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Conoce el Centro de Rehabilitación Inclusiva

Por: Laura Paola Novoa Rodríguez

Un granito de arena en la deuda infinita que tiene el gobierno con los héroes de la patria. 

Presentando al CRI.1

Uno de los picos más altos de la guerra en Colombia fue entre 1990 y 2008, el cual dejó un número creciente de miembros de la fuerza pública en situación de discapacidad. Según cifras oficiales, 7.050 víctimas fueron por minas antipersonales y municiones sin explotar de las cuales, entre el 65% y 70% correspondía a población militar y policial. 

El lugar donde más se sentía el dolor de la guerra era el Hospital Militar, el cual recibía alrededor de mil heridos al año, con algún daño físico y/o psicológico, que termina en una discapacidad, derivada del ejercicio de sus funciones como héroes de la patria. Pero, ¿cómo era su proceso de recuperación?, ¿existía una rehabilitación inclusiva?

Cabe señalar, que en 2004 se implementó el plan estratégico de atención del trauma militar (Plan Pantera), el cual permitió una atención médica especializada, desde el momento en que sucedía el evento, lo que aumenta la posibilidad de supervivencia del herido en combate.

A pesar de que el Hospital Militar es un referente mundial, para el trauma de guerra, no podía prestar un servicio de rehabilitación integral; puesto que dentro de la normatividad solo estaba el concepto de rehabilitación funcional, el cual se ciñe a un modelo médico que atiende deficiencias físicas y no el problema de inclusión social.

De estas circunstancias, nació la Política de Discapacidad para los miembros de la fuerza pública, que apunta a mejorar la calidad de vida de esta población, con la visión de que es posible superar la discapacidad, siempre y cuando el entorno no sea discriminatorio, sino inclusivo.

Fue en ese momento que, inició una nueva etapa certera en el proceso de rehabilitación integral. En definitiva, con la fundación del Centro de Rehabilitación Inclusiva (CRI) en el 2016, se logró crear un espacio único en Latinoamérica, en el que se realizan procesos de formación y capacitación, con miras a la construcción de un nuevo proyecto de vida.

Actualmente, el CRI dispone de gimnasios interiores y exteriores, piscina, muro para escalar, simulador de transporte público, conducción y vivienda, paneles interactivos, equipos de ejercitación mental, cámaras de Gesell, aulas para proceso educativos, biblioteca, oratorio, auditorio, salas de sistemas y alojamientos, entre otros.

Presentando al CRI.2

Sus servicios están enfocados en tres programas, donde Nelson Trujillo, Willinton Gallego y Javier Monrroy lograron finalizar el proceso de inclusión, gracias a su resiliencia y compromiso con los talleres brindados por el CRI. Sus testimonios nos ayudan a comprender que nada es imposible, que con esfuerzo y amor todo se puede. 

Presentando al CRI.3

El primer testimonio, es el de Nelson Trujillo, usuario del programa Vida Activa Productiva y Entorno, fue herido en una operación militar, donde tuvo fractura de dos vértebras de columna, que por poco lo deja en silla de ruedas. 

Luego de retirarse del Ejército Nacional, inició su propio negocio de óptica llamado Optitrujillo, pero gracias al CRI logró ser fabricante de sus propios productos ópticos. Así mismo, gracias a la formación de emprendimiento que realizó en este centro, obtuvo una beca de fortalecimiento empresarial en la Universidad Externado.

“Es importante resaltar todo lo que nos ofrece y sigue ofreciendo el CRI. Siempre he dicho que, para mí, es mi segunda casa […], acá me enseñaron a darle una estructura al tipo de negocio que yo quería”, expresó Nelson.

Willinton Gallego, usuario del programa Habilidades Sociales y Comunicativas, en el 2008 cayó en un campo minado, causándole la pérdida de su pierna derecha. Sin embargo, eso no lo detuvo para continuar con su sueño de aprender; tiene formación en panadería, vigilancia, medios tecnológicos, emprendimiento y mantenimiento de motos.

