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Crónica noches de silencio

bulimia

Por: Angie Camila Carvajal

Mi nombre es Natalia, una niña que tan solo de trece años, padecía bulimia, pensaba que ser gorda era un motivo de vergüenza, sentía una inseguridad enorme de mi cuerpo, y empecé a buscar seguridad queriendo tener un ideal de cuerpo que tenía en mi mente. Siempre por mi cabeza se pasaba que si eras delgado te querían, si eras gordo no te querían.

Cuando tenía trece años, era una niña muy alegre, como cualquier otra; en este momento me encontraba con problemas familiares, que me afectaban de alguna manera, muy pocos lo notaban, pero me sentía tan agobiada y llena de preocupaciones, que hasta mi familia sería el principal motivo de esta historia.

Era un día como cualquier otro para mí, en ese momento llega mi hermana, como de costumbre. Comenzamos a hablar, ella de forma humillante y hasta despreciable comienza a gritarme y criticarme; me dice que mi estatura no tiene nada que ver con mi cuerpo, que estaba gorda, hasta tal punto de decirme chanchito; no tengo las palabras adecuadas para describir cómo me sentí, pero en este momento podría decir que era la persona que más se odiaba a sí misma, y a partir de ese momento me lo creí.

Decido refugiarme y acudir al internet, considero que fue una de las peores decisiones que tomé en mi vida; donde decido consultar e investigar formas de bajar de peso; como estar más flaca de forma rápida e instantánea, también recurro a fotografías de mujeres con cuerpos frágiles y muy delgados, podría decir que me obsesioné con un cuerpo así y más que eso era un sueño. Cuando decido recurrir al internet me encuentro con los siguientes consejos; vomitar varias veces al día, realizar dietas demasiado estrictas, tomar laxantes, hacer ejercicio en exceso y tomar bastante agua. Ahora considero que ninguna de estas eran formas saludables de hacerlo, esto me llevo a introducirme en ese mundo, me tomé como meta estar así de delgada, frágil, delicada y hermosa.

Una de las redes sociales que tomó más fuerza para mí fue Twitter, ahí conocí gente con el mismo propósito que yo tenía en ese momento, donde interactuábamos y comentábamos sobre que se podía comer. Recuerdo aquella vez que me dijeron que comer manzana verde con agua por una semana me ayudaría a bajar de peso, esta fue una de las primeras cosas que empecé a probar. De igual manera seguí diferentes consejos, esto produjo cambios muy drásticos en mi vida, me sentía más sola, vacía, en algunos casos sin esperanza.

Mi vida social también se vio afectada, me empecé a alejar de las personas que más amaba, mi familia, era una sensación de desespero y sufrimiento profundo; mi grupo cercano de amigos cada día disminuía más y más, sin darme cuenta de lo que sucedía a mi alrededor. En ese punto sientes que tu vida se derrumba, que no hay marcha atrás y que no le importas a ninguna de esas personas que te rodean, por más cercanas que sean.

Después de probar diferentes dietas, principalmente empiezo a dejar de comer, comienzo a reducir las porciones, por otro lado, deje de comer totalmente harinas y grasas, solo me preocupaba por escasamente probar carnes, verduras, frutas y sobre todo abundante agua. Con esto comienzo a perder peso, de pronto aún no tan notorio para los demás y mucho menos para mí, porque yo tenía muy claro que quería estar forrada en huesos.

Esto cada día empeoraba más, ya no solo era dejar de comer sino después de cada comida; desayuno, almuerzo y cena; me inducía el vómito, al principio eran tres veces por día, con el pasar de los días me veía aún más obligada por mí y el afán de estar “perfecta”. Aún no lo recuerdo bien, pero al cabo de un mes yo vomitaba por lo menos treinta veces al día, así no hubiese probado un solo bocado de comida.

Al cabo de un tiempo, en mi colegio empezaron a notar que cada vez estaba más decaída, más delgada, que me encerraba en el baño a vomitar y hasta me costaba trabajo levantarme de mi asiento, mi cuerpo perdía fuerzas, mi familia también empezó a notar que no me encontraba bien, y estaba encerrada en mi mundo…

Fuí remitida al psicólogo, pero esto no fue de ayuda para mí, puesto que las personas que había conocido me decían que era mejor no decir nada, que era un secreto. Decidí hacerlo, puesto que era muy pequeña, hacía caso a lo que me decían. De nuevo me encerré en mi mundo; no hablaba con nadie, pero cada día era más agobiante esta situación, no encontraba salida.

