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A la Palabra

Boletín ACN

El año en que Gabriel García Márquez se fue de este este mundo con sus mariposas amarillas, un pequeño grupo de estudiantes de pregrado, que tienen como sueño convertirse en su sucesor, decidieron crear una revista en la que podrían publicar sus poemas, ensayos y diferentes narrativas, con la finalidad de que todos los amantes de la lectura y otros cuantos más, pudieran leer sus trabajos; así ponen su grano de arena en este inmenso mar de escritores empíricos, que se mueven amenazantes en la ciudad. Bajo la dirección de Sebastián Castillo, de Octavo semestre, sacan a la luz una revista sencilla, agradable a la lectura y con pensamientos de un literato aprendiz, que al ser gratuita demuestra de manera contundente que su objetivo no es el dinero, sino la lectura de lo que escriben en el papel. De esta manera nace A la Palabra.

Esta revista, aunque no muy conocida en el mundo literario, está llena de maravillosos escritos creados de lo más profundo de los pensamientos de estudiantes que desean explorar el mundo de las letras, como lo han hecho los mas grandes literatos de la historia, los cuales, como toda persona que aspira ser recordado en el gran libro de la vida, iniciaron con pequeños relatos, que luego se convertirían en inspiración para generaciones futuras. Así lo dice un dicho popular: por algo se empieza. El primer paso de estos jóvenes fue empezar a escribir, logrando así manuscritos de calidad que se plasman en esta revista, donde de alguna manera, se rinde homenaje a su inspiración: la palabra.

Natalia Gordillo, Coordinadora de Diseño y estudiante de Quinto semestre de Creación Literaria, cuenta que esta idea se materializó gracias a un concurso del Departamento de Bienestar de la Universidad, donde hicieron realidad la propuesta del grupo bajo la financiación de este cantón, publicando en el 2015 su primera edición. “La universidad no tiene un espacio específico para la publicación de textos de la carrera, por lo que es una carrera muy nueva (…) Por eso nació A la Palabra, un espacio donde los estudiantes pueden publicar sus textos y darse a conocer”.

Por estos días, la revista pasó a la Coordinación Editorial de la Universidad Central, puesto que los estudiantes carecían de habilidades para materializarla del formato físico al formato digital, además de no sentirse del todo satisfechos con la primera edición del producto. Las directivas académicas destinaron una parte del fondo Editorial de la Universidad para la corrección de estilo y ayuda técnica de esta propuesta estudiantil. Es por esto que Jorge Beltrán, Asistente General de Coordinación Editorial, ayuda con su equipo de trabajo a plasmar las grandes ideas de los estudiantes y así le da un valor estético y una técnica precisa para el disfrute del lector.

De esta manera, a principios del 2016, surge la segunda edición. “Se le hizo un cambio importante a la revista en su diagramación, en su cubierta y la presentación (…) pero manteniendo las ideas dinámicas de la revista propuestas por ellos”. Esta transformación en la parte artística, sin embargo, no fue lo único que cambió. Ahora cualquier persona puede participar en esta propuesta literaria: académicos, estudiantes de otras carreras y universidades, y hasta los mismos profesores pueden hacer su aporte a la revista, ratificando de una u otra manera que el dinero queda en segundo plano; lo que interesa es el buen escribir, sin dejar a un lado a los realizadores de este producto junto con sus colegas escritores de profesión. 

La revista se ha distribuido por las redes sociales por el voz a voz y por los salones de la facultad de Creación Literaria, invitando a todo el estudiantado a que participe en este proyecto que, aunque no es lucrativo, es enriquecedor para la persona que escribe los textos.

Por Bárbara L. Melo