En sus palabras: “hay unas pruebas que aún con la limitación que tengo, sí se pueden hacer, porque todo está en uno, si uno quiere, uno puede [...] aquí es muy bueno, los profesionales están prestos a servirles a uno, conmigo lo han hecho. Me he sentido muy apoyado con ellos.”

El último testimonio es el de Javier Monrroy, usuario del programa de Actividad Física, fue miembro de la Policía Nacional. Quedó herido de sus brazos, piernas, rodillas, tobillos y pecho por un ataque de las FARC. Su recuperación fue satisfactoria gracias a los ejercicios, esfuerzos y al personal médico del CRI.

Javier fue medalla de oro, en la categoría de discapacidad de las Fuerzas Armadas en el 2018; actualmente es estudiante de Recursos Humanos del Instituto CIES, pero cuando finalice, quiere estudiar psicología para apoyar a muchos compañeros que llegan al CRI, con circunstancias parecidas a las de él. 

“En el CRI ahora uno puede encontrar una familia, amigos y esto lo lleva a uno a surgir, a ver que a pesar de la lesión, se puede salir adelante y se puede encontrar otro mundo”, afirmó Javier.

No cabe duda que, estos testimonios son un ejemplo de la valiosa labor que tiene el CRI como catalizador de oportunidades; esta dirección del Ministerio de Defensa Nacional, ha prestado sus servicios a 31.972 beneficiarios; esto equivale a 21 atenciones promedio por usuario en el primer trimestre de 2020.

Frente a la pandemia que vivimos, el CRI se reinventó para poder continuar con las actividades de la fase de inclusión, gracias a la metodología virtual, que ha permitido ampliar la cobertura y beneficios a los usuarios de diferentes regiones, para los programas que componen el Modelo de Rehabilitación Integral Inclusiva.

Definitivamente, así como lo expresó el ex presidente Juan Manuel Santos, en la inauguración del CRI, la deuda con aquellos soldados de la patria que sacrificaron parte de su integración física por defender al país, siempre será infinita. Este centro, solo es un granito de arena como forma de agradecimiento por su valiente labor. 

Conoce más acerca del Centro de Rehabilitación Inclusiva, en palabras de Diana Gutiérrez de Piñeres, directora de este espacio de resiliencia, en el siguiente vídeo brindado por el CRI.

Descubre la viviencia de Andrés Albarracín, uno de los sobrevivientes del atentando en Chita, Boyacá. Una vida esquirlada

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Presentando al CRI.1

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El lugar donde más se sentía el dolor de la guerra era el Hospital Militar, el cual recibía alrededor de mil heridos al año, con algún daño físico y/o psicológico, que termina en una discapacidad, derivada del ejercicio de sus funciones como héroes de la patria. Pero, ¿cómo era su proceso de recuperación?, ¿existía una rehabilitación inclusiva?

Cabe señalar, que en 2004 se implementó el plan estratégico de atención del trauma militar (Plan Pantera), el cual permitió una atención médica especializada, desde el momento en que sucedía el evento, lo que aumenta la posibilidad de supervivencia del herido en combate.

A pesar de que el Hospital Militar es un referente mundial, para el trauma de guerra, no podía prestar un servicio de rehabilitación integral; puesto que dentro de la normatividad solo estaba el concepto de rehabilitación funcional, el cual se ciñe a un modelo médico que atiende deficiencias físicas y no el problema de inclusión social.

De estas circunstancias, nació la Política de Discapacidad para los miembros de la fuerza pública, que apunta a mejorar la calidad de vida de esta población, con la visión de que es posible superar la discapacidad, siempre y cuando el entorno no sea discriminatorio, sino inclusivo.

Fue en ese momento que, inició una nueva etapa certera en el proceso de rehabilitación integral. En definitiva, con la fundación del Centro de Rehabilitación Inclusiva (CRI) en el 2016, se logró crear un espacio único en Latinoamérica, en el que se realizan procesos de formación y capacitación, con miras a la construcción de un nuevo proyecto de vida.