Meses atrás había perdido el control absoluto de mi cuerpo. Sin importar qué tan frágil estaba, decidí empezar a hacer ejercicio todas las noches; no solo se trata de mi cuerpo sino de mi vida, mi mundo. Solo empeoraba más las cosas en mi casa, mi colegio, fue creándome más problemas, ya no tenía el mismo rendimiento académico, en este punto no era solo lo físico. Me sentía boba, me decía bruta e innumerables cosas.

Todo empeoró, mi psicólogo decidió remitirme al psiquiatra donde me dijo que tengo un trastorno alimenticio que se caracteriza por una distorsión de imaginen, llamada bulimia. De nuevo decidió mandarme al médico, me realizaron una serie de exámenes, que llevo a determinar que estaba cayendo en una anorexia nerviosa, esto llevo a desencadenar autolesiones; se llegaron a unir mis dos problemas, hasta tal punto de golpearme, causarme cortaduras en el abdomen para que no me generara hambre, o cuando me daban ganas de comer decidía ponerme a fumar.

Mi médico decidió formularme medicamentos para nivelar mi ansiedad y que me empezara a dar apetito. Al principio no fue fácil, fue un trabajo conjunto con mi familia, mis médicos y yo, con el paso del tiempo mi peso se comienza a estabilizar, y a tomar un poco mas de forma. Mi problema de anorexia no avanzó, ya que contaba con un acompañamiento diario que me hizo entrar en razón.

Pero esto no acaba acá, al cabo de tres años, más exactamente a los dieciséis años, mi problema de bulimia aún no desaprecía, de igual manera seguía vomitando sin que lo notaran, claramente que no de la misma forma de antes. Hoy lo entiendo, ya no lo hago, pero esto dejó secuelas en mi vida, cuando como, sin que tenga la necesidad de inducirme el vómito, se produce solo, no saben lo doloroso que es ver ahora que me suceda esto. Gracias a las personas que se han cruzado en mi vida, me han ayudado a ir entendiendo que esto no me hace ningún bien y mas allá debo amarme tal cual soy.

Hoy en día, con diecinueve años, tengo la posibilidad de comprender el trasfondo de poseer un problema así, esto me empezó a afectar porque me sentía apartada, me sentía menos que el resto, excluida, como un bicho raro y lo único que hacían eran juzgarme y no pensaban en lo que yo estaba sintiendo. Decido contar mi historia, porque quiero que todas aquellas mujeres que no se sienten a gusto con su cuerpo, se acepten tal cual son, sin prejuicios, ni estereotipos, cada una debe amarse tal cual es.

Natalia.

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Por: Angie Camila Carvajal

Mi nombre es Natalia, una niña que tan solo de trece años, padecía bulimia, pensaba que ser gorda era un motivo de vergüenza, sentía una inseguridad enorme de mi cuerpo, y empecé a buscar seguridad queriendo tener un ideal de cuerpo que tenía en mi mente. Siempre por mi cabeza se pasaba que si eras delgado te querían, si eras gordo no te querían.

Cuando tenía trece años, era una niña muy alegre, como cualquier otra; en este momento me encontraba con problemas familiares, que me afectaban de alguna manera, muy pocos lo notaban, pero me sentía tan agobiada y llena de preocupaciones, que hasta mi familia sería el principal motivo de esta historia.

Era un día como cualquier otro para mí, en ese momento llega mi hermana, como de costumbre. Comenzamos a hablar, ella de forma humillante y hasta despreciable comienza a gritarme y criticarme; me dice que mi estatura no tiene nada que ver con mi cuerpo, que estaba gorda, hasta tal punto de decirme chanchito; no tengo las palabras adecuadas para describir cómo me sentí, pero en este momento podría decir que era la persona que más se odiaba a sí misma, y a partir de ese momento me lo creí.

Decido refugiarme y acudir al internet, considero que fue una de las peores decisiones que tomé en mi vida; donde decido consultar e investigar formas de bajar de peso; como estar más flaca de forma rápida e instantánea, también recurro a fotografías de mujeres con cuerpos frágiles y muy delgados, podría decir que me obsesioné con un cuerpo así y más que eso era un sueño. Cuando decido recurrir al internet me encuentro con los siguientes consejos; vomitar varias veces al día, realizar dietas demasiado estrictas, tomar laxantes, hacer ejercicio en exceso y tomar bastante agua. Ahora considero que ninguna de estas eran formas saludables de hacerlo, esto me llevo a introducirme en ese mundo, me tomé como meta estar así de delgada, frágil, delicada y hermosa.

Una de las redes sociales que tomó más fuerza para mí fue Twitter, ahí conocí gente con el mismo propósito que yo tenía en ese momento, donde interactuábamos y comentábamos sobre que se podía comer. Recuerdo aquella vez que me dijeron que comer manzana verde con agua por una semana me ayudaría a bajar de peso, esta fue una de las primeras cosas que empecé a probar. De igual manera seguí diferentes consejos, esto produjo cambios muy drásticos en mi vida, me sentía más sola, vacía, en algunos casos sin esperanza.

