienes aprendieron diferentes habilidades para defenderse de distintos tipos de armas, y poder sobrevivir contra dos o más atacantes.

 

No existen reglas ni habilidades concretas para cada caso, porque todo depende de la rapidez con la cual la persona evite ser herida. Sin embargo esa cualidad depende de aprehender las lecciones básicas que son impartidas en las clases de krav maga.

 

Hay que defender y atacar en el menor tiempo, porque tres segundos de demora puede ser mortal. Se deben buscar los puntos vulnerables del atacante “el ataque más básico en Krav Maga puede ser una simple patada a los genitales” nos aseguró Silvia Enciso, entrenadora de la Academia Krav Maga en Colombia, las armas que usas son tus partes del cuerpo o lo que en el momento tengas a la mano, y sobretodo lo más importante es tener una visión panorámica. Estas lecciones básicas en menos de cuatro segundos pueden salvar tu vida.

 

No se necesitan ni ningún tipo deprotección. Únicamente se debe saber manejar la adrenalina que genera el cuerpo para usarla a favor en caso de peligro y en contra de aquellos que quieran hacernos daño. Todo esto se aprende día a día, asistiendo de forma juiciosa y aplicada a los entrenamientos, donde la resistencia y fuerza son puestas a prueba con diferentes rondas de ejercicio físico. Luego de esto, cada uno de los practicantes saltan a la lona, donde los profesores les enseñan a enfrentar a un agresor sin importar el tipo de arma que use o el espacio en el que se desarrolle.

Saber defenderse de una persona con cuchillo, con arma o desarmada, son los pilares básicos para que cada alumno sepa salir bien librado de una situación de alto riesgo.

No es considerado un deporte y tampoco un arte marcial, ya que no cuenta con ningún tipo de reglamento. “Este es el contexto más general del Krav Maga, que nace en Israel en los años treinta, época del fascismo en la que se ejercían prácticas de aniquilación contra dicho pueblo” contó Andrés Guzmán, entrenador de la academia de Krav Maga, ubicada en la localidad de Suba.

 

Hace once años este tipo de combate de contacto pisó tierras colombianas, por intermedio de Israel Brown, Coronel de las Fuerzas Especiales de reserva de Israel, y por el colombiano Mauricio Miranda.


El Krav Maga tiene dos tipos de aplicación: civil y militar, y cualquier persona puede practicarlo, aunque debe tener en cuenta que si lo entrena, es para ocasiones en las que no haya otro método más que defender la vida.

 

 

Toque femenino

 

“Siempre se ha entendido que la mujer es débil, y muchos consideran que no podemos defendernos, por lo que los agresores se dirigen a nosotras. Allí es cuando el Krav Maga entra en nuestras vidas y nos da seguridad, nos empoderamos de nosotras mismas y así ya no nos da miedo de subirnos al bus, encontrarnos a un personaje sospechoso y sobre todo a estar alerta”, resaltó Silvia Enciso, practicante desde hace seis años.

 

“He visto casos de personas que son tímidas y que no tienen cariño por sí mismos, pero cuando ya llevan un tiempo entrenando, cambia completamente su forma de actuar. Claro, siempre y cuando tengan las ganas y la disposición de aprender”, enfatizó Silvia. Cada una de las enseñanzas buscan como finalidad que las personas dejen los audífonos y el celular a un lado, para que puedan analizar el entorno en el que se mueven y detecten los posibles peligros.

 

Por Sergio Ospina y Ángel David Santiago