Actualmente, el CRI dispone de gimnasios interiores y exteriores, piscina, muro para escalar, simulador de transporte público, conducción y vivienda, paneles interactivos, equipos de ejercitación mental, cámaras de Gesell, aulas para proceso educativos, biblioteca, oratorio, auditorio, salas de sistemas y alojamientos, entre otros.

Presentando al CRI.2

Sus servicios están enfocados en tres programas, donde Nelson Trujillo, Willinton Gallego y Javier Monrroy lograron finalizar el proceso de inclusión, gracias a su resiliencia y compromiso con los talleres brindados por el CRI. Sus testimonios nos ayudan a comprender que nada es imposible, que con esfuerzo y amor todo se puede. 

Presentando al CRI.3

El primer testimonio, es el de Nelson Trujillo, usuario del programa Vida Activa Productiva y Entorno, fue herido en una operación militar, donde tuvo fractura de dos vértebras de columna, que por poco lo deja en silla de ruedas. 

Luego de retirarse del Ejército Nacional, inició su propio negocio de óptica llamado Optitrujillo, pero gracias al CRI logró ser fabricante de sus propios productos ópticos. Así mismo, gracias a la formación de emprendimiento que realizó en este centro, obtuvo una beca de fortalecimiento empresarial en la Universidad Externado.

“Es importante resaltar todo lo que nos ofrece y sigue ofreciendo el CRI. Siempre he dicho que, para mí, es mi segunda casa […], acá me enseñaron a darle una estructura al tipo de negocio que yo quería”, expresó Nelson.

Willinton Gallego, usuario del programa Habilidades Sociales y Comunicativas, en el 2008 cayó en un campo minado, causándole la pérdida de su pierna derecha. Sin embargo, eso no lo detuvo para continuar con su sueño de aprender; tiene formación en panadería, vigilancia, medios tecnológicos, emprendimiento y mantenimiento de motos.

En sus palabras: “hay unas pruebas que aún con la limitación que tengo, sí se pueden hacer, porque todo está en uno, si uno quiere, uno puede [...] aquí es muy bueno, los profesionales están prestos a servirles a uno, conmigo lo han hecho. Me he sentido muy apoyado con ellos.”

El último testimonio es el de Javier Monrroy, usuario del programa de Actividad Física, fue miembro de la Policía Nacional. Quedó herido de sus brazos, piernas, rodillas, tobillos y pecho por un ataque de las FARC. Su recuperación fue satisfactoria gracias a los ejercicios, esfuerzos y al personal médico del CRI.

Javier fue medalla de oro, en la categoría de discapacidad de las Fuerzas Armadas en el 2018; actualmente es estudiante de Recursos Humanos del Instituto CIES, pero cuando finalice, quiere estudiar psicología para apoyar a muchos compañeros que llegan al CRI, con circunstancias parecidas a las de él. 

“En el CRI ahora uno puede encontrar una familia, amigos y esto lo lleva a uno a surgir, a ver que a pesar de la lesión, se puede salir adelante y se puede encontrar otro mundo”, afirmó Javier.

No cabe duda que, estos testimonios son un ejemplo de la valiosa labor que tiene el CRI como catalizador de oportunidades; esta dirección del Ministerio de Defensa Nacional, ha prestado sus servicios a 31.972 beneficiarios; esto equivale a 21 atenciones promedio por usuario en el primer trimestre de 2020.

Frente a la pandemia que vivimos, el CRI se reinventó para poder continuar con las actividades de la fase de inclusión, gracias a la metodología virtual, que ha permitido ampliar la cobertura y beneficios a los usuarios de diferentes regiones, para los programas que componen el Modelo de Rehabilitación Integral Inclusiva.

Definitivamente, así como lo expresó el ex presidente Juan Manuel Santos, en la inauguración del CRI, la deuda con aquellos soldados de la patria que sacrificaron parte de su integración física por defender al país, siempre será infinita. Este centro, solo es un granito de arena como forma de agradecimiento por su valiente labor. 

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