Mi vida social también se vio afectada, me empecé a alejar de las personas que más amaba, mi familia, era una sensación de desespero y sufrimiento profundo; mi grupo cercano de amigos cada día disminuía más y más, sin darme cuenta de lo que sucedía a mi alrededor. En ese punto sientes que tu vida se derrumba, que no hay marcha atrás y que no le importas a ninguna de esas personas que te rodean, por más cercanas que sean.

Después de probar diferentes dietas, principalmente empiezo a dejar de comer, comienzo a reducir las porciones, por otro lado, deje de comer totalmente harinas y grasas, solo me preocupaba por escasamente probar carnes, verduras, frutas y sobre todo abundante agua. Con esto comienzo a perder peso, de pronto aún no tan notorio para los demás y mucho menos para mí, porque yo tenía muy claro que quería estar forrada en huesos.

Esto cada día empeoraba más, ya no solo era dejar de comer sino después de cada comida; desayuno, almuerzo y cena; me inducía el vómito, al principio eran tres veces por día, con el pasar de los días me veía aún más obligada por mí y el afán de estar “perfecta”. Aún no lo recuerdo bien, pero al cabo de un mes yo vomitaba por lo menos treinta veces al día, así no hubiese probado un solo bocado de comida.

Al cabo de un tiempo, en mi colegio empezaron a notar que cada vez estaba más decaída, más delgada, que me encerraba en el baño a vomitar y hasta me costaba trabajo levantarme de mi asiento, mi cuerpo perdía fuerzas, mi familia también empezó a notar que no me encontraba bien, y estaba encerrada en mi mundo…

Fuí remitida al psicólogo, pero esto no fue de ayuda para mí, puesto que las personas que había conocido me decían que era mejor no decir nada, que era un secreto. Decidí hacerlo, puesto que era muy pequeña, hacía caso a lo que me decían. De nuevo me encerré en mi mundo; no hablaba con nadie, pero cada día era más agobiante esta situación, no encontraba salida.

Meses atrás había perdido el control absoluto de mi cuerpo. Sin importar qué tan frágil estaba, decidí empezar a hacer ejercicio todas las noches; no solo se trata de mi cuerpo sino de mi vida, mi mundo. Solo empeoraba más las cosas en mi casa, mi colegio, fue creándome más problemas, ya no tenía el mismo rendimiento académico, en este punto no era solo lo físico. Me sentía boba, me decía bruta e innumerables cosas.

Todo empeoró, mi psicólogo decidió remitirme al psiquiatra donde me dijo que tengo un trastorno alimenticio que se caracteriza por una distorsión de imaginen, llamada bulimia. De nuevo decidió mandarme al médico, me realizaron una serie de exámenes, que llevo a determinar que estaba cayendo en una anorexia nerviosa, esto llevo a desencadenar autolesiones; se llegaron a unir mis dos problemas, hasta tal punto de golpearme, causarme cortaduras en el abdomen para que no me generara hambre, o cuando me daban ganas de comer decidía ponerme a fumar.

Mi médico decidió formularme medicamentos para nivelar mi ansiedad y que me empezara a dar apetito. Al principio no fue fácil, fue un trabajo conjunto con mi familia, mis médicos y yo, con el paso del tiempo mi peso se comienza a estabilizar, y a tomar un poco mas de forma. Mi problema de anorexia no avanzó, ya que contaba con un acompañamiento diario que me hizo entrar en razón.

Pero esto no acaba acá, al cabo de tres años, más exactamente a los dieciséis años, mi problema de bulimia aún no desaprecía, de igual manera seguía vomitando sin que lo notaran, claramente que no de la misma forma de antes. Hoy lo entiendo, ya no lo hago, pero esto dejó secuelas en mi vida, cuando como, sin que tenga la necesidad de inducirme el vómito, se produce solo, no saben lo doloroso que es ver ahora que me suceda esto. Gracias a las personas que se han cruzado en mi vida, me han ayudado a ir entendiendo que esto no me hace ningún bien y mas allá debo amarme tal cual soy.

Hoy en día, con diecinueve años, tengo la posibilidad de comprender el trasfondo de poseer un problema así, esto me empezó a afectar porque me sentía apartada, me sentía menos que el resto, excluida, como un bicho raro y lo único que hacían eran juzgarme y no pensaban en lo que yo estaba sintiendo. Decido contar mi historia, porque quiero que todas aquellas mujeres que no se sienten a gusto con su cuerpo, se acepten tal cual son, sin prejuicios, ni estereotipos, cada una debe amarse tal cual es.

Natalia.

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